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Vas a acordarte de mí
La clave está en seguir viviendo, generar nuevas primeras veces.
16 de marzo 2026
Hoy me apetece hablar sobre la nostalgia, ese arma de doble filo que endulza el pasado y condiciona el presente, tiñendo el futuro de expectativas errantes. La nostalgia como una sustancia adictiva que nos empuja a buscar sensaciones intensas que nunca volverán, porque ninguna será como la primera vez. Por eso engancha, engancha porque nos mantiene con vida esa búsqueda constante y viceversa, siendo la búsqueda el motor de la existencia.
“No huyo, persigo”, me dijo un gran nostálgico. Persigues esa sensación mientras huyes de su ausencia, anhelando en su búsqueda tu prevalencia, pensé yo. Romantizamos la vida para hacerla poética, tiñéndola de épica para escribir nuestra epopeya. Repetimos las hazañas para que no se nos escape la vida, no desperdiciarla como forma de subsistencia. La resistencia a una madurez que en la mayoría de los casos desemboca en una adultez anodina, o al menos eso es lo que nos asusta. Perseguimos anécdotas, generar recuerdos que merezcan la pena contar y recordar. Nos perdemos persiguiendo una vida mejor, para luego echar de menos lo que ya pasó. Pese a lo dulce del engaño, no podemos vivir todos en nostalgia, alguien tiene que cultivar el presente y mantener la mirada ardiente. Por eso llenamos nuestra habitación de recuerdos que funcionan como amuletos, nombrando el sentimiento para hacerlo presente, tangente. Reconozco que utilizo cada exposición para hablar de forma general de aquello que no me atrevo a escribir en un tono personal; eso me hace recordar que no soy tan especial, pero alguien lo tendrá que nombrar. La exposición como solución al miedo a exponerse, hablar de tu tiempo para conocerte. Soy afortunada porque mi profesión me permite reflexionar sobre aquello que me da miedo mencionar, por eso sé a ciencia cierta que algún día sentiré nostalgia por volver a estar en este lugar, cuando ya no pueda utilizar estas excusas para hablar de lo que me hace soñar. En este caso, este texto surgió a raíz de la exposición Un baúl lleno de recuerdos, comisariada en el Apartamento VIP de Hybrid 2026, así que gracias por la oportunidad, el espacio y los recuerdos generados.
Tras haber acabado esta exposición, y pasado el tiempo necesario para procesar lo que allí pasó y las impresiones de quien la disfrutó, llego a una conclusión. Vivir de la nostalgia es una condena para la memoria, siendo la memoria tanto la condena como la que condena, víctima y verdugo. En palabras de Nietzsche: “se puede vivir y vivir felizmente sin recordar, pero es imposible vivir sin olvidar”. No creo que haya solución a la nostalgia ni absolución a su condena, pero creo que la clave está en no pretender sentir lo mismo intentando revivir aquello que recordamos con cariño. La clave está en seguir viviendo, generar nuevas primeras veces, en lugar de pretender encontrar la sensación que estas producen donde ya fue, aceptando lo efímero de cada experiencia, cada sensación. Aceptar que la vida son momentos que recordar y recuerdos por crear, siendo la expectativa la más peligrosa de las creencias. Vas a acordarte de mí, porque pienso llenarte de primeras veces, con la seguridad de quien sabe que es capaz de crear, remover y recordar desde la autenticidad más visceral.
«No hay nada más moderno que la nostalgia, porque no hay nada más antiguo que el futuro»
Diego S. Garrocho en Sobre la nostalgia: Damnatio Memoriae, (2019)
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