Libros

Autocienciaficción para el fin de la especie, Begoña Méndez (HyO, 2022)

42, «Las dos sabemos que urge acabar con el HOMBRE para poder amarlo».

25 de agosto 2026


1, «Pero qué identidad no es fisura, qué yo no es molde cedido, qué yo no es horma rajada». Yo. ¿Quién?


2, «Me pregunto qué hago aquí pronunciando la palabra hombre, escribiendo el sustantivo mujer, reproduciendo el verbo follar, revisando imaginerías de trazo grueso, insistiendo en categorías, masculino-femenino, que me lastran y me cansan, abundando en conceptos que esclerotizan el mundo». ¿Habrá leído esto Sara Torres? ¿Para qué escribe El pensamiento erótico después de esto? ¿Divulgación = difusión =  desinformación?


3, «Decir el pronombre yo es señalar la fractura entre el mundo y mi existencia». Yo es otre.


4, «Justo un momento antes de la lluvia de llamas y de químicos tóxicos, la mujer de Lot contraviene la orden de Dios: interrumpe su andadura y se gira hacia atrás». Para salvarse del horror hay que aceptar que el horror le ocurra a otros, y mirar para otro lado.


5, «una forma radical de subversión femenina. El desacato apacible contra la ley de los hombres, la rebelión callada contra la ira de Dios». Yo querría esa subversión femenina. La feminidad es mi (anhelo de) subversión.


6, «Mi quietismo es el rechazo de la palabra del Hijo». No hay tierra prometida a la que querría ir.


7, «Una fémina feliz, una mujer desquiciada que no deja de llorar piedra fundida, lava». Mar—piedra—lava. Solo la felicidad que no deja de llorar puede ser felicidad, y puede durar.


8, «Nunca sé si arrancarme los ojos o si seguir viendo, entre manchas y torcida, lo grotesca y lo fea que es la lucha por la vida». Solo se ve entre manchas, solo las manchas revelan con nitidez la imagen.


9, «Mi alumno de veinte años que no tiene casa y que duerme al raso; mi alumno de veinte años que nunca ha trabajado y que llora todo el rato porque su padre está muerto y él es un chico trans que se siente muy perdido y busca su identidad». ¿Cómo voy a ponerme yo a contar aquí mi vida, si mi alumno de veinte años no tiene padres, es trans, y duerme al raso? Mi vida que puedo contar es la de mi alumno de veinte años. O la de un yonki de familia bien y odia a sus padres al que invito a un piti en el metro yendo al instituto para que al menos no se fume un porro antes de las ocho. Esa es mi vida, como Paul B. en Orlando.


10, «Y salimos del despacho de la trabajadora social y mi alumno está animado, casi parece contento, y dice que nunca antes en un sitio como ese lo habían tratado bien y dice que es porque yo estaba delante,». Cuando yo estoy delante todo cambia, así que todo lo que tengo delante soy yo.


11, «Acepto que es verdad y que soy un poco pura, que mantengo relaciones laborales a cambio de un puñado de euros, que vendo mi cuerpo igual que lo hacen los hombres». Toda persona que trabaja con su cuerpo (toda persona que trabaja) a cambio de euros, es decir, que hace algo con su cuerpo (que hace algo) que no haría si no le pagaran, vende su cuerpo, es decir, es un poco puta (no un poco, del todo, aunque no del todo, entendemos que hay diferencias, pero no diferencias entre poner a sueldo el cuerpo, según el trabajo unos órganos u otros; si diferenciamos vender la espalda, las manos, la vagina, o el cerebro, debe ser una diferencia moral o teológica, no intrínsecamente material o materialista). No somos ingenuos, sabemos de la violencia, de las mafias, de la exclavitud, y de todo el dolor de esa explotación y del privilegio de los que somos explotados de forma infinitamente más soportable. Pero en la elección de la explotación posible, elegimos entre explotaciones, entre vender el cuerpo de una forma a un precio o de otra a otro. Quien no trabaje con su cuerpo que levante la mano (con la que trabaja). Me gustaría saber qué opina Begoña de esto.


12, «Qué difícil discernir entre pasión que emancipa y sometimiento amoroso. Me entristece leer que Emma Goldman padeció lo indecible cuando estaba enamorada; temía que el amor le arrebatara su y ser conciencia política». Y seguro te la arrebata y más que ningún amor el amor por los hijos. Tener hijos y no hacerte conservador: la gran tarea. ¿Cómo no querer conservar tu privilegio para ellos, que las cosas se queden como están y no cambien si las cosas están bien para ellos? Quiero un mundo revolucionario para Daniela y quiero una Daniela que luche contra las injusticias. Pero más aún quiero una Daniela que no sufra injusticias. Y si tengo que elegir y me da miedo la guerra y el sufrimiento del mundo y puedo aunque sea de forma injusta conservar el privilegio de Daniela, ¿podría no hacerlo en nombre de la justicia universal? Es difícil no hacerte consevador con los hijos. Igual por eso tener hijos es conservador en sí mismo.


13, «Y así, de un modo inesperado, la pensadora Emma Goldman inserta en este libro la figura de Eva. Nunca he pensado mucho en la madre de nuestra cultura. No tenía previsto hacerlo y sin embargo». Ensaya su ensayo. Piensa por escrito. 


14, «Eva. Hueso modulado. Mujer primera». Hay dos inicios en el Génesis, y en el primero, hombre y mujer surgen a la vez. De hecho, “hombre” es “humano”, y luego hay “macho” y “hembra”. Y Dios creó al hombre, macho y hembra los creó, algo así dice el Génesis.


15, «Esta es mi teoría: Lilit es el nombre que Eva dio la revelación de su cuerpo como carne gozosa. Lilit es la vida interior de Eva, el deseo femenino». Es decir, son la misma. Eso me gusta, me interesa.


16, «De la boca a la vagina, siempre fui un animal de dos fauces». Rocio Collins.


17, «Son bonitas las serpientes; me gusta su arrastrarse hermoso, el candor de su veneno. Tienen dientes y muerden. Inoculan en los cuerpos la conciencia de la carne, ese vacío innombrable». Estoy muy de acuerdo. Las serpientes nos dieron la conciencia de la carne, les debemos el conocimiento y la ciencia. Poco reconocimiento les damos, la verdad. Que las temamos me parece coherente, como debe ser. Deberíamos temer el conocimiento y la ciencia y la conciencia de la carne. Por eso lo queremos. No lo había pensado antes, y además son hermosas las serpientes.


18, «La indisciplina es una niña que indaga en lo que no sabe, una niña que salta vallados y desacata normas. La rebeldía es una niña curiosa que escarba con un palo en la tierra y que busca la serpiente por debajo de las flores y de los guijarros». La indisciplina es la verdadera curiosidad por conocer. Pero no queremos curiosidad por conocer, queremos obediencia callada, queremos moles a palos a los niños con mamotretos absurdos, (y) libros de texto fascistas, (y) encima que sonrían como si les gustara, como si les diera curiosidad qué estudiaremos en el siguiente mamotreto. La curiosidad es rebelde o no es curiosidad. Y “rebelde” no es la rebeldía que nos gusta y da ternura, rebelde es que hagan lo que no queremos que hagan, lo que de verdad no queremos que hagan.


19, «Una conversación en la sala de profesores». La sala de profesores es uno de los lugares más fascistas e impunes que queda en nuestra sociedad capitalisocialdemócrata, y encima se creen todos progres y buenos.


20, «Contra los óvulos congelados y la donación de esperma, yo defiendo la adopción de seres desamparados: humanos extraviados y gatos abandonados, perros apaleados, conejitos desvalidos, plantas moribundas y ramos de siemprevivas; vuestras ideas oscuras, vuestro miedo inconfesable, vuestros terribles problemas». Si quieres la vida deberías cuidarla, no darla. Cuidar a los sufrientes, no producir más sufrientes. Yo tengo una hija, y aun así, esto es de cajón. Está mal.


21, «Contra la producción de lo igual en el seno familiar, vindico un amor estéril por lo que ya existe y no se nos parece». Qué ética virtuosa aquella que preferiría lo bueno a lo propio.


22, «No concibo mayor belleza que vaciar la Tierra de seres humanos. Pero si de verdad quisiera cumplir con mi palabra tendría que ejecutar destrucciones, y también envenenaros. Así que me limito a escribir mi disidencia, la fantasía de ser una diosa cruel e inhumana que asesina a vuestro NIÑO». Los estilos más eficaces resultan imperceptibles. Sencillamente oyes su voz, y como cuando oyes la voz de tu hermana, resulta tan necesario que sea esa y tan obvio que habla así, que ni reparas en que, ah, mirá, la voz de mi hermana, qué voz personal tiene. Pero si disgregáramos la voz de Méndez: es la elección de ciertas palabras (diosa, silvestre, vagabunda, NIÑO, matar); no hay música sino imagen + concepto; la oposición benjaminiana contra el concepto de “vida posible” y en favor de “vida digna” como “única vida” aceptable.


23, «Thelma no está enferma. Es solo que de repente su cuerpo está vivo: su alma ha despertado y su carne ha colapsado. Represión y culpa, disciplina y pecado frente al amor y el deseo recién inaugurados. Thelma se hace amiga de Anja. También se hacen amantes». Cuando el cuerpo despierta, el alma intenta volver a subyugarlo con la culpa: culpa por querer, culpa por gozar, culpa por matar, culpa por violar.


24, «Apareces. Nada te presagiaba. Te sientas a mi lado. Me dices tu nombre, Anja. Oigo tu llamado por debajo de tu voz. Y respondo con mi cuerpo entero. Carne. Alma. Absoluto recogimiento». Begoña se encarna en Era, se encarna en Thelma, toma sus voces, es la diosa demoníaca Lilith, y en sus metamorfosis es la diosa de las mujeres irredentas, tiene todas sus voces. Méndez es nuestra escritora de las metamorfosis, y puede tomar todas las voces irredentas, y nos las entrega para que escribamos nuestra emancipación violenta.


25, «Cuando despierto, no estoy por los aires. Estoy en el suelo. Convulsión. Epilepsia psicogénica. Furor uterino. Loca como mi abuela. Me avergüenzo». Cuando construye escenas anti-místicas las frases se acortan hasta las dos, tres, cinco palabras, a la velocidad del milagro.


26, «Me angustia no saber casi nada de ellas. ¿Dónde están las biografías de mis abuelas? Hace días que confundo el silencio de los sepulcros y mi libro que no prospera. Hace semanas que no distingo entre mi nombre y los nombres de mis abuelas. Mi cuerpo Purificación. Mi cuerpo Margarita». Está TODO en este ensayo. La biografía familiar como motor de la reflexión histórico-social, también. ¿Cómo es posible?


27, «la memoria de mi senectud futura». Concepto Méndez.


28, «El deseo es lo indecible y la muerte es lo impensable. Un torpe balbuceo desmemoriado. Un temblor preadolescente». Yo, como hombre patriarcal apolíneo, no contrapongo a la muerte el deseo, sino la forma, la Verdad. Pobre de mí. Ojalá mi escritura se emancipara a alguna parte. 


29, “Una leve curvatura para que encaje bien el pavor que nos colocan encima de los hombros y sobre la espalda: mucho mejor así, ligeramente inclinadas, en gesto de sacrificio». Criticar es lo contrario de atacar. Yo critico lo que respeto y me parece importante, valioso. Creo que merece una reflexión y quiero ayudar a mejorarlo. A los fachas no les critico, les ataco, o directamente les desprecio. La crítica para mí es la mayor muestra de respeto y atención. “Toda crítica literaria es un acto de amor”, George Steiner.


30, «Me gusta la cualidad física del desacato teenager: cabellos tintados de verde, pliegues de grasa en el vientre, huesos demasiado largos, caras instaladas en el permanente asco, lágrimas de angustia, gritos desesperados, sexualidades torcidas, tatuajes en la cara, exámenes suspendidos y también, por qué no, la mutación de una niña en bestia anfibia». Paul B. Preciado.


31, «Una vez lo hice con uno de los del grupo y no sentí nada, ni siquiera me dio asco.

Lo hice para entender qué pasaba con mi cuerpo, pero no sirvió de nada». Follamos para entender.


32, «Tardo mucho en comprender que estoy muerta». Se mete en las voces. Tardo mucho en comprender.


33, «Narciso contempla sus rasgos en las aguas de un río: sin saber que era a sí mismo a quien admiraba». Esa idea está en Yo. ¿Quién?: Narciso no se ve a sí mismo en el reflejo, ve al otro que querría ser.


34, «Una cosa que mata y que genera réplicas exactas, por lo que es imposible distinguir entre original y copia. La Cosa pone en duda la noción de identidad: no es extraño que todos en el campamento quieran matarla». Tiene algo de La novia grulla. Es mucho mejor, pero tiene algo de ahí (que es posterior, creo).


35, «Yo también, como la Cosa, → quiero salirme de mí, irme lejos de mi cuerpo». Yo también querría salir de mi cuerpo. Porque me duele mucho mi cuerpo.


36, «Hay que conocer el frío de la piedra muerta para entender los susurros del agua fluyente». Aquí la piedra aún está muerta. En 124 huecos será pura vida universal.


37, «Algo que no sé explicar porque no acierto a encontrar las palabras exactas. Pero en realidad no importa que no tenga esas palabras; hay unos versos de la poeta Enriqueta Ochoa, que dicen con sencillez lo que yo no sé escribir. “Un divino temblor sacude el aire / y florece en incendio de voces y de estrellas”.». No importa que no tengas las palabras para algo, si atiendes, alguien las encontrará por ti.


38, «La sensación de haber perdido el cuerpo no tiene que ver con un desencuentro entre el placer y la carne; tampoco se trata de un trastorno esquizoide: me reconozco a mí misma si me observo en un espejo, sé que esta mano es mía, que mi rostro envejece». La disolución del yo no tiene que ver con la locura ni con la negación de la conciencia, sino con la problemática de esa categoría si se quiere atraparla, con la crisis de lo fijo. En mi caso no tanto, pero sí su incomodidad.


39, «No obstante, y pese a todo, quise tentar los límites del deseo de aquel chico (o tal vez en realidad estaba tomando notas para este capítulo) y un día le escribí en un mensaje: “Te amo porque tu caricia tiene la textura de mi muerte, porque quiero que me asestes el golpe de gracia. Quiero que me destruyas para sentirme viva”». ¿Estoy viviendo una vida o experimentando un texto?


40, «En ese instante entendí que consentir una acción es un gesto muy complejo». Y al final comprenderás que toda tu vida fue equivocada. No hay otro destino.


41, «Yo me muevo por las sombras de los textos marginados de las escritoras parias y las pensadoras putas que desprecian el dinero y la sexualidad cishetero». Yo me muevo por las sombras de los textos consagrados de los imperiosos y los bichos raros.


42, «Las dos sabemos que urge acabar con el HOMBRE para poder amarlo». Bum! Coincido, siendo yo y lo sé, el HOMBRE, yo también quiero acabar conmigo mismo.


43, «En el ensayo de Andrea Soto Calderón La performatividad de las imágenes, leo que phármakon es un término griego que significa a un tiempo curación y tóxico. Es la droga benéfica y es el veneno: las dos cosas a la vez. La palabra phármakon tiene el hechizo de los opuestos en coexistencia». El veneno está en la dosis.


44, Hay dos instancias de eso que de un modo tan rimbombante llamamos la condición humana que me inquietan y me seducen a partes iguales; me refiero al deseo y al hambre. Dos suplicatorios que en cuanto se liberan de las normas culturales y de las lógicas de mercado recuperan su índole sagrada y sacrificial, y eso significa también que recobran su cuota de peligrosidad». No se puede expresar mejor el problema de lo originario y la pulsión más profunda humana. La carne, queridos, el problema es la carne caliente.


45, «Estamos permanentemente a las puertas de ser cuerpo inexplicable, masa sin forma, coágulo. Este hecho es clave para entender por qué la cultura se empeña en domesticar los deseos: hay que evitar como sea la pérdida de lo humano, bloquear a toda costa la emergencia de lo abyecto». Antes que el mercado, antes que la aristocracia: la cultura, en general.


46, «Un texto que provocó la ira de una mujer querida, que me acusó de banal y de irresponsable. Me dijo que ella había sufrido la tortura de la anorexia y que mi escritura no solo era una apropiación indebida y peligrosa, sino un acto insensato y desagradable. No consideré oportuno explicarle mi relación con el hambre porque esa aclaración habría significado que solo considero aceptable la literatura fundada en la experiencia vivida en las propias carnes, que solo acepto como legítima la literatura basada en hechos reales. Y eso es algo que mis autocienciaficciones y yo rechazamos de plano. La cuestión es que intenté hablar con ella: le propuse quedar para tomar unos vinos y charlar sobre el asunto. Declinó mi invitación». Buen argumento de defensa contra los ataques por apropiacionismo de la realidad de otros: jamás he escrito “la realidad”. Añado: no creo en “la realidad”.


47, «Una mujer me acusó de poética; esto es, de banal e intrascendente. Profirió algunos desprecios más y después procedió a hablarme de su dolor de cadera, un sufrimiento que la natación le mitigaba. Con las piscinas cerradas, su mal era n insoportable. Además, me recordó que “todos tenemos nuestro aquel”. Puesto que era evidente que buscaba herirme, remato su comentario con un “lo mostremos o no”. Solo le faltaba añadir “zorra exhibicionista”». Me apunto a las filas de las escritoras exhibicionistas.


48, «La nota generó un acceso de furia en uno de mis antiguos contactos. Digo antiguo porque después de su intervención lo borré inmediatamente. No estoy para humillaciones ni para luchas absurdas». Méndez reflexiona como no he visto hacer sobre la cancelación, la ofensa del lector, la apropiación de temas no vividos, los colectivos vulnerables o violentados que por sufrir se sienten, no solo dueños de su dolor, sino dueños del tema, y del discurso válido acerca de ese tema. Esto lo digo yo, no Méndez.


49, «El dolor no nos pertenece. Es el malestar quien nos toma y nos agarra fuerte. El sufrimiento destruye las señas de identidad y conduce a un estado anterior a la conciencia, a un lugar que es previo al yo y a nuestros cuerpos humanos». Para mí es al revés: es el dolor el que me devuelve terriblemente a la inevitabilidad del yo.


50, «Ahora vienen las preguntas incómodas: ¿y si no respondí a esa mujer porque ansiaba devolverle el desprecio que ella me había arrojado? ¿Y si he usado en vano el nombre de Simone Weil? ¿Y si ahora sí, mujer desmembrada y rota, me merezco tus ataques? Pero basta. No quiero seguir con esto. No más vahos perfumados ni más vestuarios. No más piscinas. Ahora quiero escribir la dicha. La dicha y la sal y la memoria del agua». Y es una escritora religiosa, claro. No en Místicas, aquí ya, obvio. Gloriosamente pecadora y hereje, santa cruel. En Méndez no hay gota de humor, es una gran escritora española, de arriba a abajo.


51, «Mi dicha yo no sé escribirla. Solo sé nadarla». Yo pasearla. No puedo escribir mi felicidad, tampoco me interesa, a veces me haría ilusión, por capturarla, y en cuanto lo intento y reparo en la idea de “capturar” desisto muy feliz de no ser capaz de escribir mi felicidad, ni de poder capturarla.


52, «¿Qué recuerdo del futuro no se manifiesta en insomnio o en nota desesperada? ¿Qué escritura ensimismada no fulmina el espejismo de ser primera persona inmutable y a singular? ¿Qué rostro no se (re)tuerce y comienza a ser ajeno si se mira mucho rato ante un río o un espejo?».

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