Bueno, a estas alturas ya no queda nadie que no sepa que el 3 de octubre ya no será recordado únicamente por ser la fecha en la que Aaron Samuels le pregunta a Cady Heron en Chicas Malas “¿qué día es hoy?” sino por haber sido el lanzamiento del duodécimo álbum de Taylor Swift: The Life of a Showgirl.
Un disco que, como viene siendo habitual, ya ha superado todos los récords de reproducción en su primer fin de semana y que llega con especial expectación. Y no lo hace porque hubiese pasado mucho tiempo desde que la cantante lanzase el último, pues recordemos que hace poco más de un año, en abril del 2024, nos sorprendió estrenando The Tortured Poets Department a menos de un mes de empezar el Eras Tour en Europa, sino porque lo anunció en New Heights el podcast deportivo que tienen su novio, Travis Kelce, jugador de los Kansas City Chiefs y el hermano de éste, Jason Kelce (anuncio que tuvo a 1,3 millones de personas viéndolo en directo en YouTube). Y si a eso le sumamos el hype de que dos semanas después hicieron público su compromiso matrimonial nos encontramos que se dispararon las elucubraciones sobre el tipo de canciones y letras que nos encontraríamos en este álbum del que sólo teníamos los títulos para empezar a teorizar. Algo a lo que los fans de la cantante somos bastante dados porque vemos señales (los famosos Easter eggs) por todas partes.
Antes de que sigáis leyendo, creo que lo más honesto es que entendáis cuál es mi relación con Taylor Swift, para que podáis entender mejor lo que voy a deciros:
- Soy una de esas personas que fue a los dos conciertos consecutivos que dio en el Bernabéu el año pasado por el precio de medio mes de alquiler en Madrid o la cuota de guardería de un hijo, si lo tuviera. Sí, mereció absolutamente la pena.
- A mi graduación de segundo de bachillerato, el COU de toda la vida para lo que peinen canas, fui con lo que yo creía que era el peinado que lleva ella en Love Story (spoiler: salió mal, aunque en mi cabeza fuese espectacular) y no pienso adjuntar documentos gráficos, pero os podéis hacer a la idea.
- Lo primero que hacía hasta Reputation tras comprarme un CD era revisar cada canción del libreto para descifrar las frases ocultas entre las letras (se distinguían por ser mayúsculas al tuntún que si las unías formaban frases como “I wear heels now”). Estos eran los Easter eggs originales antes de que la cosa se fuera de madre con el número 13, las horas, la forma de las manecillas del reloj o cualquier cosa que se viese en una foto que publicase en redes.
- Fui a ver Cats al cine porque salía Taylor y resultó ser una de las experiencias más traumáticas de mi vida. Es más, al salir tuve que comprar sobre la marcha una entrada para Mujercitas y quitarme el susto del cuerpo. Qué absoluto despropósito de película.
- Me dio muchísima ¡pero muchísima! vergüenza el videoclip de ME! y sin embargo me pareció tierno el abrazo con Katy Perry en el de You Need to Calm Down enfundadas en sendos trajes de hamburguesa/patatas fritas.
Pues bien, ahora entenderéis mejor que, a las seis de la mañana del viernes 3 de octubre en España, hora menos en Canarias, estuviésemos esperando a que se publicase el álbum al menos las siguientes tribus urbanas: swifties, haters de Taylor, periodistas culturales, blogueras, usuarios de Tumblr (sí, todavía quedan), amantes, andantes y alguno que otro... va, sí, pilláis el tema. Algunos entraron Spotify como cada mañana, con legañas en los ojos y buscando de manera autómata el “Novedades Viernes España” el “Descubrimiento Semanal” o el “Mejores Canciones Para Cantar en la Ducha” y otros estábamos ahí entrando y saliendo de la aplicación varias veces a ver si ya se había subido el álbum.
Con esto lo que quiero mostrar es que, al margen de la opinión que cada uno tenga de la cantante estadounidense o de sus fans y de que siempre se nos caricaturice como rebaño complaciente y ansioso (no sin falta de razón) no esperamos que invente la rueda en cada nuevo trabajo. Pero reconozco que sí hay una parte que siempre anhela comprobar si el nuevo disco cambiará por fin el Top 3 histórico o si habrá al menos una canción que nos haga repetir lo que decía Jeff Goldblum en Parque Jurásico al ver un dinosaurio por primera vez: “lo ha logrado, ese loco hijo de puta lo ha logrado”.
Por eso muchas veces simplemente estamos felices por el entretenimiento que sabemos nos va a dar mientras escuchamos las letras, nos aprendemos los estribillos, tratamos de descifrar algún posible significado oculto, pillamos referencias a terceras personas, nos sentimos interpelados y nos compartimos alguno de los miles de memes que por ahí y, al final del día, tenemos X canciones nuevas que sumar al cómputo total. Pero otras veces, las menos, somos como hinchas de fútbol cuando nuestro equipo atraviesa una mala racha y podemos considerar que un álbum no es digno y que más vale que esta era pase rápido y llegue la siguiente, porque mamma mía menuda temporadita hay que aguantar.
Por supuesto esta vez no iba a ser diferente, pasó lo que tenía de pasar y en apenas unas horas teníamos el totum revolutum perfecto: absolutamente todos los titulares posibles tanto a favor como en contra habían sido escritos, los reels y tuits con reacciones al disco se multiplicaban por minutos (de TikTok no hablo porque estoy mayor esa vaina, pero me imagino que habrá sido similar). Que si mención al Real Madrid por aquí, que si referencias sexuales explícitas, que si el lirismo más pobre de su discografía, que si trad wife, que si sampleándose a sí misma, que si los Jackson 5, que si beef con esta, que si Blake Lively o Charlie XCX… vamos, lo que en el mundo swiftie conocemos como “una mañana de viernes cualquiera” siempre que Taylor Alison decide abrir la boca o respirar más fuerte de la cuenta.
Y es que aquí son tan fieles los que la aman como los que la odian, pues nadie pierde oportunidad para sacar el cuchillo o rendirse a sus pies. Todavía no ha llegado el disco que nos deje indiferentes o fríos, siempre hay una reacción. Porque si a los que no les ha gustado les ha producido cringe, pues está claro que algo les ha hecho sentir, aunque ese algo sea puro alipori.
Por tanto, no es cierto que los swifties seamos incondicionales a la hora de aplaudir y alabar cualquier canción que saque nuestra rubia favorita, de hecho, es normal que en cada era (espacio entre álbum y álbum) se ganen y pierdan adeptos. Bueno, más que perderse, diría que alguno se baja del carro y se queda atrás con sus álbumes de confianza en replay, ignorando el nuevo que, bajo su punto de vista, no hace justicia a lo anterior. Y el mejor termómetro para eso es la gente que tenemos cerca. Entre mis amigas del colegio, grupo con el que empecé a escuchar a Taylor allá por 2007, ha habido reacciones mixtas, algunas decepciones y alegría contenida. Un poco lo de siempre.
Hay una crítica que me ha sorprendido por lo mucho que se ha repetido y es el tema del “nivel y la calidad de las letras”. Como si hubiese una IA a la que volcarle las canciones y decirle “oye, dime cuántas estructuras gramaticales complejas o léxico culto hay aquí y me haces la media con estos otros álbumes porque es que a mí esto me suena muy básico”. Para los que llevéis años escuchando a Taylor Swift que sepáis que el momento de mayor vergüenza ajena respecto a la letra de una canción llegó con la publicación del disco Lover, pues se suponía que tenía que ser un punto de inflexión respecto a lo anterior, el primer álbum en el que ya tenía pleno derecho sobre sus canciones tras la ruptura con Big Machine Records y cuando ya salía de la época de rabia y ataques de la opinión pública que había sido Reputation. Sin embargo, el primer single (ME!) sigue siendo de lo peor que ha compuesto nunca. Por Dios, pero si tuvo que parar la distribución de los CDs para editar y quitar el “hey kids, spelling is fun” que ahora vive para siempre en el videoclip de YouTube. Eso sí era cringe puro, llanto y rechinar de dientes mezclado con purpurina, mariposas, unicornios, tonos pastel y Brendon Urie de Panic At The Disco saltando por la ventana con un paraguas. De esa sobredosis de azúcar casi no salgo viva. Afortunadamente el álbum demostró ser más que ME! y nos aguardaban joyitas como The Archer, Cornelia Street o Cruel Summer, que más tarde sería rescatada y elevada a himno generacional gracias a su puente en la apertura del Eras Tour.
Así que lo siento, pero será necesario algo más que el his love was the key that opened my thighs que nos ha plantado en Wood para hacerme hiperventilar y proclamar que se ha quedado sin ideas, que esto es un disco de transición y que no tiene alma. Porque creo que si algo es The Life of a Showgirl es precisamente un soplo de aire fresco, un abrir las ventanas y salir del sótano oscuro y lúgubre donde nos habíamos quedado con The Tortured Poets Department. Que sí, veníamos de letras profundísimas, referencias literarias y de una extraprolífica Taylor con incontinencia verbal que no podía parar de componer y que publicó de golpe 31 canciones, pero, reconozcámoslo, justo por eso era inevitable que ahora tocará ligereza, cierta frivolidad, ritmos más pegadizos y, sobre todo, un tono bailable y festivo que estaba cantado (no pun intended). Era imposible esperar otra cosa de un álbum que ha sido concebido durante el año más frenético y efervescente de su vida, época de absoluto éxtasis para ella y, por qué no decirlo, nacido al albor del camino hacia la estabilidad emocional que parecía que nunca le iba a llegar.
Y precisamente por eso quiero romper una lanza a favor de The Life of a Showgirl, porque cuando soplas y sacudes las plumas de las boas naranjas y te bebes el champán de las copas aflautadas, te encuentras de todo menos un álbum simplón o lleno de baratijas. Una de las cosas que más se le han achacado a Taylor como superestrella del pop es que a pesar de ser increíblemente famosa, de hacer la gira más exitosa de la historia, de ser una artista que vive principalmente de la venta de sus discos y conciertos sin necesidad de lanzar una línea de negocio alternativa a la música como hacen casi todos los demás, no tiene un hit con el que cualquiera pueda identificarla al momento. ¿Quién es Taylor Swift? Ah, sí, la de… Cuando me lo preguntaban hace diez años solía decir “la de Shake It Off” porque reconozco que fue la primera canción suya que escuché varias veces en distintas discotecas y que ponía a gente de lo más variopinto a bailar. Ahora creo que justo por eso diría “la de Cruel Summer o “la de Anti-Hero”. Pero es cierto, no parece que haya un hit que traspase a los swifties y haga que tu madre diga “ya está otra vez Fortnight de Taylor Swift sonando en la radio, es la tercera vez que la ponen hoy”. Y es que por mucho que pongan Anti-Hero por los altavoces del Mercadona, no permea igual en los cerebros de los demás que algunos singles de Katy Perry, Lady Gaga o Beyoncé.
Sin embargo, con el estreno del videoclip de The Fate of Ophelia sí veo esa fórmula de hit que podía lograr penetrar hasta las capas donde se almacena el tarareo de un estribillo que no sabemos de dónde ha salido pero que va a quedarse y a reaparecer cuando menos lo esperamos. ¿Cómo no vamos los fans a celebrar un álbum que parece especialmente concebido para ser pedido en los bares hasta la saciedad, para venirnos arriba mientras nos maquillamos en casa o para bajar las ventanillas del coche en pleno atasco en la M-30 mientras hacemos playback y jugueteamos con el volante y la palanca de cambios (pledge allegiance to your hands, your team, your vibes)?

Este es un álbum para las primogénitas (que levanten la mano todas las eldest daughters), pero también para comprobar una vez más que Taylor hubiese sido una gran profesora de lengua y literatura inglesas (of course I love Shakespeare). Por ejemplo, es imposible no obsesionarse con el I’d cry my eyes violet, Elizabeth Taylor donde mezcla la expresión de llorar hasta tener los ojos irritados con el color violáceo que siempre se atribuyó a los ojos de la actriz de La gata sobre el tejado de zinc. O algo tan sencillo como que una piensa que se sabe los colores en inglés desde que tiene 5 años hasta que llega la Swift y le planta: maroon, sapphire, indigo, opalite, crimson, burgundy, mahogany o lavender y resulta que igual la paleta y los pantones que manejaba se expanden un poquico más allá. Fun fact: a raíz de Opalite he aprendido que igual que existen los signos del Zodiaco existen las birthstones que son gemas asociadas a cada mes del año ¿es una información imprescindible y sin la que no podría vivir? Pues no, pero bueno, Taylor educa, Taylor divierte. Siendo de febrero, ahora me tendré que comprar un anillo de amatistas.
En Father Figure, además de reescribir el concepto sobre el que cantó George Michael, se pregunta cosas como Who’s portrait is on the mantel, que resulta que es la repisa que está encima de la chimenea y que en español recibe el nombre de “manto” que sería ese espacio horizontal donde se pueden colocar, por ejemplo, fotografías. ¿Cuántos cantantes os han hecho googlear de madrugada los nombres de las partes de una chimenea? O qué decir del I’ve been afflicted by a terminal uniqueness que oye, llamadme loca, pero a mi alrededor a menos que seas filósofo o teólogo “unicidad” no es una palabra que usemos mucho en el día a día, pero supongo que será mejor quedarse con que ha dicho dick.
Ruin the friendship es una canción que parece sacada de la era Fearless o Speak Now y que no desentonaría en su época del instituto y de canciones más juveniles. Un tema con frases como Would've been the best mistake, should've kissed you anyway, que podría haber coescrito junto a Carlos de Los lagos de Hinault (esto me lo señaló mi novio, experto en Los Lagos y nada sospechoso de haber escuchado un solo minuto de Taylor Swift hasta que me conoció).
Por cierto, otra cosa que la de Pensilvania hace muy bien es vender siete veces el mismo álbum con portadas y colores distintos. Y sí, claro que los fans nos damos cuenta del sacacuartos que es eso. La última de las suyas ha sido estrenar en cines sólo durante el pasado fin de semana el videoclip de The Fate of Ophelia y su making of así como la explicación de cada canción por el módico precio de 12 euros. Por supuesto allí que fuimos los más fieles adeptos a pasar por caja y qué queréis que os diga, sarna con gusto no pica. Fue un rato delicioso bailando entre fans en plena sala, canturreando y compartiendo butaca con gente que tiene tu misma tara. Cómo no iba a gustarme. No tengo ni idea de si el fandom de Dua Lipa, Billie Eilish o Ariana Grande cuando se juntan hacen estas cosas pero sé que las swifties sí, sin juzgar ni discriminar por edad, sexo, ni indumentaria. Y oye, en el mundo de las inseguridades y el “qué dirán” eso es un maldito salvavidas.

Ah, para las del cringe, hay versiones no explícitas de las canciones, así que tranquilas porque podrán cantar cosas más suaves y aterciopeladas como: his love was the key that opened my skies o I can make deals with the devil because my check’s bigger. Lo cual después de no sé cuántos artículos escritos a ambos lados del charco sobre este tema me hace pensar que muchos van a tener que ponerse la versión para niños o tomarse un par de cafinitrinas antes de darle al play de nuevo. Y es que, ¿quién no ha sido superestrella mundial y se ha dado cuenta de que al final de una larga jornada de trabajo lo que realmente quería era volver a casa, junto a su cónyuge y jugar con sus hijos en esa canasta de baloncesto junto a la entrada? Para ti la perra gorda y el contrato con Florentino, yo también quiero mi adosado a las afueras y dos niños que se parezcan a su padre.
No negaré que hay una parte divertida en los memes y comentarios de la gente que dice que las letras románticas son ahora más sencillas y explícitas para asegurarse de que Travis las entiende. Supongo que el deporte también arrastra sus propios estigmas y muchos (sobre todo muchas) piensan que cualquier deportista de élite es más tonto que un zapato y que por mucho que esté haciendo feliz a Taylor eso la aboca a ella a un bloqueo creativo y le impide componer buena música, como si hubiese algún tipo de imposibilidad manifiesta entre el amor y tocar los acordes adecuados.
Did you girl boss too close to the sun? Were you just too smug for your own good? Mira, con lo que sí estoy de acuerdo es que esta temática la tiene ya absolutamente trillada (el álbum de Reputation entero iba sobre ello) y para mí llegó a su cumbre con el mad woman de Folklore (Every time you call me crazy, I get more crazy, What about that?). Luego quizás rizó el rizo con Who’s Afraid of Little Old Me (inevitable que más que mordaz no tuviese algo de autoparodia) y que aun así fue catapultada por los fans gracias a la puesta en escena del Eras Tour. Por eso me sorprende que ahora en CANCELLED! diga que something wicked this way comes, cuando las cicatrices, el güisqui agrio y las flores con espinas forman parte del pasado.
Sin embargo, You could be my forever-night stand es una frase que en mis tiempos hubiese sido el estado del Messenger (o de la BlackBerry) de la mitad de la clase. El clásico momento en el que el chico que te gusta te hubiese preguntado “oye ¿y ese estado va por alguien?” Y tú le hubieses dicho “no, jeje, es una canción ;)” y que ahora es carne de cañón para convertirse en caption para foto de Instagram (el máximo honor al que puede aspirar una estrofa musical en big 2025). Me gusta también la idea de darle el significado dulce y cariñoso a palabras que se han usado tanto de forma condescendiente como honey, sweetheart o lovely. Así que veo mucha zona de confort para el swiftie medio ahí: graffiti my whole damn life, honey.
Y sobre la colaboración con Sabrina Carpenter, otra showgirl que si juega bien sus cartas puede tener una carrera meteórica, pues thank you for the lovely bouquet y por dejarnos flotando en este mundo de brilli-brilli, ligueros, medias de rejilla, perlas, ramos de flores y la tal Kitty, que hizo su fortuna siendo guapa e ingeniosa.
En resumidas cuentas, el álbum está bien, tiene varios hitazos, es absolutamente bailable y las bases son pegadizas (gracias también en parte a Max Martin y Shellback). ¿Estamos entonces ante las letras más pobres y pueriles de su discografía? En absoluto. Pensemos que tenemos una hemeroteca de discos escritos por ella cuando tenía solo 17, 19 y 21 años. Hay cantidad de expresiones, puentes y estribillos que harían enrojecer a los redactores de la Mondo Sonoro, Rolling Stone, The Wire o los so-called puretas de la Rockdelux (sí, ahí también escuchan a Taylor) si los usase en una canción ahora. Así que no, por mucho balón de fútbol americano que le haya dado en la cabeza, estamos muy lejos del someday I'll be living in a big old city and all you're ever gonna be is mean.
Por mi parte sigo viendo a una artista con ideas propias y un control férreo de su música, sus vídeos, lo que muestra y lo que se guarda. Tendremos Taylor para rato, pues me parece que sigue quedando claro que, ante todo y a pesar de los tacos y las chiquilladas que se permite, no hay duda de que es una gran letrista y de que sea cuál sea la emoción principal que atraviese su vida es capaz de ponerle palabras y cantar algo con lo que muchos sigamos conectando, aunque tengamos vidas absolutamente opuestas. Y ahí es donde una showgirl brilla mientras que una artista mediocre palidece.
Esperando desde ya el siguiente álbum que será el 13 (su número favorito) ¿tal vez en el que ya sea esposa y madre? ¿Estará el mundo preparado para lo que pueda salir de ahí? Yo por si acaso ya voy avisando.