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La chica más lista que conozco, Sara Barquinero (Lumen, 2026)

También es, pienso yo, la novela más triste de nuestra generación, quizá porque es la primera con la madurez suficiente para ver nuestras ilusiones perdidas

19 de mayo 2026 · 1 comentario


Hipótesis

Esta es la novela más perfecta que he leído desde que estoy escribiendo aquí y su autora muestra un dominio de la ficción que yo no he visto en ningún otro autor de nuestra generación.

Demostración

§ 1

Como una novela del XIX, esta es una novela lenta y matizada, en la que ocurren de verdad cosas. No te dicen que han ocurrido, no te las explican, las ves ocurrir y desplegarse. Se toma tiempo, pasan cosas, antes y después y durante la trama, los personajes de verdad viven, de verdad evolucionan y cada etapa tiene su peso y sentido. El romance obvio no es tan obvio ni es romance, hay otro antes, no es algo claro y evidente qué es una “amiga”, en qué consiste esa relación, quién es amiga y quién no, y qué es la militancia, y qué significa ser coherente, y quién puede serlo, salir de la provincia y llegar a Madrid no es algo que ocurra de una vez, se tarda, hay idas y vueltas, complejos, vergüenzas. La lentitud, la elaboración sosegada no es un recurso superfluo, no es un gesto de coquetería o un truco fácil, es relevante para la protagonista pensar y transitar las etapas, se encarna en relaciones y experiencias, en este caso concreto, de la experiencia universitaria, desde primero hasta que acaba. Olvidamos que es una novela para ver desplegarse ante nosotros una vida, las ideas de Alicia y su trama. Igual que en una novela del XIX solo que con móviles y cubos de cerveza en Moncloa.

§ 2

Esto, su vívida representación, tiene que ver con un sofisticado uso del lenguaje, que además es muy poco visible. Se despliega un dominio absoluto de los recursos narrativos, pero la soltura total del estilo se percibe en su capacidad para pasar desapercibido. Ninguna frase resulta forzada, tampoco ninguna busca llamar la atención por su brillantez. Hay una especie de humildad prosística, por la cual la autora maneja el escenario sin que veamos cuerdas, ni poleas, ni árboles de cartón piedra, ni personajes tipo que cumplen una función ad hoc para sus intereses. Tiene la frase bajo control a cada instante, mide los efectos al mílimetro. La eficiencia sin artificios, mucho antes que la exhibición de estilo, son la prueba de su brillantez.

§ 3

Es tal dominio de la prosa el que le permite la matización emocional y capacidad pedagógica y crítica de la voz narrativa, garantizada por una distancia media, cercana pero no absolutamente pegada a la protagonista, y por una finura en la mirada, no explícita, sino analítica, que con ese paso atrás realmente consigue abarcar el conjunto sin perderse un detalle. Como una camarógrafa experimentada que nos hace ver todo, entender, juzgar, dudar y sentir curiosidad por todo lo que vemos, todo a la vez, y olvidar que las imágenes no vienen de la nada, sin recordar que esto es una representación, que alguien tuvo la soltura de encuadrarlas ahí y así, y sin que se le colara un solo destello de sol que quemara la película ni en un solo fotograma.

§ 4

Desde esa distancia media de la voz narrativa y la prosa siempre bajo control ahonda en los personajes y sus conflictos con interés genuino. Es desde ahí que esta novela de campus, sobre la universidad madrileña, la política, el sexo, los afectos y la filosofía (todos los ingredientes imaginables para preparar una sarta de tópicos buenistas y discursos panfletarios) consiga problematizar con profundidad en las tensiones entre poder, vergüenza, imagen y deseo llegando a matices complejos y reflexiones necesarias. Y utiliza para ello el brillante recurso de dar al enemigo los mejores argumentos.

§ 5

Comprender la complejidad del hombre inmundo no significa defenderlo, ni mucho menos darle la razón, sino poner a funcionar el teatro de la moral en toda su problemática y en el borde del conflicto verdadero, no el caso preparado para darnos la razón a quien ya sabíamos que la teníamos. Y por mucho miedo que dé a tantos profundizar en las razones de quienes obran mal, la autora, que sí se atreve, revela en voz de ellos el peligro de las ideas demostrando que solo son interesantes si asumimos hasta dónde nos llevan y sus consecuencias. No por ello es relativista, ni equidistante, ni una obra sin reflexión ética o despolitizada. Todo lo contrario. Primero, porque al argumentar con inteligencia no alivia la falta de quien la comete, sino que hace que resulte más repulsiva; segundo, porque enfocar la cara oculta del caso conocido hace que tome un relieve de realidad mucho más intenso y nítido en la lectura; tercero, porque muestra la verdadera complejidad de los procesos sociales, afectivos, sexuales, violentos, políticos y al obligarse a argumentar en contra puede entender realmente los procesos por los que atraviesa mentalmente alguien envuelto en un entuerto moral y mostrar sus aristas. Que un conflicto sea complejo no significa que todas las partes sean iguales, sino que la experiencia humana no es fácil de resolver; si lo fuera ya estaría resuelta. Y para investigar en esa experiencia y el problema moral no hay artefacto más poderoso que la novela*.

§ 6

Este recurso de utilizar la novela como campo de experimentación para las ideas filosóficas y en concreto del problema de la moral tiene un antecedente explícito en Iris Murdoch. La escritora irlandesa estudió Filosofía en Oxford y Cambridge, tuvo de maestro a Wittgenstein, y se especializó en la obra de Platón. El estado de la filosofía de la primera mitad del siglo XX no era muy propicio para una filósofa platónica, obsesionada con el concepto del Bien y el problema de la moral. Murdoch, en vez de conceder y dedicarse a ámbitos más propios de la época, tomó la decisión radical de llevar su pensamiento sobre estos temas al ámbito donde podían desplegarse y ponerse en acto, encarnarse en la vida de las personas y sus conflictos: la novela. Unas preocupaciones demodé como la moral, el amor y el bien, en un género literario que se empezaba a considerar agotado tras Joyce, Proust y Kafka, dieron la obra de una de las escritoras, novelistas y pensadoras más fascinantes y actuales de todo el siglo XX. No diría que La chica más lista que conozco es una novela platónica, para nada; ni tampoco estoy seguro de que trate acerca del Bien concretamente; pero el gesto de Iris Murdoch de llevarse las reflexiones éticas al campo de acción de la novela realista se ve replicado aquí de forma brillante, donde la trama, los personajes, el tema y los sucesos sirven para una reflexión y crítica profunda acerca de la moral. Dar los mejores argumentos a los enemigos precisamente para tener que enfrentarlos con todo el rigor es otro recurso de Murdoch, que tiene que ver con un interés profundo en comprender el problema antes que sentenciarlo, con una altura del pensamiento y el compromiso, y con una capacidad radical para representar todo el espectro social y humano, dando a todos una voz sólida y propia.

§ 7

Porque otra virtud de esta novela es que las referencias, citas y alusiones cultas, filosóficas, literarias, bibliográficas en general, que abundan en el texto, no son en absoluto gratuitas ni un alarde pretencioso. No son chistes encriptados para iniciados ni claves secretas para reconocer a los verdaderos intelectuales, son influencias en un sentido profundo que operan a un nivel de trama, tema, psicología o moral, y son igual de eficientes para el lector que las puede entender y contextualizar que para aquel que disfruta de este texto por sí mismo (único sentido verdadero de usar referencias, que sirvan al texto). De hecho, hay otras referencias no mencionadas y son incluso más profundas en el texto. Me interesan especialmente las literarias: La letra Escarlata quizá obvia, algo del diálogo filosófico-social de Thomas Mann, algo de la crítica política y educativa desde la narración de Natalia Ginzburg, la ya mencionada Murdoch en general y La máquina del amor sagrado y profano en particular, los relatos del final de la vida Flaubert: Un corazón sencillo en alusión a Penny y Las tentaciones de San Antonio a la protagonista Alicia, fuerte Philip Roth en su capacidad para representar y vincular profundamente acontecimientos histórico-políticos presentes de gran escala con problemáticas biográficas de vidas anónimas; aquí en nuestro país, Álvaro Pombo y Carmen Martín Gaite por sus matices psicológicas y complejas relaciones interpersonales; y finalmente, y esta es la más aventurada, bastante Nabokov, tanto en el dominio casi despótico de la prosa como en la capacidad y deseo de adentrarse en lo más oscuro y profundo del deseo, el afecto, el maltrato y la ambigüedad moral. Todo ello dibuja, para mí, lo fuertemente enraizada que está esta novela con la mejor tradición de la novela realista y moral.

§ 8

Así, la crítica que hace este libro a un sistema de ideas y valores, como hacen las buenas novelas, está construida, elaborada en la estructura, pero no dicha ni explicada. Se esgrimen los argumentos, se representa una historia donde se denuncia un sistema de ideas y una maquinaria institucional, pero se hace en el nivel de la composición, de las dinámicas entre personajes, y el desarrollo de la trama, no en discursos explícitos puestos en boca de quien sea para decir lo que ya sabemos todos que piensa cada quien. Levanta así la autora una novela de época, política y social, donde cada personaje, muchas escenas y algunas grandes reflexiones resultan memorables además de hacernos pensar. Y también es, pienso yo, la novela más triste de nuestra generación, quizá porque es la primera con la madurez suficiente para ver nuestras ilusiones perdidas, con empatía y lástima por los ingenuos emocionados que fuimos en un tiempo, pero también con desesperación y rabia por los seres infectos que años después siguen ahí. Y por obligarnos a pensar que a veces no está tan claro quién es quién, y de qué lado caemos nosotros.



*Observación I: Resulta habitual que las mejores exposiciones argumentales y críticas políticas se elaboren con las herramientas técnicas y teóricas de la propia sociedad que se critica. Esta novela no mueve en nada la frase, ni el léxico, ni el imaginario de la representación realista psicológica, ni la estructura narrativa de la ficción clásica. Con todas sus armas y dominándolas como nadie ataca hacia dentro el universo que produjo esas mismas armas. [Es un caballo de Troya, pero la forma queda intacta. ¿O acaso no podríamos cambiar Hipótesis por Partes, Demostraciones por Capítulos, Observaciones por notas al pie o paréntesis digresivos, exactamente como en Víctor Hugo o Balzac? Digamos que el discurso y representación del conflicto es de una claridad, precisión y fileza tradicional. Así, desde dentro del artefacto por antonomasia de la racionalidad y la ética del mundo que denuncia, desde la novela realista, hace un ataque preciso y mordaz a todo el sistema de poder y valores, dejando intacto el artefacto.

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