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Juan Tallón: «Rendirse no siempre es fracasar»
Creemos que el tiempo es nuestro, pero cada vez lo administran más otros.
8 de julio 2026
Creemos que el tiempo es nuestro, pero cada vez lo administran más otros.
En Mil cosas (Ed. Anagrama), Juan Tallón retrata una sociedad incapaz de detenerse. Un solo día basta para hablar de productividad, cansancio, redes sociales, calor, culpa y tiempo. En esta conversación, el escritor reflexiona sobre una época que ha confundido lo urgente con lo importante y reivindica parar y pensar, algo cada vez más difícil.
¿En qué momento dejamos de distinguir lo importante de lo urgente?
No ocurre de golpe. Vamos acumulando responsabilidades hasta que todo parece urgente. Asumimos que podemos con todo y dejamos de poner límites. En esa avalancha, lo importante, lo que realmente sostiene la vida, queda oculto porque no reclama atención inmediata.
Un día da para mucho, se ve en el libro.
A veces bastan unas horas para entender cómo está viviendo alguien. ‘Mil cosas’ concentra en un día esa presión constante por hacer, producir y no detenerse nunca. Alargar ese ritmo durante más tiempo habría hecho la novela casi insoportable.
Escribiste muy rápido, teniendo otra novela entre manos. ¿Y esto?
Se me impuso como una necesidad. Estaba escribiendo otra novela y entendí que esta tenía que hacerla de una sentada para no perder el tono. Sólo conocía el final, el resto lo fui descubriendo mientras escribía.
El calor está presente todo el rato. Me recordó a ‘El extranjero’, de Camus.
Quería que el calor actuara como un personaje más. Igual que en ‘El extranjero’, no hacía falta nombrarlo continuamente, bastaba con que impregnara la atmósfera y condicionara la lectura.
¿La mayor trampa de nuestro tiempo es creer que podemos con todo?
Nos han convencido de que no hay límites y eso nos desgasta. Hay cosas que simplemente no podemos hacer y no pasa nada por aceptarlo. Lo importante es preservar el equilibrio, no demostrar que somos capaces de todo.
¿Nos han hecho sentir culpables por no hacer nada?
Parece que descansar exige una justificación, cuando no hacer nada también es saludable. Mirar por la ventana, leer o aburrirse forman parte de una vida equilibrada. No tenemos que ser productivos todo el tiempo.
¿Rendirse tiene peor fama de la que merece?
Sin duda. Rendirse no siempre es fracasar. A veces es reconocer que una batalla ha podido contigo y elegir otra. Lo importante no es resistir a cualquier precio, sino cuidar la salud y el equilibrio.
Dice que no estamos siendo dueños de nuestro tiempo.
Creemos que el tiempo es nuestro, pero cada vez lo administran más otros. Más allá del trabajo, cedemos horas a dinámicas como las redes sociales, que capturan nuestra atención sin aportarnos un bienestar real. Cuando levantas la cabeza, ese tiempo ya ha desaparecido.
¿Somos una sociedad siempre cansada?
Nunca habíamos vivido objetivamente tan bien y, sin embargo, arrastramos un gran cansancio físico y mental. Muchas veces ni sabemos explicar por qué estamos mal hasta que las costuras acaban cediendo.
¿Vivimos demasiado deprisa?
Hemos perdido la capacidad de detenernos. Parece que siempre hay algo pendiente y apenas dejamos espacio para pensar, descansar o aburrirnos. Esa aceleración constante acaba convirtiéndose en una forma de vida.
Ha dicho alguna vez que el problema es hacer cosas. Pero usted no deja de hacerlas. ¿Cuál es el truco?
En realidad ahora hago muchas menos. Dejé atrás la etapa de las mil colaboraciones y hoy dedico la mayor parte del tiempo a leer, pensar y escribir. La rutina tranquila es una condición imprescindible para mi trabajo.
Los personajes de ‘Mil cosas’ viven acelerados, pero usted parece haber encontrado otro ritmo. ¿Cómo se consigue?
He construido una vida con pocas interrupciones y mucho espacio para la rutina. Que un día se parezca al anterior no me preocupa, al contrario, esa calma me permite escribir.
¿Más escritor o periodista?
Siempre quise ser novelista. El periodismo apareció como la forma de vivir de la escritura sin alejarme de esa vocación. Hoy sigo escribiendo en los periódicos, pero mi lugar natural está en la novela.
Defiende el derecho a contradecirse. ¿Cómo convive eso con releerse?
Cambiar de opinión forma parte de la vida. Intento ser coherente en lo esencial: la dignidad y el respeto a los demás. En muchas otras cosas escribo, precisamente, para averiguar qué pienso.
Sus novelas tienen algo que hace difícil dejarlas a medias. ¿Es buscado?
Trabajo mucho la dosificación de la información. Siempre intento que haya algo oculto, una incertidumbre que empuje al lector a seguir avanzando. Ese misterio forma parte del ritmo de mis novelas.
¿Le preocupa quedarse algún día sin historias?
Nunca me ha pasado. Casi siempre termino una novela con otra ya instalada en la cabeza. El problema nunca ha sido qué escribir después.
En sus libros siempre hay humor. ¿Nos tomamos demasiado en serio?
El humor forma parte de mi manera de mirar el mundo. No es una decisión consciente, sale de forma natural. Como mucho puedo graduarlo, pero no renunciar a él. Creo que ayuda a comprender mejor la realidad y toda novela debería reservarle un espacio.
Después de ‘Obra maestra’, que dará el salto al cine, ¿cree que ‘Mil cosas’ también podría funcionar en la gran pantalla?
Puede tener potencial porque es una novela muy visual y con mucho ritmo, pero nunca escribo pensando en una adaptación. Si algún día llega al cine, será una consecuencia, no un objetivo.
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