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Entrevista con Robert Henke (Monolake) (parte II)
Es obsceno para mí es hacer cola durante cuatro horas sin saber si algún tipo en la puerta te va a rechazar. Esto no es nada inclusivo.
8 de julio 2026
Es obsceno para mí es hacer cola durante cuatro horas sin saber si algún tipo en la puerta te va a rechazar. Esto no es nada inclusivo.
(Podéis leer la primera parte de esta entrevista aquí)
Hoy os dejamos la segunda parte de la interminable y divertida conversación que tuvimos con Robert Henke. En esta mitad de la entrevista, el brillante artista germano nos habló más abiertamente sobre otras temáticas que rodean y afectan a su trabajo. La gentrificación, la alteración del ecosistema del clubbing por parte de las redes sociales, su forma individual de entender la pedagogía, o el ineludible espectro de la política que rodea al arte fueron algunas de las cuestiones que tratamos. Luego nos fuimos a hacer la cena.
He vuelto a ver la entrevista que te hizo Adam X hace como un año. Creo que es bastante interesante porque no era como si dos dinosaurios estuvieran hablando del pasado, pero al mismo tiempo se percibía esa sensación de hablar del espíritu de aquella época en la que ambos erais jóvenes, de cómo funcionaban las cosas entonces y eso resultaba muy enriquecedor y estimulante. Casi algo antropológico de lo que tomar nota. Quería saber, hablando de entonces... ¿Cómo te sientes, no respecto a “Interstate”, sino en cuanto a ese momento en el que estabas haciendo aquella música y hoy en día? ¿Cómo crees que ha cambiado Berlín y cómo crees que la gente de la ciudad en sí ha cambiado a lo largo de estos años?
Es difícil no ser negativo al respecto porque el mundo ha cambiado —y no solo para bien— en muchos aspectos. Lo que me pareció fascinante de Berlín inicialmente es que era muy específico, era un lugar muy especial. Quizá no solo porque Berlín fuera un lugar especial, sino porque el mundo era mucho menos internacional de lo que es ahora, y esto significa que, cuando estabas en un lugar concreto, podías sentir claramente la energía de ese espacio. Y Berlín en los últimos 30 o 36 años, desde que vivo aquí, se ha vuelto mucho más internacional, y esto tiene algunos aspectos positivos: ahora puedes conseguir muy buen pan, puedes encontrar comida mucho más interesante, puedes conseguir…
Conseguir mejor pan... eso no es algo que dirías que necesariamente es positivo... (risas)
Bueno, ya sabes, intento decir cosas positivas, pero lo negativo es que ha perdido mucho de lo que la hacía especial. Hay tantos sitios, tantas instituciones también aquí que podrían ser exactamente igual que en Londres, en Los Ángeles o donde sea y eso significa que la ciudad está perdiendo su identidad. Hay mucha arquitectura aquí que podría estar en Róterdam o en cualquier otro lugar del planeta porque esa es esa típica idea aburrida, basada en una cuadrícula aerodinámica…
Algo corporativo con curvas y sin esquinas.
Sí y todo blanco, sí, exactamente. Y muchos de los lugares que permitían a la gente ser creativa, muchos espacios vacíos que no sugerían un uso específico, han desaparecido. Muchas de las fábricas vacías, muchos de los almacenes y edificios vacíos que utilizábamos en los 90 para crear nuevos tipos de espacios sociales... Todos esos lugares han desaparecido, y me refiero a la mayoría de ellos. Quedan algunos clubes, pero luego vas y hay un público internacional que escucha música internacional y no estoy del todo seguro de si me gusta esta tendencia. Me gusta esto, me gusta esta idea de comunidades más pequeñas. Si el mismo circuito internacional de artistas se desplaza de A, a B y a C, al final da igual dónde estés en este planeta. Para mí esto es algo que también, en cierto modo, borra la identidad local; sin duda. Esa es la perspectiva pesimista: la uniformización internacional de todos los aspectos. Vas a una tienda, un restaurante, un bar... y el idioma en el que la gente se comunica es el inglés. Y yo estoy muy lejos de ser un nacionalista alemán (risas). Pero me gusta un poco la idea de que, si estás en un país, oigas el idioma que se habla en ese país, simplemente porque tiene su propio color y da forma al pensamiento, y la forma en que el lenguaje da forma al pensamiento es algo realmente interesante. Si el lenguaje es el mismo en todas partes, entonces el pensamiento también es el mismo en todas partes. Y si el pensamiento y el lenguaje son los mismos, el arte resultante —y aquí las cosas se vuelven interesantes— también se internacionaliza. Mencioné a Tangerine Dream de Berlín y Kraftwerk de Düsseldorf, esto es creación artística que es local, o digamos, el Underground Resistance de Detroit.
O los breaks de Sheffield.
Exactamente, hay un aspecto local en ello. Y cuando Berlín se vuelve cada vez más internacional, pierde un poco para mí esa identidad local. Como artista encuentro que es una identidad local la que está moldeando mi arte. Cuando estoy viajando, siempre pienso: ¿qué tipo de música haría aquí? Esa es una pregunta realmente interesante, porque, por ejemplo, en 1996, obviamente, estuve en Hong Kong y allí hay dos sonidos muy dominantes. El primer sonido es que, en verano en Hong Kong, hay aires acondicionados por todas partes, así que toda la ciudad tiene este enorme, masivo zumbido de baja frecuencia todo el tiempo, 24 horas; es un gran ruido masivo de baja frecuencia. Además están los grillos, lo que significa que sería super improbable que algo como, digamos, el tipo de ambient oscuro de Thomas Köner se creara en Hong Kong, porque simplemente sería inaudible. Hong Kong no es el entorno adecuado para un tema de Thomas Köner.
Es de nuevo como la idea del perfume: no puedes captar un perfume en un lugar donde hay algo que interactúa negativamente con sus elementos.
Estoy completamente de acuerdo, sí.
Hay algo como cortar la energía, o la energía principal, no hay manera de que estés oliendo algo en algún lugar determinado que huele a otra cosa [¿Alguien podía percibir algún matiz distinto a la mantequilla cuando visitaba la Fábrica de Galletas Cuétara con el colegio?]
Exactamente, sí. Y otro ejemplo de música: no estoy seguro de si seguiría haciendo música electrónica rítmica si me quedara en un pequeño pueblo en los Alpes bávaros. Si mirara todos los días enormes estructuras montañosas, haría un tipo diferente de música. ¿Qué tipo? No lo sé, necesitaría probarlo. Quiero decir, es algo muy obvio que hacer: si me mudara a Londres, mi música cambiaría, obviamente.
Estuve hablando de eso en particular con un artista de Londres la semana pasada. Ella es de Australia, de Melbourne, y le pregunté: "Ese sonido específico que estás haciendo en este nuevo EP es por Londres, ¿verdad?". Y ella me dijo: "Sí, es porque cuando me mudé aquí, parte de mi forma de pensar sobre producir música y también de hacer sets cambió debido a la forma en que estaba viviendo".
Y esto me lleva de nuevo a la pregunta de Berlín. Prefiero estar en una ciudad que tenga personalidad y que me ayude a reflejar mi propia creatividad con esa personalidad. Y no es que... ya no sea el caso en Berlín, pero definitivamente ha disminuido.
¿Estás planeando mudarte?
No. Bueno, la razón por la que no me mudo es que tengo un piso realmente bonito que me encanta, y tengo muchos buenos amigos aquí y conexiones con gente. Y en la situación actual del mundo, ¿a dónde irías? ¿Sabes? Ir a algún lugar del sur de Europa es una mala idea si piensas en 10 años, porque las temperaturas serán insoportables. Aquí ya es un problema, amigos míos se mudaron a España hace unos años y ya tienen más de 40 grados,
Como en Andalucía, en el sur, ¿verdad?
Sí, exactamente, están cerca de Andalucía y hoy hay 41 grados, ¡Imagínate!
Estás abriendo muchas cosas en las que había pensado. La cuestión es que, por ejemplo, yo me mudé a un pueblo —vivo habitualmente en Madrid— unos meses con mi pareja, a una zona de valles y un espacio muy bonito rodeado de montañas, ríos, etc. Y para mí, incluso estando aquí se está volviendo muy difícil desacelerar y pensar en la identidad del lugar en particular, adaptarme a esa identidad y estar presente de alguna manera o enfocarme en ese espacio. Así que quería saber si estás pensando en ese tipo de problemas o en ese tipo de dificultades, en estar más enfocado en ser capaz de concentrarte. Recuerdo que cuando hablamos en Madrid, hablaste sobre el ritmo, sobre ir en bicicleta por Berlín, y fue realmente inspirador. No me cambió la vida ni nada, pero tenía mucho sentido. Siento que ahora, incluso en el campo, es imposible tener un ritmo que esté adaptado al espacio que te rodea, y creo que es por la globalización, la gentrificación, el capitalismo, etc. Así que no sé si puedes reflexionar sobre esas cosas.
Bueno, es difícil. Creo que se necesita un esfuerzo mental para desacoplarse de lo que sucede afuera. Hubo un tiempo —y esto es algo que quizás tenga sentido escribirlo en un texto— hubo un tiempo en que estar en Berlín significaba estar alineado con la ciudad o con la parte específica de la ciudad representada por Basic Channel, por los clubes a los que íbamos. Básicamente, éramos la gente de la ciudad y el ritmo de la ciudad estaba sincronizado. Y ahora siento más que, para mantener la creatividad, necesito desacoplarme, necesito deliberadamente apagar las influencias externas y tratar de encontrar mi propio ritmo; eso es definitivamente más difícil. Si tuviera una alternativa simple, si dijera: "Oh, sí, solo necesitaría ir a X, Y, Z", entonces probablemente lo haría, pero no veo esa alternativa. Y por lo tanto, acepto el hecho de que tengo que desconectar un poco y tratar de encontrar mi propio ritmo. Y, gracias a Dios, la música puede hacer esto, ¿sabes? No solo es necesario encontrar ese ritmo para hacer música, sino que también hacer música puede ayudar a entrar en ese ritmo. Es ambas cosas: hago música para desacoplarme del mundo y estar en el mío propio… Y necesito estar en mi propio mundo para poder hacer música. Así que a veces solo voy al estudio, enciendo mis máquinas y toco algo como una meditación, no con la idea de "necesito crear algo", sino con la idea de calmarme. Sintiendo mi propio sonido, sintiendo mi propio entorno y no tanto lo que viene de fuera. Y como símbolo de ese intento de desacoplarme, se ha vuelto bastante raro para mí salir. Voy a conciertos específicos de artistas específicos si me interesan, pero en general, prefiero no exponerme al ritmo de los tiempos.
Lo entiendo perfectamente, y esa era una de mis dudas al preguntarte por los cambios en la ciudad. ¿Cómo te sientes ahora con la idea del club y el clubbing? Porque, voy a mencionar esto... He estado leyendo un colectivo anarquista que creo que era de Francia y se llama Tiqqun. Principalmente defienden que la rave y el clubbing son una metáfora del modo en que la explotación cognitiva funciona en el capital en general. En un ensayo de hace 25 años hacían esa analogía diciendo que los clubbers y ravers están reviviendo traumas que tienen por el capital, con el trabajo y con la explotación. Así que quería saber —no sé si estoy completamente de acuerdo con ellos—, pero quería saber cómo te sientes acerca del clubbing ahora mismo y cómo se ha adaptado al capital, al consumismo o a la explotación.
En Berlín tienes toda la variedad, desde lugares que siguen siendo realmente underground hasta lugares que están claramente del lado de la cultura de club internacional contemporánea. Y los últimos, por supuesto, vienen con toda la industria que se ha creado a su alrededor. La ropa de club —quiero decir—, es un gran negocio, básicamente proporcionan ropa cara para que la gente vaya a un club. Eso es algo que hace 30 años era impensable. Es una locura. Trato de no juzgar, de no ser crítico, pero por supuesto es un poco... si todo el mundo tiene el mismo atuendo pseudo-kinky negro para integrarse, eso para mí es raro porque es simplemente diferente de cómo era; pongámoslo así. Y el hecho de que salir un sábado por la noche implique gastar al menos 150 euros es obsceno.
Más el atuendo.
Exactamente. Y lo que es igualmente obsceno para mí es hacer cola durante cuatro horas sin saber si algún tipo en la puerta te va a rechazar. Esto no es nada inclusivo.
Es elitista, principalmente.
Es de una manera muy dura, muy elitista, sí. Y ese es un desarrollo que ciertamente no aprecio. Pero al mismo tiempo, por supuesto, todavía hay lugares que operan en un nivel diferente, hechos por personas con una mentalidad diferente, y esos lugares no son los grandes y promocionados, sino los más pequeños que aparecen y desaparecen. Pero el problema es que, en nuestra cultura de internet y redes sociales, nada puede permanecer underground. Para Resident Advisor, no hay diferencia entre un anuncio para Berghain y un anuncio para un pequeño club de 30 personas; tienen la misma fuente.
Sucede en Madrid muchas veces. Algo que se hace en un club ilegal, que suelen ser raves en un espacio cerrado, pero son raves; eso se destaca en RA y la gente habla abiertamente de las ubicaciones.
Entiendo la motivación, pero al mismo tiempo hace que sea muy difícil. La ironía es que este tipo de redes sociales hace necesario al portero, porque en los noventa no tenías gente aleatoria que aparecía en una fiesta al azar. Porque la gente que aparecía eran los que sabían que la fiesta existía en ese lugar y esa noche, y tenías que tener cierto conocimiento para llegar allí. Hoy en día no necesitas tener ese conocimiento, porque solo entras en Resident Advisor y dices: "¿Qué hay esta noche en Berlín?" y lo tienes todo. Eso no es del todo positivo, porque hace más difícil hacer algo más personal. Así que estoy un poco indeciso aquí, pero siento que, de alguna manera, diría que me alegro de no ser un adolescente y tener que definir mis propios espacios.
Entiendo la forma en que algunas cosas funcionaban en el pasado y que esto ya no está sucediendo, y eso me hace sentir cierta frustración y tristeza, e incluso soy cínico sobre algunos eventos que están ocurriendo en espacios independientes. Me gusta la idea de ir a un espacio sin luces, con un sistema de sonido increíble y ni siquiera saber quién actúa. Ahora mismo, con mucha frecuencia elijo a dónde ir basándome en quién toca, pero al mismo tiempo lo que quiero es decir: "No, confío en este promotor y ahí es donde voy, y no me importa".
Exactamente, sí, cierto. Y no soy el tipo nostálgico. Es una observación. Quiero decir, es lo que es, ¿sabes? Y no podemos cambiar los tiempos, tenemos que aceptarlo. No me estoy quejando... bueno, sí me quejo (risas). En general, trato de ser positivo y trato de pensar que mientras haya gente joven que quiera expresarse, encontrarán formas. Independientemente de la estructura política, independientemente de la presión económica. Creo que nunca se debe subestimar el poder de los jóvenes que proponen nuevas ideas. Ya sea en espacios físicos o en comunidades que no están en Instagram ni en Facebook. Estoy seguro de que hay fiestas en Berlín que son fantásticas, que no están anunciadas en Resident Advisor y de las que no tengo ni idea. Lo cual, de hecho, es bueno, es realmente bueno, porque no debería saber de ellas. No es para mí, y eso está bien.
Eso suena absolutamente increíble. La idea de no querer estar allí, de no querer tener FOMO, y querer tener JOMO, esta idea de joy of missing out [la alegría de perderse algo]. Tenía dos preguntas más, no sé cuánto tiempo puedo robarte.
Vale, haremos dos preguntas más y luego voy a cocinar unas patatas.
Voy a hacerte la grande, la personal. Te voy a contar que mi padre es un hombre de ciencias, es geólogo y también profesor. Personalmente, me encanta la forma en que entiendes la enseñanza, porque mis otros dos hermanos también son profesores, así que he estado rodeado de pedagogía toda mi vida. Recuerdo que en la última entrevista te preguntaba a veces sobre algún tipo de consejo —no era sobre mí— pero siempre decías: "No soy el tipo de persona que tiene que dar consejos sobre cosas" y me gustaba esa postura. Sinceramente, tengo la sensación de que eres un muy buen profesor y no lo digo porque quiera ser condescendiente, pero claramente eres alguien que se explica muy bien, que entiende muy bien sus herramientas y que tiene este trasfondo con la ingeniería que pasa a través de la música. Por ello querría saber qué tipo de educación crees que sería útil o te habría gustado recibir cuando eras adolescente y estabas recibiéndola en primera persona. Estoy pensando en Herr Hoffmann [su profesor de instituto], y también estoy pensando en cómo te aproximas a algunas de tus conferencias en universidades o en intervenciones públicas; incluso si has pensado en algún momento de tu vida en ser profesor.
Me gusta enseñar, pero estoy feliz de pasar más tiempo haciendo música, escribiendo código. También estoy feliz, por mi estilo de vida, de no tener hijos, e igualmente estoy feliz de no tener hijos dado el estado actual del mundo. Pero lo que a veces echo de menos como idea es que creo que sería agradable tener una hija o un hijo y ayudarlos a dar sentido al mundo, guiarlos a través de su experiencia, estar allí para comentar lo que les parece interesante, como alguien con quien discutir cosas. Para mí, el profesor ideal es una persona que tiene mucho conocimiento pero es capaz de dar un paso atrás y no intenta explicarlo todo todo el tiempo, sino proporcionar una idea de cómo alguien más puede dar sentido al mundo. Proporcionar las herramientas para dar sentido. Es muy similar a si alguien pregunta: "¿Cómo hago un gran sonido de caja con Operator?". Una forma de explicarlo es decir: "Bueno, usa este oscilador a esta frecuencia, este filtro a esa frecuencia, ajusta este envelope y ya está, y tienes un sonido de caja". Pero una manera mucho más poderosa es decir: "Vale, ¿qué hace que una caja suene como una caja? ¿Cuáles son los elementos de una caja? Aquí tienes un sintetizador, ¿qué elementos de la caja podemos obtener, de una manera muy abstracta, en el sintetizador?". Un estilo de educación simplemente enseñar una receta —y esto es lo que muy a menudo ocurre en mi experiencia en la escuela, donde te enseñaban una receta al 100%— y la otra es enseñar una idea. Y con la idea eres capaz de recrear la receta por ti mismo, pero también eres capaz de hacer algo completamente diferente. Y esa es la parte que encuentro más gratificante de adquirir conocimiento. Idealmente, el conocimiento te pone en una perspectiva en la que puedes pensar por ti mismo, y ahí es donde las cosas empiezan a ser divertidas, interesantes, inspiradoras. Tenemos tres minutos más, así que si tienes una pregunta corta, aún podemos responder una pregunta corta.
Tengo una pregunta corta. Sí. ¿Política? (Risas)
¿Pregunta corta? Vale, vale. Respuesta muy corta, importante. Creo que el arte es político, la música es política. La idea de decir "solo hago música, no tengo nada que ver con la política" no funciona así. Porque la política claramente da forma al entorno en el que el arte puede crearse, y la política define qué tipo de arte es permisible, y qué personas tienen acceso al arte y cómo las personas pueden acercarse a él. Y el arte puede enseñar a la gente sobre política, y puede adormecer a las personas o puede hacer que piensen más, escuchen más y entiendan más. Me veo a mí mismo como una persona política, y también me veo como alguien que cree en el poder político de la expresión artística, porque la expresión artística es en última instancia siempre la expresión de los seres humanos, y mis opiniones sobre el mundo y mis opiniones sobre los sistemas políticos siempre se reflejan en mi trabajo. Y sí, eso es, supongo.
¿Puedes hacerlo más explícito? En un minuto (risas).
Claro, no importa. La música siempre fue un vehículo para un escape para las minorías, por ejemplo. La música jugó un papel enorme en las comunidades negras, jugó un papel enorme para la comunidad gay, jugó y juega un papel enorme para, digamos, las culturas migrantes en diferentes países. O incluso en un sentido que no es mi forma de pensar, pero la iglesia y la música también tienen una conexión. Así que la música es identidad, y la identidad es algo que te ayuda a dar sentido al mundo. Y el ejemplo de la iglesia es, por supuesto, un ejemplo donde también tienes identidades que pueden ser contrarias a las que considero importantes, pero, como cuestión de hecho, existe. Al elegir una comunidad musical, también eliges con qué tipo de personas, con qué visión política del mundo, te sientes cómodo. Por lo tanto, la música es política.
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