__MESSAGE__
El paisaje es un grito, Eduardo Ruiz Sosa (Candaya, 2026)
Qué lejos estamos de las posibilidades de escritores como Eduardo, qué lejos de su relevancia y su legitimidad.
9 de junio 2026
Qué lejos estamos de las posibilidades de escritores como Eduardo, qué lejos de su relevancia y su legitimidad.
Son no-lugares para quienes los ven de lejos, pero para quienes están ahí es su lugar.
Eduardo Ruiz Sosa
Otro de los aspectos relevantes de esta novela es el de la voz legítima para hablar de un determinado tema relevante (la relación entre esto y este autor, ahí se juega el texto), un problema (el de quién es la persona que ha escrito el libro) que me he esforzado tanto tiempo por evitar (aunque teniéndolo siempre muy presente, incomodando), pero que no se puede evitar, es obvio, porque el texto es el texto, sí, muy bien, pero dice cosas, y la voz que las dice y el nombre que lo firma, y especialmente en el presente (en cualquier presente), es relevante, para pensar ese presente y las cosas que dice, y la relación de la persona que las dice con el tema del que habla y un presente compartido, político, económico, moral, social, y no estoy hablando de la literatura como representación de una realidad, no creo en esa cosa documental, pero sí creo que la literatura es algo más que unas palabras mejor o peor elegidas y puestas en un papel, ¿qué es ese algo más?, ¿qué hace al texto, además de bueno, relevante?, ¿en este caso?, ¿el paisaje o el grito?, ¿o más bien la articulación de paisaje con grito a través de ese verbo ser?, ¿es una identidad entre ambos elementos, un doble, un fantasma, una ruina?, ¿y por qué el artículo determinado en el paisaje y el indeterminado en un grito?, ¿es eso la literatura, la articulación de palabras, o el paisaje y el grito reales, o el paisaje y el grito en general a partir de lo particular, o quien mira, o quien habla, o quién mira, o quién habla?, responder a eso sería responder a por qué este libro es tan, tan, tan bueno, que es una cosa muy cursi, pero lo creo de verdad, pero no sé responder a eso, así que intentaré responder a otras cosas tan desfasadas y poco valoradas como voz, legitimidad, poderío, tema, primero el tema, que antes me daba igual, me va importando mucho, cada vez más, y claro que no es el tema lo que hace bueno un texto, una novela, una literatura, pero sí puede ser el tema lo que la hace relevante, y claro, este tema, el de esta novela, es el tema relevante (hoy (hay otros, claro)), y el tema son varios, claro, y los temas son la migra, las malicas, la fábrica, la frontera, la línea, el desierto de Sonora, las ciudades y pueblos del desierto de Sonora, EE.UU., la ruina de las ciudades y pueblos del desierto de Sonora, la ruina, el fantasma, la mina canadiense, la idea de que la mina canadiense en el desierto de Sonora al norte de México en la que empieza a trabajar un niño de diez años es la verdadera caverna platónica de donde el alma solo se liberará con la muerte y ni sabemos seguro, quizá nunca salga, quizá es imposible salir, pero el niño al menos sabe que está en la caverna, la mina, no como nosotros tan ingenuos, los muertos, los muertos como raíces de un pueblo bajo tierra, que lo arraiga y lo ata a ese cacho de tierra, la necesidad de un relato para existir, entenderse y conectarse, la fantasmagoría de la Historia a partir de los dobles y la asignación de nombres erróneos a las cosas que no son (o sí), el problema de los nombres en general y el problema de los nombres gringos para ciudades latinoamericanas en particular, la identidad del yo, que al pensarse se duplica también, y a partir de ahí la dispersión ha comenzado y ya es irrefrenable y de esa disgregación irredimible y fatal que haya tanto fantasma, tanta ruina, tanto doble, tanta historia repetida, tanta ciudad réplica, la idea de frontera como otro límite de estas confusiones, la idea de frontera como puro espíritu, la línea inexistente si no fuera por las violencias que en ella se ejercen, por la migra, el poder, la mina, la maquila, la violación, pero por eso mismo, el rato durante el cual el poder te ha perdido de vista y no te pega una paliza para que sepas “quién eres” y “cuál es tu lado”, en ese rato de limbo, de desierto, de confusión, de nombres repetidos e historias inventadas, de ruinas que no corresponden con lo que debería haber ahí, efectivamente en ese rato incierto bajo radar no sabes quién eres ni en qué lado estás, ni si hay lados, ni cuál es el Presidio que buscas, o cuál es el Origen del que vienes, y la voz que lo cuenta, que son varias voces pero es una voz, es importante, es una voz sísmica, que remueve y corta las ruinas con comas, y usa comas para todo y libremente de una forma tan precisa, porque en este texto las comas son importantes, muy importantes, las comas, que cortan y cosen el texto, las comas por todas partes y de todas las formas, el uso de preguntas entrecomadas, que marcan el ritmo de una oración infinita, dubitativa, pero la misma oración, ¿algo así?, ¿otra más?, ¿aún cabe?, sí, cabe otra más, siempre, y es fundamental para el devaneo oral, las comas también cierran párrafos, cierran intervenciones de diálogo, cierran frases que se cortan antes de llegar al margen, no son versos, son frases que se cortan con una coma, son comas que cortan y cosen, un tejido continuo cosido por comas, porque también la sintaxis es un rasgo de estilo y una decisión política, y parte, no solo de la forma, sino del fondo del texto, y no una legislación de uso gramatical obligatorio y estandarizado que tomar ya hecha y sencillamente aplicar correctamente, ¿aquí va coma?, al menos no deberíamos usar así la sintaxis si queremos hacer algo con el texto que no sea solo usarlo como cadena de transmisión de lo dado, al menos si queremos hacer literatura, y claro, Eduardo Ruiz Sosa (tanto tiempo evitando los nombres de los autores en estas críticas, pero finalmente hay que entrar, no se puede no entrar, en el presente, si queremos entrar, hay que entrar con todo, y como bien sabe esta novela, los nombres, especialmente los nombres, importan, ¿qué designan esos nombres?, eso ya es más complejo (dobles, fantasmas, ruinas, el Otro), pero los nombres importan igual), el autor de esta novela, tiene una voz legítima (y esa voz tiene otras cosas, que hemos comentado y que no, pero además es legítima que es lo que interesa ahora, que es lo que íbamos a comentar en principio y al principio) para hablar de este tema, y una voz poderosa, con poder sobre el tema relevante (que ya hemos dicho son varios y hay más) para el que tiene legitimidad su voz, puede (luego se consigue o no, pero en principio, puede) escribir una obra relevante y poderosa, y en este caso, además de poder y estar legitimado, Eduardo Ruiz Sosa, sí lo consigue, y es por eso este un libro además de legítimo, relevante, y además de relevante, poderoso, y sí, es por el tema (el tema, ámbito tan despreciado entre los snobs literarios, yo el primero) y es por quién es esta persona y cuál ha sido su vida (la persona y su vida, tema tan abusado y manipulado hoy en el debate literario), y claro que, que él en este caso, pero que cualquiera en según qué caso, tenga una voz legítima para hablar de según qué tema no es algo que ese alguien pueda elegir (uno tiene legitimidad para hablar de qué según circunstancias vitales, biográficas, históricas, políticas, culturales, morales, lingüísticas, sintácticas, etc., que son externas a la voluntad y la agencia del autor en cuestión, digamos, viene dado) y eso hace pensar que “qué capricho absurdo que unos sí puedan hablar de tal y otros no”, que “qué arbitrariedad que unas sí puedan decir no sé qué y otros no”, que “qué injusticia”, que “cómo que yo no puedo” o que “quién eres tú para darme o quitarme qué legitimidad para hablar de qué”, y bueno, yo ni doy ni quito ni nada, yo reflexiono y la verdad que lo veo así, sí, es arbitrario, caprichoso y en un punto podría aceptar que incluso injusto si es que el acceso a la gran literatura debiera ser una cosa equitativa, que hoy la literatura relevante la pueda hacer según quién sobre según qué temas con según qué voz, igual que fue arbitrario en otras épocas que otros temas, otras voces y otras figuras dentro del espacio social y político tuvieran legitimidad para tratar el tema relevante (que en su tiempo sería(n) otro(s)), pero quizá es así, y la literatura relevante, poderosa y legítima hoy, por cómo está el mundo, por qué día es hoy, no extraña que venga (y ellos quizá nos digan con razón “por desgracia”) entre otros lugares, de la frontera, y entre otras fronteras, de la mexicoestadounidense, y por eso este libro (como otros por otros encajes equivalentes entre otros temas y otras voces) es relevante (además de legítimo y poderoso), porque la literatura relevante es la que es, ya veremos por qué y qué cada uno juzgue con su criterio, pero relevante es relevante y la puede hacer quien puede (literatura buena, podríamos decir, que la podríamos hacer todos; legítima, ya solo algunos; relevante, pocos; poderosa, los menos), y no es que sea que las cosas como la Historia, la política, la sociedad, la cultura, te permitan o no escribir literatura buena o no, pero quizá sí esas cosas hagan que sea relevante o no, y no es que tu lugar de nacimiento, tu biografía, tu género, tu color de piel, o todo lo demás te legitime o no a escribir, pero quizá sí te legitime o no a escribir desde determinado lugar, mirada, voz, puede que al final la literatura sea desde qué lugar, mirada, voz escribes sobre qué Historia, política, cultura y eso hace relevante y/o legítima esa escritura, ese texto, esa literatura, luego que sea poderosa eso ya es uno, si tiene el poder o no, si lo persigue y lo alcanza o no, quizá Eduardo Ruiz Sosa, además de la coyuntura, además de la legitimidad para el tema relevante, ha alcanzado aquí la escritura poderosa, pero si no hubiera reunido las tres o cuatro cosas (ya no sé cuántas son: calidad, relevancia, legitimidad, poderío, son cuatro) sin todo a la vez, todo da igual, no sirve, no vale con uno de los elementos, o encaja todo o es nada, es triste, pero creo que es así, esto no lo justificaré pero lean este libro y creo que lo verán igual, y de esto hablaba yo con Pablo Cerezo el 15 de abril después de la presentación de Eduardo de este mismo libro en Pérgamo, y él fue, Pablo, quien me recomendó con tanto fervor este autor (a mí y a todo Madrid, creo) y quien charlando me hizo ver esto del tema y la legitimidad tan claro (y tan confuso), y la verdad, aunque sea feo y cursi y hasta un poco creo que inmoral o superficial, nos lamentábamos de qué lejos estamos de las posibilidades (a parte de del poderío y de tantas otras cosas) de escritores como Eduardo (y otras escrituras latinoamericanas actuales que todos podríamos nombrar), qué lejos de su relevancia y su legitimidad, y de sus temas y de la fuerza de su literatura, y también pensábamos, ya menos autocomplacientes, que quizá está bien también callarnos un rato y escuchar, y que a qué lamentarse de nada si quizá es tan sencillo como que, si uno siente que no tiene un tema relevante o sobre el tema relevante no siente tener legitimidad, callémonos y escuchemos a estos, que ya hay unos cuantos buenos y con eso basta, no hace falta que todo sea relevante, no finjamos que todo es legítimo, lo hay, está ahí, atendamos, escuchemos, y eso pensábamos, creo que coincidíamos Pablo y yo (y si no que ponga abajo un comentario refutándome) en que nos interesaba más callar y escuchar, atender a esta literatura, a este autor especialmente, y me empiezo a callar ya porque siento que mi voz, entre otras cosas, y para este tema, empieza a perder hace rato su legitimidad y sobre todo su relevancia. En cambio, Eduardo Ruiz Sosa sí tiene, lo tiene todo, así, leámosle, leámosle ya.
Sigue a Jorge Burón
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Jorge Burón
¿Qué opinas?
Sin comentariosReírse de las críticas
Por Jorge Burón
1 Podríamos estar de acuerdo en que la forma más lógica de responder a las críticas es reírse. Reírse de las críticas, de la crítica y de los críticos, me parece tan de sentido común que no merece mucho más devaneo.
La chica más lista que conozco, Sara Barquinero (Lumen, 2026)
Por Jorge Burón
Hipótesis: esta es la novela más perfecta que he leído desde que estoy escribiendo aquí y su autora muestra un dominio de la ficción que yo no he visto en ningún otro autor de nuestra generación.
El Valle de Silicio, Carla Nyman (Reservoir Books, 2026)
Por Jorge Burón
Ahí, en esos diálogos parece que se va a cifrar y levantar ese místico universo cibernético que se nos anunciaba.
Poesía otaku en el ciber-Perú
Por Elena Carmona
Somos unos animes que pasan/ temporadas largas/ en una misma pantalla en lucha.
Porcus Loquens
Por Fernando Gepé
¿Que por qué estamos todos incluidos en estos otrora ilógicos párrafos? Porque tenemos lengua, así de simple.
Reírse de las críticas
Por Jorge Burón
1 Podríamos estar de acuerdo en que la forma más lógica de responder a las críticas es reírse. Reírse de las críticas, de la crítica y de los críticos, me parece tan de sentido común que no merece mucho más devaneo.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Jorge Burón
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES