Sociedad

El prodigio de los Premios Princesa

La llegada de la semana de los Premios Princesa de Asturias hace que la ciudad y quienes la habitamos cambiemos, que compartamos estas calles vividas y rutinarias con lo mejor de la sociedad mundial.

24 de octubre 2026


Unos cuantos días al año, la pequeña capital de provincia que antaño, y un poco todavía, duerme la siesta se convierte en la ciudad de los prodigios. La llegada de la semana de los Premios Princesa de Asturias hace que la ciudad y quienes la habitamos cambiemos, que compartamos estas calles vividas y rutinarias con lo mejor de la sociedad mundial.

Los Premios nacieron para reconocer la excelencia de quienes desarrollan una faceta que hace mejor a la humanidad. Y lo logran año tras año, haciendo buena esa frase tan manida que se escucha por el Oviedín: “Son la antesala de los Nobel”.

Monárquicos, republicanos y hasta esa clase de gente tan abyecta que son los abstemios se unen en su respaldo. Porque, más allá de cuatro voceros turbadores, es innegable reconocer su labor para Asturias y para España.

Gracias a la Fundación Princesa de Asturias disfrutamos de diez días de eventos increíbles. Vimos a Messi repartir cariño, cantamos con Patti Smith, escuchamos a Julian Barnes, Cristina Koch nos transmitió su entusiasmo y disfrutamos de un precioso ciclo del Estudio Ghibli. Son solo algunos ejemplos: diez días dan para mucho y uno no llega a todo. La Fundación abre espacios a la cultura y a la ciudadanía que antes estaban vetados, como la Fábrica de Armas de Oviedo, sembrando el germen de ese futuro empresarial que debe estructurarse desde la cultura.

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Iván Martínez

Agradecer a la familia real; a la presidenta, Ana I. Fernández Álvarez; a los patronos; a Teresa Sanjurjo, la directora, y a todo el equipo que trabaja para que disfrutemos.

Escribo esto desde mi mayor pretendida objetividad y cierta crítica, dejando claro que hay mejoras posibles, siempre las hay. Bien es cierto que, con un plantel de premiados como el de este año, cualquier posible defecto queda diluido en el disfrute de escucharlos y compartir tiempo con ellos.

La ceremonia de entrega en el Teatro Campoamor hilvana con precisión el programa. Una gala solemne que, a la vez, tiene un pie en la heterodoxia. Ágil, emocionante y amena —con lo importante que es no aburrir, ya decía Michi Panero que en esta vida se puede ser todo menos un coñazo—, nos dejó a Barnes recordándonos, con su última creación literaria, que los libros trascienden su tiempo e inspiran a quienes escribirán en el futuro; a Koch haciéndonos partícipes de su heroicidad; a Timothy Garton Ash azuzándonos para defender la verdad, la libertad y la unidad y a Smith reivindicando la importancia de trabajar por mejorar el mundo, celebrar siempre la amistad y entonó ‘Wing’ para que no nos olvidemos de ser libres.

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Yeray Menéndez

La Princesa de Asturias reivindicó la esperanza como respuesta al desencanto, la incertidumbre y las dificultades de una generación que duda de sus posibilidades de construir un futuro. A partir de las palabras de María Zambrano en la primera entrega de los premios, en 1981, defendió el valor de reconocer a quienes, con su trabajo y su talento, ayudan a comprender el mundo y a confiar en el ser humano. Leonor recorrió la obra de los galardonados para reivindicar la cooperación frente al individualismo, la cultura como herramienta para entender la vida, la ciencia al servicio de la humanidad y el deporte como expresión de un esfuerzo colectivo. De Timothy Garton Ash a Messi, de Studio Ghibli a Patti Smith, destacó la contribución de quienes amplían nuestros horizontes y mantienen viva la curiosidad. Su mensaje final fue una llamada a vivir y defender lo que merece la pena.

Por último, Felipe VI valoró la experiencia, el esfuerzo y la paciencia en una sociedad marcada por la inmediatez y el avance de la inteligencia artificial. El Rey defendió la necesidad de darse tiempo para aprender y convertir el talento en resultados útiles, apelando al compromiso diario con la democracia, la convivencia y el bien común. Con referencias a Clarín, Borges, la Transición y la Constitución de 1978, destacó la importancia de la sinceridad, los valores y la creatividad como cualidades esenciales del ser humano.

El himno de Asturias interpretado por la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo puso el final perfecto, con alguna lágrima escapándose en el Campoamor y los pelos como escarpias. Aún no ha terminado, pero ya estamos esperando con ganas la siguiente edición.

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