__MESSAGE__
Tiempo de fresas
El fresal no está dando mucho estos últimos años, lo que hace que toda pieza mordida sea disfrutada, quizá, como la última.
3 de julio 2026
Las fresas están tan apegadas a mis orígenes, a mi niñez y a mi vida que es imposible no recordar de dónde vengo con cada bocado. Esa pequeña fruta de un rojo instinto -del mismo color que las uñas de las mujeres a las que uno quiere-, moteada de aquenios diminutos y coronada por un cáliz bruñido para llevárnosla a la boca es de lo más rico que uno se puede comer. El buen tiempo llamando a tu paladar, un baño de sabor en uno o dos bocados, lacerteza de que otro junio más seguimos celebrando la vida.
Hablo aquí de la fresa de Candamo -no de estos fresones enormes y dopados que todo lo que dan al ojo lo pierden en el sabor y su textura-, que sin ninguna duda es la mejor que existe. Otra cosa es su disponibilidad y la capacidad para encontrarla y que no les den gato por liebre.
Paso los veranos, aunque ya menos, en San Román de Candamo -donde nació mi abuelo y mi madre- y desde siempre he visto fresas en mi casa o en la de mis vecinos. Hace años, a modo más particular, plantadas para la familia y amigos; y desde hace no mucho con una producción más profesional orientada al mercado. Cada euro que les pidan por ellas está más que justificado y vale absolutamente la pena.
Las tenemos en la huerta, y cuando estoy allí me sorprendo observándolas varias veces al día. Buscando un nuevo brote, tratando de cuidar ese fruto aún verde, luchando por disfrutar de ellas antes de que los pájaros o algún insecto se hagan con su botín.
El fresal no está dando mucho estos últimos años, lo que hace que toda pieza mordida sea disfrutada, quizá, como la última. Esta espera desde que la planta verde es hundida en la tierra hasta que mordemos la recompensa, es la victoria de la paciencia, del cuidado, del esfuerzo, de la naturaleza, de la familia, de la cultura, de Candamo. Son aquellas fresas que chupaba de pequeño en brazos de mis padres o las veces que Jovita me las daba con leche y azúcar. Y eso es ahora lo que yo doy a probar a otros. Es la transmisión de un linaje y una historia gracias a los frutos de una tierra. Porque en una fresa no sólo hay una cosecha, también viajan una familia, una tierra y una forma de estar en el mundo.
¿Qué opinas?
Sin comentariosGonzalo Suárez, a quien nunca le bastó la realidad
Por Álvaro Boro
Qué pena tan grande, se ha muerto Gonzalo Suárez. Un tipo con tanta vida que rebosó todos los márgenes y todas las peripecias antes de haber cumplido los treinta.
Hay fines de semana que caben enteros en una barra
Por Álvaro Boro
Un sábado cualquiera puede empezar saliendo a mediodía y que poco a poco, aquello se convierta en un vermut torero y termine bastante después de lo previsto.
Eduardo Jordá: «Dylan es equivalente a Mozart»
Por Álvaro Boro
Bob Dylan se ha comido a Bobby Zimmerman. Existe como un fantasma, oculto dentro de las múltiples máscaras e identidades que Dylan ha ido adoptando por su temor a ser escrutado por el público. Dylan ha construido muchas identidades para protegerse de esa mirada ajena que tanto le aterroriza.
Hay fines de semana que caben enteros en una barra
Por Álvaro Boro
Un sábado cualquiera puede empezar saliendo a mediodía y que poco a poco, aquello se convierta en un vermut torero y termine bastante después de lo previsto.
La cuestión nacional de la tortilla de patata
Por Álvaro Boro
La fábrica que hace las de Mercadona produce ochenta millones de tortillas al año. Manda huevos que, en la comida que más define al país, nos dejemos embaucar y la vagancia, el conformismo y la desidia nos hagan contentarnos con sucedáneos.
O Loxe Mareiro, entre el mar y el cielo
Por Carmen Badía
Una crónica altamente degustable del restaurante del verano, O Loxe Mareiro, un rincón irreplicable de Carril que pone en valor la riqueza de la ría de Arousa.
Suscríbete a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES