Libros

¿Dónde va la empatía si la echan de su casa?

Kae Tempest propuso una idea: lejos de ser un espejo, el libro es una máquina perfecta de generar empatía

19 de octubre 2026


Casi nunca leo libros escritos por hombres. No es que lo haga conscientemente, es que me sale así. De tal manera que algunos machos sólo leen a otros machos, yo casi siempre tengo en las manos algo escrito por una mujer o algún pronombre (un pronombre es alguien que pertenece al colectivo LGTBIQ+). Desde luego no soy la única, y estoy bastante segura de que es porque nos hemos creído que sólo podemos leer aquello con lo que nos sintamos identificades (tTambién es verdad que muchos machos solo escriben sobre machos, y ya vivimos en un mundo muy machuno y en general esas historias a mí me aburren soberanamente, como a mi abuela de pequeña las películas de vaqueros o de la guerra de Corea).

Afortunadamente, hay excepciones por las que merece la pena hacer el esfuerzo de salir de las historias que son yo, literal y darle una oportunidad a joyas como las del escritor británico-palestino Naeem Murr, del que ya hablaré próximamente, o la última novela de Kae Tempest, Una vida buscando. Porque lo que yo venía a contar es que la novela no es un espejo, ni debe serlo. Al menos, no un espejo único para une lectore únique. No todo va sobre ti.

Tempest es un poeta, músico, dramaturgo y artista británico, y el pasado mes de mayo estuvo charlando con Violeta Gil sobre su último libro. La novela cuenta la historia de Rothko, un personaje no binarie que vuelve a casa después de 20 años en la cárcel. Tempest contaba cómo un periodista le preguntó si era importante para los jóvenes trans que existan personajes trans — Tempest contestó que sí—, y enseguida le preguntó de vuelta: "¿Cuál fue la primera novela que te habló, que te habló de verdad? El periodista, que era un varón natural del Reino Unido, dijo rápidamente «Cien años de soledad. El personaje de Úrsula, de la anciana». Entonces, ¿Necesitamos coincidir en el género y condición de los personajes para conectar con ellos? Evidentemente, no.

Entonces pienso en mi propia estantería. Yo, que me creía por encima del yo literal, llevo años aplicando ese filtro con una convicción que Tempest no le habría concedido ni a su periodista. Pienso en historias conmovedoras que he leído protagonizadas por un puma, como Garganta abierta de Henry Hoke (Sigilio, 2026), o Every Exit Brings You Home del antes mencionado Naeem Murr, o el brillante protagonista de Cuaderno inglés de Daniel Morales, ganador del Premio Clarín 2025.

Todas algo en común, que te voy a contar ahora mismo. O te lo voy a contar con palabras de Tempest. Tempest propuso una idea que me ha acompañado todo el verano y que he citado hasta la saciedad: lejos de ser un espejo, el libro es una máquina perfecta de generar empatía. Pensémoslo: una persona se sienta en su casa, como hago yo ahora mismo, y escribe, transporta al lenguaje escrito las ideas, ocurrencias, miedos y deseos que se le pasan por la cabeza con un bolígrafo y un papel, con un ordenador, con lo que le dé la gana. Esas ideas, ocurrencias, miedos y deseos, tras un proceso más o menos largo, acaban en el libro objeto, o en el medio digital, en el canal que nos dé la gana (¡hoy en día son tantos!) Y le llega a otra persona, como tú, que lee las ideas, ocurrencias, miedos y deseos. Salen de una cabeza (en ocasiones, de un corazón) para llegar a otra. Tempest afirma que «a través de ese juego mutuo, de fantasía y artificio, llegamos a un sentido más fino de nuestra propia realidad». Lo que hace estremecerse a le escritore, con un poco de talento, trabajo y ese ingrediente mágico que todas las personas que escribimos buscamos, hace estremecerse a le lectore.


¿No os parece la novela el invento más increíble del mundo mundial?


Pienso mucho en las palabras de Tempest, casi a diario. Y me pregunto qué va a pasar con las casas de esas máquinas de empatía, con las librerías como Pérgamo, que, pese a ser la librería más antigua de Madrid cerrará el día 17 de noviembre debido a la negativa de renovarles el alquiler. Pérgamo no es un caso aislado. Tipos Infames cerró en Malasaña en enero y ocho meses después su local sigue vacío y sin obras. El Aleph, en la calle Ferraz, también cerrado. En mayo, la Asociación de Librerías de Madrid publicó una encuesta con las siguientes cifras: el 84% de las librerías consultadas paga alquiler, más del 80% lo considera un peligro para su estabilidad y solo el 14,3% tiene garantizada su continuidad en el local donde está. Un tercio ha renunciado a contratar a alguien por lo que cuesta el local. Y la paradoja es que el sector editorial va bien. Pero de cada diez libros que se venden, solo tres o cuatro pasan por una librería independiente.

¿Qué máquina de la empatía servirá para hacer entender a caseros y gobernantes que la cultura hay que cuidarla, defenderla e invertir en ella? Porque las novelas no hace falta que hablen de ti literal, pero las políticas sociales hablan, literalmente, sobre todes nosotres.

pergamo escaparate.jpeg

Sigue a Estrella Alonso

Recibe un email con todos los nuevos artículos de Estrella Alonso


¿Qué opinas?

Sin comentarios
Deja un comentario...
Cargando comentarios…

Únete a la conversación

Para comentar necesitas una suscripción activa. Accede o suscríbete para participar.




Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Estrella Alonso

Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.

VER PLANES