Un rato en La Sol con EZEZEZ

Por
Ana Webb
21/1/2026

“Hemos estado con una década de minimalismo insoportable en todo, también en la música... O sea estamos de vuelta. Y luego estaremos de vuelta otra vez”

Evento relacionado
EZEZEZ y Silitia - Sala El Sol
al
17/1/26
·
Sala El Sol

La banda bilbaína EZEZEZ está formada por Unai Madariaga (voz, guitarra), Mikel Irigoyen (bajo), Eneko Ajangiz (guitarra) y Álvaro Olaetxea (batería). Su último disco, Kabakriba, publicado este pasado 2025, continúa la trayectoria iniciada con su segundo, Katuzaldia (2023), en el que cambiaron el idioma de las letras de sus canciones de inglés a euskara. 

Cuando una piensa en música vasca, quizás lo primero que se le venga a la cabeza es el rock radical vasco, al haber sido una de las piezas clave en la introducción del punk en la España de la transición democrática. El rock radical vasco funcionó en gran parte como una etiqueta de distinción para los jóvenes, quienes sentían la necesidad de expresarse de modos ajenos a los convencionales. De aquí uno de los puntos claves del punk: el “do it yourself”, y la consecuente aparición de discográficas independientes (como la casa de discos Soñua, que introdujo el nombre de la etiqueta RRV), las radios libres, los gaztexes, los fanzines etc. 

Por eso, lo primero que les pregunto a EZEZEZ cuando me termino de sentar en uno de esos roñosos cuartos del sótano de la Sala el Sol es si creen que aún existe algún resquicio de esa garra que propulsó el punk en ciudades como Bilbao. “Se comparte una energía de hacer un poco lo que (a cada uno) le apetece y cómo le apetece, y así salen proyectos muy diversos y muy interesantes” dice Álvaro. 

En relación a estas referencias me llama la atención la sexta canción del disco “108.00”, que suena como la búsqueda de una sintonía en la radio (un poco al modo de los interludios de Songs for the Deaf (2002) de Queens of the Stone Age), y me pregunto si tiene algo que ver con el reivindicar la radio en sí. Me dicen que no, y que tampoco es una referencia a Queens, más bien “ una manera de unir canciones que teníamos que no sabíamos (qué hacer con ellas), cosas que nos molaban y que estaban por ahí sueltas”. De esta intención de experimentar con los formatos y explorar las capacidades de la creación musical a través de la improvisación surgen algunos de los aspectos más interesantes de la banda. 

De hecho, han mencionado en varias entrevistas que su forma de componer se basa en jams que hacen tanto en el estudio, como en la sala de ensayos, y que terminan grabando sobre la marcha, el cual es el caso del gran single del nuevo disco “punto final”, que sacaron en tan solo una mañana. 

Lo único que no se saca por improvisación son las letras, “el approach a la letra es bastante fonético”. “Cuando estamos improvisando yo canto en japonés inventado y me agarro como esas fonéticas… pues aquí esta palabra que me he inventado acaba de esta forma, voy a buscar una en euskera que acabe de esta forma y de ahí se construye una frase o una historia” dice Unai.

Foto de promo

Me interesa también la introducción de algunas palabras en castellano, inglés o francés en las letras, ya que para el oyente no nativo permite generar una puerta de acceso a una comprensión subjetiva de lo que el cantante podría estar expresando en la canción. Le pregunto si esto es intencionado, a lo que me responde que no, que simplemente es una forma de mostrar el modo en el que él habla, mezclando ambos idiomas. Comentan que esto es natural en su forma de hablar, al igual que al hablar castellano se le cuelan palabras en euskara. Esto es “fruto de debate hoy en día también. El tema de meter el castellano en todo hay gente que le parece terrible” comenta Kike Heredero, el trompetista que les acompaña en los conciertos. 

Les menciono que es complejo para una persona que no hable euskera entender las letras al completo, ya que las herramientas de traducción online como Google Translate no hacen muy buena labor en realizar una fiel traducción de los versos. “Claro, es que encima están en Vizcaíno que no solo es euskera: es un paso más dentro del euskera” comenta Unai. 

La forma que tiene Unai de escribir produce una poesía que resulta bastante interesante desde ese planteamiento ser de casi como un cadáver exquisito, donde nace una palabra y los versos se construyen en relación a ella. Uno de mis versos favoritos del disco: Grabitatea abandonatu, ispiluetan narrua hustu (Abandonar la gravedad, vaciar la piel en los espejos).

Les pregunto también por la referencia a Albert Hoffmann en “laberinto club” el “inventor” del LSD. Parece ser que el verso alude a “la historia mítica de Albert Hoffmann yendo en la bici. Llevaba (el LSD) en el bolsillo, algo así, e iba sudado y le entró por toda la pierna o algo, se pegó un bolón que se fue al espacio y volvió, dio 50 vueltas, pero heavy, heavy. Entonces claro, ahí dijo vale, esto es algo” dice Eneko. La letra dice (traducción) “Y a las cuatro de la mañana 1943 yo era Albert Hoffman en bicicleta al revés”.

Les comento que no había entendido bien lo que quería decir el verso, ante lo cual contesta Kike: “puedes llegar a sentir eso, que vas para adelante pero el mundo va para atrás, ¿Sabes? Como que en vez de estar andando tú, está andando todo lo demás”, ante lo que todos se ríen, pero releyendo la transcripción pienso que es una buena metáfora. 

Menciono una idea que siempre me ha rondado la cabeza, que es la conexión entre la performatividad del punk y el underground de la escena del RRV y cómo pudo impactar a la obra de artistas de arte contemporáneo que estudiaron en Bilbao a finales de los 80, ejemplificado en figuras como Itziar Okariz, conocida por el uso del cuerpo y la voz en sus performances. Una de sus obras más conocidas es “meando en espacios públicos” (2000-2004). Les pregunto entonces por la irrupción del Museo Guggenheim en Bilbao, y cómo es considerado desde la perspectiva local.

El Guggenheim está de espaldas a lo que es el arte en la ciudad, o sea, es todo por especulación de grandes artistas internacionales pero que no tienen absolutamente nada que ver con Bilbao”, dice Eneko. Unai recalca que la aparición del Guggenheim en Bilbao fue una manera de usar el arte para “limpiar la imagen de una ciudad pequeña, industrial y muy sucia, que era de donde bebía también toda esa escena” del RRV. En definitiva, la alta cultura que absorbe la cultura pop/underground o “baja cultura” para apropiarse de los mensajes discursivos y transformar lo emancipatorio en imágenes carentes de significado.

En relación al Guggenheim, resulta contundente mencionar el tema del proyecto de sede Urdaibai, mencionado en los últimos versos de “ez da iritzen”. La fundación Guggenheim quería construir dos sedes más para el museo en una reserva natural de la biosfera declarada por la UNESCO en 1984, en Guernica y Murueta. Esta iniciativa, que se inició en los años 90, había sido paralizada ya en pasadas ocasiones, hasta 2021 cuando la Diputación da el primer paso para reactivarla. 

Afortunadamente la iniciativa y organización vecinal hizo que el patronato del museo cancelase oficialmente el proyecto en diciembre de 2025. “Era prácticamente inviable pero el gobierno ya había puesto pasta… se cambiaron leyes para que fuera viable, y si no llegase (a ser) por la presión del pueblo y todas las cuestiones, seguramente se hubiese hecho” me comenta Unai.

Volviendo a esas ideas de la performatividad en el punk, el directo de EZEZEZ destaca por su potencia, no sólo por la intensidad de la instrumentación, sino también por el carácter teatral de la puesta en escena de Unai. Me llama especialmente la atención la máscara de pintura que se aplica cada vez que sube al escenario. En el concierto de la Sala El Sol al que asistí tras la entrevista, Unai subió en un momento al escenario para comprobar el equipo y, apenas cinco minutos después, reapareció con el rostro pintado y una actitud completamente distinta, dispuesto a enfrentarse al público con una mirada desafiante que sostuvo durante más de un minuto entre el final de la primera canción y el inicio de “static txomin”. Del mismo modo, poco después de terminar el concierto, ya estaba en la mesa del merch con el rostro perfectamente limpio de pintura.

Foto de Claudia Polo

Sobre esta performatividad el cantante comenta, “tampoco sé muy bien ni cómo empecé ni por qué ni para qué. Un día me pinté la cara. Evidentemente es como un elemento performativo más que me gusta”. A lo que Eneko recalca, “igual al mismo tiempo son como exageraciones de cosas que ya llevas dentro realmente, o llevado al máximo exponente”. 

En relación a su directo les pregunto por los pogos. En general lo ven como algo positivo: “desde arriba ver que la peña reacción y se hace un pogo… A ti también te da buen rollo, disfrutas viendo que la gente disfruta” dice Álvaro. Les comento un poco sobre la violencia que pueden implicar estos encuentros desde lo físico, ante lo que responden que “depende de la edad también. De la edad del público. Si la media es un poco más alta ya hay peligro de rodilla”, comenta Mikel. “Es como cuando llegas a un bolo y ves dilataciones, escapas” suelta Guille, y todos se ríen.

 

Luego hay pogos y pogos”, dice Unai. “Si ves a los típicos tarugos ahí dándose de hostias y ves peña que no está agusto a mí sí me raya y yo suelo decir por el micro en plan “tú se me cuidan aquí” porque es peligroso también andar aquí chocándote con la peña, te llevas un codazo, te abren la cabeza”. 

Les comparto mi experiencia en los pogos, donde normalmente acabo en el suelo con la mano de un extraño ayudándome a levantarme de nuevo. Unai me recuerda que “luego es que el pogo tiene como una hermandad que es bonita también. Abrazarte a un desconocido porque te están empujando y pivotar con alguien que está todo sudado”. 

Pero esa explosión sobre el escenario solo es posible a través de la originalidad de la instrumentación del proyecto. Según la web de Lume!, “toman bases pop y las moldean con la garra del punk, la individualidad del grunge y el nervio del rock”. 

Pienso en la complejidad a la que está llegando el sonido de las bandas tanto nacionales como internacionales, con el surgir de proyectos como Squid, BCNR o Black Midi, y les pregunto si esto es algo que les llama la atención respecto a la evolución de la música actual. “Yo creo que es una reacción lógica al mundo estéril, gris, indefinido…” dice Mikel. “Hemos estado con una década de minimalismo insoportable en todo, en la arquitectura, en el diseño, apartamentos grises, muebles blancos, edificios cebras, en la música cada vez más minimalismo... O sea estamos de vuelta. Y luego estaremos de vuelta otra vez”.

Lo último sobre lo que comentamos es D’angelo, el músico y productor que se hizo famoso a principios de los 2000 por ser una figura central en el desarrollo del neo-soul, última etapa del R&B estadounidense, fallecido este pasado 2025 y del que Eneko es fan declarado. Es interesante considerar esta figura dentro de las referencias de la banda, pues quizás el R&B no sería lo primero que se te vendría a la cabeza al escuchar cualquier canción de EZEZEZ. Pero tampoco te esperarías que en mitad del bolo Eneko se fuese a marcar una cover de “Umbrella” de Rihanna con solo cuatro notas bien tocadas a la guitarra para acompañar su voz y la de toda la sala que le fue haciendo los coros. 

Después de haber hecho un esfuerzo por empacharme de sus dos últimos discos la última semana y media, encuentro que hay algo adictivo en EZEZEZ, pues es uno de esos proyectos cuya producción permite descubrir progresivamente más y más capas de profundidad, lo cual ocurre igualmente cuando una intenta traducir las letras al castellano e interpretar los mensajes de sus versos. 

Cuando nos levantamos para irnos, Eneko se pone esa especie de falda que lleva en todos los conciertos y que sale vistiendo en las fotos de promoción. “¿Eso también lo has hecho tú?” le pregunto a Unai, autor de la mayor parte de la estética de la banda, portadas y carteles de gira incluidos. “Qué va eso se lo hizo el Eneko” me responde. “Son dos camisas cosidas entre sí” apunta el guitarrista. Lo último con lo que me quedo antes de irme es un comentario de Unai que me dice algo parecido a “aquí cada uno hace su movida”. 

Quizás es eso lo que ha propulsado la energía de la banda, el partir del proyecto en solitario de Unai para complejizarse a través de ese palimpsesto de influencias y creatividad que cada uno lleva a la espalda. Un todo que a falta de uno de ellos se desintegraría, una buena banda, en definitiva. 

Foto de promo

sustrato funciona gracias a las aportaciones de lectores como tú, que llegas al final de los artículos. Por eso somos de verdad independientes.
Lee a tus autores favoritos y apoya directamente su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES
Música
Un rato en La Sol con EZEZEZ
“Hemos estado con una década de minimalismo insoportable en todo, también en la música... O sea estamos de vuelta. Y luego estaremos de vuelta otra vez”
Por
Ana Webb
21/1/2026
Evento relacionado
EZEZEZ y Silitia - Sala El Sol
al
17/1/26
·
Sala El Sol

La banda bilbaína EZEZEZ está formada por Unai Madariaga (voz, guitarra), Mikel Irigoyen (bajo), Eneko Ajangiz (guitarra) y Álvaro Olaetxea (batería). Su último disco, Kabakriba, publicado este pasado 2025, continúa la trayectoria iniciada con su segundo, Katuzaldia (2023), en el que cambiaron el idioma de las letras de sus canciones de inglés a euskara. 

Cuando una piensa en música vasca, quizás lo primero que se le venga a la cabeza es el rock radical vasco, al haber sido una de las piezas clave en la introducción del punk en la España de la transición democrática. El rock radical vasco funcionó en gran parte como una etiqueta de distinción para los jóvenes, quienes sentían la necesidad de expresarse de modos ajenos a los convencionales. De aquí uno de los puntos claves del punk: el “do it yourself”, y la consecuente aparición de discográficas independientes (como la casa de discos Soñua, que introdujo el nombre de la etiqueta RRV), las radios libres, los gaztexes, los fanzines etc. 

Por eso, lo primero que les pregunto a EZEZEZ cuando me termino de sentar en uno de esos roñosos cuartos del sótano de la Sala el Sol es si creen que aún existe algún resquicio de esa garra que propulsó el punk en ciudades como Bilbao. “Se comparte una energía de hacer un poco lo que (a cada uno) le apetece y cómo le apetece, y así salen proyectos muy diversos y muy interesantes” dice Álvaro. 

En relación a estas referencias me llama la atención la sexta canción del disco “108.00”, que suena como la búsqueda de una sintonía en la radio (un poco al modo de los interludios de Songs for the Deaf (2002) de Queens of the Stone Age), y me pregunto si tiene algo que ver con el reivindicar la radio en sí. Me dicen que no, y que tampoco es una referencia a Queens, más bien “ una manera de unir canciones que teníamos que no sabíamos (qué hacer con ellas), cosas que nos molaban y que estaban por ahí sueltas”. De esta intención de experimentar con los formatos y explorar las capacidades de la creación musical a través de la improvisación surgen algunos de los aspectos más interesantes de la banda. 

De hecho, han mencionado en varias entrevistas que su forma de componer se basa en jams que hacen tanto en el estudio, como en la sala de ensayos, y que terminan grabando sobre la marcha, el cual es el caso del gran single del nuevo disco “punto final”, que sacaron en tan solo una mañana. 

Lo único que no se saca por improvisación son las letras, “el approach a la letra es bastante fonético”. “Cuando estamos improvisando yo canto en japonés inventado y me agarro como esas fonéticas… pues aquí esta palabra que me he inventado acaba de esta forma, voy a buscar una en euskera que acabe de esta forma y de ahí se construye una frase o una historia” dice Unai.

Foto de promo

Me interesa también la introducción de algunas palabras en castellano, inglés o francés en las letras, ya que para el oyente no nativo permite generar una puerta de acceso a una comprensión subjetiva de lo que el cantante podría estar expresando en la canción. Le pregunto si esto es intencionado, a lo que me responde que no, que simplemente es una forma de mostrar el modo en el que él habla, mezclando ambos idiomas. Comentan que esto es natural en su forma de hablar, al igual que al hablar castellano se le cuelan palabras en euskara. Esto es “fruto de debate hoy en día también. El tema de meter el castellano en todo hay gente que le parece terrible” comenta Kike Heredero, el trompetista que les acompaña en los conciertos. 

Les menciono que es complejo para una persona que no hable euskera entender las letras al completo, ya que las herramientas de traducción online como Google Translate no hacen muy buena labor en realizar una fiel traducción de los versos. “Claro, es que encima están en Vizcaíno que no solo es euskera: es un paso más dentro del euskera” comenta Unai. 

La forma que tiene Unai de escribir produce una poesía que resulta bastante interesante desde ese planteamiento ser de casi como un cadáver exquisito, donde nace una palabra y los versos se construyen en relación a ella. Uno de mis versos favoritos del disco: Grabitatea abandonatu, ispiluetan narrua hustu (Abandonar la gravedad, vaciar la piel en los espejos).

Les pregunto también por la referencia a Albert Hoffmann en “laberinto club” el “inventor” del LSD. Parece ser que el verso alude a “la historia mítica de Albert Hoffmann yendo en la bici. Llevaba (el LSD) en el bolsillo, algo así, e iba sudado y le entró por toda la pierna o algo, se pegó un bolón que se fue al espacio y volvió, dio 50 vueltas, pero heavy, heavy. Entonces claro, ahí dijo vale, esto es algo” dice Eneko. La letra dice (traducción) “Y a las cuatro de la mañana 1943 yo era Albert Hoffman en bicicleta al revés”.

Les comento que no había entendido bien lo que quería decir el verso, ante lo cual contesta Kike: “puedes llegar a sentir eso, que vas para adelante pero el mundo va para atrás, ¿Sabes? Como que en vez de estar andando tú, está andando todo lo demás”, ante lo que todos se ríen, pero releyendo la transcripción pienso que es una buena metáfora. 

Menciono una idea que siempre me ha rondado la cabeza, que es la conexión entre la performatividad del punk y el underground de la escena del RRV y cómo pudo impactar a la obra de artistas de arte contemporáneo que estudiaron en Bilbao a finales de los 80, ejemplificado en figuras como Itziar Okariz, conocida por el uso del cuerpo y la voz en sus performances. Una de sus obras más conocidas es “meando en espacios públicos” (2000-2004). Les pregunto entonces por la irrupción del Museo Guggenheim en Bilbao, y cómo es considerado desde la perspectiva local.

El Guggenheim está de espaldas a lo que es el arte en la ciudad, o sea, es todo por especulación de grandes artistas internacionales pero que no tienen absolutamente nada que ver con Bilbao”, dice Eneko. Unai recalca que la aparición del Guggenheim en Bilbao fue una manera de usar el arte para “limpiar la imagen de una ciudad pequeña, industrial y muy sucia, que era de donde bebía también toda esa escena” del RRV. En definitiva, la alta cultura que absorbe la cultura pop/underground o “baja cultura” para apropiarse de los mensajes discursivos y transformar lo emancipatorio en imágenes carentes de significado.

En relación al Guggenheim, resulta contundente mencionar el tema del proyecto de sede Urdaibai, mencionado en los últimos versos de “ez da iritzen”. La fundación Guggenheim quería construir dos sedes más para el museo en una reserva natural de la biosfera declarada por la UNESCO en 1984, en Guernica y Murueta. Esta iniciativa, que se inició en los años 90, había sido paralizada ya en pasadas ocasiones, hasta 2021 cuando la Diputación da el primer paso para reactivarla. 

Afortunadamente la iniciativa y organización vecinal hizo que el patronato del museo cancelase oficialmente el proyecto en diciembre de 2025. “Era prácticamente inviable pero el gobierno ya había puesto pasta… se cambiaron leyes para que fuera viable, y si no llegase (a ser) por la presión del pueblo y todas las cuestiones, seguramente se hubiese hecho” me comenta Unai.

Volviendo a esas ideas de la performatividad en el punk, el directo de EZEZEZ destaca por su potencia, no sólo por la intensidad de la instrumentación, sino también por el carácter teatral de la puesta en escena de Unai. Me llama especialmente la atención la máscara de pintura que se aplica cada vez que sube al escenario. En el concierto de la Sala El Sol al que asistí tras la entrevista, Unai subió en un momento al escenario para comprobar el equipo y, apenas cinco minutos después, reapareció con el rostro pintado y una actitud completamente distinta, dispuesto a enfrentarse al público con una mirada desafiante que sostuvo durante más de un minuto entre el final de la primera canción y el inicio de “static txomin”. Del mismo modo, poco después de terminar el concierto, ya estaba en la mesa del merch con el rostro perfectamente limpio de pintura.

Foto de Claudia Polo

Sobre esta performatividad el cantante comenta, “tampoco sé muy bien ni cómo empecé ni por qué ni para qué. Un día me pinté la cara. Evidentemente es como un elemento performativo más que me gusta”. A lo que Eneko recalca, “igual al mismo tiempo son como exageraciones de cosas que ya llevas dentro realmente, o llevado al máximo exponente”. 

En relación a su directo les pregunto por los pogos. En general lo ven como algo positivo: “desde arriba ver que la peña reacción y se hace un pogo… A ti también te da buen rollo, disfrutas viendo que la gente disfruta” dice Álvaro. Les comento un poco sobre la violencia que pueden implicar estos encuentros desde lo físico, ante lo que responden que “depende de la edad también. De la edad del público. Si la media es un poco más alta ya hay peligro de rodilla”, comenta Mikel. “Es como cuando llegas a un bolo y ves dilataciones, escapas” suelta Guille, y todos se ríen.

 

Luego hay pogos y pogos”, dice Unai. “Si ves a los típicos tarugos ahí dándose de hostias y ves peña que no está agusto a mí sí me raya y yo suelo decir por el micro en plan “tú se me cuidan aquí” porque es peligroso también andar aquí chocándote con la peña, te llevas un codazo, te abren la cabeza”. 

Les comparto mi experiencia en los pogos, donde normalmente acabo en el suelo con la mano de un extraño ayudándome a levantarme de nuevo. Unai me recuerda que “luego es que el pogo tiene como una hermandad que es bonita también. Abrazarte a un desconocido porque te están empujando y pivotar con alguien que está todo sudado”. 

Pero esa explosión sobre el escenario solo es posible a través de la originalidad de la instrumentación del proyecto. Según la web de Lume!, “toman bases pop y las moldean con la garra del punk, la individualidad del grunge y el nervio del rock”. 

Pienso en la complejidad a la que está llegando el sonido de las bandas tanto nacionales como internacionales, con el surgir de proyectos como Squid, BCNR o Black Midi, y les pregunto si esto es algo que les llama la atención respecto a la evolución de la música actual. “Yo creo que es una reacción lógica al mundo estéril, gris, indefinido…” dice Mikel. “Hemos estado con una década de minimalismo insoportable en todo, en la arquitectura, en el diseño, apartamentos grises, muebles blancos, edificios cebras, en la música cada vez más minimalismo... O sea estamos de vuelta. Y luego estaremos de vuelta otra vez”.

Lo último sobre lo que comentamos es D’angelo, el músico y productor que se hizo famoso a principios de los 2000 por ser una figura central en el desarrollo del neo-soul, última etapa del R&B estadounidense, fallecido este pasado 2025 y del que Eneko es fan declarado. Es interesante considerar esta figura dentro de las referencias de la banda, pues quizás el R&B no sería lo primero que se te vendría a la cabeza al escuchar cualquier canción de EZEZEZ. Pero tampoco te esperarías que en mitad del bolo Eneko se fuese a marcar una cover de “Umbrella” de Rihanna con solo cuatro notas bien tocadas a la guitarra para acompañar su voz y la de toda la sala que le fue haciendo los coros. 

Después de haber hecho un esfuerzo por empacharme de sus dos últimos discos la última semana y media, encuentro que hay algo adictivo en EZEZEZ, pues es uno de esos proyectos cuya producción permite descubrir progresivamente más y más capas de profundidad, lo cual ocurre igualmente cuando una intenta traducir las letras al castellano e interpretar los mensajes de sus versos. 

Cuando nos levantamos para irnos, Eneko se pone esa especie de falda que lleva en todos los conciertos y que sale vistiendo en las fotos de promoción. “¿Eso también lo has hecho tú?” le pregunto a Unai, autor de la mayor parte de la estética de la banda, portadas y carteles de gira incluidos. “Qué va eso se lo hizo el Eneko” me responde. “Son dos camisas cosidas entre sí” apunta el guitarrista. Lo último con lo que me quedo antes de irme es un comentario de Unai que me dice algo parecido a “aquí cada uno hace su movida”. 

Quizás es eso lo que ha propulsado la energía de la banda, el partir del proyecto en solitario de Unai para complejizarse a través de ese palimpsesto de influencias y creatividad que cada uno lleva a la espalda. Un todo que a falta de uno de ellos se desintegraría, una buena banda, en definitiva. 

Foto de promo

sustrato se mantiene independiente y original gracias a las aportaciones de lectores como tú, que llegas al final de los artículos.
Lo que hacemos es repartir vuestras cuotas de manera justa y directa entre los autores.
Lee a tus autores favoritos y apoya directamente su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES