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No Sex #70: A favor de «tomarse un tiempo»
Quizás necesitas equivocarte, echar de menos.
21 de octubre 2026
Me han dicho que la gente (¿con dinero?) en determinados países se toma años sabáticos al terminar el colegio para averiguar qué quieren hacer después. Yo, por el contrario, desde los 11 años quería ser periodista y planifiqué al extremo mi recorrido académico. No habría días libres porque no quería retrasarme en llegar a ese otro lugar: uno en el que se ganase dinero e independencia.
Por aquel entonces, sin un céntimo, no tenía tiempo que perder para conseguirlo. He empalmado trabajos, incluso cuando me despidieron que autoimpuse jornadas de 8 horas desde el mismo día, en plena pandemia, para lograr ser autónoma. Llegué a compaginar unas prácticas, un trabajo en Zara y un trabajo «normal». Me cambiaba en el baño. Por qué carajo iba yo a valorar el tiempo libre, ¿tomarse tiempo, perdón? Dame mejor un ibuprofeno.
Todo esto lo explico porque necesito tirar del hilo para explicar mi relación con «el tiempo».
En la adolescencia, el que pedía un tiempo en una relación me parecía que era el acojonado, el que no se atrevía a dejarlo de verdad. Yo pedía el blanco o el negro, decide, tira la moneda, cobarde. El que pedía un tiempo quería irse a explorar, no soltar la seguridad, irse a nadar al océano pero agarrado a la orilla de una cuerda, tensarla un poco, ver qué ocurría.
Es posible que fuese así y que yo estuviese en mis cabales y también obsesionada con «el tiempo».* Porque yo tenía hambre de verdades radicales y de amor sin medida, creía que ambos salvarían el mundo y a mi vida; ambos me hacían soportar cualquier cosa en aras de un futuro que, indefectiblemente, me llevaría a un lugar mejor.
Sin embargo, con el paso de los años moldeé mi rotunda opinión sobre «tomarse un tiempo». Pasé de: separación poco osada, casi-separación, me atrevo pero sólo un poquito, un me quedo a la mitad de lo que quería decir. Vamos, falta de coraje para romper de verdad algo que parece no funcionar. A: ¿por qué me empeño en describir las relaciones con semejante linealidad? ¿Por qué pretendo que sean líneas con pendiente positiva hasta el infinito?
En 1996, Ross y Rachel pronunciaban “we were on a break” en la temporada 3 de Friends y generaron un popularísimo debate sobre “sus relaciones” durante esa “pausa”. Siri Hudsvedt, en ‘El verano sin hombres’, narra una historia que avanza durante la ‘pausa’ de un matrimonio. La protagonista es dejada por ‘un tiempo’ mientras él parece enamorado de alguien mucho más joven (para sorpresa de nadie). Anne Carson en ‘Eros el dulce-amargo’ da forma a esta reflexión: si la distancia mantiene el deseo, queramos o no, darse un tiempo puede ser la gasolina de muchas historias.
El mayor inconveniente de este espacio vacío que esbozo y propongo es el potencial desencadenamiento de una situationship. Un limbo con tu propia relación, una pesadilla, que no sepas qué sois, cómo interpreta cada uno el parón. Pero tengo el antídoto, y pasa por entender que la figura del que espera en esa ‘pausa’ podría cambiar, es decir, podría dejar de esperar. Ante la libertad del que quiere tomarse un tiempo, la libertad de irse a otro lugar *y en cualquier momento* del que recibe la petición. Por mucho que amemos, somos sujetos activos de las relaciones, algo que es evidente en la teoría y que en la práctica a muchos se le complica.
Aún así, con todo, querría defender en este caso la ambigüedad, la posibilidad de hacerlo y fantasear con las esquinas del deseo. Quizás necesitas equivocarte, echar de menos. Quizás eres gilipollas, esa también sería una opción. En cuyo caso, tener un tiempo para descubrirlo sería un punto a favor para ambas partes.
Quizás necesitas parar, tomarte un tiempo.
*El tiempo ni se toma, ni se pierde, el tiempo se usa. Mi yo de 18 se ríe de los gurús de la productividad de hoy, amigas.
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