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¿Por qué escribimos sobre escribir?
El oficio de escribir en 'La escritura como un cuchillo' de Annie Ernaux y 'Mi oficio' de Natalia Ginzburg.
30 de abril 2026 · 1 comentario
El oficio de escribir en 'La escritura como un cuchillo' de Annie Ernaux y 'Mi oficio' de Natalia Ginzburg.
¿Por qué a las escritoras y escritores les gusta tanto escribir sobre escribir? Marguerite Duras, Edith Wharton, Virginia Woolf, todas han dedicado obra o por lo menos algún ensayo al oficio de escribir. La escritura tiene una función comunicativa, expresiva y conectiva y, como veremos, las dos autoras en las que me centro se referirán a la escritura como una necesidad, un oficio y algo atravesado por la condición de clase y género. Algo irremediable a lo que han de entregar su vida porque, como dice Ginzburg, “sólo puedo escribir historias” (Ginzburg, 2002, p. 83).
Annie Ernaux nació en Lilebone, Normandía, en 1940. Creció en Yvetot, donde sus padres tenían un colmado/café. Ernaux fue la primera de su familia en ir a un colegio privado y después a la universidad, donde estudió Literatura Francesa. En la obra de Ernaux, la clase desempeña un papel muy importante. Obras como La vergüenza o El lugar se centran en sus orígenes, en su casa y en su familia. Realmente, toda su obra gira en torno a sus orígenes y su familia. En su discurso ante la academia sueca cuando ganó el premio nobel en 2022, hablaba de los eventos y sucesos de su vida como “(…) elementos, todos ellos, que me conducían por vías imprevistas y sensibles al mundo de mis orígenes, a mi “raza”, y que conferían a mi deseo de escribir un carácter de urgencia secreta y absoluta”. Como decía al principio, hay un tema común entre estas escritoras: la necesidad imperiosa de poner en palabras lo que ocurre no solo dentro de ellas, si no particularmente lo que ocurre afuera.
Natalia Ginzburg nació en Palermo en 1916 y ha sido de las escritoras italianas más importantes del siglo XX. Escribió teatro, ensayo, narrativa, trabajó de traductora y correctora de textos. Su obra Léxico familiar es de lectura obligatoria en el colegio en Italia. Es una novela autobiográfica en la que recorre la historia de su familia a través de esas frases únicas y de uso común que construyen el idioma del hogar. Vivió en Turín, su padre daba clase en la universidad. Ginzburg también busca encontrar un lenguaje directo y perspicaz. Ernaux habla de escribir para sus padres y así lo hace Ginzburg cuando escribe El camino que lleva a la ciudad. Piensa en su madre y “busca escribir algo que le guste, sin palabrería, de forma que cada oración sea "como un latigazo o un cachete”.
Pero vamos a los textos que he elegido. Esto es un primer acercamiento, un juego de diferencias y similitudes; de eso se trata al final la literatura comparada. Vamos a ver cuántas encontramos.
La escritura como un cuchillo (Ernaux, 2023) es una conversación por correo electrónico entre Frederic-Yves Jeannet y Ernaux. Jeannet hacía preguntas a Ernaux acerca de su obra y de su praxis de escritura. Por otro lado, Mi oficio es un ensayo dentro del libro Las pequeñas virtudes (Ginzburg, 2002), donde encontramos once textos de diferentes temas, entre la autobiografía y la no-ficción. Mientras que la obra de Ernaux tiene un tono más analítico y ensayístico dado el carácter de entrevista o correspondencia, el ensayo de Ginzburg es bastante lírico y tierno, en comparación.
En la obra de Ernaux hay dos elementos clave: la clase y el diario. Dedica un capítulo entero a hablar de su posición como tránsfuga, en el sentido en que su familia pertenece a una clase social y ella, gracias a la educación, escala y acaba perteneciendo a otra. De esta manera, cuenta que “los distintos aspectos de su [mi] trabajo, de su [mi] escritura, no pueden prescindir de esa dimensión política”. Ernaux continúa hablando del deseo de “alterar jerarquías literarias y sociales” a través de su escritura, porque afirma que “la literatura, cuando es conocimiento, cuando va hasta el final de una búsqueda, es liberadora”. En cuanto al diario, Ernaux cita a Anaïs Nin (tanto Ernaux como a Ginzburg citan constantemente a otros autores, otras escritoras y escritores, es otro tema en común entre escritoras, la admiración a otras grandes autoras y la lectura de sus obras). Nin dice en su diario que ella quiere gozar y no transformar. Para Ernaux, el diario íntimo es “el lugar del goce” mientras que las otras formas de escritura son “el espacio de la transformación”, y ella tiene “más necesidad de transformar que de gozar”. Ernaux además piensa que sus escritos considerados autobiográficos son más “autosociobiográficos” (Ernaux, 2023, p. 24) ya que retratan no solo su vida si no la vida de su alrededor.
La obra de Ginzburg también relata la vida que le rodea, ya sea en obras como Léxico familiar de carácter más autobiográfico, o ficciones como Sagitario o Querido Miguel. La observación del mundo exterior que he mencionado antes (quizá en los comienzos de la escritura de Ginzburg, todavía adolescente) no tenía ese componente de compromiso. Ginzburg habla de cómo, cuando comenzaba a escribir “estaba siempre a la caza de personajes”, observando y anotando todo lo que veía a su alrededor, todo material potencial para sus historias. En Mi oficio, Ginzburg da notas sobre cómo escribir, por ejemplo, cómo tenemos que usar todo ese material que recolectamos porque “en este oficio no existe el ahorro”. Cuando escribimos, en este caso Ginzburg habla de cuentos, debemos “poner en él [el cuento] lo mejor que posee y que ha visto, todo lo mejor que ha recogido en su vida”. No debemos ser recelosas porque estos detalles, según le parece a Ginzburg, tienen casi una fecha de caducidad y pierden su brillo a medida que pasa el tiempo. Ginzburg incluye instrucciones sobre escritura porque para ella es “justamente un oficio, una profesión, algo que se hará toda la vida”. Es un oficio arduo, algo que hay que ejercer constantemente, un oficio que “se come lo mejor y lo peor de nuestras vidas” pero es el oficio “más bonito del mundo”. En frases como ésta encontramos la ternura y poética de Ginzburg frente a la precisión clínica de Ernaux, quien no da instrucciones ni consejos de escritura.
Hay un temón que conecta estas dos autoras: cómo se relacionan la escritura y la maternidad. Ambas vieron su oficio pausado durante los primeros años de crianza, y severamente afectado más adelante. Las obras de ambas son más bien obras breves, y Ernaux lo achaca a los cuidados de las criaturas. Cuenta cómo “al no saber cuándo tendrás dos o tres horas de tranquilidad para escribir, y sabiendo que si sucede pueden interrumpirte en cualquier momento, no puedes sumergirte de verdad en otro universo”. ¡Qué lujo, qué privilegio poder dedicarse EXCLUSIVAMENTE a escribir la gran novela americana, europea, el próximo éxito de crítica y público! Por otro lado, Ginzburg cuenta que, cuando nacieron sus hijos, ella “no lograba entender cómo se podía escribir teniendo hijos. No entendía cómo conseguiría separarme de ellos para seguir al personaje de un cuento”. Y hay algo más que tienen en común las dos, y es ver la maternidad no sólo como un obstáculo material, sino también moral. Ernaux sigue diciendo cómo, si una consigue sumergirse en ese espacio creativo, lo hace “a expensas de un combate incesante, contigo misma sobre todo, para no renunciar”. Ginzburg no opina muy diferente cuando dice que “había empezado a despreciar mi oficio”. Hay un dilema, un duelo, una culpa espantosamente materna en dedicar tiempo e ilusión a otra cosa que no sean la descendencia de una. Aquí tanto Ernaux como Ginzburg están de acuerdo en que la manera o más bien las circunstancias materiales de las escritoras son completamente diferentes a las de los escritores varones.
Podemos decir que a las escritoras les gusta tanto escribir sobre escribir porque es la actividad que vertebra su vida. No es solo un oficio, es una necesidad como para otras pasear por el campo o hacer yoga. Para Ernaux y Ginzburg, la escritura establece su ser, quienes han sido, son y serán. Escriben a través de su género, de su clase, de su biografía, colándose por las rendijas que su maternidad permite, para finalmente comprender qué significa esa actividad en sus vidas. Escribir es el oficio que no las abandonará nunca, porque es en la escritura donde crean y recrean la vida, la memoria, y la historia.
Bibliografía
Ernaux, A. (2022) ‘Discurso íntegro de Annie Ernaux ante la Academia Sueca’, El País, 7 December. Available at (Accessed: 3 December 2024).
Ernaux, A. (2023) La escritura como un cuchillo. 1st ed. Translated by L. Vázquez Jiménez. Madrid: Cabaret Voltaire.
Ginzburg, N. (2002) Las pequeñas virtudes. 1st ed. Translated by C. Filipetto. Barcelona: El Acantilado (El Acantilado Series, v. 55).
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