Libros

Jacobo Bergareche: «No quería contar una ruta migratoria, quería contar a Amadou»

Siempre intento que todo sea divertido, pero no me escondo de lo terrible, de la pena o de la miseria.

14 de octubre 2026


Jacobo Bergareche escribe esta vez desde la experiencia directa del dolor, la épica, y el viaje. En ‘Tío grande’ (Ed. Libros del Asteroide) acompaña a Amadou, que salió de Guinea-Conakri con 12 años y tardó cuatro en llegar a España, para reconstruir su historia y, de paso, regresar a la de Roque, su hermano, asesinado en África a los 29 años. Dos vidas muy distintas que avanzan en direcciones opuestas y terminan cruzándose en un libro sobre migración, duelo, amistad y la manera en que una historia puede acabar iluminando otra. Dos vidas que convergen gracias a Jacobo y su manera de escribir.


Viajar, caminar, observar y contar. Eso es un poco este libro y, en esencia, el periodismo.

Sí, es un libro muy periodístico. Es una crónica en la que hay reflexión, pero todo parte de la experiencia: viajar, ver las cosas, estar ahí y contarlas. Ese ADN periodístico forma parte inevitablemente de mi escritura.

Que asesinen a tu hermano de 29 años tiene que ser una hostia tremenda, quizá uno nunca se recupere.

No sé si uno se recupera, lo que tienes que hacer es integrarlo en tu vida y darle un lugar al duelo. En mi caso, la escritura me ha salvado de la pena y me ha permitido manejar el recuerdo.

¿Si Roque no se hubiese muerto sería escritor?

No lo sé, es imposible saberlo. Pero sí sé que su muerte me impulsó a tomármelo en serio y a convertir la escritura en una profesión.

¿Hay ausencias que son siempre una presencia?

Hay ausencias que terminan ocupando un espacio enorme en tu vida. La escritura es una manera de darles ese espacio y de colocar el dolor y el recuerdo en algún sitio para poder convivir con ellos.

¿El sufrimiento y el dolor nos hacen mejores?

No necesariamente. El sufrimiento te transforma, pero puede hacerlo para mejor o para peor. Depende de lo que hagas con esa experiencia. La literatura puede ayudarte a colocar el sufrimiento en un lugar donde te haga mejor. Luis Rosales decía en ‘La casa encendida’ que el dolor no es solo una herida, sino también un órgano sensorial que te acerca al dolor de los demás. Te permite no tener miedo ni pudor ante el sufrimiento ajeno y acompañar mejor. Pero también hay gente que se vuelve una auténtica hija de puta con el dolor.

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Fotos de Sol Bergareche

Háblenos de esa unión especial que se dio desde pequeños entre los hermanos Bergareche y África.

Crecimos muy metidos en la música y estábamos cansados de que todo lo interesante viniera del mundo anglosajón. Descubrimos el nuevo flamenco, ‘Songhai’, a músicos de Mali, a Ali Farka Touré. Yo estudiaba Bellas Artes y me interesó el arte dogón. África entró en nuestra vida desde la música, el arte, la comida y los viajes, pero no desde la compasión, la mirábamos desde la aventura y la inspiración.

Todas las navidades recuerda a su hermano organizando un campeonato de mus que en verdad es una bacanal.

Mi hermano Roque era muy divertido. El campeonato de mus es una manera de recordarlo desde la alegría, la fiesta y la risa, que creo que es mucho más bonita que hacerlo siempre desde la tristeza.

Cuénteme cómo conoció en uno de estos torneos a Amadou.

Amadou era “el chico para todo” de una de esas fiestas. En un momento tuve que negociar que me dejara más tiempo y recurrí a una especie de extorsión emocional: «Esto lo hacemos por mi hermano, que murió en África». Y él me devolvió una historia del mismo calibre. Cuando cuentas algo así, corres el riesgo de que la otra persona te responda con otra historia igual de potente.

Amadou no tiene apenas amigos, parece solitario, sin embargo con usted encajó bien desde el principio.

Soy hablador, me gusta conversar y tengo mucha curiosidad por la gente, especialmente por aquellas personas cuyas vidas están muy alejadas de la mía. Amadou me llamó la atención y quise saber.

Y desde un principio fuiste «Tío Grande», como el título del libro, o «Rey».

Hubo una conexión inmediata y, en cierto modo, también nos unió el sufrimiento. Son vidas muy diferentes, pero había algo que nos acercaba.

Le he leído en entrevistas: «La verdadera épica está en las historias de los migrantes».

No es que sea más épica, es que ellos viven la épica. Las literaturas fundacionales son épicas, viajes de diez años en los que te juegas la vida. Eso es precisamente lo que les ocurre a muchos migrantes.

Tiene que ser muy complicado abandonar a tu familia y tu país con 12 años rumbo al «País de los blancos» a buscarse una vida mejor.

Es alucinante. Lo hace siendo un niño, sin saber adónde va, qué se va a encontrar o ni siquiera si va a volver algún día. Amadou vivió todo tipo de aventuras y peligros siendo un niño, y esa es una de las cosas que más impresiona de su historia.

Su editor fue quien le propuso seguir los pasos de Amadou.

Mi editor consideraba que en la literatura española contemporánea no había un gran relato sobre la inmigración y pensaba que era necesario abordarlo desde la literatura, no desde la política. Me lanzó el guante y me pareció interesante recogerlo.

¿No tuvo problemas cuando cerca de los 50 años, con mujer y tres hijas, dijo que se iba?

Mi hija Pepa me decía que le parecía una frivolidad intentar ir a Mali o a Argelia a esas alturas. Y había peligros importantes. Pero para mí la historia tenía sentido precisamente porque iba con Amadou. No quería solamente reconstruir una ruta, quería hacer un retrato psicológico suyo.

Un blanco, gente bien de toda la vida, en Guinea-Conakri para visitar el origen de su amigo negro. Es llamativo.

Sí, la verdad. Además, en Marruecos tuvimos algún problema: a Amadou le gritaban por la calle por ser negro. Para una persona negra el mundo es bastante más duro, es desagradable y te hace tomar conciencia de hasta qué punto sigue existiendo el racismo.

Amadou llegó como MENA. ¿Conocerle le ha cambiado su forma de mirar y percibir a los emigrantes?

Profundamente. Me he sumergido en su mundo. Sé cómo viven, lo mal que lo pasan y lo difícil que es salir adelante con todas las trabas que tienen y que les ponemos. Cuando conoces a una persona concreta, la problemática deja de ser una abstracción.

Ahora con todo lo de Ceuta, ¿es de los que los percibe como invasores o víctimas?

Un escritor no hace un análisis político, económico o sociológico. Yo pongo la lente en una persona y cuento el mundo a través de su particularidad. La literatura sirve para meterte en la piel del otro, pero no para darte soluciones ni opiniones políticas. Mi sospecha es que esta gente ha sido utilizada, pero no tengo suficiente información para afirmarlo. Lo que sí sé es que nadie quiere dormir en una playa o en el suelo, siendo hostigado por la policía y generando además miedo entre los vecinos. Es una situación enormemente incómoda para cualquier ser humano.

Recorren juntos los orígenes y la peripecia de Amadou. Usted escribe y, sin embargo, ha querido que los beneficios sean para los dos.

Amadou ha sido muy generoso conmigo. Me ha dado su historia, su tiempo y me ha acompañado a todos esos sitios para satisfacer una curiosidad que era mía. No me voy a hacer rico con este libro, pero me parecía justo compartir los beneficios con él. Me lavaba un poco la conciencia y, además, creo que era justo.

‘Tío Grande’ muestra una realidad dura, pero está salpicado de humor.

Siempre intento que todo sea divertido, pero no me escondo de lo terrible, de la pena o de la miseria. Como dice Mary Poppins: “Con un poco de azúcar la píldora entra mejor”. Creo que es una cortesía hacia el lector: puedes hablar de las cosas duras de la vida con humor y ligereza sin ser superficial.

¿Y cómo se mete uno en un camino así sin saber siquiera dónde está Bomini?

No tenía ni idea, ni siquiera sabría señalarlo en un mapa. Sabía por dónde íbamos, pero ellos tampoco te dicen exactamente dónde está el sitio. Y luego el camino es de lo más accidentado y peligroso.

¿De todos sus viajes este ha sido el más temerario?

Es complicado hacer uno más temerario que este. Ir de noche hacia el interior de Guinea no es aconsejable. No es bonito. Hay que viajar de día y con coches que funcionen.

Una aldea remota de África en la que duermen en el suelo, pero llega el 5G.

Eso es increíble. Es el neolítico, pero un neolítico con 5G. No hay electricidad, no hay agua corriente, las herramientas son arcaicas, las casas tienen techos de paja y, de repente, aparece un móvil.

¿Cambiar la perspectiva y conocer África y sus problemas le dio la certeza de que en España somos unos privilegiados?

Somos una sociedad mucho más afortunada en todos los sentidos. Eso no significa que alguien que se empeñe en ser infeliz no pueda serlo en cualquier lugar, pero nuestras condiciones materiales son incomparablemente mejores.

Pero eso va contra la idea que algunas tratan de vender: «En África tienen muy poco y son muy felices».

Hay un concepto que me parece importante: el umbral de suficiencia. Por encima de determinado nivel de ingresos, tener mucho más dinero no necesariamente te hace más feliz. Pero ellos están muy por debajo de ese umbral. Viven hacinados, tienen poca privacidad y unas condiciones materiales muy duras. No me parece que podamos idealizar esa situación diciendo que, como tienen poco, son particularmente felices.

Usted que es un hedonista y disfrutón de la comida, ¿algún plato que le haya impresionado?

Por la mañana toman el futi, hecho con okra y otras verduras que se machacan en un mortero enorme. Estaba bastante bien, aunque no lo he reproducido en casa. Y me encantó la manera de comer las naranjas: las preparaban como una especie de biberón y te bebías la naranja. Me pareció sensacional.

Guardó el ramadán.

Sí, hice el ramadán allí.

¿Cómo fue esta experiencia?

Increíble. Perdí siete kilos, que tampoco me vino mal, pero lo más interesante fue comprobar hasta qué punto es una sociedad sincronizada en el hambre, en la sed, en el sueño y también en el alivio cuando llega la noche. Todo sucede a las mismas horas y eso genera una sensación de comunidad, de sincronía, de disolución del yo en el nosotros. Me pareció muy interesante.

¿Ya no va a escribir más historias de pijos?

No me puedo escapar de mí mismo. Ya estoy con la siguiente novela y todo este ayuno de pijismo se va a convertir en una bacanal.

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Fotos de Sol Bergareche

Roque y Amadou, historias muy diferentes, pero en cierto sentido podrían ser vidas paralelas.

No son vidas paralelas, pero sí complementarias. Son como dos reversos, el positivo y el negativo de un mismo viaje. Roque tiene una mirada hacia África y Amadou tiene una mirada hacia Europa. Son viajes que se cruzan y que se iluminan mutuamente. Y los dos tienen parte de tragedia, pero también hay mucha luz en ambos.

¿Qué es a día de hoy de Amadou?

Está repartiendo paquetes para Amazon y sigue trabajando para conseguir uno de sus grandes sueños, el de tener una vivienda propia. Es muy responsable y calculador, como corresponde a alguien que lleva sobreviviendo desde los 12 años. Trabaja todos los días, hace planes de futuro y es una persona muy emprendedora e industriosa.

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