Costumbres

No sex #61: La regla y el amor

Si no entiendes lo que me duele y me atosiga, lo que me desborda de emoción...

27 de mayo 2026


[pre-menstruación]


Querido cualquier hombre a mi alrededor: cuando tengo el síndrome pre-menstrual a veces me vuelvo completamente loca. No sigue una lógica exacta: unos días me da por llorar y otros mi susceptibilidad está disparada. Da igual lo que esté ocurriendo, no importa la realidad, importa mi plano de la realidad, mi película, mis sentimientos, mis ganas de mandar a todos y cada uno de los de mi alrededor a su casa, a pasear, o a cazar moscas en un día de tórrido sol de agosto a las cuatro de la tarde.


Si mi elección es el llanto los acontecimientos se disparan porque necesito engullir toda clase de artefactos que se alineen con mi filtro vital: reviso en Youtube escenas lacrimógenas, vuelvo a capítulos de series, lloro por señoras mayores en Instagram, me emociona ver a mis amigas, pienso en Virginia Woolf y lloro, me envalentono y escribo algo que me hace llorar. Pienso en el paso del tiempo, me angustio, lloro, lloro. Eso todo suele ocurrir la semana previa a que me baje la regla. Soy un huracán de emociones que arrasa con todo a través de cuestionárselo: ¿me estará queriendo? ¿seré feliz en este trabajo? ¿me veo más mayor? ¿lograré alguna vez lo que sueño? se repiten aleatoriamente y se combinan con enfados supremos por perder algún tipo de transporte público cuando estaba a punto de subir.


[menstruación]


Querido cualquier hombre a mi alrededor, es que eso me ocurre, a mí y a todas las que estamos en esa edad, una vez al mes. Me preocupo por no mancharme, ser discreta, ¿será que no puedo decir que estoy con la regla? ¿A quién se lo estoy ocultando?


La regla es un sangrado, sangras. Estás s-a-n-g-r-a-n-d-o y te pones compresas, o tampones, o copas menstruales, depende de lo que te queda cómodo. Las compresas, querido, tienen colores en los paquetes, quizás has visto rollitos en el baño de tu casa, tampones hay de distintos tamaños y tipos, las copas son las más naturales, se cambian, se limpian y se vuelven a usar. Estoy segura de que alguna vez te cruzaste con estos artilugios que todas llevamos repartidos en bolsos y que aparecen de forma mágica cuando una amiga tiene una emergencia en un bar. 


[post-menstruación]


Querido cualquier hombre a mi alrededor: cuando la regla se va empiezo a sentirme pletórica y capaz, salgo de mi cueva y brillo ante el camino de posibilidades que mis hormonas me ofrecen. Ellas, exultantes, desfilan renovadas después del episodio mensual. Es como quedar con alguien a desayunar que durmió 8 horas la noche anterior y se despertó solo y sin alarmas.


Durante unas semanas a partir de ese momento mi entusiasmo sube como la espuma: podría organizar una fiesta de final de curso, tener una reunión mientras cocino, trasplantar mi nuevo arbusto a otra maceta, limpiar con vehemencia y hasta alegría, quedarme hasta las 6 de la madrugada en un cumpleaños, proponer ir a un karaoke. Pensaré, sin duda, que estoy guapísima, que ya me salió pelazo, que los granitos tan sólo eran señal de que sigo siendo una jovencita. Me compraré una falda extravagante que usaré una vez, seré una rockstar, mandaré un manuscrito, saludaré con media sonrisa al desconocido del paso de peatones, asentiré para abrazar de lejos a una señora que lleva a su madre anciana del brazo, la calle olerá a las flores del verano de mi infancia, seré esa persona tan feliz.*


Querido cualquier hombre a mi alrededor, hay algo todavía más importante que querría comunicarte: precisamente por mi exposición anterior, sólo nosotras mismas tenemos el permiso para decirte que estamos de mal humor por la regla. Expresiones: «joder, vaya humos, ¿qué estás con la regla o qué?**» han de quedar relegadas al siglo anterior. Nunca olvides que podrías sencillamente caerme fatal o podría yo ser una idiota sin tener nada que ver con mi ciclo menstrual. Porque nos hemos ganado el derecho a ser antipáticas porque sí, como también lo podríais ser vosotros, eso nos iguala.


¿Qué tendrá todo esto que ver con el amor?


Querido cualquier hombre a mi alrededor, si no entiendes lo que me duele y me atosiga, lo que me desborda de emoción y las semanas en las que podría hacer dos mudanzas, protagonizar una cita-karaoke***, conocer a todos tus amigos… nunca me vas a conocer del todo a mí.


Lo extraño es que este universo menstrual en el cual orbitamos todas una gran parte de nuestra vida, cada mes, sea tan desconocido para el otro género con el que convivimos. ¿Es desinterés? ¿Es miedo a la sangre? ¿Es que la sangre ensucia una imagen angelical? Quizás si quisieses entenderlo, querido cualquier hombre a mi alrededor, podríamos querernos un poquito mejor.


Atentamente,

Carla.



*pero tanto que pensarás que es imposible que ella y yo seamos la misma persona si recuerdas mi delirio de hace unos días.

**acompañado de risa jocosa tratando de ser especialmente gracioso.

***estaremos de acuerdo en que una cita normal ya requiere mucha energía, imaginemos una cita con karaoke!!! La cita chupa-energía definitiva.


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