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Magistral, Rubén Martín Giraldez (Jekyll & Jill, 2016)
«La auténtica literatura o lo que es lo mismo: la literatura no española»
18 de agosto 2026
«La auténtica literatura o lo que es lo mismo: la literatura no española»
“Primera condición de una obra maestra: pasar desapercibida”.
Nicanor Parra
1, «De sobra sabes que yo no escribo, lo que tengo es muy buena voz y ninguna capacidad para el canto». Por fin un libro en el que sentirme identificado con el personaje.
2, «Magistral no solo estropeó el código que nos permitía comunicarnos: aniquiló, además, la historia del gusto en nuestro país». ¿Hay una historia del gusto aquí? ¿La hubo alguna vez?
3, «No puedo decir lo mismo del lector, mi enemigo natural». El crítico literario, nuestro probador de venenos.
4, «La unanimidad de la Obediencia puso con manos untuosas en mi conocimiento que ya no se distinguía entre prosa alambicada y prosa alambrada». Es muy importante proveerse de una prosa alambrada para protegerse de los falsos amigos, y también para no caer en su prosa alambicada, o incluso peor, la prosa almibarada de los que son amigos de todos, o peor aún, la prosa humilde.
5, «Cuando una lengua sirve para decir una cosa y la opuesta con idéntica formulación, se hace imperiosa una reforma». El problema del aforismo como de la paradoja es que sirven tanto para la poesía como para el fascismo. La herramienta debe ser puesta a punto cada vez.
6, «El probador de venenos es el que espera a que no se calle [...] pero negar que el relámpago fue antes es de necios». Pff, brutal verdad contra los críticos literarios — probadores de venenos.
7, «El caso es que el juicio y las opiniones tienen poco que ver con la unanimidad, por contradictorio que se nos antoje». La primera fila designa tu política, demarca una poética y una ética de lo hecho y lo mejor hecho y lo posible o lo debido, lo que queda por hacer y siempre quedará pendiente pero ahí vamos, o queríamos ir o son los múltiples horizontes imaginados más estimulantes, me engolo, perdón, la primera fila señala más el camino o caminos a recorrer que lo ya andado, que siempre es muy incierto, el pasado es mucho más difícil de entender que el futuro, y es por eso que nos ayuda a pensar y es por eso no un ejercicio gratuito proponer nombres para la primera fila, sino una tarea pendiente, desagradecida, desagradable, fea, pero pendiente y por tanto un deber, porque en la primera fila no caben todos, y eso es un error del sistema, ojalá cupieran, es indeseable, pero tan inevitable como la condición de que sea la primera fila. Muchos dicen: ¡para qué hablar de eso?, ¡qué más da?, creyendo con el argumento liberal, que si dejas a la gente elegir libremente lo que quiere, la gente leerá y elegirá lo mejor y lo que más les gusta libremente y quién es nadie para discutir lo que quiere la gente y la libertad. Algo así dice Ayuso también. Comunismo o libertad. Esta gente de izquierdas que piensa como Ayuso cree que proponer una primera fila es opresor. Creen que la gente debe elegir lo que le gusta y no catalogar nada, porque es opresor. ¡Esta gente no ha pensado que si no pensamos la primera fila de vez en cuando la primera fila no será elegida por la libertad sino por las dinámicas de mercado? No sé. El problema es que poner a algunos en la primera fila, a los mejores de hecho, es joderlos, y ya no podrán hacer lo que hacían, porque lo que hacían lo hacían y lo podían hacer porque estaban marginados y ahí nadie te molesta y no tienes nada que perder y te vuelves loco y te sale todo mal y es una puta mierda pero de vez en cuando a alguno y no sabe ni como le entra la frase y sale un libro Magistral, y ahora que les ponemos en la primera fila ya no van a poder hacer lo que hacían porque estaban marginados y ocultos y no tenían nada que perder y por eso eran los mejores, pero ahora en la primera fila ya no podrán volver a hacerlo ni volver a serlo, pero sí llegarán a más gente, los mejores, sus obras anteriores, porque ya no van a poder volver a hacer una puta obra genial, ni siquiera buena de verdad. Difícil elección. ¡Estamos jodiendo a Giráldez? Por suerte este texto es tan malo y deslavazado que no servirá de nada. Es un punto medio interesante e interesado. Aún así, difícil elección. ¡Qué hacer con la primera fila? El problema es que no hay debate posible de lo subjetivo, el “para mí” es indiscutible. No sé si seguimos pensando todos que el debate nos acerca mucho más que nos separa, si no pensamos eso ya me callo. Pero si seguimos pensando que el debate es lo único que nos mantiene juntos a los que somos diferentes, para debatir hace falta un objeto y la pretensión de objetivarlo, para discutir quién se acerca más y mejor a la forma que le imaginamos a ese objeto. Si cada uno dice solo “para mí es tal, para mí es cual”, fin, ¿quién va a poder discutir lo que “para mí” es algo? ¿Cómo le voy a decir yo a otro que eso no es así “para él, ella, elle, quien sea”? Hay que intentar objetivar para acercarnos alrededor del objeto que debatimos objetivar. Y nos vamos a equivocar, que sí, seguro, pero en los errores compartidos y debatidos y en las articulaciones de ataque y defensa, se concretan los materiales que trabajamos y de nuestro presente, y seguimos juntos, pegándonos y hablando. Si cada uno dice solo lo suyo y con los suyos pues se acabó. Y de hecho se acabó. Porque si no es contra algo fijado no podemos oponernos y no sale la fuerza de empuje. Asumo la labor malhumorada, desagradecida y desagradable, fea, apestosa de proponer objetos y su objetivación: ser el probador de venenos. Y proponer el que me parece más mortal y mejor, la primera fila de las letales letras.
8, «Demasiadas señales sembradas de camino a la franca memez». Se está burlando de Magistral y esta (auto)crítica (in)consciente es un deber hacer también. Es una obviedad cursi e ingenua. Pero, ¿acaso alguien se toma en serio la (auto)crítica, de verdad en serio?
9, «Y, además, dirás tú, un razonamiento no puede ser una opereta, una voz no puede ser un personaje». Quiero escribir razonamientos como operetas; y personajes que sean solo voces. Cañeque. Duras. Beckett. Martín Giráldez, a la lista de escritor de voces.
10, «Yo no quería escribir una opereta correcta, sino un auto de choque sacramental». Genealogía de la literatura del auto: auto sacramental de Calderón, autoficción de Ernaux, autobiografía de Marta Sanz, autobúsficción de Rodrigo Fresán, autopsia de Liddell, auto de choque sacramental de Martín Giráldez.
11, «No me quedaba otra que atacar las órdenes del lenguaje». Es el lenguaje el que debería dictar las órdenes siempre. Otra cosa es la obediencia.
12, «La auténtica literatura o lo que es lo mismo: la literatura no española». BUM!
13, «Creo que es posible que alguien muy inteligente escriba un libro malo y creo también que un tonto tiene la posibilidad de escribir un libro brutal». Prefiero ser bufón que genio. Rabelais que Goethe.
14, «Puede que haya llegado la hora de hacerle al castellano un hoyo en la hermosura y cagarle lombrices dentro hasta rellenarlo [...] ¿por qué no besar la Boca Norteamericana y arrancarle la lengua?». Y, ¿por qué no la Boca Sudamericana, la Boca Argentina, la Boca Chilena, la Boca Mexicana? Esa Boca es más grande y traga más mierda y la sabe deglutir, procesar y vomitar mejor, al menos parecen los últimos cien años.
15, «Comprender que él no es más autor de su obra que su lengua». Un autor de lengua, no de obra. Qué inmensa posibilidad. Qué reto imposible. ¿Para quién habla el que inventa una lengua? ¿Para qué molestar con otro texto publicado, firmado y con P.V.P. si no es para inventar una lengua? Escribe un wpp si no te apetece trabajar.
16, «¿Testigo o mercenario de mi ego? ¿No lo he decidido aún o no he decidido si debo contártelo, contároslo?». Esta pregunta ya no es a sí mismo, ya no se habla la voz a sí, sino a nosotros, por fin nos habla a nosotros. Nos maneja como quiere, manipula nuestra mente. Ya nos tiene ahí, nos ha lavado el cerebro.
17, «¿El tiempo pone todo en su lugar? No, me temo. Solo hay un escaño de genio por nación, y a la nación se la trae al pairo si lo ocupa un genio o unas nalgas vulgares, ahora o dentro de varias décadas». La gran angustia de Bolaño (y qué coño, la de todo el que se para a escribir porque se cree genial porque si no no escribiría al menos no lo haría público, y así de inmundos y egocéntricos y ciegos somos todos, que por mucha humildad y mucha ironía cínica, todos aquí postulamos a la inmortalidad del genio y creemos que, si no lo merecemos plenamente, sí lo merecemos comparativamente, es decir, más que el puto vecino, inmundo, paleto, corrupto y fascista, que es un enchufado panfletario, sin cerebro o sin sensibilidad según tu desprecio favorito. Joder, tenemos a Uclés y no le importa una mierda a nadie que ocupe esa prosa el lugar del genio, y todos le odiamos y le atacamos en privado, y le defienden los chulos que son más intelectuales aún tanto que trascienden la calidad o la estupidez, pero saben que son libros estúpidos, pero aquí andamos todos, intentando escribir esos libros y hacer lo que ha hecho Uclés en cuanto nos disgregamos y en secreto.
18, «Como si alguien creyese [...] no volver a mentir nunca más». Todos nos creemos cuando escribimos. De estilo, tono y universo magistral. Por eso hacen falta probadores de venenos, a ver si es verdad que nuestra prosa es tan letal.
19, «Este idioma está maldito, este idioma está débil, este idioma está difícil. Este idioma tiene lo que se merece: nada y gente sin ambición. Aquí paz y después pereza». Este idioma tiene nada porque tiene gente sin ambición y nadie lo trabaja. Este idioma está inútil porque está para lo sacro, lo místico, la mierda, la caca y lo inmaterial, lo único que ha sabido nombrar siempre el castellano de castilla, la metafísica y la mierda, lo místico y lo grotesco. San Juan y Santa Teresa. Buñuel y Berlanga. Unamuno y Valle-Inclán. Calderón y el Quijote. Y nadie lo quiere asumir porque eso está muerto y por eso está muerto. Y hay quienes lo están asumiendo e integrando hace tiempo y por eso está renaciendo un poco esto y Liddell, y Méndez, y Nieto, y no voy a repetirme otra vez con lo mismo, pero: Martín Giráldez también. Esta lengua está muerta pero las voces de estos no, y como siempre a nadie le importa una mierda. Está bien.
20, «Pero claro, para eso debería existir justicia y al menos una persona en España que sepa leer». El problema sigue intacto.
21, «Y necesito besar en los labios de Rabelais», y con esto está todo y está de verdad bien y es lo más importante. Rubén Martín Giráldez es el único gran escritor europeo que disfruta el placercillo del risueño y amable y guarrindongo Rabelais, en vez de a los mojigatos de Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes o el aburridísimo (no tanto, va) Goethe. Y no olvidemos, el sacerdote Rabelais, el místico de la caca, el cura de lo bueno más que del Bien. Porque lo sacro también puede ser cárnico, pétreo, sonriente, humano, a la escala de la vida alegre, santa y divertida. Y en Magistral se dio un librillo de instrucciones exaltado (quizá no había pa tanto pero había que radicalizar, claro, siempre hay que radicalizar aunque seguro no hay para tanto ni siquiera pensamos realmente lo que hay ahí escrito, pero para eso está el personaje, que hable el exagerado para decir lo que querríamos decir nosotros aunque no lo pensamos de verdad) y un panfleto infecto incendiario antimojigato, un depurado depravado y afilado y denuncia y no abrillantado pero sí limpiado de la lengua hace ya diez años y aquí todavía parece nadie haberse dado cuenta o al menos no se han dado por enterados. Hubo un reviente en el idioma castellano pero aquí por la península no se escuchó nada. Si no sea un estallido (pues los estallidos no se ven si son de verdad, porque todo estalla) que sea una carta envenenada para detectar falsos probadores de venenos. Que dicen probar venenos pero no es verdad, que en realidad no les gusta leer ni leen nada ni lo que ellos mismos escriben en verdad. Una carta envenenada para asesinar a los falsos amigos y literatos de Instagram que ocupan el lugar que debería ocupar las cenizas de Magistral. Que cuando pasen sus páginas y laman sus yemas, fingiendo leer el libro, y fingiendo solo y seguro, porque leer no lo van a leer, porque leer no saben leer, caigan fulminados con su ácida letra. Ojalá que caigan en la trampa y chupen el veneno de Magistral sin darse cuenta. Incluso avisados en esta última frase de que esto es una trampa caerán, ya lo verán, porque de verdad que yo lo sé y lo he comprobado, estos falsos y humildes amigos no leen. Que como mucho se miran las tres frasecitas de Instagram. Y que quien sí haya leído hasta el final que NO comparta este artículo. Magistral.
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