Música

Visible Cloaks: la Paradoesencia de la música digital

Si alguien quiere entender por qué se siente conflictuado de manera constante en 2026...

1 de junio 2026


La última vez que Visible Cloaks —dúo formado por Ryan Carlile y Spencer Doran— lanzaron un disco, Kendrick Lamar seguía en la cresta de la ola con DAMN y LCD Soundsystem volvían en nombre de Bowie con American Dream. Yo ni siquiera escuchaba mucha música electrónica, pero el sonido de aquel Reassemblage me embelesó desde el primer instante de una síntesis sonora que resultaba tan calmante como desconcertante. Nueve años después, la dupla estadounidense ha regresado con un álbum, Paradessence, que continúa materializando las contradicciones del capitalismo y de cómo entendemos la música “popular” (por llamarla de algún modo, casi Adorniano). En él, Carlile y Doran reflexionan con DAWs sobre lo que entendemos como orgánico y artificial, como exótico y autóctono; como musical y ambiental. 


La historia viene de lejos y ya por 2017 ambos artistas sentían que abordar una investigación de la música ambient japonesa de los ochenta no era sino un ejercicio de fetichismo, extracción e idealización occidentalizante: “Dediqué gran parte de mi tiempo tras la universidad a sumergirme en cosas como las grabaciones etnográficas de campo, la música concreta y la música preclásica temprana, en un esfuerzo consciente por desaprender todo lo que pudiera de ello”. De formación en filosofía y antropología (tandem diabólico) Carlile y Doran decidieron no continuar con sus carreras académicas y centrarse en esa inmersión sonora y decolonial que, desgraciada pero también evidentemente, les condujo a cuestionarse las propias condiciones de posibilidad de su proyecto, dada su condición de dos tipos blancos de alto capital cultural en Portland. El mismo conflicto le surge a quién escribe esto sin tener unas bases teóricas y taxonómicas profundas sobre la música a la que ambos se aproximan.


Afortunadamente, en el mundo existen sellos como RVNG Intl. Gracias a dicha plataforma, Visible Cloaks publicaron en 2019 un trabajo colaborativo con dos “nativos” de la música que hacen, Yoshio Ojima y Satsuki Shibano (FRKWYS, vol15). En este y sus anteriores LPs, la mezcla entre música concreta, ambient, experimental e IDM da lugar a una serie de mundos luminiscentes, espaciosos, delicados y hermosos que cuestionan de manera contundente lo que entendemos como escucha. También como espacio sonoro. El lenguaje musical de Visible Cloaks, es, en sí mismo, una paradoja. A pesar de ser extraído principalmente a través de medios digitales, remite a un mundo orgánico y repleto de fisicalidad; resulta impredecible y melódico a partes iguales. De ahí que también beban de concepciones arbitrarias e improvisatorias de la composición como las de Brian Eno o Philip Glass.


Pero lo que más nos impresiona de su música es sin duda ese concepto que podríamos traducir como “Paradoesencia”, que le da título a su nuevo trabajo. Acuñado por el novelista y teórico Alex Shakar en 2001, el término remite a la combinación de dos ideas a priori contradictorias: la de paradoja y la de esencia. Dentro de esta idea caben diversos dispositivos, experiencias o iconos que tenemos normalizados dentro del capital. Ejemplos: Las apps para ligar nos ofrecen el rush de la seducción, pero sin la tensión del rechazo cara a cara. Los parques de atracciones proporcionan terror o acción con una dosis de tranquilidad. Si alguien quiere entender por qué se siente conflictuado de manera constante en 2026, puede recurrir a un análisis pormenorizado de las entidades paradoesenciales con las que se relaciona. Tenemos trabajos que nos hacen sentir cool, pero que se pagan mal o se desarrollan en compañías con éticas cuestionables. Huimos a destinos exóticos como mochileras en nuestras vacaciones, pero siempre hay un local dispuesto a ofrecernos la gastronomía nacional adaptada a nuestro paladar. Un clasicista del rock nos dice que “lo de antes sí era música, no como ahora”, pero sus grupos fueron tan sintéticos para la episteme musical anterior como los actuales lo son para la suya. 


Los estudios sobre música popular de Oxford lo repiten desde hace décadas: la música popular y sus transformaciones sólo existen como un epifenómeno de las innovaciones tecnológicas en el campo de la industria musical. Es un círculo vicioso en el que, a lo sumo, podemos elegir qué técnicas nos interesan aplicadas a la producción musical. Y ahí es donde Paradessence triunfa. La trampa ya está servida. El pescado ya está vendido. O dicho rápido y pronto: la discusión es otra; la discusión no existe en los términos planteados por el mercado musical. Como una búsqueda de carácter filosófico y de calado en las humanidades, el proyecto de Visible Cloaks no se plantea respuestas a las preguntas de siempre de la música popular, sino que escribe nuevas dudas en el palimpsesto. Y gracias a ello su obra suena original, extraña; singular. El problema no es que ya no haya creatividad o nuevas ideas en las artes. El problema es más bien que seguimos concibiendo la música, la escritura y otras prácticas desde el enfoque del ingenio, la originalidad o la autoría. Desde unos conceptos lastrados, mercantiles, capitalistas, hegemónicos que impiden una imaginación revolucionaria e insólita; Dadá. 

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