Internet

Notifobia: miedo irracional a las notificaciones

Parece FOMO pero es lo contrario. No es ansiedad por perderse algo, es ansiedad por tener que procesarlo todo.

21 de abril 2026 · 2 comentarios




Cada vez que recibo una invitación para una fiesta de disfraces, un escalofrío me recorre el cuerpo. Me gustan las fiestas y me gustan los disfraces, pero estas celebraciones incluyen unos minutos malditos que destrozan mis nervios. En todas existe un tramo ridículo, un interminable periodo tierra-trágame que abarca desde el momento en que sales de casa disfrazado hasta que llegas a la fiesta. Dejas atrás tu portal, caminas más rápido de lo normal con la cabeza gacha y consultas el móvil tratando de aparentar una falsa normalidad, como si los viajeros del metro no se sorprendieran porque un emperador romano, una monja sexy, o una tortuga ninja se acabaran de subir a la línea uno. En algún momento, tras superar el vía crucis de la vergüenza ajena, llegas al convite y ese mal trago es compensado por la posibilidad de tomar unos tragos disfrazado de John Travolta y rodeado de Mario y Luigi, de la Novia de Kill Bill y de un policía. Los disfraces, como el uniforme —que no deja de ser un disfraz compartido—, nos igualan.


En la última fiesta de disfraces a la que acudí, me crucé con el mejor disfraz de Halloween que he visto nunca: un disfraz de notificaciones. Era un cartón con unos cuantos dibujos de aplicaciones repletas de notificaciones. Y encima podías quitártelo para no tener que ir por la calle disfrazado de notificación. Brillante.


Llegada una cierta edad, las notificaciones dan miedo, mucho miedo. ¿Dónde estarán esas vibraciones de Messenger de la chica que te gustaba? ¿O los primeros likes en Instagram? ¿O el chute de adrenalina cuando llegaba el WhatsApp que estabas esperando? Ahora las notificaciones son tareas, sorpresas, cambios de planes, trabajo de última hora. Esas bolitas rojas que se dibujan en la esquina superior derecha de las aplicaciones son el peor enemigo de la-tranquilidad-es-lo-que-más-se-busca. No he visto IT, pero cada vez que veo al payaso con un globo rojo imagino un correo sorpresa en mitad de la noche. Creo que eso aterra más que un simpático payaso.


¿En qué momento se jodió el Perú? El primer correo electrónico entre distintas computadoras fue enviado por Raymond Tomlinson en 1971 y decía QWERTYUIOP. Raymond decidió hacer historia escribiendo todas las letras de la primera fila del teclado. Algo así como si Neil Armstrong, después de pisar la Luna, hubiera dicho «Joder, qué guapo» en lugar de su frase épica. Hubiera estado mejor algo como: «un pequeño mensaje para el hombre, una gran putada para la humanidad». Veintiún años más tarde, el 3 de diciembre de 1992, Neil Papworth —empleado de Vodafone— diseñó un sistema para comunicarse entre compañeros. Para estrenar su invento envió un mensaje a su jefe. «Feliz Navidad», decía. Con este mensaje nacieron los SMS y con ellos las notificaciones. Un empleado pelota nos robó la posibilidad de vivir desconectados. Le urgía la necesidad de felicitar las navidades a su jefe. Un 3 de diciembre. Gracias, Neil.


Ya existen términos pseudoclínicos que definen miedos relacionados con la tecnología. Nomofobia (del inglés no mobile phone phobia) es el miedo irracional ante la posibilidad de no poder usar el teléfono móvil. Telenofobia es la aversión a recibir llamadas telefónicas. Vibranxiety es la ansiedad transitoria al sentir que tu teléfono vibra cuando no ha ocurrido nada. ¿Pero dónde queda la fobia a las notificaciones? Acuñemos un nuevo término. Notifobia: miedo irracional a las notificaciones.


No todos sufrimos notifobia. Algunos son capaces de acumular cientos de notificaciones sin sentir la irrefrenable necesidad de limpiarlas, de deshacerse de ellas, de aliviarse de la sensación de deber algo a alguien. Cuando veo un dispositivo repleto de lunares rojos, como si de un traje de gitana digital se tratara, aparto la mirada entre fascinado y horrorizado, igual que con las escenas de película en la que alguien se clava una jeringuilla. Cuando uno sufre notifobia desarrolla mecanismos de defensa. Recibes cualquier spam y deslizas automáticamente hasta el final del correo para eliminar la suscripción. Recibes mensajes de un grupo, y deslizas a la derecha para marcarlo como leído. Los archivados de WhatsApp son para los notifóbicos una especie de spam repleto de gente que en realidad te importa; y por mucho que estén escondidas, también necesitas eliminar esas notificaciones.


La notifobia parece FOMO pero es lo contrario. No es ansiedad por perderse algo, es ansiedad1 por tener que procesarlo todo. Tal vez no es fobia a recibirlas sino placer por hacerlas desaparecer. Por dejar el marcador a cero y sentir que no debes nada a nadie. No quiero vivir incomunicado, no me interesan los ermitaños ni los estilitas, pero a veces preferiría no enterarme de que han surgido planes, no tener que dar explicaciones de dónde estoy ni de qué planes llevo, ni siquiera de qué tal estoy. La notifobia responde al anhelo de querer fijar tu atención en lo que deseas y no en lo que dictan los banners, las vibraciones y los puntos rojos. Me inquieta pensar que en la mayoría de ocasiones no se trata de grandes corporaciones tratando de conseguir nuestra atención, sino que somos nosotros mismos los que nos obligamos mutuamente a vivir hipercomunicados. No te olvides de mí, mándame algún mensaje, pero píllame en línea para no convertirte en un globo rojo.



1 Algún mecanismo hormonal —probablemente explicado por el binomio dopamina-cortisol que parece dar sentido desde hace poco tiempo a todas nuestras acciones— tiene que explicar esta urgencia por quitar notificaciones de en medio.


¿Qué opinas?

2 comentarios
Deja un comentario...
Cargando comentarios…

Únete a la conversación

Para comentar necesitas una suscripción activa. Accede o abónate para participar.



Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Javier Goez

Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.

VER PLANES