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Rodrigo Fresán: «Hemingway acabó siendo prisionero del personaje de sí mismo»

Tiene novelas de Hemingway que son casi autoparódicas

13 de octubre 2026


Cien años después de la publicación de ‘The Sun Also Rises’ (‘Fiesta’ en España), Rodrigo Fresán vuelve a aquella novela para contar cómo nació una obra que cambió la literatura y cómo nació, al mismo tiempo, el mito de su autor. ‘En Sol y sombra y fiesta’ (Ed. Debate), Fresán mira a Hemingway desde Pamplona, desde Fitzgerald, desde sus fotografías y desde esa sonrisa “con muchos dientes” que acabó formando parte del personaje. Lo admira como escritor, pero también observa cómo aquel hombre terminó atrapado por la leyenda que había contribuido a fabricar.


¿Por qué The Sun Also Rises sigue funcionando cien años después?

Es una novela revolucionaria, generacional y arquetípica. Además, preanuncia todo lo que vendrá después: los beatniks, ‘On the Road’ de Kerouac y hasta ‘Menos que cero’, de Bret Easton Ellis. Es una novela que sigue teniendo una enorme capacidad de contagio.

¿Fue la novela que convirtió a Hemingway en Hemingway?

Lo consagra crítica y comercialmente. Y tiene la ventaja enorme de que todavía no está escrita bajo la dictadura de lo ‘hemingwayano’. Hemingway aún no era famosísimo y no estaba obligado a actuar de Hemingway. Hay una juventud y una ingenuidad de sí mismo que ya no aparecen en sus libros posteriores.

¿Quiso ser primero el gran escritor americano para que después apareciera la gran novela americana?

Exactamente. Aunque ‘Fiesta’ también nace de una tradición anterior, la de los norteamericanos que van al Viejo Mundo a volverse locos, que ya aparece en Henry James o Hawthorne.

¿La gran novela americana ya se ha escrito?

Creo que hay cuatro novelas norteamericanas originales de las que se desprenden muchas de las posteriores: ‘Moby Dick’, ‘La letra escarlata’, ‘Huckleberry Finn’ y ‘Retrato de una dama’. De ellas, probablemente la más grande sea ‘Moby Dick’. Pero hay una paradoja, la gran novela norteamericana indiscutible está escrita por un ruso en inglés y es ‘Lolita’.

En ‘Fiesta’, Hemingway convierte a sus amigos y a él mismo en personajes. ¿Es una novela precursora de la autoficción?

La autoficción existe desde el principio de los tiempos, la Biblia también es autoficción. No hay nada especialmente novedoso en ella. ‘Fiesta’ me parece más una novela testimonial, preocupada por contar un determinado momento en la vida de ciertas juventudes.

¿Y Hemingway fue un escritor del ‘yo’ mucho antes de que habláramos de literatura del ‘yo’?

Son cosas que siempre han estado. Hay un aparato periodístico y académico que se ve obligado a reetiquetar cosas viejas, como el simple hecho de contar historias. En todo lo que se cuenta, por muy real que sea, siempre hay ficción.

¿Aspiremos a escribir como Hemingway y no a ser como él?

Hemingway era un excelente escritor y no tan buena persona. Una cosa es aspirar a escribir como él y otra muy distinta querer convertirse en Hemingway.

¿Hay que vivir al límite para poder escribir?

La idea de que tienes que ir a la guerra para escribir algo bueno me parece extrema y poco saludable.

España ejerció una enorme influencia en Hemingway. ¿Acertó en su visión de nuestro país?

Me parece una visión muy respetuosa. Me sorprendió descubrir cierta antipatía hacia ‘Fiesta’ en Pamplona. A mí me parece muy respetuosa con los locales y muy implacable con los visitantes. Incluso es una novela muy actual por su crítica al turismo.

¿Cómo conviven el mito y el hombre en Pamplona?

No demasiado bien. Hay cierta incomodidad con el mito. En cambio, Hemingway trata con mucho respeto a los pamploneses.

¿Qué tienen los Sanfermines para atraer tanto a los escritores?

En buena medida, la atracción se debe a la propia novela de Hemingway. Yo corrí en 1983, no recuerdo mucho, pero sí que era plenamente consciente de que algo muy peligroso venía detrás de mí. No volvería a hacerlo. Tenía diecinueve años, que es la edad para hacer esas cosas.

Se fija mucho en la sonrisa de Hemingway.

Es una sonrisa con muchos dientes, es la misma sonrisa del lobo feroz.

Cuidaba mucho sus fotografías y sus apariciones públicas. ¿Hasta qué punto construyó deliberadamente su propio personaje?

Completamente. Y eso fue, a la vez, su gracia y su desgracia. Acaba siendo prisionero del personaje de sí mismo. En ‘Fiesta’ todavía no está esa intención, eso hace que sea diferente.

¿Y esa impostura acaba entrando en su escritura?

Sí. Hay novelas posteriores que siguen siendo buenas, pero ‘Por quién doblan las campanas’ o ‘Al otro lado del río y entre los árboles’ son casi autoparódicas por momentos. Hay pasajes formidables y otros en los que parece estar haciendo su viejo número.

Este libro no existiría sin el que escribió sobre los cien años de ‘El gran Gatsby’.

Creo que ‘The Sun Also Rises’ no existiría si Fitzgerald no hubiera escrito antes ‘El gran Gatsby’. Son dos novelas enemigas íntimas. Fitzgerald cierra el siglo XIX y Hemingway abre el XX dentro de la literatura norteamericana.

¿Se puede entender a Hemingway sin Fitzgerald?

A Hemingway no se lo puede entender sin Fitzgerald. Fitzgerald no escribía contra Hemingway y Hemingway sí creo que escribía contra Fitzgerald. Y hay una cierta justicia poética, Fitzgerald murió casi olvidado y Hemingway tuvo veinte años para contemplar cómo su fantasma volvía y resplandecía cada vez más.

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Foto de Alfredo Garófano

¿Con cuál se queda?

Como escritor, con Fitzgerald, porque está más cerca de lo que me gusta escribir. Pero como lector no tengo por qué elegir, me quedo con los dos.

En el libro reúne opiniones muy distintas sobre Hemingway. ¿Por qué despertó tanta pasión, a favor y en contra?

Hemingway llegó a ser la persona más famosa del mundo, como puede serlo hoy un jugador de fútbol o una estrella del rock. Su importancia trascendía lo estrictamente literario, por eso las opiniones sobre él son más numerosas y diversas.

¿Cuál es la mejor novela de Hemingway?

‘The Sun Also Rises’ es la mejor novela de Hemingway en vida. Pero me gustan muchísimo dos libros póstumos: ‘Islas en el golfo’ y ‘El jardín del Edén’. Este último me parece una obra maestra y, curiosamente, muy Fitzgeraldiano.

¿Y es también su favorita?

La mejor y la favorita no tienen por qué coincidir. Como lector puedo disfrutar de otras obras aunque considere que ‘Fiesta’ es la mejor.

¿Se mereció el Nobel?

Claro que sí. Aunque hay una lista de grandes escritores que no lo recibieron: Tolstói, Proust, Fitzgerald o Borges. En un mundo ideal, todos los años habría que premiar a un gran escritor vivo y a otro muerto, para resarcir.

La película de ‘The Sun Also Rises’ le gustó, aunque tuvo malas críticas, incluida la de Hemingway.

Tiene el problema evidente de que los actores tienen cincuenta años y los personajes, veinticinco. Pero, teniendo en cuenta cómo se adaptaban los grandes libros en aquella época, está por encima de la media y me parece bastante respetuosa.


¿Qué ocurrió cuando Hemingway ya no pudo sostener el personaje que había construido?

Había también una historia familiar muy trágica, pero el problema era que había sido una leyenda en vida. Llegó un momento en que descubrió que ya no podía sostener su mito. Acabó siendo prisionero de ese personaje y se metió un tiro.


Ahora parece que surgen nuevas «generaciones perdidas». ¿Volveremos a tener una generación de escritores como aquella?

No creo que la novela vuelva a ocupar el sitio que ocupaba entonces. Siempre habrá grandes novelas escritas por jóvenes, pero no creo que estén imbuidas de un aliento generacional. Todas las grandes novelas supuestamente generacionales que hemos tenido desde que empezó este milenio, te desafío a que te acuerdes de alguna.


En 2028 se cumple el centenario de ‘El ruido y la furia’. ¿Habrá otro ensayo?

Lo lógico sería hacer algo sobre Faulkner y tener a los tres chiflados. Pero no lo sé. Ahora vuelvo a la ficción, tengo una novela nueva que sale en enero.

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