Copérnico es una sala rara, una de esas que todavía conserva su disposición de discoteca: una pista central con forma de cuadrado, rodeada por una especie de palcos elevados que recuerdan a los 2000. Antes del concierto comentaba con unas amigas que ese tipo de distribución me recuerda a esas discotecas infantiles, con suelos de colorines que se iluminaban como una cuadrícula multicolor.
Mi amiga María se acuerda de la discoteca en la escena mítica de A Tres metros sobre el cielo, cuando Hache ve a Babi bailar desde lo alto del palco. Y de alguna manera, el pasado domingo 15 de febrero, yo también era Hache: observaba desde atrás, de pie delante de la barra, cómo el concierto de la banda estadounidense Wednesday agitaba a toda la gente apretujada en la pista de baile.
Wednesday nacieron en Asheville, North Carolina, bajo el ímpetu lírico de Karly Hartzman. Su último álbum, Bleeds, publicado en septiembre de 2025 bajo el sello Partisan Records, consolidó su posición como una de los proyectos más en boga del zeitgeist indie del año, quizás junto con Geese o MJ Lenderman, exmiembro del grupo.

El concierto empieza con “Reality TV Argument Bleeds”, un tema que vino a condensar todo lo que se venía por delante: una subida de volumen progresiva que estalla con el grito de Karly, el desgarro que introduce su universo artístico; nos ha empujado a todos a la piscina sin avisar. Esta canción representa muy bien su forma de escribir, en la manera en la que la escritura funciona como un modo de exteriorizar lo que se disipa de la persona. De primeras, el título de la canción genera confusión, pues suena casi como el titular de un periodico: “discusión de reality de TV sangra”. Pensando en el verso entero del tema quizás se entiende mejor:
Reality TV argument bleeds
Through the floor when I go to sleep
Walk over the wet boards of a wooden bridge
When I don't feel like bein' comforted
La incomodidad que sangra, que se cuela por las maderas de las casas, se escapa por los resquicios de las esquinas, no se puede frenar en cuanto sale, el overflowing de desesperación: cuando destapadas la angustia, el veneno no para de fluir. De alguna forma, este sangrado resume el contenido lírico del disco: no solo desde la perspectiva más emocional de Karly, que describe una ruptura romántica, sino también desde ese impulso de no poder parar de narrar. El disco nos plantea una pregunta evidente: ¿cómo podemos entender el equilibrio entre el horror y el humor que lo atraviesa todo?
En directo, la fuerza de Wednesday no solo viene de esas guitarras sucias que recuerdan a Dinosaur Jr., Sonic Youth o Hole, sino del contraste que generan los giros melódicos de Karly, que alterna entre la ternura y el grito. Esa tensión constante —entre lo vulnerable y emocional y lo violentamente desgarrado— se refuerza con la amabilidad de las referencias al country y ese toque casi yodeling en su forma de cantar, factores que la hacen completamente enigmática de escuchar.

El setlist abarcó un reflejo bastante fiel de la obra general de Wednesday, con presencia de varias canciones de sus dos discos anteriores -Rat Saw God (2023) y Twin Plagues (2021)- y una de su primer trabajo -I Was Trying to Describe You to Someone (2020)-. Una de mis favoritas es “Candy Breath”, precisamente por esa capacidad de pasar de lo fuerte a lo suave en segundos, una de las grandes especialidades de la banda.
Aunque de primeras no se percibía tanto esa fragilidad en el directo, las canciones de Karly encierran una gran profundidad. Bleeds relata en parte su ruptura con su excompañero de banda M.J Lenderman, con quien mantuvo una relación de seis años. Con respecto a esto, este año también publicó un ensayo en la revista Vulture que resulta absolutamente desolador por su capacidad de exponer las complicaciones de su relación que producen las exigencias de productividad de la industria y la ambición creativa, mientras relata el proceso de grabación de uno de los temas más crudos del disco: “The way love goes”, el cual describe como “hurgar con un palo en un animal atropellado”. “Wound Up Here (By Holdin On)” también explora la desesperación de tener que agarrarse a algo que se desvanece, narrando en la letra la extracción de un cuerpo ahogado de un lago.
Este señalar el horror desde una clave humorística recorre gran parte de sus letras. En general, Karly tiene una capacidad impresionante para retratar y analizar a las personas y los entornos que le interesan: la fuerza en la escritura está en el poder observar los detalles muy pequeños, como en el dibujo de algo muy de cerca. A esto se suma a la cultura yankee de Carolina del Norte, que en algunos sentidos resulta cómica desde su propia miseria. En el caso de Bleeds esta representación es clara en “Gary II” y “Townies”, que Karly aprovecha para dar luz a la política actual en EEUU con las redadas de ICE y la publicación de la lista de Epstein.
Su otro yo es el gritón que se acerca progresivamente más al hardcore: un intento de conectar con la capacidad de la voz para convertirse en un grito de desesperación. A las dos canciones del final avisa de que ya estamos en el bis y que, cuando terminen estos temas, tendrá que retirarse porque son los que más le desgarran la voz. Estas dos últimas son “Bull Believer” y “Wasp”.

“Wasp”, según Karly, trata sobre sentirse disociada y desconectada de su propio cuerpo por puro cansancio, y en el directo se convierte en un momento de catarsis total. Me recuerda a “Six Shooter” de Queens of the Stone Age pero desde una crudeza emocional y profundidad lírica que ya le gustaría alcanzar al imbécil de Josh Homme. Al parecer, la intención de la banda es progresivamente ir acercándose más al hardcore, pues en cada álbum Karly se da más permiso para sonar como sus bandas favoritas, Swirlies o Unwound. De hecho, al introducir estos dos últimos temas incita al público a gritar a modo de autocuidado, como liberación de frustraciones ligadas al horror del mundo actual.
Observando desde fuera de la pista, veo cómo la gente hace pogos y crowd surfing: cuerpos levantados en manos de otros, alguien dando una voltereta entre la multitud de la que vuelve al suelo, miradas clavadas en Karly desde el aire mientras ella se ríe cantando al ver la escena. Al terminar el concierto de Wednesday, todo el mundo, vestido con el merch, parece querer lo mismo que en el momento inmediato de bajarse de una montaña rusa: ¡vamos otra vez!