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Muslos de mujer
Hay una señora del Opus Dei que vive en mi cabeza
2 de junio 2026
En los últimos días me he dado cuenta de que tengo muslos de mujer. No de chica, de adolescente, de chavala, mucho menos de niña. El muslo de mujer se caracteriza por la celulitis, por los hip dips (unas pequeñas hendiduras a cada lado que hacen que tus caderas no luzcan redondeadas sino como un signo de interrogación), por los love handles (justo encima de los dips, un pequeño exceso de carne o más bien de grasa que los ingleses llaman love handles, agarres del amor, porque se supone que tu amante se ha de agarrar ahí), por unos lunares que desconocías. ¿He mencionado ya la celulitis?
No es novedad que ser mujer en el mundo en general y en la cultura en particular es siempre un hándicap. Menos tomarte en serio, más preguntarte si tu ficción es autobiográfica y después objetar sobre su calidad porque, claro, es tu vida y no ficción pura (¿me pregunto si les molesta tanto en Carrere, en Miller, en Proust?), y más explicarte tu propio trabajo. Afortunadamente esta no ha sido mi experiencia; ningún hombre me ha intentado explicar mi propio libro. Lo que me arrastra a sentarme frente al ordenador un viernes por la noche después de unos dobles de cerveza , lo que me arrastra a escribir, en lugar de meterme en la cama a leer o a masturbarme como cualquier persona normal, es el dichoso reflejo de mi cuerpo en el espejo.
El otro día vi un reel en el que una rubia yankee decía: nadie te quiere tanto como tu madre boomer cuando estás delgada. Y eso se puede aplicar bastante a mi cerebro. No tanto a mi madre (una bendita), sino a una señora del Opus Dei que dice mi novio que vive en mi cabeza. Esa señora se escandaliza cuando subo un vídeo con un vestido ajustado o con un poco de escote. Y mira que mi madre (o Dios) fueron más bien tacaños en ese aspecto, me dieron un pandero que no me cabe en las minifaldas del año pasado, pero se olvidaron de ese atributo que atrae tanto a adultos como a bebés lactantes. La mujer del Opus que vive en mi cabeza se ha escandalizado que no veas cuando me he puesto el camisón y ha visto esos muslos de mujer.
Yo podría haber entrado en una espiral adolescente y destructiva, y en cambio, como no hay quien me aguante, he pensado en el último libro de Miranda July, A cuatro patas (Random House, 2025), que me ha divertido muchísimo y no entiendo cómo no ha sido un pelotazo en España y en el mundo entero. En él, July cuenta la historia de una mujer de 45 años totalmente insufrible que sufre una atroz crisis de mediana edad y decide viajar a Nueva York desde su casa en Los Ángeles en coche. Un road trip narrado en primera persona en el que en la página 30 descubres que no es road trip ni es nada, porque la protagonista se queda en un pueblo/municipio que está a media hora de su casa, y allí transcurre la primera parte de la novela. La protagonista y narradora de July habla mucho de su cuerpo, de su marido, de su hije NB (wow, compañeras, ¡el personaje es NB y punto y nadie ha tenido que explicar nada! ¡se puede hacer!), de su deseo. Me pregunto si esta novela no ha sido tan reseñada y nombrada en nuestro país (desconozco la situación en el mundo angloparlante) porque habla de deseo, incomodidad, cuerpos, muslos de mujer y no de niña ni de adolescente. Habla de una tía petarda pero con la que todas nos podemos identificar que va viendo que el mundo no es para ella, o que no será para ella, que le quedan máximo cinco, siete años como mucho para que le hagan caso. Y al mismo tiempo nunca deja de ser artista emergente, aunque ligeramente conocida. ¡Vieja y novata! ¡Famosa, pero poco! O sea, ¡amateur! Quelle horreur !
Yo no tengo 45 años, pero no puedo dejar de preguntarme: ¿tengo que llegar a esa edad para ser escuchada, tomada en serio? ¿O será llegar la perimenopausia y desaparecer, como le pasa al personaje de July? ¿No future for menopáusicas? ¿Qué dicen las mujeres de 50, 60, 70, que son las que realmente han sido expulsadas del mundo cultural, a no ser que llevasen ya años establecidas (véase en España Rosa Montero, Elvira Lindo, Berna González Harbour, Isabel Coixet, etc y no tanto etc porque no son tantas)?
Creo que me interesan más las historias, las ideas, las experiencias, los miedos, los deseos, los chistes de las mujeres que ya no tienen Tarjeta Renfe Joven, que tienen descuento en el Centro Dramático Nacional por tener más de 65 años, que tienen unos muslos mucho más de mujer que los míos. Cuando vuelva mi novio de viaje me dirá que tengo tremendo pandero, o en cuanto abran las piscinas en la capital del reino lo veré yo misma cuando me ponga el bikini. ¡O mejor aún! ¡Aprenderé de alguna manera que la calidad de los muslos no afecta a la calidad de la obra artística! Ja, no sé qué me parece más complicado. Buenas noches, la mujer del Opus Dei que vive en mi cabeza riñe que qué horas son estas.
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