DobleFondo: «Por más artesanos y menos robots». El viaje de Bosco Herrero en NORWALDO (2025).
Pasajeros al tren. Nos vamos de excursión al parque de atracciones de Piegrande.
23 de abril 2026 · 1 comentario
Pasajeros al tren. Nos vamos de excursión al parque de atracciones de Piegrande.
Allá por 2017 yo pedía, imploraba, suplicaba al DJ del disco-bar de mi pueblo que pusiera Fiebre de Bad Gyal; ahora, suena unas tres veces por noche. No obstante, lo que entonces parecía el objetivo al final se ha convertido en un arma de doble filo. Como fiel consumidor del panorama urbano underground de este país desde hace más de diez años, me aventuro a realizarle un diagnóstico: la escena nacional se encuentra actualmente en su mejor y peor momento al mismo tiempo. El underground se ha hecho mainstream. Yung Beef es una figura pop, Mvrk ya huele el sold-out en el Movistar Arena, Metrika firma con Universal y tropezamos con cayetanas en TikTok bailando la última de C Marí o llorando en la primera fila del escenario principal del Riverland con D.Valentino. Las semillas que plantó C. Tangana han dado frutos y tu vecino que se saca un temita de vez en cuando tiene el sueño y la potencialidad de recogerlos. Personalmente, me alegro de ver caer el elitismo y el prejuicio cultural hacia el mal considerado trap, en un proceso de democratización artística real que pone en valor aquella contracultura en la que yo ⎯y otros tantos⎯ encontramos un espacio y una comunidad.
Pero, cuando el éxito se encuentra tan solo a un trend viral, aparece una problemática considerable alrededor de la calidad de la propuesta, la veracidad de la intención artística y la originalidad. Triunfar es, por supuesto, una forma de escalar en la pirámide sociocooltural, y lo que hace unos años parecía inalcanzable, ahora está en manos del algoritmo. La escena está cansada de sí misma, nos enfrentamos a la copia de la copia de la copia, a la recurrencia estructural en lírica y producción, y a una caída considerable del mensaje crítico que en su momento se podía extraer de este movimiento de artistas, intencionado o no. En todo este caos sónico, bombardeo de lanzamientos, ritmos acelerados de consumo y renegociación de la figura del artista, sin embargo, aparece en la recta final de 2025 un proyecto nicho por antonomasia: NORWALDO de Bosco Herrero. Un álbum conceptual, culmen de la propuesta de un chaval de veinte años, que lleva casi un lustro construyéndose desde una esquina muy pequeñita del salón del underground.
Bosco Herrero entra en escena a finales de 2021 con una serie de álbumes dobles que establecen una personalidad estética y una vocación poética y narrativa muy marcadas, con clara influencia del surrealismo. Además de escribir, componer, producir e interpretar sus temas, dibuja sus portadas: nos ofrece un sinfín de personajes extraños en los que vuelca su mundo interior y una imaginación desbocada. El joven vasco-francés hibrida géneros como le da la gana, presenta poemas declamados sin base musical como parte de sus proyectos o se aventura a crear espacios ficticios y simbólicos en los que dar rienda suelta a sus miedos y fantasías, asentándose cada vez más en lo conceptual de su propuesta. Boskito es fresco, yuxtapone imágenes estrambóticas pero abiertas al disfrute y parece no caer en los tópicos de sus coetáneos ni en una búsqueda excesiva del éxito. Además, es honesto al mostrar que carga con un bagaje cultural considerable, con referencias que denotan una educación artística que nutre sus letras de una dimensión extra, al estilo de L'haine con el cine o Sticky M.A. con el anime.
A nadie sorprendió que precisamente Rojuu ⎯otro artista interesantísimo, con un perfil parecido aunque ya asentado, más consumible y juguetón⎯ no tardase en fijarse en él, dando luz a algún tema juntos. Mientras, Bosco sigue relacionándose con otros «emergentes», como Tarchi o Slappy Av., y gana oyentes, atraídos por la nostalgia, el pesimismo, la hipocondría, y el romanticismo intenso y sobrecargado de sus letras hasta publicar en 2024 EL CAZADOR, que lo consolida como artista nicho y en el que su storytelling se afianza como marca personal. Ese mismo año, después de un último EP, SR BISONTEZ, desaparece tanto de escenarios y listas de novedades urbanas como de las redes sociales.
Tras casi un año de ausencia, su vuelta llega cargada de esa cosa suya que apeló a la audiencia desde el principio: una vulnerabilidad muy honesta. En el mundo del exceso posmoderno y de la pose, lejos de la imagen del icono distante y sus aspiracionales cadenas de oro, el anuncio de su nuevo proyecto, NORWALDO, viene de la mano de una carta de amor a sus fans para explicarles todo lo que ha estado viviendo. Boskito comparte una serie de stories hablando de la muerte de su padre, de un nuevo diagnóstico de TOC, de un retiro en el campo apartado de todo, de un sarpullido a causa de la ansiedad, de manoplas en las manos para no autolesionarse durante las noches por el picor.
NORWALDO, programado para el 26 de septiembre de 2025, se retrasó tres meses debido a la magnitud no planeada ⎯una vez más, honesto hasta la médula⎯ de su proceso de producción. En su lugar, apareció un primer adelanto en forma de dedicatoria a sus fans ⎯PARA VOSOTROS, EXTRAÑOS⎯, un track de cinco minutos, íntimo y agradecido, que sirve de prólogo a lo que será un viaje hacia Piegrande, el parque de atracciones ficticio que ya había presentado en SR BISONTEZ. Diseccionar NORWALDO dinamitaría su propia propuesta: su negativa al consumo pasivo.
Durante casi una hora, Bosco Herrero sigue la estela que trazó Rojuu con Los Sueños de Nube ⎯en mi opinión, uno de sus mejores proyectos: un disco narrativo apoyado en una novela gráfica, que no recibió, para nada, la atención que merecía⎯ y pone voz a diferentes personajes, comenzando por el propio Norwaldo, la «esponjosa mascota» del parque Piegrande, que se ha perdido después del cierre de este; una especie de alegoría de su subconsciente ⎯¿el niño interior, tal vez? ⎯ ansioso y alocado, con el que se embarcará en una aventura de vuelta al parque: una reconexión con todo aquello que era previo al último año de su vida. Por el camino, un pirata-pulpo con la cabeza separada del traje o una femme fatal, «con sus tacones picudos, vestido de cuero negro con lencería de burdel y su cabello de torre de rizos con un huevo frito» que se dedica a enamorar a aquellos que mueren sin pareja y que «de tanto forjar amoríos sintéticos» ya no recuerda cómo era sentir. Entre soliloquios, diálogos, bromas, poesías sonoras incomprensibles y melodías más pegadizas, Bosco comparte su «viaje», una introspección que se debate sobre el ego, el desamor, la salud mental y la pérdida, entre otros, en tonos que pasan en un segundo del intimismo a la ironía.
Se establece así un discurso que se niega a ser ambiente: este no es un disco para aprenderse letras, para una previa antes de salir de fiesta o para escuchar de fondo mientras fregamos. NORWALDO solo es disfrutable de verdad con la atención puesta por completo en él, con una escucha activa que pretenda descifrar un collage surrealista de referencias, sonidos y reflexiones abiertas a interpretación. La invitación al viaje pide una atención devota que ofrece una recompensa importante: a veces ríes, a veces lloras, pero el escalofrío es constante.
Por supuesto, Bosco Herrero no es el primero ni será el último en crear un proyecto que apunte a estos objetivos, y su juventud se refleja en ligeras caídas en el lugar común poético ⎯una infantilidad que él mismo reconoce dentro de la obra⎯, pero su posición en el ecosistema underground y el momento en el que este último se encuentra, como comentaba al principio, hacen que NORWALDO sea una propuesta crítica hacia las últimas tendencias de la escena. Boskito, consciente como siempre de sus movimientos, ya nos lo advertía en el prólogo del disco:
solo quiero lograr conservar la cultura;
por más artesanos y menos robots
Frente al droplet de singles a cadencia de AK-47 y un sample de los 2010s reciclado cada semana, NORWALDO se presenta como una experiencia sensorial, sonora y lírica exigente para el oyente, que sirve más como reclamo que como bien consumible. Tal vez ⎯y quizá lo más probable⎯ no guste a todo el mundo, pero al cine también vamos a ver películas que no siempre nos apasionan. Sin embargo, creo que la invitación a esta experiencia no habría que pasarla por alto, en tanto que es un ejercicio de atención más que necesario en una sociedad que tiene el cerebro cada vez más frito por el scroll, y que nos hace reflexionar sobre nuestros ritmos de consumo. Ojalá que NORWALDO sirva para atraer el foco hacia Bosco Herrero y su vastísimo mundo interior, a veces ñoño, otras rockstar del urbano.
El pasado 7 de marzo tuve la oportunidad de verlo en directo en la Copérnico, dentro del circuito de una pequeña gira por España —ya finalizada— a razón de este nuevo álbum. El concierto de Bosco Herrero fue muy emotivo aunque austero. No se le podía pedir más a algo que se sintió en esta economía como un regalo: ¡entradas a 8 euros! Si no me equivoco, el Norwaldo Tour ha sido casi autogestionado y sin beneficio —por amor al arte— para el artista en lo que a la venta de entradas se refiere. Según informó él varias veces por redes, la venta de merch es el único rédito que ha obtenido durante la gira.
Dentro de la austeridad en una propuesta clásica del formato que suele manejar este tipo de artista —foco principal en el cantante, iluminación acompañada de humo típica de concierto en sala, algún visual en pantallas, uno de sus productores de confianza controlando las pistas, efectos vocales y demás asuntos detrás—, Bosco añadió algún detalle extra para generar ambiente. Además de contar con tres de los personajes diseñados para la portada del álbum a gran tamaño como atrezo, el show lo inició un artista de circo con una pequeña muestra de malabares, monociclo y derivados, calentando el ambiente para la teatralidad de las letras y el disco que se presentaban. Más tarde, durante una de las canciones más sensibleras, una bailarina de ballet ocupó el escenario para añadir otro toque delicado y escénico a la performance. El setlist estuvo dominado en su mayor parte por canciones de NORWALDO y EL CAZADOR, con el enfoque puesto en temas introspectivos más que bailables, pero hubo hueco para todo. Aunque pasa con todos los artistas, uno hubiera apreciado personalmente algún que otro tema del catálogo más antiguo, acorde con el corte intimista del concierto, como bóveda de crucería, hada mágica o los cerezos, por ejemplo.
Respecto a él, me sorprendió el nivel de interacción con el público y los momentos de diálogo, algo que solo refuerza la idea que tengo en mi cabeza sobre lo que al joven le importa su comunidad; ¿Mi clímax del concierto? Nueve minutos de Bosco aprovechando el escenario para, en primer lugar, agradecer tanto a familiares presentes como a todo el público el apoyo a su proyecto, recordando anteriores shows en Madrid con muy poca asistencia, enterneciendo la atmósfera hasta lograr la lágrima con una extensión de PARA VOSOTROS, EXTRAÑOS: un poema largo, larguísimo, casi un manifiesto, inspirador y conmovedor a partes iguales, sobre su vocación poética, su fe en el arte o su renuncia a los ritmos de consumo de la que, por desgracia, ni grabé (quizá alguna lágrima fue mía) ni encuentro por ningún lado de internet (y he buscado, he buscado bastante. Si alguien lo encuentra, por favor, que lo deje en comentarios). Si bien no salí de la Copérnico fascinado y abrumado por una performance arrolladora, la sobrecarga emocional asegura mi asistencia a más conciertos suyos en el futuro y, sobre todo, para dar la turra a mis amigos —y ahora a ti, que has llegado hasta aquí— bastante rato sobre lo importante que me parecen tanto su proyecto y su mensaje como el propio Bosco como persona; no sé si hay algo más fresco hoy en día que el nivel de vulnerabilidad que este chico demostró en aquella sala.
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