Costumbres

Un pianista en el salón

Este tío tiene otras intenciones que ahora mismo se me escapan. ¿Qué pretenderás, joven y apuesto pianista?

26 de octubre 2026


Un whatsapp de mi casero (mala señal) me despierta de la siesta. Me informa de que un señor de Wallapop quiere venir y probar el piano que tenemos en casa. Que si le puede pasar mi número para que me escriba y ya cuadramos agendas. Todavía en la cama con legañas, releo la conversación un par de veces para enterarme bien de la historia. Poco a poco voy hilando conceptos. Por piano se debe estar refiriendo a ese mueble que tenemos muerto del asco en una esquina del salón y que nos sirve para colgar abrigos y dejar trastos encima. Debe ser eso lo que él entiende por piano. Resulta que tiene otra utilidad menos prosaica y, no solo eso, sino que alguien está deseando hacer uso de ella. Le digo a mi casero que sí, que le dé mi número sin problema al interesado. Dicho y hecho, el señor de wallapop tarda un minuto en escribirme. Me dice que está por la zona y que podría subir en media hora. He visto películas en la sobremesa de Antena 3 con argumentos similares. Por qué me pasarán estas cosas a mí. Sin comerlo ni beberlo, me veo envuelto en un agobio barroco por dejar la casa mínimamente presentable ante la inminente visita. Tal es mi esmero que ya no sé si el buen hombre viene a probar el piano o va a traer un vino caro con el que cortejarme en el sofá. Por si acaso me perfumo. Llaman al timbre. Este está cachondo perdido, no se aguanta las ganas de follar, pienso. Aparece, para mi sorpresa, un chavalito guapo y bien vestido. Más joven que yo, que ya es decir. Me esperaba un señor barbudo, con el pelo blanco y un poco gordo. Mi mente no concebía que una persona que se interesa por pianos de segunda mano no estuviese más próximo en edad a Tchaikovsky que a Aitana. Hola, qué tal. Adelante. Vienes a ver el piano, ¿verdad? aquí está. Está feo que lo diga pero soy un anfitrión excepcional. Quizá abrumado por tantísima cortesía en el trato, me pide, con mucha educación, si puede abrirlo y examinarlo. Naturalmente, Chopin. Lo que tú consideres. Pídeme una cerveza ya que estás, o descálzate si te sale de la polla, faltaría más. El pianista de Wallapop da inicio así a una serie de sortilegios y rituales que, a juzgar por la destreza con la que son ejecutados, deben ser habituales en la compraventa de pianos. Yo qué sé, cada gremio tiene sus manías. A mí qué me cuentas. Finalizada la exploración del instrumento, el interesado solicita tocarlo. Acepto, por supuesto. Estoy tan entregado a lo insólito del momento que si me pidiese un masaje en los pies ahora mismo se lo daba. Toca bien el tipo, hay que reconocerlo. Era de suponer, quiero decir. Yo entiendo que uno en una situación así quiere impresionar al vendedor, se supone que uno debe mostrar un amplio conocimiento para que no se la cuelen, no se va a poner a tocar el Cumpleaños Feliz o el Himno de España. Códigos de pianista. El problema es que lleva un rato tocando y yo tengo cosas que hacer. Se está gustando el cabrón. Tranquilo que a mí ya me tienes impresionado, no es necesario que fuerces más. No sé muy bien cómo, pero reúno valor suficiente para decirle que me salgo un segundo del salón, que enseguida vuelvo. Me dice que tranquilo sin inmutarse. Tranquilo, dice. Tranquilo en mi propia casa. Por si se me había pasado por la cabeza que ahora se le fuese a ir la olla y tuviese pensado estrangularme con sus propias manos. Pues no. Tranquilo. Se queda uno más aliviado así. Llevo diez minutos merendando en la cocina y el apuesto pianista no hace amago de terminar. No me queda otra que volver al salón a disfrutar de este concierto privado en do menor. No sé cuánto es el tiempo de cortesía que debe concederse para probar un piano, pero este ya lo ha superado con creces. Este no quiere probar el piano. Este tío tiene otras intenciones que ahora mismo se me escapan. ¿Qué pretenderás, joven y apuesto pianista? ¿Cuáles son tus oscuras artimañas? Estoy seguro de que el tío conoce casas así. Escribe por wallapop, se presenta en los domicilios. Da un concierto privado. ¿Será acaso miembro de una banda de atracadores profesionales, y a él le toca la parte de examinar la casa y fijarse en los detalles antes de proporcionar la información a los que ejecutarán el golpe? ¿Será arquitecto o diseñador de interiores en busca de inspiración? Muchas preguntas sin respuesta. Para mí que está buscando ojeadores. A fuerza de tocar en medio Madrid malo será no dar con un director de orquesta. O amantes. El tío lo ha dejado con su novia de toda la vida y no sabe ligar por Tinder, prefiere que sus actuaciones hablen por él. O a lo mejor solo quiere sacarse unas perras. Eso es. Tiene que ser eso. Se tira una hora en salones ajenos buscando que el dueño de la casa le diga oye tocas muy bien, no querrás darle unas clases a mi hija los martes y jueves. Nota para el futuro: no subestimar a ningún pianista guapo. Podría ser una trampa.

Sigue a Luis Alonso Agúndez

Recibe un email con todos los nuevos artículos de Luis Alonso Agúndez


¿Qué opinas?

Sin comentarios
Deja un comentario...
Cargando comentarios…

Únete a la conversación

Para comentar necesitas una suscripción activa. Accede o suscríbete para participar.




Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Luis Alonso Agúndez

Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.

VER PLANES