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Diario político 1

Clara del Rey comparte una story que dice: “Si vuelvo a leer “poner el cuerpo” me tiro al mar”. Veinte páginas de diario sintetizadas en un meme.

20 de octubre 2026 · 6 comentarios


“Quien tenga algo que decir que dé un paso atrás”

Karl Kraus


Libros leídos durante

Cumpleaños, César Aira (Random House, 2001)

Ensayos, W. G. Sebald (Anagrama, 2026)

En todo hay una grieta y por ella entra la luz, Patricio Pron (Anagrama, 2026)

La nación de los sueños diurnos, Juan Mattio (Caja Negra, 2026)

¿Qué hacer?, Lenin (Akal, 2015)


01/10/2026

Poscultura han publicado una story que dice:

“Chiques

Hemos decidido dejar de subir contenido durante un tiempo indefinido.

Ahora mismo queremos estar donde hay que estar

y no le vemos sentido a seguir publicando reels.”


Al parecer lo que yo siento lo estamos sintiendo tantos.


Iba a leer a Aira. Pero estoy leyendo a Pron. Me he resistido mucho a leer a Pron. He evitado este libro de todas las formas. En todo hay una grieta y por ella entra la luz. Nunca he leído a Pron y no quería leer a Pron. No quería que me gustara Pron. En todo hay una grieta y por ella entra la luz es un libro deslumbrante. Perdón el juego de palabras. Esa luz es desbordante y quema y duele y lo ilumina todo. Ilumina este presente de golpe y plano, todo a la vez. No voy a reparar en el obvio recurso formal de las notas al pie, que funciona y es una verdadera estructura nueva y diferencial, no un truco de artificio para esconder una estructura de capítulos tradicionales. Prefiero copiar un párrafo. Esto ilumina esa luz cegadora:


“2.3.1.1. Pero todavía lo estaba, insistió S. Un suspiro, un par de decisiones equivocadas y volvería a encontrarse al borde del conflicto, me dijo. No podía ver -y esto era especialmente llamativo, ya que el libro que acababa de publicar y estaba celebrando, el que había escrito mi amiga, expresaba con claridad este punto- que la sociedad es una forma del conflicto y que la historia de los Estados Unidos es la de una guerra civil sosegada, a menudo silenciosa, que discurre por la sección policial de los periódicos y las estadísticas de acceso a la educación y a los hospitales y desfila por los aparcamientos subterráneos y las habitaciones de hotel, las puertas de ingreso a las clínicas donde se practican abortos, los refugios para las personas sin hogar y los salones de los clubes privados de la zona de Wall Street. No parecía estar en condiciones de comprender siquiera que lo que sea que lo había llevado a creer que su país estaba al borde de la guerra civil -el asalto al Capitolio, tal vez- no había puesto de manifiesto lo fácil que era que esa guerra estallase, sino lo sencillo que resultaba olvidar, dadas ciertas circunstancias, que esta ya había”. (En todo…, p. 58).


No quería que me gustara Pron. No lo puedo negar, le tenía manía a Pron, sus insistentes preguntas en las charlas de Fresán, y de Pauls, y de Vila-Matas, y de Echevarría; no quería, y por eso no le quería leer, para que no me gustara, porque si lo leía sabía que me iba a gustar, ¿y cómo no me iba a gustar una mente asociativa al nivel de Borges, con la capacidad de captación del detalle de Perec o Sebald, y el juego patafísico de Aira? Es genial Pron y este es uno de los mejores libros del año y de varios años atrás. Un libro importante sobre el presente y revelador como forma textual.


Quizá demasiado, quizá explícitamente.


Lo que no me parece tan genial es el Pron lector. Al parecer escribió este libro “leyéndolo todo” en la Biblioteca Pública de Nueva York. Se nota. Está demasiado todo en este libro. Si es un buen heredero de Borges-Aira, creo que le falta la tradición lectora-militante Arlt-Piglia. La carestía. Saber discriminar, ser estratégico, más humilde, la virtud de la carencia. Es un autor demasiado de años de bonanza, demasiado de poder ir un año a la Biblioteca Pública de Nueva York. Lo lee todo y lo comprende todo y todo lo pone. Es erudito, pero también explícito.


Aira no es explícito, pero porque tampoco es erudito. Ni lo es ni le interesa. Cualquier cosa puede coger y jugar con ella, la sabiduría casual, la ignorancia más burda, como en Cumpleaños.


Pron es demasiado consciente del gesto de Aira, pero no se atreve a ir tan lejos con su ignorancia. Prefiere ser un autor erudito.


Quizá hoy, tal y como está el mundo y España, necesitamos más autores eruditos que juguetones. Esa erudición sólida, material, infalible, donde no todo es reversible, donde las cosas tienen materia y solidez y no valen los juegos de palabra burlones, hay un compromiso con la realidad y se puede juzgar, denunciar, alertar y trabajar en la realidad, y defender y luchar. Está el mundo y España más para Pron que para Aira.


Cuando Aira irrumpió en el panorama literario argentino lo hizo pegando. Escribe un artículo “Novela argentina: Nada más que una idea” sobre el panorama argentino del momento, 1981. Sitúa a unos, mueve a otros, salva a Fogwill como poeta, levanta una estatua al maloliente Lamborghini, y le pega con todo a Piglia, tótem del momento. No es tonto Aira. De Respiración artificial, publicada el año anterior y convertida inmediatamente en obra fetiche, dice algo así como: es difícil escribir una novela tan mala. Después de soltar esta bomba, Aira calla. No va a volver a hablar del panorama argentino, ni de “la literatura argentina actual”, ni de novedades, ni de calidad. Se va. Se convierte en maestro zen, silencioso brujo. No es tonto Aira.


No es tan buen lector Aira. Me pasó igual con su libro de aforismos Continuación de ideas diversas. Son mejores las ideas que las lecturas. Se inventa cualquier cosa sobre los textos para decir lo que él quiere. Y lo que él quiere es genial y lo que se inventa tan maravilloso, casi un relato en sí mismo, mejor que el relato que comenta, que por momentos da igual que sea verdad o se lo haya inventado todo. Igual una lectura que inventa es una lectura mejor. Igual su lectura de Piglia es absolutamente injustificada, digo, ataca y no da un solo argumento.


¿Alguien toleraría eso hoy? ¿Esa irreverencia osada? ¿Ese capricho discursivo? ¿Esa gratuidad beligerante? Yo creo que sí. Hay que bancarse que te funen o te hagan fact checking. Pero si alguien se atreviera a ser caprichoso y humilde y genial podría funcionar algo nuevo.


El problema no es si se toleraría, el problema es ver si alguien se atreverá a hacerlo. Y más difícil todavía, cuando funcione —porque funcionaría— no creerse un mesías y enamorarse de sí mismo y del poder recién adquirido. Si no, como Aira, retirarse en silencio a seguir haciendo sus gilipolleces caprichosas. Salir por otro lado. Consejo para artistas y comadrejas (escuchado a Ray Loriga): No salir dos veces por el mismo agujero.


Escribe fatal, Aira. Sé que es un tópico y que él se reía de los que en los 80 y 90 le atacaban diciendo que escribía fatal. Ya. Pero en serio. Escribe fatal.


¿Por qué sigue siendo tan importante Aira hoy cuarenta y cinco años después de Ema, la cautiva? Tengo que leer ya Ema, la cautiva.


02/10/2026

Ahora se rumorea que igual el gobierno de Sánchez adelanta elecciones a noviembre. Me parece una buena noticia, aunque estratégicamente precipitado. Habrán calculado que cuanto más pase más pueden perder. Desde luego no creo que haya sido una decisión por responsabilidad o por el bien de la sociedad en conjunto.


Este gobierno es conservador. Si entendemos que en el poder se puede tener una actitud de conservar lo que ya había o de avanzar hacia otros lugares y formas, este gobierno es conservador. Quiere conservar una idea de democracia quiere conservar una idea de mercado quiere conservar una idea de feminismo quiere conservar unos equilibrios geopolíticos y por lo tanto toma medidas de continuidad que conserven lo que ya había porque creen que eso es lo que está en juego: conservar lo que ya tenemos en su mejor versión, no derrumbarlo para construir un mundo nuevo. Alertan del peligro de aquello que podríamos perder y dedican sus esfuerzos a conservarlo. Está bien quizá tienen razón hemos ganado tanto es una opción parar aquí y dedicarse a conservarlo. Solo describo su lógica: conservadora. Hay que conservar un mercado suficientemente sólido como para que genere progreso y productividad y riqueza para el bien un país y eso se consigue en el. Hay que conservar una idea de democracia en la que se participa de forma puntual y se da el poder a los representantes. Hay que conservar un feminismo en el que la lucha de la mujer. Tradicionalmente entendida como mujer sea el centro del foco y no nuevas entidades y realidades de mujer. Hay que conservar una posición estable y equilibrada dentro del tablero geopolítico.En el origen la izquierda era revolucionaria o al menos progresista, porque movía o quería mover lo que había en el poder. Desde la caída del Muro de Berlín, en occidente, la izquierda o esa gente que se llama izquierda, pero que es socialdemocracia, es el poder y por lo tanto lo quieren conservar. La socialdemocracia en occidente es el poder hegemónico desde la caída del Muro de Berlín. Y más o menos desde la crisis de 2008 se ha plegado al mercado, muerta de miedo de perder lo que había ganado en esos años ha dejado de avanzar, de revolucionar o transformar nada, para solo conservarlo. Si entendemos que el poder es siempre conservador y que desde hace al menos 30 años está ocupado mayoritariamente por la socialdemocracia, podemos entender que el poder y los conservadores en Europa son en las últimas décadas los socialdemócratas.


Y la izquierda, la única que ha movido desde entonces alguna ley de cambio, alguna transformación social, lo hemos consentido en silencio. Hemos aceptado esos gobiernos conservadores socialdemócratas callados o incluso colaborando. Para poder hacer algo, de acuerdo, pero lo hemos consentido, somos responsables.


La lectura de César Aira permite entender en qué sentido no hay nada nuevo si no se propone romper las normas de valor bien y virtud de lo previo. La literatura de César Aira es algo nuevo y algo rompedor revolucionario o que progresa en la forma porque no acepta las normas de calidad de la forma previa. No acepta que el rigor de la buena escritura bien corregida sea un valor. No acepta que la concatenación causal en la trama de forma coherente impactante sea un valor. No acepta que la mayor extensión del libro comprenda una complejidad que por tanto tengamos que valorar. No acepta que los finales deban resolver aquello planteado en los principios. No acepta que haya que esforzarse mucho para escribir poco y así solo así pueda ser bueno. César Aira va en contra de todas las ideas de valor de virtud y de bien que había la literatura burguesa occidental y es por eso su literatura mala si lo leemos desde los criterios de valor previos pero su literatura lo que es indiscutible es que es nueva revolucionaria o progresista. Cualquier escritor que acepte una forma dada que repita lo que entiende que es bueno virtuoso o bello es un escritor conservador, igual que cualquier político que acepte las normas del sistema capitalista socialdemócrata de estado de bienestar falso precarizado por el capital financiero, es un político conservador.


Este gobierno lleva años demostrando ser conservador y cierta parte de la izquierda que no nos consideramos socialdemócratas le hemos consentido seguir presentándose como un gobierno de izquierdas. Sabíamos que no lo era, pero no queríamos aceptarlo y menos aún denunciarlo. Ahora por fin hemos salido a la calle a que se escuche bien. Este gobierno es conservador y no aceptamos estos términos. Me temo que no tenemos muy claro en qué términos hemos salido a la calle. Pero al menos hemos salido y lo hemos denunciado. Este sistema es el mismo y seguirá siéndolo mientras queramos conservarlo, nada va a cambiar si no consideramos destruir el marco previo, lo que se suponía que estaba bien que era virtuoso y que era bueno.


Ya no más.


Soy pesimista. También se dijo “ya no más” el 15M y lo que ha venido luego es mucho más.


Hay ciertos elementos o parámetros políticos que incluso desde la izda hemos considerado buenas y que tendremos que negar si queremos un proyecto de verdad nuevo y transformador. Si nuestros criterios de bien, virtud y verdad se mantienen los mismos llegaremos al mismo lugar. No entraré aquí al detalle o el ejemplo porque me equivocaría demasiado. Propongo solo un punto de andamiaje para la transformación y el debate.


Que una editorial publique un carrusel en Instagram promocionando los libros de su editorial que hablan sobre la crisis del modelo ciudad y vivienda aprovechando la crisis del modelo ciudad y vivienda y la acampada en Sol también es capitalizar la coyuntura. Aunque sean libros. Es capitalismo. Se lo he visto a Lengua / Círculo, es lo de menos, lo hacen casi todas.


Ahora Siglo XXI. Vendrán las demás.


No creo que se vaya a producir la gran transformación del sistema que debería producir esto. No creo que sea posible. No creo que la mayoría social quiera. No me alegra pensar así, pero es lo que pienso. La mayoría de España no quiere desmontar el sistema. Reducirlo a que la mayoría social no quiere porque son ignorantes o porque les tienen lavado el cerebro es algo tan soberbio que no me puedo permitir pensar que ese es el (único) problema.


Creo que algo va a cambiar. Pero algo moderado. Como siempre. Algo adentro del sistema. Algo que beneficia al sistema. Así que nada cambia. Hayek, teórico liberal salvaje, decía que era mejor para el rico tener 99 y el pobre 1, que tener 100 y el pobre 0, porque si el pobre tiene 0 ni produce ni consume. Estamos cerca de ese límite, y el sistema está a punto de darse cuenta. A punto de darnos el 1 en vivienda para que sigamos consumiendo y produciendo. Solo porque al sistema le interesa. Y la presión social habrá ayudado, y la calle habrá sido el motor de ese cambio. Pero de ese cambio, menor, orgánico, dentro de la misma lógica del mismo sistema. No del cambio que la calle debe querer y aspirar. Creo que porque en la calle no está la mayoría. La mayoría vota a Ayuso y va a votar a Abascal. Quiere esa ciudad y ese país.


La mayoría quiere Comerás flores, Oxígeno o Pérez Reverte, Juan del Val, que en términos de sistema y de organicidad y de conservar lo que había, son lo mismo. No quieren César Aira. (Y no se engañen, Aira está de moda subir fotos a Instagram, no leerlo, y está de moda entre nosotros, los 4 frikis de siempre, nada más). Y eso no está bien ni mal. Eso es la mayoría.


¿No decíamos que no existe el “valor” en literatura? ¿Que nadie es quién para decir qué es mejor o qué es peor? Aquí está: el deseo de la mayoría.


No quieren Fisher, quieren Hayek. Aspiran a ser el rico con 99. Juegan a la rule y a la primitiva, les va eso. Saben que la estadística no está de su lado pero creen en su suerte igual. Quieren esa posibilidad ínfima antes que el reparto posible. Así estamos.


Pron se parece en algo a Levrero (estructural) y en algo a Aira (conceptual). Sin embargo, Aira y Levrero no se parecen en nada, ni estructura, ni concepto. En cambio, es cierto que hay algo en Levrero y también en Aira de “querer hacerlo mal” que es opuesto a la poética de Pron, que hace todo el esfuerzo posible por “hacerlo muy bien”.


Hay gente que se enorgullece de “estar”. Hay gente que se enorgullece de mostrar que está. Hay gente que se enorgullece. Y quiere que se sepa. ¿Lo que está pasando o que “están”?


Colectivizar sí, marca personal también.


En realidad en la estructura de En todo hay una grieta y por ella entra la luz con sus digresiones narrativas y encadenadas notas al pie, más que a Fresán o a DFW se asimila a la lógica del diario de La novela luminosa de Levrero: la mirada privada y diletante de la realidad actual que escribí mientras debía y quería e incluso inicié una novela sobre algo del pasado que quería recomponer y era lo que realmente iba a escribir y no pude pero aquí dejo los restos de lo que no fue. El pasado como algo irrecomponible. El presente como un inasible mosaico de esquirlas de la cotidianeidad. Un hoy demasiado real que se impone al artificio de la escritura como construcción, reconstrucción, relato, arqueología, rescate. En cambio, la absoluta dejadez desgana desidia de Levrero aplasta con su insoportable aburrimiento el deseo obsesivo de precisión pericia certeza de Pron.


El espíritu del juego patafísico airiano también se diluye según avanza la novela de Pron en favor del rigor y el deseo de ser certero atrapando nuestro absurdo cruel peligroso presente.


03/10/2026

Breve recordatorio: los mismos que hoy no nos permiten parar a pensar y nos exigen posicionamiento unitario y público ya, son los que hace diez años no nos permitieron parar a pensar si nos parecía del todo bien cómo se estaba llevando a cabo el proceso independentista de Catalunya liderado por CiU (mutatis mutandis, actual Junts). Ir en contra o aunque fuera dudar o criticar ciertas cosas de CiU/Junts en esos años y cuestionar algo de la pureza de sus reclamaciones independentistas te convertía directo en un fascista, españolista, un bufón de la corte, en contra del “derecho a votar”.


Hoy sabemos que Junts (y antes CiU) es un partido de corruptos, racistas y rentistas. Ojalá hubiéramos parado a pensar un poco más entonces, a matizar, ojalá no hubieran perseguido a quien no tenía tan claro su posición a favor de Junts, de Artur Mas, luego de Puigdemont, de la declaración unilateral en un parlamento para ocultar sus robos y todo lo demás.


Hoy Junts nos deja sin reales decretos para al menos empezar a cortar la sangría de la vivienda. Hace unos meses le ganó una ley racista y fascista para Catalunya al gobierno central del SOE. Nadie se arrepentirá públicamente de haber encumbrado a esta gente como líderes de la libertad y la democracia en Catalunya pero al menos estaría bien que reflexionáramos.


La verdad es que resulta mucho más sencillo entender esta coyuntura y tomar partido y saber quiénes son los buenos y quiénes son los malos que entonces con lo de Catalunya. Aunque entre los buenos haya tanta gente sectaria, sedienta de venganza y tan discriminante como en el bando de los malos.


Pero igual, el derecho a pensar, el derecho a pedir tiempo para pensar, el derecho a matizar, el derecho a no ser unitarios es importante protegerlo.


Aira, durante cuarenta años, ha decidido pensar por sí mismo y ejercer su derecho a no ser unitario. Y el derecho a no tener que explicarse, hace y calla Se ha dado a sí mismo ese derecho. Solo los últimos veinte ha conseguido cierto respeto, hoy es el canon y el gran genio mundial de la literatura en español. Durante los veinte primeros años tuvo que mantener su posición siendo tachado de descomprometido, inmoral, aristocratizante, romántico, vendido, vendehumos, y sobre todo de tonto. El tonto de Aira otra cosa no pero se ha permitido ser tonto a su manera cuarenta años, ignorando todos los insultos, haciendo a su modo, no lo olvidemos.


Ojalá el rigor con las palabras, la exigencia del y al lenguaje público que expone Ignacio Echevarria, hablando en el CLAC de Ferlosio, el lenguaje público y las palabras comunes políticas en los tiempos más calientes del procés.


¿Hay alguien hoy que tenga de verdad maestros antiguos o solo citan determinados nombres por la oportunidad que la agenda política o una efeméride les brinda?


Qué poquito orgullo de clase estos que creen que la literatura complicada aleja al pueblo de la literatura.


En democracia es mucho más frágil la libertad de pensamiento que la libertad de expresión. Algo así creo que dijo Hannah Arendt. Si no, lo digo yo. Y esto nos afecta hoy a todo el espectro ideológico.


Algunos vendrán aquí con sus ideas muy claras y denunciarán la duda. Esos son los que más miedo me dan.


04/10/2026

El que tiene que explicar sus acciones no entiende realmente el poder de las acciones. Quien necesita publicar sus acciones y denunciar a quien no las anuncia no cree realmente en las acciones.


Y luego a parte están los que callan por interés aunque antes iban de puros y ahora se les ven los fundamentos. Novela sobre mi vivienda sí, luchar por la vivienda no. Ya estoy cayendo en el sectarismo de denunciar a quien no denuncia. Pero también es verdad que el mismo acto no significa lo mismo según desde dónde se hace. Callar puede significar una cosa, y también la contraria, y es el mismo silencio. Y existen los que hablan por interés, y construyen una imagen que no se sustenta en nada más que en la imagen.


Todos los escritores, incluso los mejores como Pron o los genios como Aira, caen alguna vez en la tentación de explicarse. Porque todos queremos ser comprendidos de verdad. Todos queremos el cambio general y actuar sobre las cosas, pero también ser entendidos en particular. Que nos entiendan, sentirnos comprendidos. Y terminamos explicándonos. Bueno.


“Y el arte no hay que hacerlo bien. Si se lo quiere hacer bien, es una artesanía, algo para vender y por ello sujeto al gusto del comprador, que por supuesto va a querer algo bueno. El arte crea su propio paradigma; no es «bueno» de acuerdo a patrones preexistentes sino que lo que venga después (las artesanías que vengan después) serán juzgadas de acuerdo con él. Esa es la creación, a diferencia de la producción. [...] De lo que se escribió un día hay que reivindicarse al siguiente, no volviendo atrás a corregir (es inútil) sino avanzando, dándole sentido a lo que no lo tenía a fuerza de avanzar. Parece magia, pero en realidad todo funciona así; vivir, sin ir más lejos.” Aira, Cumpleanos.


Pron, como Fontane, como el gato, saben que la libertad es encontrar la salida.


Hay algo en la novela de Pron que me resuena con la última novela de Juan Mattio, que leí el mes pasado para reseñar y finalmente nunca comenté.


La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio, es una novela sobre la posibilidad de que las ficciones, las imágenes, las teorías y los discursos que producimos terminen modificando las condiciones mismas de aquello que llamamos realidad.


El concepto de hiperstición, que Mattio explica en su charla con Pere en YouTube, procedente del entorno teórico del CCRU, resulta especialmente productivo para aproximarse al libro. Se plantea así la pregunta clave: ¿qué sucede cuando una ficción deja de ser un relato sobre la realidad y comienza a comportarse como una fuerza material que genera realidad?


En uno de sus pasajes, un personaje afirma que las ideas no necesitan ser probadas porque «inventan, ellas mismas, la superficie donde se despliegan». La novela no está interesada solamente en la existencia de una realidad desconocida, sino en el modo en que los sistemas de pensamiento, las ficciones y los dispositivos de representación participan en su emergencia.


Esta tradición de la ficción como fuerza productora de realidad es puramente rioplatense y tiene en el Tlön de Borges su punto central inevitable, que se expande luego en La vida breve, de Onetti, La invención de Morel, de Bioy Casares, en Macedonio Fernández, en Cortázar, en Felisberto Hernández, pero que afecta también la escritura extranjera como en Pálido fuego, de Nabokov, El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, La broma infinita, de DFW, incluso fuera de la literatura en una película como Alphaville de Godard. Todas forman parte, desde procedimientos muy distintos, de esa tradición de textos que ponen en crisis la autonomía del mundo respecto de los dispositivos que lo narran.


La nación de los sueños diurnos es una novela sobre la distorsión ontológica. También su relación con Lovecraft es relevante: el problema de representar lo irrepresentable, de llevar los procedimientos de descripción heredados de la novela realista hasta su propia extenuación.


Sin embargo, en ocasiones se tiene la impresión de que la novela describe con extraordinaria inteligencia una alteración que su propia escritura no termina de ejecutar por completo. La extrañeza se produce en el interior de un pacto de lectura que, aunque complejo y estimulante, no llega siempre a desestabilizar(se). En términos de Burroughs, a quien alude el propio autor, el virus que es el lenguaje es más el tema del que habla la novela que una novela escrita con un lenguaje infectado; el extrañamiento del texto parece estar más en lo narrado que en la sintaxis, como pretendía el autor estadounidense.


Quizá por eso la comparación con la novela anterior del autor, Materiales para una pesadilla, resulte reveladora. La novela anterior, menos ambiciosa en su despliegue, parecía construir un dispositivo más cerrado y coherente con sus propias premisas. En La nación de los sueños diurnos, en cambio, la expansión conceptual es mayor y también lo es la exigencia que recae sobre la forma. La novela quiere dar cuenta de una realidad demasiado radical para permanecer encerrada en los códigos tradicionales de la ficción, y al mismo tiempo necesita conservar un grado de legibilidad que permita transmitir esa experiencia. Su tensión más interesante nace precisamente de esa contradicción.


Quizá la radicalidad formal llevada hasta sus últimas consecuencias nos conduciría a una paradoja: si el texto consiguiera penetrar por completo en la entidad ontológica irrepresentable, si lograra desprenderse de todos los códigos de lectura que nos permiten reconocerlo como literatura, quizá dejaría de ser accesible. Los mensajes desde allí no nos llegarían.


Entre lo obvio y lo imposible se sitúa la tarea de la literatura. Artaud entendió la locura como una experiencia que desbordaba las formas ordinarias del lenguaje y del pensamiento, pero lo entendió antes de enloquecer; Deleuze en Lógica del sentido, al pensar la grieta por la que cayeron escritores como Lowry o Fitzgerald, señaló la proximidad entre el riesgo que requiere la creación y el límite en que se vuelve destructivo, sobre si era posible quedarse en el umbral o había que ir hasta el final. No se trata de convertir el abismo en una garantía de autenticidad ni de confundir la radicalidad con la incomunicabilidad. Se trata de acercarse a ese borde lo suficiente como para que la escritura conserve la huella de aquello que la excede.


En ese sentido La nación de los sueños diurnos es una novela que trabaja en esa proximidad con más ambición que la de Pron, creo, pero en En todo hay una grieta… el resultado me parece más preciso y concreto, alcanza más lo que propone, y en conjunto me parece un libro más conseguido. Y con todo, ambas fracasan en el mismo lugar: anunciar un artefacto que al terminar descubrimos que no es el que tenemos entre las manos. Quizá es un artefacto imposible, quizá haya que ceder siempre en favor de lo posible. Mi política es la contraria: no ceder, aunque perdamos.


¿Quién se va a leer todas estas divagaciones? Yo no leo las de los demás, ¿por qué iba nadie a leer estas Y si sé que no tienen interés, ¿para qué las escribo, y peor, para qué las publico?


Siento que hacen falta otros tiempos, operar en un tiempo más lento, todos lo sentimos, todos lo reclamamos. Y a la vez denunciamos a quien no se pronuncia ya, no se posiciona ya, no da soluciones ya. Queremos que nos lean y no leemos a nadie. Hay algo de nuestras exigencias que no cuadra.


Leo ¿Qué hacer?, de Lenin, dice:


“Por eso nuestra tarea consiste en combatir la espontaneidad”. (p. 40)


Y unas páginas más adelante:


“Y la ligera sonrisa de nuestro constitucionalista se transformará en risa homérica, cuando sepa que los socialistas que hablan de la vanguardia del socialismo, en el momento actual, cuando el elemento espontáneo prevalece casi absolutamente en nuestro movimiento, ¡temen más que nada "aminorar el elemento espontáneo", temen "aminorar la importancia de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris a expensas de la propaganda de ideas brillantes y acabadas", etc., etc.) iUna “vanguardia” que teme que lo consciente prevalezca sobre lo espontáneo, que teme propugnar un "plan" audaz que tenga que ser aceptado incluso por aquellos que piensan de otro modo! ¿No será que confunden el término vanguardia con el término retaguardia?” (¿Qué hacer?, Akal, p. 84).


¿Lo habrán leído estos? ¿O solo comparten IAs marxistas nostálgicograciosas de Lenin y Stalin y el Che bailando borrachos o fotos estetizantes de la revolución feísta gótica?


Algunos dirán: ¿qué haces leyendo?, que lo importante es lo que está pasando en la calle: entonces, ¿por qué lo subes a Instagram? Estos responderán que hay que dar altavoz y visibilidad a la calle: ¿de verdad crees que nos creemos que lo publicas por eso? ¿De verdad crees que es importante tu cuenta de Instagram para la visibilidad? ¿La de la calle o la tuya?


En todas las épocas casi todos los artistas e intelectuales han pensado que su época y su sociedad es la más vulgar y más estupidizada que ha habido jamás y que todo el mundo ha olvidado ya todo sobre arte, ideas, compromiso y belleza. Y en todas las épocas ha habido alguna poca gente muy oculta haciendo alguna cosa que no sabe muy bien qué es pero con verdadera convicción y compromiso (que otros pedantes gilipollas dentro de tres generaciones romantizarán para venerar una época tuya inventada y despreciar una época suya que sencillamente no entienden). Y en todas las épocas a la mayoría de la gente sencillamente no le interesan estas gilipolleces. Lo único que sí puede ser diferencial de la nuestra es que mucha más gente lee y va a museos por una característica meramente económico-cultural de la democracia y el capitalismo y eso genera confusiones pensando que la gente es más culta o erudita, pero no es así, antes toda esa gente ni siquiera leía ni iba a museos, y eran igual de inteligentes o estúpidos que hemos sido y somos todos siempre y en cualquier parte. No te hace más inteligente ir a museos que a la bolera ni leer Anagrama que folletines de vaqueros. La lectura de Pron de la cultura y el MoMa y los selfies y todo esto de la sociedad estupidizada en contra de… ¿qué? es tan marmórea y alambicada como la de Fresán y Jaume y toda esta gente tan culta y tan admirable en tantas cosas y tan torpe para leer su propio tiempo. Martín Caparrós es diferente en eso, Martín Caparrós es diferente en todo, pero también en eso. El sí es un verdadero moderno, lo fue en sus formas cuando se impuso como gran cronista de la humanidad en su gran obra La Historia, y luego en su acción como gran cronista del presente, pero todos los autores mencionados previos también tuvieron su gesto moderno de juventud, la diferencia es que Martín no se quedó anclado en su modernidad. Es un moderno eterno, siempre ve y prefiere lo nuevo. Claudio López Lamadrid, dicen, también era así. Son pocos. La madurez debe ser una etapa terrible pues se los morfa a casi todos los buenos.


05/10/2026

Pron terminado. Primera mitad genial, pero de verdad genial, un deslumbre y concisión y capacidad de capturar la historia y la materia al nivel de Sebald, y de Perec, y de Bolaño, y de Tokarczuk. Hacia la mitad se empieza a notar que le importa quizá demasiado hacerlo muy bien, hacerlo tan bien como Sebald o Perec o Tokarczuk, y los escritores esforzados siempre generan un esfuerzo al lector. Cansan. El final parece que ha querido hacer un Bioy / Schweblin / Fresán / Enriquez que se le va para cualquier lado y se desmonta el libro. Ahora entiendo por qué parece que sí, pero no. Hay algo de la relación amorosa de este libro que viene de El pasado de Alan Pauls y tampoco funciona. En la última nota al pie, 7., hay dos o tres momentos Sebald más que están muy bien. El momento Negra espalda del tiempo a la Marías, la vida que no fue y los futuros dobles y todo eso, no. Tampoco ese punto fin de la era del fuego a la Caparrós y menos el final del “vi, y vi, y vi” modo Aleph. Demasiado preocupado por su efecto.


Snchz ha convocado elecciones. Veremos qué pasa en Sol. Orgullo absoluto de que la izquierda haya derrocado un gobierno de “izquierdas”. Me gustaría ver cuándo la derecha demuestra su honestidad ideológica así. Creo que debería levantarse Sol, para demostrar que la movilización era de compromiso, radical, pero también democrática. Ahora hay que hacer campaña, hay que convencer a cualquier votante de que su vida y su casa están encima de la mesa cuando vaya a votar. Y que a ninguno de los que ha gobernado, a ninguno, le interesa cambiarlo ni va a cambiarlo. Soy pesimista, pero lo que ha ocurrido debería ser importante.


Clara del Rey comparte una story que dice: “Si vuelvo a leer “poner el cuerpo” me tiro al mar”. Veinte páginas de diario sintetizadas en un meme. Algo sabe la posironía de parquedad.


Ahora CCOO y UGT convocan huelga general. Es una vergüenza y da asco lo orgánico que es siempre el poder. Sabíamos que no querían. Munir Hachemi lo compartía esta mañana en una story pero era un secreto a voces. No iban a convocar una huelga contra un gobierno del PSOE. Ahora, que no hay gobierno, en ciclo electoral, convocan la huelga. No una huelga contra un gobierno sino, ¿qué?, ¿a favor? No una huelga de denuncia sino, ¿de campaña?


Es una absoluta vergüenza y da asco y nos vamos a quedar callados otra vez mientras la socialdemocracia juega como siempre a dos bandas y van de comprometidos y solo regalan el estado igual al mercado pero con una sonrisa más amable.


Nunca es el momento de ser críticos, ahora porque estamos en campaña y es el momento de ir unidos; antes porque estábamos en el gobierno y era la oportunidad de cambiar las cosas; antes porque en la oposición hay que hacer bloque conjunto contra el poder fascista. El caso es que siempre tienen una excusa para no ser críticos y demonizar la crítica y ser unitarios y monolíticos. Mucha lucha de poder, guerra por los sillones y puñaladas por la espalda. Pero crítica pública y seria a la izquierda nunca. Esta convocatoria de huelga es una vergüenza, aunque la huelga, sus causas y sus exigencias sean las más legítimas, que lo son.


Un amigo me dice que sí, que está mal, y que sabemos la mierda que es el PSOE (que da competencias en migración a los racistas de Junts, que da el liderazgo del feminismo a terfas blancas acomodadas sin escrúpulos, que habla mucho de Palestina para hacerse el guay pero vende armas a Israel, que es igual de corrupto que cualquier gobierno anterior…) y sus sindicatos UGT y CCOO, pero que es la calle movilizada y la izquierda de verdad quienes debemos estar muy fuertes para obligar al PSOE a cambiar ciertas cosas. Y que solo con el PSOE podemos presionar y cambiar ciertas cosas. Porque la alternativa es la barbarie.


Tiene razón mi amigo, la alternativa es la barbarie fascista y no podemos permitirnos ser exquisitos ahora. Hay que ir adelante con todo e intentar evitar una vez más lo que parece inevitable. Estamos en campaña. Pero es una vergüenza, igual.


Y sí podemos ser críticos. Y si no lo hemos sabido denunciar cuando han estado en el gobierno y nos han toreado tendrá que ser en esta campaña electoral.


Y las palabras serán miradas con lupa, porque las palabras son importantes y peligrosas. Y no todo vale lo mismo. Y no todo da igual. Y quizá no exista la verdad pero sí existen las mentiras.


“La división planificada del mundo en campos de muerte por el gobernante paranoico sigue practicándose a escala más modesta como organización de la vida normal. «La severidad de las disciplinas especializadas», de las que Canetti no tiene una gran opinión, castiga las violaciones de fronteras y fuerza a la realidad a entrar en el sistema de sus categorías. Lo que no encaja es cercenado. «Nada debe vivir donde no se le ha permitido. El orden es un pequeño desierto, por sí mismo creado.» Eso llega, como todos sabemos, hasta la psicopatología de la vida cotidiana. «El hombre que no posee ese imperio desértico, donde tiene derecho a sofocarlo todo furiosamente, se siente pobre.» Quien puede ampliar el sistema de su orden, quien domina su disciplina, recibe poder y autoridad. Ello se muestra de la forma más clara en las disciplinas que, por su función, tienen un carácter regulador abierto. La Histoire de la Folie de Foucault da un amplio concepto de la sumisión de la demencia por el sistema de la psiquiatría oficial, cuyos representantes, como observa ya Canetti en Auto de fe, defienden sus tesis con obstinación de dementes.” (Sebald sobre Canetti en Ensayos: Pútrida patria, p. 54).


Es cierto que el libro de Pron finalmente no me parece tan genial, pero también es cierto que me ha activado una forma de mirar y escribir el presente que llevaba meses buscando. El texto es una grieta y por ella ha aparecido cierta luz, para que eso ocurra hace falta tiempo y un texto como esta novela de Pron no se escribe al calor del hoy sino dedicando un tiempo largo al hoy.


También hay que parar, sobre todo cuando todo es más urgente, cuando se hace más difícil.

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