Libros

Camila Cañeque (La uÑa RoTa)

La literatura del silencio, después del silencio.

4 de agosto 2026


Menos «fracasar mejor» y más triunfar, hazme el favor.

Rubén Martín Giraldez, Magistral


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La búsqueda de una voz: el silencio.

Una poética del silencio.

Algunos pensábamos que con Samuel Beckett la poética del silencio (la poética en general, los más apocalípticos) había llegado a su límite; más allá no se podía avanzar más que callando de verdad, la literatura (como es el destino coherente de la política vanguardista) se había agotado en sí misma, se había destruido ardiendo en todo su esplendor y potencia.

No estaban tan desencaminados los apocalípticos, después de Beckett, Celan, Primo Levi, no había salida y lo que viene es una radical vuelta a la narratividad más conservadora, realista y tradicional.

Incluso en sus mejores versiones: Vladimir Nabokov, Sylvia Plath, García Márquez, Milan Kundera, Yasunari Kawabata, Philip Roth, Salman Rushdie. Novela, novela, novela. Y peor, la autoficción; y peor, la crónica y los libros de viajes; y peor, el ensayo narrativo; y peor, la poesía confesional o peor aún de corte todavía simbolista, ¡todavía simbolista!

¿Cómo después de Beckett se puede volver a la novela? Desde luego es más fácil responder a eso, que responder a:

¿Cómo después de Beckett podríamos avanzar en vez de retroceder? ¿Cómo hablar aceptando el silencio?

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La escucha, la conversación, el amor, el final.

La última frase: ¿Qué hay de La última frase en Anuncios? La construcción de una voz que no podemos escuchar pero vemos. Camila Cañeque.

La construcción de una voz visual en Camila Cañeque.

Camila Cañeque escribió dos libros en los que no habla, y a la vez su voz es la más poderosa y tronadora que yo veo en la literatura actual española.

Por desgracia, la hemos perdido tan pronto. Por suerte dos libros de verdad diferentes guardan esa voz muda tan relevante para la literatura que va a venir en las próximas décadas.

En La última frase Camina Cañeque construye un libro cosiendo las últimas frases de 452 libros, importantes y no tanto, de la historia de la literatura y de la actualidad.

Un ensayo sobre el final en que hablan los finales, no ella.

Su silencio se confirma como una voz única y absolutamente propia. Ninguno de esos 452 libros y esas 452 frases habían dicho eso ni significado tanto hasta su libro.

Una voz que encuentra en las frases de los otros su voz.

Georges Perec, uno de los poquísimos escritores que puede relacionarse con Camila Cañeque, uno de los poquísimos escritores que pudo avanzar después de Beckett, decía sobre las vidas de judíos emigrados de Europa a Estados Unidos por la persecución nazi y los documentos de estas vidas que pudo consultar en la isla de Elis: «He trabajado con documentos en los que encontré mi propia historia».

La familia de Perec, también migrantes judíos, no huyó a EEUU, sino a Francia. Nada de su historia familiar podía encontrar realmente Perec en la isla de Elis.

Sin embargo, en las frases de otras vidas Perec encuentra su «autobiografía probable».

Camila Cañeque encuentra su teoría probable sobre el fin en los finales de otros libros. Pero es su teoría única y ninguno de esos libros la había propuesto. Una voz única que jamás podremos oír, pero finalmente vemos en cada frase de su libro sobre el final y los finales.

En Anuncios sube la apuesta: declara al principio que durante un año estuvo junto al personaje Don sin hablar. La novela trata acerca de ese año que ella pasa con Don sin ella hablar, y él habla todo el rato.

La voz de Cañeque no es la de Don. Vemos en Don la voz de Cañeque que nunca escuchamos. Vemos en cómo Camila ve a Don la voz en silencio de Camila Cañeque. Hablando en silencio. Observando.

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Nueva York, jazz, stand-up comedy, arte conceptual, multidisciplinar, performance, disolución de géneros.

Pensábamos que la disolución de géneros que tanto se proclamó a finales del siglo XX y que se dijo que imperaría en el XXI (Bolaño el primero, que es el último gran escritor que escribe estrictamente enmarcado en géneros, en su poesía, en su novela, en su (mal) ensayo, en sus (conservadores) cuentos), pensábamos esa disolución de géneros consistiría en mezclar esos cuatro registros sin decir cuál es cuál. Textos sin llamarlos poesía o novela, un poco todo, y ya.

Parece un poco más complejo.

La prosa contemporánea, la más actual, está siendo invadida en ya demasiados casos por artistas contemporáneos, plásticos casi siempre, corporales sobre todo, visuales, cinematográficos a veces, casi siempre con terribles y cutrísimas consecuencias.

A veces meten fotos, o dibujos, es todo terrible. O intervenciones tipográficas, páginas en negro, o puntitos sueltos, peor. El abaratamiento de la tinta y la libertad compositiva en la impresión digital ha creado una verdadera fiebre por ennegrecer y pintarrajear los libros.

En el Tristram Shandy igual resultó impactante. ¿Hoy creen que es original?

En algunos casos incluso ponen un QR a una playlist de Spotify al final. Dan ganas de suicidarse.

Normal los apocalípticos.

Es de verdad tan terrible. Muy triste. Excepto cuando es genial y uno se cae de culo ante un efecto de verdad inesperado y nuevo.

En esos casos los efectos son más silenciosos y desconcertantes. Profundos. Transformadores.

Camila Cañeque entiende que la obra es la ciudad. La arquitectura como estructura, la sombra de los rascacielos, lineal, geometría en lento avance, como estética. El sonido de la ciudad como estilo, como voz, la ciudad ruidosa en silencio.

El texto puede ser una improvisación de free jazz. ¿A dónde va? Eso no importa pero es su única forma de avanzar, buscar el final, sea cual sea. Las variaciones sobre la estructura fija que no se respeta pero se conoce. Que no se oye pero se ve.

El alcohol como sintaxis.

Camila Cañeque ha hecho textos con lógicas internas intrínsecas a la instalación. Formatos literarios provenientes de la performance.

Ha instalado en el arte texto el arte cuerpo, el arte voz, el arte conversación, el arte emborracharse, el arte ser camarero, el arte tocar la batería, el arte comedia estúpida, el arte morir, el arte estar tirada en la cama con un ventilador, el arte tragedia griega, el arte el aburrimiento de la televisión, el arte conversación.

Yo conozco un libro que existe como instalación, está escrito en las páginas de cortesía de más de cien ejemplares de literatura de fábulas medieval y es una biblioteca entera.

El arte vida. El texto instalado en la realidad. Eso sí es un efecto nuevo y literatura del futuro. Después de Beckett, y mucho más allá.

Este texto llega después de Fin de partida, es el paso siguiente, utiliza el modelo de Los días felices, pero invertido. Donde Beckett nos habla del silencio, pero no calla, del bloqueo de la comunicación en una verborrea alucinada e infinita que revela el bloqueo final; Cañeque calla para construir su voz, con su mirada atenta y serena construye una vía, un discurso de futuro y reformulación, no dicho pero inapelable, para la literatura y la convivencia política: la escucha.

Beckett cierra la tragedia al proponer que no hay redención posible para la vida, no hay reparación ni justicia tras la catástrofe, como sí había en la tragedia griega. Beckett dice NO. Cañeque dice sí, pero un sí en minúsculas, no proponiendo la Redención, sino una posibilidad para vivir la vida.

Camila Cañeque pudo avanzar después de Beckett porque entendió que el «fallar otra vez» no era falsa modestia sino pura ambición, porque el texto de Cañeque es puro poderío y busqueda del absoluto, escribir con una voz que no habla, el siguiente paso de la humanidad en cuanto a literatura se refiere, nada de gestitos modestos y delicados, la sencillez del que finge valorar lo pequeño y en realidad es simple pereza, desidia, incapacidad, postureo, apuesta por lo más estúpido y fácil porque es lo que la gente quiere y es lo único que sabe hacer; no, en Cañeque no hay gesto pequeño, sino obra total, la radicalidad de transformar el idioma, el texto y las páginas de lo que llamamos libro para siempre, fundar la literatura del futuro. Por eso Camila Cañeque quedará y todos los demás no. A ese nivel. Hartos de hipocresía. La humildad es buena para la vida. En literatura: «Si no crees ser el mejor, no me hagas perder el tiempo», dijo otro mejor escritor de ahora, que este sí sigue vivo y a ver si saca algo nuevo, por cierto. Quizá es mejor porque no saca cada año. Pues eso.

La foto final de Anuncios prueba la última frase que no podemos oír de la vida de Camila Cañeque. La autora se la cede a Fisher, y la última frase de Anuncios es de Los fantasmas de mi vida y dice: «El pasado no puede ser olvidado, el presente no puede ser recordado. Cuídate. Hay un desierto ahí fuera…», Mark Fisher.

Pero no, la última frase de Anuncios ya no es de la novela, sino un anuncio, entendemos que de Camila, ya enunciando desde la realidad suponemos, y dice: «Dedico estas páginas a Jonás Mekas, porque fue él quien me presentó a este personaje».

Nótese que dice «páginas», no «novela», no «ficción», ni siquiera «texto». ¿Qué son? Claro, páginas.

Nótese que dice «personaje», no «persona». ¿Existía Don entonces en la realidad? Sí, claro, como todo personaje. Hay tantos personajes por ahí…

Pero no…

Cañeque ha roto definitivamente la barrera. Literatura, silencio, muerte y obra.

Camila Cañeque ha salido al desierto que hay ahí fuera, y es la única que conoce sus senderos y los recorre escribiendo en silencio.

La literatura del silencio, después del silencio.

Hablar después de Beckett.

Hablar en silencio.

En silencio. Vemos.

Ahora silencio.

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