Cines

Hope, Fundación SCP meets Steven Spielberg

El coreano este fue el más listo de todos, anticipándose años a lo que se viene en el mainstream.

20 de octubre 2026


“Sabía que algún día llegarían 

seres extraños de orden superior,de algún planeta mucho mejor “


(Guru Zakon Kin Kon, Vainica Doble)


En un primer vistazo, además de una película bien resultona con un metraje quizá algo excesivo*, no te queda otra que asentir al ver lo cohesionado que le queda a Hope lo de mezclar no sólo géneros (ciencia ficción, monster movie, buddy movie, comedia, terror e incluso, llegando al final, ese género de cabriolas imposibles que es lo que se viene a denominar en conversaciones informales con amigos "película de Jackie Chan"), sino que también lugares de paso obligados en cada género desde que sus películas más famosas quedasen como plantilla a seguir. El fan del cine palomitero verá no pocas concomitancias entre ciertos pasajes de Hope con otros de Tiburón, Temblores, Depredador, Arma Letal y tantas otras piezas esenciales ya bien grabadas a fuego en el imaginario colectivo. De hecho, a su manera, es una especie de deconstrucción de dos de las más conocidas películas del más afamado director de fantasía mainstream, Steven Spielberg: Hope, en su primera mitad, es el acto final de caza y derribo al escualo de Tiburón, y en su segunda parte, cacerías a lo Depredador al margen, todo es darle la vuelta a esa batida inicial de E.T. El Extraterrestre que termina con la familia del alienígena olvidándose al crío en la tierra. Eso, pero nada de huir: aquí deciden nacionalizarse terráqueos y se llevarán por delante a todo el que se oponga a ello. Un poco lo que podría haber pasado si Los Caraconos (un saludo a Odón Elorza), lejos de ser alienígenas amigables, hubiesen formado una célula terrorista para quedarse en nuestro planeta.


Al principio de la peli, justo en una de esas secuencias tan bien rodadas a bordo del coche patrulla a mil por hora (qué gusto filmar y editar persecuciones de coches dejando el plano sin cortar en lugar de cambiar la cámara cada fracción de segundo, qué maravilla todo eso), cuando se ve a la humanoide llorando, celebré que el monstruo fuese algo sacado de la Fundación SCP**. Concretamente, la criatura SCP-096, aquella a la que también se le denomina "la llorona": desnutrida, de casi tres metros de altura, con brazos 4 veces más largos respecto a la proporción en un humano, unas fauces ampliables a semejantes proporciones aberrantes, espíritu runner y Red Bull o cocaína en vez de sangre... salvo por el mecanismo detonante que hace que esta especie de Niña Medeiros te persiga a toda hostia sin pararse ante nada hasta matarte, es obvio que Hong-Jin, a juzgar por lo que mostraba en ese momento, había fusilado la criatura de una base de datos colaborativa de internet. Y eso, justo ahora que es noticia que Hollywood, tras los triunfos mercantiles durante este 2026 que fueron Backrooms y Obsession, va a empezar a mirar más a esas ficciones que a franquicias de siempre y remakes que hacer, me llevó a pensar que el coreano este fue el más listo de todos, anticipándose años a lo que se viene en el mainstream. Encima, con una de las criaturas mejor diseñadas para generar canguelo que existan y de las más baratas que quepa concebir a la hora de todo lo que concierne a contratos de exclusividad previos a sacar adelante una producción cinematográfica, pues me da que el genio detrás de esa idea ni de coña la habrá llevado al registro y poco o nada tendría que apoquinar una productora para atar lo más elemental que atañe a toda producción hollywoodiense.


Pero no. La llorona no es un monstruo. Y esa es la gracia de la película.


Hong Jin, con el desarrollo de la trama, los vaivenes conductuales de unos y otros y cómo administra la información, va dirigiendo la simpatía del público hasta los que parecían monstruos de inicio conforme se nos medio obliga a abandonar a los humanos. A los primeros les va humanizando dotándoles cada vez de rasgos más antropomórficos***, motivaciones legítimas (tipo buscar a un bebé recién nacido en un territorio hostil poblado por criaturas no menos hostiles), tecnología (da miedo pensar en qué cuota anual de seguro te piden por esa nave espacial) y hasta una especie de jerarquía social de castas bastante próxima a las realezas de por aquí. Los humanos, al contrario; conforme avanza la peli y vamos sabiendo más de sus actos, más difícil es tenerles alguna consideración: ineptos, chillones, casi todos el equivalente al redneck clásico tan habitual de la sci fi yanqui****, un viejo cagón que se defeca diarrea en la mano*****... si es que, por poner difícil la identificación, hasta a los únicos medio normales les hace del gremio más odiado que existe: el de los policías. Eso sí, ni un “¡Caballero caballero! No puede hacer eso” les sueltan en las dos horas y media a los extraterrestres, seamos justos. Esta vez se comportan. 


Pero que nada, que eso. Hope es una maravilla que termina, además, de una forma extrañísima (gente corriendo en una carretera a la nada, alienígenas a varios metros tramando cosas), que poco antes chulea al espectador amagando (a base de exponer largo rato al que va colgado fuera del coche****** a un bocado del alienígena) con muerte que termina viniendo de otro lado (y se zanja con un gag que ni El Chavo Del Ocho) y que parte de la premisa aquella de la secuela de Tiburón (¿era la 3?) en la que todo acontecía por llevarse un parque acuático a la cría para ir a rescatarla la madre, pues es una peli que es imposible no defenderla. Por mucho que tenga un CGI de querer arrancarte los ojos de atroz. Hope, en realidad, es como si en Tiburón las cosas que hacen y dicen los humanos te obligasen a ir con el escualo. Qué puta locura de peli, por favor.





* Posiblemente, a resultas de las diferencias culturales de estar acostumbrados en occidente al estándar de hora y media mientras que en China, Corea y Japón raro es que te bajen de las dos horazas en los thrillers, pelis de sci fi y demás géneros palomiteros

** Lo mejor para adentrarse en la Fundación SCP e ir conociendo sus fascinantes criaturas es leer La División De Antimemética No Existe (Editorial Hidra, 2026), una maravilla de novela que compila varios textos de QNTM publicados en dicho repositorio de entes y narrativas tangenciales entre ellas.

*** En la autopsia se recalca bastante, si bien es cierto que luego adquieren propiedades un poco peculiares: cuernos de ciervo, epidermis de árbol, partes retráctiles a lo tortuga... y un extrañisimo doble talón que les hace caminar de puntillas, rollo cuando llegabas mamao a casa y no querías hacer ruido al entrar por el pasillo.

**** Flipados de las armas que están los primeros, sin que nadie pregunte, ofreciéndose a disparar en una batida cazamarcianos en el bosque. Y que, caso de dar ellos con un ejemplar, nada de ofrecerle una Budweiser para que cuente su historia e intenciones: con un cepo al sótano hasta que encuentre un cuchillo apropiado para hacerle una autopsia en vida.

***** El viejo cagón es un poco el borrachete de Tiburón contando la historia del Indianapolis.

****** ¿Otro guiño más al universo Spielberg? Set pieces de acción así, con alguien a lomos de un caballo esquivando balas, puñetazos o lo que sea mientras intenta brincar a otro vehículo, en un contexto más o menos contemporáneo donde ya existen los automóviles tal y como los conocemos (esto es, en un contexto no de batalla persa o del western), a cualquiera, si le piden un ejemplo, siempre se le va la memoria a las míticas persecuciones de Indiana Jones contra los nazis en la primera y la tercera, esas persecuciones en las que empieza siendo medallista olímpico de equitación para terminar siendo conductor con carnet tipo C en vigor para llevar camiones y/o tanquetas. 

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