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El fin de la humanidad
Apostar en Polymarket a que Jesucristo no regresará te proporciona un rendimiento del 1.5%, lo que en términos de inversión es básicamente una tristeza
14 de mayo 2026 · 2 comentarios
Apostar en Polymarket a que Jesucristo no regresará te proporciona un rendimiento del 1.5%, lo que en términos de inversión es básicamente una tristeza
El planteamiento básico de los juegos de azar es un enfrentamiento aparentemente inofensivo contra una masa inerte y sin rostro en la que se oculta un premio. A veces la masa es más bien escasa, como en un dado, y a veces inmensa, como en la primitiva.
En el enfrentamiento que sucede en todas las modalidades de la lotería, lo que prima es la suerte. Las probabilidades de haber seleccionado la combinación ganadora en un sorteo del euromillones son de una entre ciento treinta y nueve millones. Una aleatoriedad que se postula como ecuánime al no basarse en sistemas morales y que casi parece un proceso democrático. La lotería nos trata como números en la misma medida que nosotros a ella. Ayuso y un bebé tienen las mismas posibilidades de ganar la bonoloto.En la misma medida que desciende el número de opciones entre las que elegir, los jugadores dejan de atribuir sus victorias a la suerte. Las ruletas de los casinos están cercadas por muecas de concentración. En la elección de un boleto de lotería de navidad entra en juego la superstición ("que termine en 9 como el cumpleaños de mi hija" o "que no termine en 2 que a mi perro lo atropellaron en febrero"). En los juegos de azar de menor escala, en cambio, la superstición básica deja paso al cálculo.
Los jugadores de ruleta (se me va a permitir tratar al grupo de ludópatas con un masculino general sólo por pura estadística) descartan ciertos números porque no están "calientes" o diversifican sus apuestas entre lo que consideran los escenarios de victoria más probables. Aquí se empiezan a hacer evidentes las matemáticas del enfermo. No digo que en la lotería no suceda, seguramente un porcentaje muy alto de los ganadores del euromillones hayan ganado con la fecha de su cumpleaños, pero no es comparable a la que uno puede ver paseando por un casino. El enfrentamiento con el azar es ahora un cara a cara con el destino. De probar suerte pellizcando un pajar en busca de la aguja pasamos a intentar domar a un potro salvaje.
En cualquier caso, estos juegos siguen estando constituidos por números, colores y poco más. La degeneración de los jugadores se vuelve substancial (en términos humanos) a medida que los juegos se constituyen sobre identidades no abstractas.
La diferencia entre enfadarse con una máquina tragaperras y enfadarse con un caballo es monumental. La convicción con que gritan los ludópatas en un hipódromo no se puede comparar a los gruñidos esporádicos, incluso automatizados, que provocan las tragaperras. Si el caballo por el que han apostado pierde la carrera, la culpa recae sobre una docena de agentes involucrados antes que sobre el propio jugador. El caballo ha perdido brío, el jinete ha tomado una mala decisión, la tierra no fue aplanada debidamente antes de la carrera, hace putísimo frío y el caballo es de California.
El enfrentamiento con el azar se convierte en un problema táctico, lleno de contingencias y variables.
Yendo al grano, de lo que quiero hablar hoy aquí es de la expansión del terreno de las apuestas y de cómo el instrumento de la ludopatía se está convirtiendo en una vía por la que las personas miopes intentan demostrar que tienen una vista de lince. Un comprobante de la clarividencia. Una versión de la aristocracia para gente vacía.
Todo ello, claro, enmascarado desde la búsqueda de emociones para matar el aburrimiento. Pero como suele decirse, sólo las personas aburridas se aburren.
Al lío:
En la última ceremonia de los Grammy, el presentador Trevor Noah hizo un breve inciso antes de presentar a Kendrick Lamar. "Pero antes...", dijo, "¡Potatoe! Si habéis apostado en Polymarket a que alguien diría potatoe en los Grammy, felicidades, habéis ganado".
Nunca había oído hablar de , así que indagué un poco.
Se trata, a grandes rasgos, de una web de apuestas con sede en Estados Unidos que opera en un extenso repertorio de vacíos legales a lo largo de todo el mundo. No estamos hablando de una plataforma oculta en la deep web, sino de la primera entrada de Google.
Descubrí que, tal como indicaba Noah, la gente apuesta en términos completamente absurdos. Había, por ejemplo, una apuesta abierta sobre si Michael B. Jordan le ganaría a Timothée Chalamet en la categoría de Mejor Actor en los Oscar.
Por descontado, en Polymarket es posible apostar por una docena de cosas diferentes en todos los partidos relevantes de cualquier deporte mayoritario, pero también sobre cuántas visualizaciones tendrá el último vídeo de Mr.Beast durante su primera semana en Youtube.
Hay apuestas que se renuevan de forma constante. Algunas de forma muy regular. Hay una apuesta sobre si el Bitcoin subirá o bajará que opera en tramos de cinco minutos a lo largo de todo el día (eso son 288 apuestas diarias, más de cien mil al año). David Foster Wallace decía que se perdía a sí mismo en la televisión porque esta no tenía ni principio ni final. Polymarket debe ser el equivalente para los ludópatas.
Se puede apostar a cuántos tweets publicará Elon Musk en tramos de tres días o a cuánto ascenderá la taquilla de la última película de SuperMario en su primer fin de semana, en su segundo finde semana, en su tercer fin de semana.
Hasta ahí, uno puede filtrar todas esas acciones desde la estupidez, la inconsciencia o la adicción. La única diferencia que hay entre lanzar una moneda al aire y apostar a si el Bitcoin valdrá más o menos que hace cinco minutos es que el Bitcoin ofrece una gráfica de movimientos sobre la que poder especular.
Es decir, que todo esto puede comprenderse como un cebo contemporáneo para la adicción al juego, semejante en dinámica a los reels inacabables de instagram. Sin embargo, más allá de las apuestas mongólicas tipo "¿Dirá Trump salsa barbacoa en su próxima rueda de prensa?" o "¿Quién morirá en la última temporada de Euphoria?" (ambas reales, por cierto), hay una cantidad demencial de apuestas que un amigo, cuando le hablé de esto el otro día, describió como "el fin de la humanidad".
Uno puede entrar en Polymarket y apostar, por ejemplo, a si Estados Unidos bombardeará Irán durante la próxima semana, a si el Hantavirus provocará una pandemia en 2026, a si Israel abandonará el Líbano o elegir en qué fecha conseguirá Trump el uranio enriquecido Iraní. Hay variantes de toda clase: ¿Cuándo se confirmará un caso de Hantavirus en Estados Unidos? ¿Cuándo hará Rusia pruebas nucleares? ¿Saldrá Future en el próximo disco de Drake? ¿Enviará Europa navíos de guerra al Estrecho de Ormuz antes del 31 de mayo? ¿Qué precio alcanzará la gasolina? ¿Quién ganará Eurovisión 2026? ¿Entrará Ucrania en la OTAN? ¿Se divorciará Bill Clinton? ¿Son Jeffrey Epstein y el creador de Bitcoin la misma persona? ¿Irá a la cárcel el príncipe Andrew? ¿Anexionará Israel el territorio de Gaza antes del 30 de junio? ¿Cuántos países atacará Israel en 2026? ¿Cuándo confirmará el gobierno estadounidense la existencia de aliens? ¿CUÁNDO SALDRÁ EL GTA 6? ¿VA A VOLVER JESUCRISTO ANTES DEL AÑO QUE VIENE?
Ahora mismo, apostar por la vuelta de Jesucristo sale igual de rentable que apostar por la salida de Putin del gobierno ruso.
Por otro lado, en lo relativo al Nobel de la Paz, Trump es menos rentable que el Papa y Greta Thunberg. Apostando 1 dólar por la victoria de Trump, se ganan 13. Por el Papa, se ganan 25. Por Thunberg, 55.
Un grupo de personas repartidas por el mundo están apostando que ganará Putin en lugar de Yulia Navalnaya (esposa del fallecido líder de la oposición rusa Alekséi Navalni), sólo porque la victoria del dictador sale mucho más rentable.
Así están las cosas.
Pero volviendo a Jesucristo...
Cada apuesta de Polymarket tiene una sección de comentarios donde aparece: 1) el nombre de usuario, 2) cuánto y a cuál de las opciones ha apostado, 3) su comentario.
CRYPTOBOY007 apostó 7 dólares a que Jesucristo NO regresará antes del 2027, y luego, extrañamente, escribió: ÉL regresará pronto del cielo. Recordad mis palabras.
FreshSeafood apostó 26 dólares a que SÍ regresará y comentó: Jesús te bendecirá si apuestas que SÍ.
RobinGood2026 apostó también 26 dólares y comentó: Yo soy Jesús... ¿Quién se lo puede discutir?
Buscando una cantidad más sustanciosa, encontré a un tal Volku, que apostó 5.900 dólares a que SÍ pero dejando luego un extenso comentario donde aclara que, en efecto, regresará, pero con la pega de que en realidad será el anti-cristo.
Mi favorito es DeverNoom, que apostó 500 dólares a que SÍ y comentó sencillamente: fuck me.
En cualquier caso, toda esta sarta de colgados permiten que otros usuarios, como 2B9S, apuesten 45.000 dólares en contra y se lleven un beneficio de 700 dólares a final de año (a no ser, claro, que se corrobore lo de RobinGood2026 y nos llevemos todos una sorpresa).
Apostar a que Jesucristo no regresará te proporciona un rendimiento del 1.5%, lo que en términos de inversión es básicamente una tristeza. La verdadera recompensa que estas personas tienen es llevar razón. 2B9S dejó un comentario declarando sus principios, diciendo que el putísimo Cristo no era más que un timador melenudo. Miles de apostadores con su mismo desprecio hacia la figura de Jesús dejan comentarios similares. Miles de ellos se recrearán en la calderilla que les devolverán el 1 de enero de 2027, repitiéndose que lo sabían, que estaban seguros, estaban tan seguros que pusieron la mano en el fuego. Los 26 dolarazos de RobinGood2026 se habrán convertido en 26 dolarazos con 39 céntimos.
Resulta muy fácil ridiculizar a ambos bandos en la apuesta de Jesús. No obstante, hay que recordar que, como mencionaba antes, si mañana Israel asesinase a 10.000 personas en el Líbano o hubiese un tiroteo en un instituto de Texas o Trump lanzase una bomba nuclear sobre Irán, un grupo de personas experimentaría un subidón de dopamina, se chocarían las cinco a sí mismas y reinvertirían sus ganancias en una apuesta sobre el precio que alcanzará el petróleo crudo la próxima semana o sobre la fecha de lanzamiento del próximo single de Rihanna.
Polymarket tiene alrededor de 2 millones de cuentas registradas, y subiendo. No es, ni mucho menos, la única web de esa clase. Participar de ella no es algo inusual. Como los votantes de Vox y los pedófilos, esa gente está entre nosotros.
La próxima vez que estéis en un bar y den una noticia horrible por televisión, estad atentas. Podría producir el mismo efecto que un gol.
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