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No sex #68: Una escapada estúpida®
Lo mejor es que carecen de gravedad, no son determinantes ni resuelven enigmas.
23 de septiembre 2026 · 2 comentarios
A veces hay que irse.
Hablo de aquella escapada estúpida® que un día hiciste con esa persona que ya sabías tú, en el fondo y en la superficie, que no era para ti. Es más, estoy segura de que él o ella también sabía lo mismo que tú porque, amigas, esas cosas se huelen y se intuyen, otra cosa es que nos hagamos los ciegos y nos brindemos a los placeres con una miope ilusión de que el futuro podría existir en plural y en expansión, como el universo. Digo y retomo que aquella escapada estúpida de aquel mes cualquiera en el que estabas más o menos bien en el trabajo y no había grandes planes por delante puede ser la gran escapada estúpida. Las escapadas estúpidas con las personas que luego no serán nada se convierten en algunas grandes escapadas de nuestras vidas, conformarán nuestra geografía de la nostalgia amorosa, un divertido e íntimo mapa privado que contendrá cápsulas de apenas un par de noches en ciudades o mares en los que lo que se hablaba era importante pero no tanto en realidad porque uf, en el fondo, tú ya sabías que no era pero te estabas entregando al placer y a la diversión.
Lo mejor de las escapadas estúpidas es que carecen de gravedad, no son determinantes ni resuelven enigmas. No están llamadas a modificar el curso de tu vida, ni a hacerte renunciar a nada. Traté de configurar su morfología aquí: (1) duran aproximadamente tres días, más de dos noches es arriesgar, tres noches podría estar bien, no más de eso. (2) el lugar del viaje suele importar bien poco o formar parte de una idiosincrasia peregrina, es decir, puede venir de una ocurrencia repentina, de una coincidencia graciosa (vimos esa peli, resulta que los dos nos gusta esa canción o bebí un par de copas de vino y por fin me animo a decir en voz alta que deseo un finde romántico aunque por supuesto no usaré la palabra romántico). (3) habrá un pequeño momento incómodo en torno a cuánto se gasta en el alojamiento o cómo buscarlo, seguramente los dos busquen antes por separado. (4) nunca será a un lugar muy lejano porque el quid de la cuestión es que la logística sea sencilla para poder llegar y salir a cenar a la luz de las velas o al rumor de las olas.*
Lo que quiero decir es que lo importante es irte por irte, por la tremenda estupidez de hacerlo, porque os daba la risa, porque una noche en aquel concierto dijisteis «por qué no» y lo hicisteis. Irte para nada, a un lugar que quizás ya conocías, a otro nuevo que no te importó, irte a hablar y a besar por las calles.
En un mundo repleto de razones, la escapada estúpida me retrotrae a algo profundamente humano: salir a jugar sólo para divertirme. Me emociona, lagrimeo, que no sólo nos relacionemos pensando en que la persona cumpla un listado de casillas para entrar en un pipeline de noviazgo y posterior matrimonio (sin saltar todos y cada uno de los pasos correspondientes). En en el teatro de la practicidad quisiera salirme del escenario y arrodillarme ante la escapada estúpida, que está en primera línea, que no dura por supuesto siempre, que se va a ir y que tampoco era para tanto pero que fue muy divertida precisamente por eso, porque no se esperaba nada de ella, porque no se quiere conseguir nada de ella. Una escapada que cuando mires atrás te haga sonreír como sonríen los viejos amigos sabiendo que fue un recuerdo creado digno de ser vivido, una sonrisa estúpida que te recuerda que existes y que fuiste impulsivo y te equivocaste, que probablemente lo sigas siendo ahora, y la ligereza que todo eso te aporta. Protagonista de tu película, comedia que acaba bien porque no sigue, idilio fantaseado.
La nostalgia es traicionera, no siempre se recuerda exactamente lo que sucedió, pero es una gran unidad de medida, fuimos felices y nos recreamos. Si nunca lo hiciste, me atrevo a pedirte que lo pruebes. Y si ya te fuiste, me alegro mucho de que te hayas divertido.
*la clásica y tan malograda escapada a Oporto, por ejemplo.
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