__MESSAGE__
Goodreads me llama tonta
Mis amigas son mucho más listas y más divertidas que el algoritmo.
10 de junio 2026
Mis amigas son mucho más listas y más divertidas que el algoritmo.
Yo leo mucho. Es una cosa que tienes que saber de mí y que me aseguraré de que sepas. Yo leo. Soy muy lista, muy culta, muy inteligente, muy leída. Tengo la casa llena de libros. Incluso tengo uno publicado. Leo porque me gusta leer, leo porque soy hija única y una tiene que aprender a ahuyentar la soledad, leo porque quiero ser lista, porque quiero ser mejor escritora, porque quiero ser virtuosa. Leo porque quizá eso me salvará. Seguro que sí. Estoy a puntito.
En 2025 me hice una cuenta de Goodreads. Antes de eso, apuntaba lo que leía en las notas del móvil. Antes de eso, en un papel que metía en mi archivador del instituto. A mí me gusta contabilizar cosas, sobre todo las que me hacen sentir bien. Quizá por eso decidí también (dos carreras, eh, ¿has visto lo lista y leída que soy?) estudiar economía (que resultó no ser solo hacer listas divertidas sino un crash course en turbocapitalismo, pero eso es un tema para otro día).
Me abrí una cuenta en Goodreads por cotilla. Por cotilla y exhibicionista. Dos cosas que soy, de las que no me avergüenzo, y que intento incluso potenciar en la medida de lo posible. No soy una persona con un excesivo joie de vivre, pero lo intento. Y si algo me genera esa especie de alegría informe por la vida es saber cosas inútiles de otra gente. Qué están leyendo. Qué color de pimiento es su favorito. Por qué no se hablan con su madre. Esas cosas. Otra cosa que me genera una especie de pulsación acelerada es contarle mis cosas a la gente. Qué estoy leyendo. Por qué me dan asco los ombligos. Cuántos litros de salsa de soja ingerí el año pasado. Todo eso.
Entonces me abrí una cuenta de Goodreads y empecé a registrar todo lo que leía. Le ponía estrellas a las cosas. Me leía las reseñas de mis amigas y las reseñas de personas que no son mis amigas pero cuyos hábitos lectores me interesan. A ver qué has pensado de este libro. Este tiene buen gusto. Este tiene malísimo gusto. Este se lo está inventando. Todo eso.
Claro, otra cosa que hice fue ponerme una meta. La de 2025 fueron 80 libros. Acabé leyendo 90. Lo que os decía: soy tan lista. Asquerosamente lista. ¿Me odias? ¿Desearías ser yo? Espero que sí. Eso es lo que me mueve por la vida.
Es cierto que yo leo mucha poesía. La poesía, por supuesto, es de personas elevadísimas, y además se lee muy rápido. Un día le dije a mi padre “buah, he leído muchísimos libros este mes” y levantó una ceja y me dijo “¿y cuántos eran poemarios?”. Él, claro, había leído mucho menos, porque se estaba leyendo un libro sobre estadística bayesiana o noséqué. Tampoco es culpa mía haber tomado mejores decisiones vitales (esto es broma, papá, la estadística es maravillosa).
Este año decidí que mi meta serían 85 libros. Cuando se lo dije a mi novio, me preguntó si mi meta era leer cinco libros menos cada año hasta llegar a cero. Le dije que había que ponerse una meta asequible. Que a 85 seguro que llegaba, que los pasaría, que me sentiría muy bien el 31 de diciembre mirando la lista kilométrica de libros que había leído. Qué lista fui este año. Soy imparable. Una pura máquina de intelecto.
ESTABA EQUIVOCADA. Entro a Goodreads y me dice que voy ocho libros por detrás. Ocho. Soy una desgracia. Una decepción. Soy una impostora y se van a dar todos cuenta.
¿Cómo pretendo yo a este paso ganar el Nobel de Literatura? ¿El premio Pulitzer? ¿Que las booktokers de moda hablen de mí con ojitos de amor? Nada de eso se puede ya. Es demasiado tarde para salvarme. Goodreads ha hecho su juicio: voy por detrás. Decididamente, ya no soy tan culta. Soy incluso un poco tonta.
A veces, cuando la gente me pregunta: ¿Cómo lees tanto? (me paran por la calle para preguntármelo, me envían palomas mensajeras, me hacen señales de humo — el pueblo quiere respuestas)— yo quiero responder porque soy una pija y estoy ociosa. Soy una pija, como lo son todas las chavalitas que leen mucho porque tienen tiempo y posibilidades y energía para leer mucho. Una pequeñoburguesa. Una moderna. Una jipi de las malas. Sabes de lo que te estoy hablando. Probablemente lo seas tú también. It’s fine. Compra mi libro; eso te salvará moralmente.
Lo que suelo responder es porque no tengo más hobbies y porque leo libros muy cortos y porque no he tocado césped en mi vida. Todo eso es cierto. Y entonces ahora miro mi aplicación de Goodreads y me llama fracasada y yo quiero montar un pollo. Fracasada quien yo te diga. Que no sabes la cantidad de papers que me he leído este año. Papers y apuntes y ¿tú sabes lo que hay que tener para citar un poema en danés en un examen de filosofía contemporánea?
Goodreads me llama tonta. Y yo miro el móvil y pienso que igual es verdad. Pero rápidamente pienso que no, que no lo soy. Que he leído menos, pero he hecho más de otras cosas. Y, sobre todo, he leído menos y nunca he dejado de pensar que leer es importante. He leído menos mientras no caía en el discurso antiintelectualista He leído menos libros, pero nunca he dejado de leer artículos, ensayos en Internet, relatos que me pasan mis amigos en una pantalla rota del móvil.
Ayer, una chica que desearía fuera mi amiga pero creo que no lo es me preguntó si tenía mascotas. Le dije que no. Dije “soy vegana porque los respeto, pero los animales me dan una pereza que te cagas. Sé que es raro”. Ella me dijo que no era de rara, sino de buena persona.
Pienso que la relación con la literatura debería ser un poco así. No todos podemos leer miles y millones de libros. Menos aún, leerlos y prestarles la atención que merecen. Está bien. A veces leemos cosas valiosísimas, que nos enseñan y nos cambian y nos hacen más amables o más combativos, y a veces leemos menos de lo que desearíamos. Está bien. Lo importante es no comerte al perro aunque te moleste que te chupe la pierna. ¿Sabéis lo que digo?
Quizá no siempre tiene que haber un profe de literatura aplaudiéndonos y diciéndonos que somos la chica más lista y más leída de clase. Pero quizá tampoco deberíamos olvidar a ese profe haciéndonos entender lo poderosa que es la literatura. No podemos siempre ser las mejores, pero quizá sí deberíamos intentar siempre ser un poquito mejores. No mejores que otros. No necesariamente más leídas. Mejores que el día anterior, como si nos importara que el mundo fuera un lugar menos cruel. Algunos días más listas, otros más amables, otros quizá simplemente con un poco menos de dolor de espalda. Algunos días basta con ser menos mezquina que el día anterior.
Y aunque la estantería tenga más polvo del que nos gustaría, lo importante es que sepamos que su valor es muy alto. Que los libros no son solo portadas bonitas y posible combustible para un fuego. Lo importante es que nos alegremos de que existan. Que queramos que haya ferias del libro aunque no tengamos ni tiempo ni aguante al calor para ir. Lo importante es que este medio nos siga sosteniendo. Que sostenga las ideas, los debates, la posibilidad del cambio.
Lo importante es que no nos callemos, y que no queramos que otras lo hagan, aunque sepamos que nuestra lista de libros por leer es ya demasiado larga. Lo importante es que seamos unas petardas. Que Goodreads nos llame tontas pero sepamos que no, que no lo somos. Que la vida está muy llena y a veces no todo cabe. Pero que queramos llegar más allá. A las palabras que no conocíamos, a las ideas que nos chocarán y quizá nos harán ver las cosas de otra manera, a la posibilidad de que el mundo sea mejor, o al menos, menos malo.
Hace unos meses, un profesor me preguntó si estaba leyendo a Hegel. Le dije que no, sin excusa alguna. Me fui a casa a cenar con mi novio y debatir sobre la pertinencia de hablar de macroeconomía en el Imperio Romano. Hoy podría leer a Hegel. Podría, pero voy a irme al gimnasio a intentar y no ser capaz de hacer una dominada. Después me iré de fiesta. En el Metro me terminaré un libro con el que no estoy de acuerdo. El autor es un petardo. Good for him. Cuando me lo acabe, Goodreads me mandará un correo electrónico en el que me preguntará What’s next. Lo que vendrá después será una cerveza en un bar gentrificado abrazando a mis amigas, que son mucho más listas y más divertidas que el algoritmo de Goodreads. That’s what’s next. Son todas unas petardas. Por eso las quiero tanto. Espero que no se callen nunca.
Sigue a Irene Díaz Lázaro
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Irene Díaz Lázaro
¿Qué opinas?
Sin comentariosTexto negro sobre fondo blanco
Por Irene Díaz Lázaro
En la carrera curso una asignatura que se llama “Filosofía y Género”. Llevo teniendo ganas de sentarme en esas clases desde que entré a la universidad. Cuando lo hago, el mundo me parece un lugar más amable. Hasta que deja de serlo. Hasta que la asignatura requiere hablar de la violencia.
Performando al máximo nivel
Por Irene Díaz Lázaro
Yo no elegí ser guay, a mí me tocó. ¡Y ahora me atacáis por estar fingiendo! Vivimos en el panóptico.
Cuando vengas a Madrid, chulona mía
Por Irene Díaz Lázaro
Uno de mis grandes temas últimamente es dónde una se ubica con respecto a la ciudad
El paisaje es un grito, Eduardo Ruiz Sosa (Candaya, 2026)
Por Jorge Burón
Otro de los aspectos relevantes de esta novela es el de la voz legítima para hablar de un determinado tema relevante (la relación entre esto y este autor, ahí se juega el texto), un problema (el de quién es la persona que ha escrito el libro) que me he esforzado tanto tiempo por evitar (aunque teniéndolo siempre muy presente, incomodando)
Poesía otaku en el ciber-Perú
Por Elena Carmona
Somos unos animes que pasan/ temporadas largas/ en una misma pantalla en lucha.
Porcus Loquens
Por Fernando Gepé
¿Que por qué estamos todos incluidos en estos otrora ilógicos párrafos? Porque tenemos lengua, así de simple.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Irene Díaz Lázaro
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES