Costumbres

No sex #71: No dejes tus sueños por nadie

Yo también creía que eso era todo, que podría cambiar de ciudad y de sueños, que podría vivir de estar enamorada.

4 de noviembre 2026


Cuando a mis amigas les rompen el corazón, siempre preguntan: ¿y qué voy a hacer ahora? Yo respondo: ¿pero a ti qué te gusta hacer? Es mi padrenuestro particular: recítame cositas que te provoquen placer, que gustes de hacer por ti y para ti. Olvida las indirectas con fotos del gimnasio. Sumérgete en esa lectura, ábrete a lo desconocido, y empieza a repensar tu vida como un cúmulo de cosas. Construir una buena relación de pareja es algo no sólo bello, sino que puede llegar a ser resorte de lo demás: pero si para construirla tienes que destruir todo lo demás, lo único que construyes es un agujero. Un agujero que conduce a la nada, una espiral de vivir para el otro y no con el otro.


"We have done it. You always wanted the best for me. You sacrificed yourself for my dreams."

"This would not have been possible without you."

"I love you."


Lo decía Harry Kane, futbolista, capitán de la selección inglesa, al recibir su Balón de Oro. Se lo decía a su mujer, quien, emocionada, recibía sus palabras desde la grada. Ese fragmento del discurso, cortado y empaquetado, salió directo a redes sociales dónde por supuesto se viralizó: esto es el verdadero amor para todo el mundo. 

Pongamos que lo escuché mientras agarraba una taza de café de buena mañana y pongamos que mis cejas se fueron arqueando para sólo al final fruncirse en un ceño en busca de preguntas. La primera reacción: qué es ese amor tan fuerte que les había conducido hasta ahí. In crescendo: pensé también en el reconocimiento de él, que en el momento más brillante de su carrera de quien se acuerda es de su mujer. Ceño fruncido: ¿y ella qué quería? ¿A qué renunció? Todos entendemos que ella le quería a él y quería que su relación prosperara. 


¿Pero a cambio de qué? ¿Él la quería a ella pero también quería al fútbol? ¿Cómo fue esa conversación?


Ni siquiera entraré en que, en general, es más sencillo observar a mujeres renunciando a su carrera por la de sus parejas, ni siquiera entraré en tratar de comprender sus motivos, los tendrán, no son poco inteligentes. No es mi intención revertir su situación, nadie me ha dado vela en este funeral de sueños desahuciados.

Pero pongamos que sigo con mi taza de café en la mano, con la que escuchaba a Harry Kane, y pongamos que tuviese una columna de amor en la que puedo decir lo que yo quiera. Si eso fuese así diría que sacrificar todo por el prójimo no es la manera de estar con el prójimo. 

Compatibilizarlo tampoco es fácil: innegablemente hay carreras profesionales que ocupan las vidas y las inundan. Sin embargo, si el triunfo de uno sólo pasa por el sacrificio del otro se genera una injusticia estructural. Y mis razones, como si esto fuese un manual de instrucciones, son variadas: 

  • Si lo dejas todo, ¿con qué te quedas tú?
  • Si sólo te alimentas de ese amor, ¿qué ocurre si algún día ese amor se tambalea?
  • Porque igual quel amor no es la única cosa que nos sostiene, las carreras profesionales tampoco. 

Al amor es mejor ir sabiendo lo que una es y explorando lo que una quiere porque, si no, se confunde al otro con una misma. Qué te digo, que yo también creía que eso era todo, que podría cambiar de ciudad y de sueños, que podría, viniéndome arriba, vivir de estar enamorada. Como si sólo el amor me alimentase, como si los domingos ya nunca más fuesen a ser melancólicos, como si yo, enamorada, llegaría a dejar de desear ser escritora, como si fuese a dejar de quererlo. Como si yo que sé, a besos y promesas eternas, borrase para siempre mis frustraciones y lograse secar mi ambición y deshidratarme de esta borrachera de ilusiones propias. 


¿Cómo lo harán? Espero que por las noches, cuando su imaginación se libera en fase REM no aparezcan restos en su subconsciente de lo que podría haber sido esa otra cosa a la que renunciaron. 


Con la misma taza de café terminé de escribir estas líneas dándome cuenta de que quizás no me sirve abrazar sólo una faceta de mi vida, sino que aspiro a usar mi tiempo limitado abrazándolas todas.

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