__MESSAGE__
Abrir la cocina es abrir el corazón
Este modo de vida se estructura frente a una mesa, en relación a la comida y junto a nuestras amistades.
31 de julio 2026
Cocinar para los demás, invitar y recibir en casa a familiares y amigos es uno de los actos de amor más sublimes. Una forma primitiva y mundana de tratar de satisfacer las necesidades de quienes nos rodean mostrando todo el afecto que les profesamos y la importancia de su existencia en la nuestra. Se enciende el fuego desde la entrega absoluta para sellar una alianza fraternal y reforzarla.
El verano es la época perfecta –aunque todas lo sean– porque el tiempo permite celebrar todas estas francachelas al aire libre, bajo un cielo azul y el sol radiante; ya que la miserable rutina y la nimiedad de la mayoría de nuestras casas nos limitan las convocatorias. Y esos días claros que prolongan el ocaso hasta la eternidad se crearon para ello.
Pescados, parrillas, arroces, ensaladas, frutas, helados… Una variedad sin igual de comida se despliega en las mesas de verano, unos bocados que buscan siempre la frescura, un cierto toque de salinidad y una ligereza que se ve vencida por la voracidad que nos da el hambre de la diversión.
Esa “dieta moral del Mediterráneo”, que escribió Manuel Vicent, no es sólo una forma de comer, sino más bien una forma de vivir: “Dejar que pasen dulces horas hablando con los amigos, saber que los mejores placeres se producen siempre antes de traspasar los límites, aceptar el caos con naturalidad, adorar la superficie de las cosas”. Algo que yo –con toda humildad y ningún afán de remendar las palabras del Maestro– extendería a todo el país, porque lo mismo se da en Gandía que en Sanxenxo, que en Zahara de los Atunes o en Ribadesella.
Este modo de vida se estructura frente a una mesa, en relación a la comida y junto a nuestras amistades. Abriendo nuestras casas de par en par, celebrando ese servicio y dedicación a los nuestros como el mayor y mejor acontecimiento; porque lo es. Abrir la cocina es abrir el corazón, es abrazar al otro y apretarlo tan fuerte que lo fundimos en nuestro pecho y le mostramos nuestro interior, la verdad de lo que somos.
Un hecho que ya es tradición para muchos, porque lo vimos desde la cuna cuando llegaban a casa unos y otros y juntos comían y bebían celebrando, un verano más, la vida. Ese “No debería, pero voy a repetir” o aquel “Bueno, ponme otra copa de esto tan rico”. Y como, por el momento, aquí seguimos los que les sucedemos, resistiendo, vamos ganando.
¿Qué opinas?
Sin comentariosSM 26: Tan poco lunes
Por Álvaro Boro
Este lunes mateíno es quizá uno de los menos lunes del año.
SM 26: Consumiciones como puñaladas
Por Álvaro Boro
No acabo de entender la querencia por la terraza y tenernos a todos bien estabulados. Las fiestas tienen que vivirse por la calle, con cierto caos y afluencia torrencial.
La cuestión nacional de la tortilla de patata
Por Álvaro Boro
La fábrica que hace las de Mercadona produce ochenta millones de tortillas al año. Manda huevos que, en la comida que más define al país, nos dejemos embaucar y la vagancia, el conformismo y la desidia nos hagan contentarnos con sucedáneos.
La cuestión nacional de la tortilla de patata
Por Álvaro Boro
La fábrica que hace las de Mercadona produce ochenta millones de tortillas al año. Manda huevos que, en la comida que más define al país, nos dejemos embaucar y la vagancia, el conformismo y la desidia nos hagan contentarnos con sucedáneos.
O Loxe Mareiro, entre el mar y el cielo
Por Carmen Badía
Una crónica altamente degustable del restaurante del verano, O Loxe Mareiro, un rincón irreplicable de Carril que pone en valor la riqueza de la ría de Arousa.
El mercado de los que trabajan la tierra
Por Álvaro Boro
Entre bragas, calcetines, libros de saldo, bisutería al más puro estilo Zapatero o quincalla a precio de oro, uno puede encontrarse en muchos mercadillos asturianos a mujeres y hombres —tradicionalmente ellas, ahora ya está mucho más equilibrado— que venden su cosecha directamente, sin intermediarios. Uno puede comerse un tomate con su carne tersa y un olor intenso que la tarde anterior fue arrebatado de su planta o, por ejemplo, unos kiwis magníficos que los abuelos de mi colega Litos recolectaron esa misma mañana en su finca de Las Caldas.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro Boro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES