Aeronave adolescente: 'Sueño con salones llenos'
El arte y la cultura no nos pueden salvar siempre.
28 de enero 2026
Hablo por teléfono con mi padre: me dice que le gusta mucho la nueva casa a la que se acaban de mudar, porque sabe que tarda aproximadamente tres veces la duración del disco American Water (1998) de Silver Jews en limpiarla entera.
Escuchando el nuevo LP de Daniel Valcárcel —a.k.a Aeronave Adolescente— Sueño con salones llenos (2026), pienso en cuántas veces tendría que reproducirlo hasta alcanzar un momento de calma. Me pregunto cuántas escuchas harían falta para que nuestro entorno dejase de parecer una película distópica mala, cuántas veces más tendría que oír a Dani repetir “estos días serán los días de nuestras vidas” hasta interiorizar que el ritmo del frenetismo es algo a lo que deberíamos acostumbrarnos.
Producido por el propio Valcárcel junto a Pablo Rego, y con mezcla y máster a cargo de Otro (Aaron Morris), el sello Caribe presenta el disco como un “retrato generacional íntimo”: un conjunto de canciones escritas y grabadas (en su mayor parte) desde el espacio recogido de una habitación, un lugar seguro desde el que asomarse hacia el mundo exterior.
En algunos sentidos, el disco me recuerda a Punisher (2020) de Phoebe Bridgers: tiene ese mismo aire de retrato apocalíptico y narrativo que insiste en esa constante de estar en el final de todo. En el caso de Aeronave, ese sentimiento se introduce en la primera canción, “La última mota de polvo del mundo”, donde el narrador recuerda melodramáticamente su pasado y anticipa el fin al son del último noticiario televisivo y un solo de guitarra que se extiende casi dos minutos.
En “El día de la Marmota II”, Dani aborda las principales problemáticas de nuestra generación —inaccesibilidad a la vivienda, los sueldos precarios, etc—, mientras construye un ambiente sonoro divertido que, contrapuesto al contexto sombrío de la letra, genera un tono casi cómico. Esta temática continúa con un matiz más melancólico en “Brilla, brilla”, que arranca con:
algún día / tendré que salir de casa / algún día
A veces pienso que esta sensación de vivir en un paréntesis es compartida por muchas personas jóvenes que intentan avanzar hacia la adultez: cuando me saque la oposición, cuando me pueda plantear comprar una casa, cuando deje de depender de mis padres, cuando la política sea estable, cuando echen a Trump de la Casa Blanca, cuando Palestina sea libre, cuando termine este trabajo y tenga tiempo de desarrollar x habilidad artística… Somos una generación estancada en un bache: nos prometieron todo de pequeñas y ahora nos encontramos con todas las salidas bloqueadas. En la canción “V.D.M” del disco, Dani dice:
y a veces esta vida parece un corredor sin salida
en el que toda puerta está atrancada o cerrada
En “Todo lo que tengo” la letra, según el propio Valcárcel, describe “la sensación de estar luchando contra algo que no se mueve, por mucha fuerza que le metas”. Al escuchar el saxofón interpretado por Pablo Lego, pienso en “Goin’ to Acapulco” de Bob Dylan, versionada por Jim James (My Morning Jacket) y Calexico para la película I’m not there (2007). Me aferro a los vientos de esa canción, ese “yeeeeeeeah” que suena al final de cada estribillo. El saxofón aquí es una vía de escape, la frustración se libera a través del viento.
Estos temas también me recuerdan a “I’m Fixing a Hole” de los Beatles, del St. Peppers Lonely Hearts Club Band (1967). Aunque, supuestamente, fue escrita por McCartney pensando en las fans que intentaban colarse en su casa, encuentro en la metáfora una lectura más amplia: la sensación de pérdida constante en la que parecemos vivir, bombardeadas una y otra vez por noticias terribles y fenómenos naturales devastadores fruto del cambio climático. A veces deseo poder tapar esos agujeros y evitar que se hagan realidad todos los miedos que teníamos hace diez años.
Dicho esto, en el disco de Aeronave existe una esperanza espolvoreada entre el pesimismo: la inercia y el impulso creativo que aún nos continúa empujando hacia delante. Lo vemos en “V.M.D”, en “Todo lo que tengo” o en el cierre de “El día de la Marmota II”:
agujeros negros engullen la ciudad
pero mientras encuentro mis pasiones y fuerza en mis temores
El disco de Dani me revuelve muchas cosas, y por ello diría que exige más de una escucha para que el mensaje cale de verdad. En Sueño con salones llenos resuenan ecos de Silver Jews y su cantante David Berman —referencia clara de Aeronave—, a quien cita en una de sus newsletters. Silver Jews se disolvieron en 2009, y diez años más tarde, Berman publicó, bajo el nombre de Purple Mountains, otro disco en el que describe su completa desolación ante el mundo mediante un tono irónico y humorístico, donde las canciones resultan bailables aunque sus letras sean tremendamente tristes. Berman parecía buscar en el arte una forma de comunicar su desesperación, pero encontró al final que era inútil. Como dice Guillermo Lorenzo sobre su obra: “No entendió, o entendió demasiado tarde y radicalmente, que la belleza de las cosas, también de la música, es inversamente proporcional a su utilidad.”
A veces no existe esperanza, y aunque la música es un medio de expresión, de distracción, o placer, a veces una tiene que aceptar que el arte no siempre puede cambiar el mundo (y digo esto siendo la primera que intenta buscar el sentido de las cosas a través de la música y de lo que me apasiona).
Pienso en esta idea en relación al debate online de los últimos días que surgió de este vídeo de Leo Espluga donde hace mención a Raving de McKenzie Wark. En la letra de “La balada de José y Josefina” —canción de 10 minutos que también me recuerda un poco a “Beach life in death” de Car Seat Headrest— Daniel repite: “una y otra vez diversión garantizada al 100%”, como si estuviésemos atrapados en la constante búsqueda de espacios de placer y excitación.
El arte y la cultura no nos pueden salvar siempre. Existen momentos puntuales que sí tienen que ver con el disfrute y la belleza, pero al final debemos ser conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Por ello, creo que Sueño con salones llenos reúne una combinación de elementos y mensajes que lo convierte en un disco complejo y profundo, lleno de esplendor, melancolía y consciencia política/social. Puede que no tenga muchas ganas de saber lo que nos depara el futuro, pero sí de ver todo lo siguiente que saque Aeronave Adolescente.
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