Artes

¿A qué huele el azar?

Una visión remota con Fundación Azar en la Finca Azahar.

19 de octubre 2026


Llegamos a los jardines de la politécnica, nos habían citado aquí a las 20:45, todo cambia de noche. Un camino de farolillos nos guiaba al Acto I, una instalación transitable flanqueada por grandes telones. En su interior, un render proyectado en una pantalla giraba sobre sí mismo mientras el sonido de una fuerte borrasca se mezclaba con breves susurros de calma. Era un cepellón, la representación vectorial de un cepellón, una especie de masa que normalmente no vemos, formada bajo tierra por las raíces de los árboles. Esta forma solo era discernible al transitar la instalación, llena de troncos y ramas, y al fondo el cepellón, la ilusión del cepellón, su representación. Pienso en Deleuze y Guattari, en su rizoma y en lo arborescente de nuestra civilización. Nos invitan a pasar al Acto II así que atravesamos los jardines casi en penumbra, guiados por esos farolillos y miembros del equipo hasta llegar a una especie de rotonda. El centro de la rotonda está elevado, rodeado de cipreses en una perfecta vertical al cielo creando una especie de tholos. Nos colocamos alrededor para ver no sabemos muy bien qué. En el centro de la rotonda está el cepellón, el de verdad, un cepellón enorme. En escena, una mujer con mono de trabajo va moviendo ramas de un lado a otro, aparece un ángel, un ángel con alas de ciprés que le golpean desde los lados, un Dioniso con corona de ciprés y otro personaje que ponía la luz en la escena, enfocando con su foco como una mirada ajena. La música, las luces estroboscópicas, todo es como una gran tormenta. 

Un ángel - Acto II, foto de Daniel de Jorge (1).jpg
Foto de Daniel de Jorge @danidjorge

Averiguamos después que de hecho sí, era una tormenta. Nos había citado aquí la Fundación Azar de las Artes, fundada por la productora de cine independiente Nathalie Trafford y el director de artes escénicas Denis Curty, con Paula G. Gener como directora. Con el objetivo de crear una obra conjunta, la Fundación Azar acoge una vez al año a artistas de diferentes disciplinas en la Finca El Azahar, en un bonito y poco casual juego de palabras. Esta vez fue el turno de Telma João Santos, doctora en Matemáticas y en Artes Performáticas, Natividad Martín, posgraduada en Bellas Artes y bailarina, Ana Mortera Herrero, artista multidisciplinar e Izarne Oyarzabal, arquitecta y bailarina. Esta variada mezcla responde al enfoque particular de esta residencia: la polinización cruzada. Desde 2024, Fundación Azar busca combinar distintas disciplinas y conceptos artísticos para cada residencia creando una amalgama que, junto con la selección de artistas, derive en la creación de una obra colectiva fruto de ese encuentro, resultado de la unión de sus diferentes campos y visiones. Fantasmata, la residencia de este año, estaba enfocada a creadores relacionados con la danza, las matemáticas y la naturaleza para el desarrollo de obras artísticas. El objetivo es que los residentes creen una obra colectiva fruto de la intersección entre sus diferentes campos y visiones, algo que este año se vio marcado por la borrasca Kristin. Aquello que vimos en los jardines de la Politécnica fue el resultado de esta residencia en varios actos, un conjunto de dispositivos para generar un resultado material del tiempo compartido. “Nos sentimos como cuatro seres en un manicomio, es decir, un universo muy interesante, pero le faltaba una especie de refugio sin locura o un pasaje a un lugar distinto a este”, escribe Telma en su diario de trabajo, lo cual podemos leer gracias a la publicación que acompaña al proyecto. Para cada edición, Fundación Azar invita a un artista que acompaña a las residentes para luego narrar la experiencia, esta vez el encargado ha sido Brais Rodríguez, en una publicación acompañada por textos de las artistas y otros colaboradores del proyecto como Pedro G. Romero. Gracias a esta publicación, que nos fue entregada tras la función, comenzamos a entender la pieza. Los textos de las artistas y colaboradores del proyecto nos dan las pistas pero es el relato ilustrado de Brais Rodríguez lo primero que ves. 24 páginas con 60 viñetas cada una recogen todo un día en el que no solo ilustra la tormenta, sino también algo más complejo, como la danza, los pensamientos y su ausencia.  

Publicación ilustrada por Brais Rodríguez sobre la residencia 2026 de Fundación Azar, foto de Daniel de Jorge.jpg
Publicación ilustrada por Brais Rodríguez sobre la residencia 2026 de Fundación Azar, foto de Daniel de Jorge

Quizás fue obra del azar, que esta residencia se definiera por la danza de los árboles, la matemática del clima y la naturaleza de esta borrasca que lo condicionó todo esta vez en la Fundación Azar. Lo que seguro no es cuestión de suerte es que estos proyectos existan, son fruto del esfuerzo y dedicación de personas que entienden lo fundamental que es no depender del azar, contar con el apoyo de estructuras como esta que permitan experimentar más allá, conocer el trabajo de otros y compartir el propio, una polinización cruzada. Como señala el texto firmado por Nathalie Trafford, Denis Curty y Paula G. Gener en la publicación mencionada: “nosotros, como ese insecto, vamos explorando, quizás incluso extraviándonos, pero persiguiendo una meta tan sencilla en apariencia como compleja en la práctica: interrogar la esencia de la obra de arte”. Lo importante no es la respuesta, es mantener las cuestiones artísticas abiertas. 



Fechas de la convocatoria y más información sobre la Fundación Azar de las Artes

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