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Mormonismo multimedia
Esta obsesión mía por un movimiento que fue fundado antes de ayer ha sido engordada con las cuatro temporadas de The Secret Lives of Mormon Wives
16 de julio 2026
Esta obsesión mía por un movimiento que fue fundado antes de ayer ha sido engordada con las cuatro temporadas de The Secret Lives of Mormon Wives
Si pudiera hacer una estimación aproximada de las horas que he pasado viendo, escuchando o leyendo contenido sobre mormones, creo que el número superaría con creces a las horas que estuve matriculada en cualquier asignatura de mi etapa universitaria. Tal es mi fascinación morbosa por la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (su nombre oficial) que, cuando veo un par de camisas blancas de manga corta abrochadas hasta arriba, pantalones negros y pines relucientes con las siglas LDS grabadas en plateado, me sobresalto como si me hubiera cruzado con el famosillo de turno.
Esta obsesión mía por un movimiento que fue fundado antes de ayer1 ha sido engordada con las cuatro temporadas de The Secret Lives of Mormon Wives, un reality sobre las vidas de nueve mujeres que, además de mormonas y madres jovencísimas, también son influencers de TikTok. La primera temporada parte del escándalo en el que se sumió este remolino de extensiones, ropa nude y ácido hialurónico tras saberse que varios matrimonios del grupo practicaban soft swinging, es decir, intercambio de parejas superficial, sin penetración2. La gracia del programa se encuentra en esa tensión constante entre los dictados de la fe que sus protagonistas dicen albergar y las peleas, infidelidades, divorcios, confesiones (en definitiva, entretenimiento) que regalan a las cámaras. Si lo pienso en profundidad, estar enganchada a un reality de mormonas me debería resultar tan delirante como decir que no puedo parar de ver el Máster Chef del Opus Dei o la Ruleta de la Suerte Budista. Y aun así, los productos relacionados con esta agrupación del cristianismo en su versión más estadounidense son tan numerosos e influyentes que nos estamos tragando literalmente sus ideales, a veces sin darnos cuenta.
La marca de galletas Crumbl fue fundada en 2017 por dos primos mormones que supieron ver el hueco de mercado que dejaban sus sagradas escrituras. Los mormones tienen prohibido tomar café, alcohol y fumar tabaco, por lo que les quedan pocos vicios disponibles; uno de ellos, el azúcar. Cada galleta monstruosa de la marca Crumbl contiene las calorías equivalentes a dos pechugas de pollo, todas las semanas sacan nuevos sabores y se han vuelto tan virales que tienen colaboraciones con artistas como Olivia Rodrigo o las hermanas Jenner. El negocio de los refrescos es igual de fructífero y han sabido darle una vuelta con el invento de la dirty-soda, la mezcla de bebidas carbonatadas como Coca-Cola con crema de coco o jarabe de frutas. Que no nos extrañe ver dentro de poco una futura sede de Crumbl o de estas dirty-sodas en alguna calle de Malasaña, capaz de atraer a colas de gente deseosa de comprar estas delicias mormonas llegadas desde el Lejano Oeste y grabar un vídeo reacción mientras las prueban.
¿Las empresas a las que puedes encargar un test de ADN que te confirme ese 1% polaco que llevas en la sangre? También mormonas. Como ellos practican el bautismo vicario por inmersión, es decir, que pueden bautizarse en nombre de otras personas fallecidas para que sus almas vayan al cielo mormón, les interesa saber qué partes de su ascendencia necesitan una lavadita espiritual. Con esta misma lógica de salvación por bluetooth se han hecho bautismos masivos por figuras como Ana Frank, Michael Jackson o Marilyn Monroe. Todo esto sucede dentro de los templos, esas estructuras blanquísimas, como hechas con tapas de dentífrico, a los que los propios miembros de la Iglesia no pueden acceder sin una recomendación y entrevista de dignidad previas. El secretismo que rodea los templos tiene un caché mediático impresionante, caldo de cultivo de los mejores documentales de true crime que yo haya visto.
Otra cosa curiosa de la doctrina mormona es el amplísimo espectro de fundamentalismo en el que se asientan sus miembros. Como decía, están las influencers polioperadas que viven en una granja autogestionada, reposteras incansables que hacen pan de masa madre en tutoriales para YouTube, como es el caso famoso de Ballerina Farm, pero también están los preppers que, temiendo cercano el día del juicio final, prefieren “educar” a sus hijos en casa, cuando no los encierran directamente en un búnker atestado de latas de conserva. Y también están las comunidades más tradicionalistas, que se siguen vistiendo como pioneros del s.XVIII, refugiándose entre las montañas rojizas de Utah para practicar la poligamia y rifarse a niñas de doce, trece años como si fueran la moneda de cambio en una red de fieles pederastas. Y lo más sorprendente es que todas estas variantes son igual de mainstream: ya sea en un reel, un documental de Netflix, una novela, un reality o un musical de Broadway, todas están debidamente representadas. Y yo no me pierdo ni una.
Desde hace ya un tiempo se está usando el término “espiritualidad líquida” para hablar de las tendencias new age que combinan licuados de hinduismo con prácticas esotéricas y teorías sobre energías y piedras mágicas. Pero de momento, que yo sepa, el mormonismo es la única doctrina que ha conseguido que el ser influencer, vender tus productos healthy y explotar a tus hijos en internet sea para sus miembros una parte esencial de la misión evangelizadora. Una iglesia neoliberal y turbocapitalista con millones de seguidores que está invadiendo el mercado y los medios culturales hasta influir en la política estatal y federal de EE. UU. en temas como el aborto. Institucionalizada hasta tal punto que en lugares como Utah, la policía, los jueces, maestros y sanitarios son mormones. Por superficie, es como si trazáramos una línea de Salamanca a Castellón, y de ahí para abajo, toda España fuera mormona. Por no hablar de otros estados como Idaho o Nevada, que también son parte del cinturón mormón que atraviesa el país —y que cada vez le aprieta más las costillas—.
Si la Iglesia de los Santos de los Últimos Días es otra dimensión más de la caricaturización global de los yanquis, al mismo nivel que el 4 de julio o la sanidad privada, no lo podría asegurar. Por el momento, me conformo con estar informada. Y si mañana resulta que llega la Segunda Venida de Jesucristo, todo este mormonismo multimedia me habrá servido de algo. O no, Dios sabrá.
Bibliografía obligatoria:
Keep Sweet: Pray and Obey (2022, documental)
Trust Me: The False Prophet (2026, documental)
Devil in the Family: The Fall of Ruby Franke (2025, documental)
Por mandato del cielo (2022, serie)
The Secret Lives of Mormon Wives (2024, reality show)
The House of my Mother: A Daughter's Quest for Freedom de Shari Franke (no ficción)
Una educación de Tara Westover (no ficción)
Yesteryear de Caro Claire Burke (novela)
1 Concretamente en 1830 por el profeta Joseph Smith.
2 La de volteretas que da esta gente en la cama para evitar el pecado mortal —soaking, jump humping— debería recopilarse en una especie de kamasutra alternativo, pero eso es otro tema.
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