Costumbres

Bienvenida, Carmencita

Qué caprichosa es la vida, Carmencita.

15 de julio 2026


Durante los primeros días de julio todos andábamos intranquilos, expectantes. Sabíamos que aquello estaba al caer. Tachábamos los días en el calendario para la venida de Carmencita, la primera criatura del grupo. Un cante a la vida a pleno pulmón. Un llanto agudo en las primeras horas que no va a recoger nada más que alegría en toda la ciudad. Bueno, en ambas.


Porque Carmencita no lo sabe todavía, pero le ha tocado la lotería por muchos motivos. Como los vinos buenos, su gestación ha sido única. Una mezcla perfecta entre dos lugares únicos en el mundo. La brisa salada de Cádiz le dará una versión más marinera de sí misma –no existe un nombre más marinero que Carmen–, mientras que su rama cordobesa le dará esa parte hospitalaria de quien abre su patio, su casa, a los demás. Carmencita es Falla y Julio Romero. Es el río y el mar. La Viña y la Judería. La Caleta y la Mezquita. Una semana de feria y dos de carnaval. Una cruz con los suyos. Un pasodoble a capela a las tantas de la madrugada.


Carmencita se convirtió ayer en el milagro de la vida hecho carne. El azar –o las diosidades, como prefieran llamarlo– le ha dado la oportunidad a una persona más de acertar y equivocarse, pero sobre todo de emprender su propio camino. De estar en el mundo de la forma más libre que existe: a su manera.


Qué caprichosa es la vida, Carmencita. Llegaste un 7 de julio, el mismo día que muchísima gente espera con la mayor de las ilusiones por allí arriba. Mientras, por aquí abajo, estábamos deseosos de tenerte con nosotros desde hace ya nueve meses. Eras nuestra peregrinación. La pregunta recurrente a tus papás y la ilusión de toda una generación que ve cómo se hacen mayores pero que, con milagros como tú, la vejez les pesa menos. Porque tu llegada no es solo la sonrisa de todos, también es la eterna pregunta bajo el brazo de saber a qué hemos venido. De llegar a entender que muchas veces el “soy” no tiene ningún sentido si existe el “somos”.


Lo dicho. Bienvenida, Carmencita.


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