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No Sex #64: ¿Le cuentas a tu pareja los secretos de tus amigxs?
No generamos más intimidad con nuestras parejas sólo por ventilar intimidades de nuestros amigos
8 de julio 2026
A veces guardo artículos que leo para responderlos cuando se me crucen las ideas. Este fue el caso de un texto de British Vogue que decía: “Please, Stop telling your partners my secrets” y que no puedo estar más de acuerdo, querida Hannah Ewens.
Hay cosas, sencillamente, que tu novio no tiene que saber: como la relación de tu amiga con su madre, la discusión que tuvo con su pareja, que lleva semanas sin dormir o que vive acomplejada por el acné que intenta cubrirse con el maquillaje todos los días. Las amigas deben seguir siendo ese refugio insondable en el que descansar de toda posibilidad de cancelación. Y los secretos deben ser cuevas habitadas sólo por por las personas que sienten la necesidad de desvelarlos y sus interlocutores.
«I think it’s a peculiar extension of the contemporary romantic expectation that a partner ought to be a lover, best friend, business partner, sounding board and 24/7 RSS feed». Exacto, Hannah, ¿por qué una pareja tiene que serlo absolutamente todo? ¿Por qué tiene que saber todo lo que pienso? ¿Por qué querría saber el trauma infantil de mi amiga?*
Seguí mis pesquisas sobre el tema para definir lo que he llamado derechos, saltándome cualquier criterio sobre Derecho real, para representar el triángulo de mi defensa:
- Derecho a la lealtad: está permitido ser leal a tu amigo aunque lo que haya hecho sea de dudoso gusto, sentido común o inteligencia. Uno puede pensar que su amigo ha sido un completo idiota y decidir quedarse ahí a su lado apoyándolo sin hacer muchas preguntas.
2. Derecho a la intimidad: no se largan temas privados ante nadie: lo que ha ocurrido o lo que tu amigo siente debe quedarse en esa confesión hecha después de dos copas de vino.
3. Derecho al mutismo: una puede no contar lo que se ha hablado en una cena de amigas.
Creo que debemos entender, aunque cueste verlo, que no generamos más intimidad con nuestras parejas sólo por ventilar intimidades de nuestros amigos. «What strikes me is how easily this arrangement has been adopted, as though intimacy with one person requires the sacrifice of another’s privacy» dice Ewens. ¿Nos gusta contar lo mal que le va la relación al de al lado como forma sutil de reafirmar la propia? ¿Cuántas veces lo hemos podido hacer? ¿Cómo sé dónde está el límite entre el sano commenting** y el hecho de estar desvelando algo a traición? ¿Por qué me sale a borbotones este secreto íntimo si en realidad nadie me lo ha pedido?
Me lo pregunto porque quiero preservar a mis amigos, como si fueran flores proclives a marchitarse en cualquier momento si no las riego con ahínco e intención, y eso hace que piense en todas las veces que tuve la tentación de vender sus secretos al mejor postor. Las amistades, en parte cimentadas por esas confesiones inconfesables, se estructuran también por una intimidad única que defenderé ante los tribunales. Quiero que mi amiga se sienta segura y quiero sentirme segura yo para contarle algo que sólo ella y yo entenderíamos, eso que nos avergüenza y que cuando voy a soltar empieza con un: «te lo cuento a ti porque es como si no se lo contase a nadie».
*porque además esas parejas no van a contestar como tú esperas: nunca será suficiente la emoción que le pongan a lo que tú les cuentes o el hipotético comentario para demostrar interés saldrá por la culata, porque te expones a sentir que están juzgando apresuradamente a tu amiga, que tiene una historia que tan sólo tú sabes al nivel de profundidad y contexto necesario. Este crimen de revelación de secretos también abre, por lo tanto, un camino probable hacia la discusión.
**como llaman ahora al cotilleo.
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