Cines

Tu amigo y vecino Spiderman

Se recupera el tono de las 2 primeras y todas las decisiones que se asumen son correctas cuando no notables

30 de julio 2026


"In the chill of night,
At the scene of the crime
Like a streak of light
He arrives just in time"
(Spiderman, Ramones)


Gracias a novia pude asistir al pre-estreno de la nueva película de Spiderman en el Kinépolis de Boadilla, un lugar de ensueño rodeado por un circuito de mono-raíl, agua a 3 o 4 veces su precio normal en cualquier supermercado y hasta con un feísimo vehículo eléctrico allí expuesto, como en aquella peli de Van Damme en la que viajaba en el tiempo siendo poli para modificar al alza los trienios acumulados. Mi señora novia obtuvo las entradas gracias a resolver la primera de entre millones de oyentes de un podcast el acertijo de en qué te convierte la picadura de la cobra gay, y el premio era a todo lujo: fuimos, además de llevados desde Madrid a Boadilla en bus, también traídos de vuelta en ese mismo vehículo. Nada de dejarnos abandonados allí a nuestra suerte, todo un detalle. El pasaje del bus lo conformaban críticos de cine*, una mujer con perro lazarillo al que estaba entrenando, una serie de individuos con pinta de mercenarios y/o soldados de fortuna y una señora que se subió por error y que decidió establecerse en Boadilla, o al menos eso se infiere de no volverla a ver en el viaje de vuelta. Le deseamos la mejor de las suertes a tan peculiar mujer en su nueva vida en el Kinépolis .No todo iba a ir rodado en algo que demasiado daba para ser gratis, claro. La peli tardó casi 3/4 de hora en empezar, y semejante tardanza hubimos de soportarla con las luces encendidas y no poca parte del público disfrazada de lo que se supone que era el hombre araña pero, claro, en su versión cuarentona, politatuada, con pantalones pirata y alopecia irremisible. Para abstraernos de semejante blitzkrieg a los nervios oculares (y hacer tiempo de paso), novia y servidor nos dedicamos a fantasear con cómo serían los hipotéticos Spiderman de Bela Tarr, Aki Kaurismaki, Eduardo Casanova y otros grandes proscritos de las multisalas, conviniendo que, de lejos, Ken Loach sería el mejor de todos con ese hombre araña suyo totalmente alcoholizado y devastado por unas políticas neoliberales que le llevan al paro de larga duración en las minas de la periferia de Nueva York. También vivimos una de las cosas más excepcionales que he vivido jamás en una sala, algo inédito hasta ese instante en toda mi vida como espectador de sala de cine: ver una película sin tener que tragarnos antes 20 minutos entre trailers de otras pelis, anuncios de salones de boda, promocionales de ginebras, entradillas de sistemas de sonido específicos y cuñas de la UE para la reforestación de la suiza francoprusiana. Una gozadera casi mística, si me preguntan, y algo que, por desgracia, intuyo irrepetible. ¿De la saga? Pues la 1ª y la 2ª me gustaron mucho porque clavaban el espíritu de los cómics que leía de niño en los 80, con ese Spiderman socarrón y Peter Parker con los problemas y preocupaciones de persona normal y esos picos de intensidad que se dan en la vida de cualquier espectador: la muerte de un familiar, las dudas existenciales y de identidad, la culpa por la muerte de alguien homologable al rol de Gwen Stacy en la vida de Parker, etc etc. La tercera ya me saturaba con tanto colorín y meter a los spidermanes encarnados por Tobey Maguire (el actor con mayor aspecto de cura progre de la historia, su spiderman tendría que haber llevado mallas de pana o cantar canciones de Serrat en vez de lanzar telas de araña) y el otro, que es que ni quiero saber cómo se llama de la tirria que le tengo. Que se dejaba ver y tal pero para mí tremenda bajona en cuanto al tono y el hilo de las otras dos anteriores. Y aquí, de nuevo, se recupera el tono de las 2 primeras y todas las decisiones que se asumen son correctas cuando no notables: desde la incorporación de Frank Castle y no forzar el humor con él (un personaje en realidad ultra turbio, como ya se clavase en la mejor película Marvel de la historia: The Punisher la de los 80, la de Mark Goldblatt) a ubicar el 90% de las escenas de acción con luz diurna (cuando son nocturnas, además de pegar un cantazo tremendo el CGI en las anteriores, queda todo deslucido y como que muy ajeno al espíritu de Spiderman, no puedo explicarlo con rigor porque es una noción a lo sentido arácnido pero siempre queda como un inserto de otra saga en el universo del hombre araña). No hay nada que patine, y hallazgos como el efecto a lo "ojo mágico/visual para ver con gafa 3D de las antiguas" al que se recurre cuando Jean Grey aumenta el radio de acción de sus poderes telekinéticos son una vuelta a los fxs artesanales (si bien tendrán una postproducción y retoques de flipar) que se agradecen sobremanera. Y aunque preferiría una película con los devaneos amorosos y sentimentales de Peter Parker suprimiendo todas las escenas de acción, que considero quedaría una peli de 90 minutos bastante mejor que muchísimas comedietas indies y mainstream de amor, lo cierto es que está muy bien tal como se ha concebido: tiene ritmo medidísimo, el tono no satura con excesos de coñas ni de batallas y, lo que es más importante, cuando meten gente de Marvel de otras series y sagas no queda nada forzado, todo resulta bastante natural y fluido.


Y el cameo final. Que ya anticiparon al presentar la película que nos quedásemos tras los créditos y, claro, toda la gente murmurando durante esos 5 minutos de espera que si sería segurísimo Bruce Campbell o que no, que habían leído una filtración de uno del catering que sabía que fusionarían el Marvel Cinematic Universe con el de El Chavo Del Ocho y cuando finalmente apareció la sombra de unas gafas así como de persona catalana que trabaja en marketing y comunicación, una característica melena y unas del todo inconfundibles botas el cine estalló en aplausos y gritos porque a

Ángels Barceló sabe Sony que somos muchísimos, millones de personas, los que la consideramos el superhéroe más importante de la historia pese a no tener superpoderes: ella lucha con su voz y la ayuda de las ondas contra la ultraderecha y la gente que vota mal. Un gesto emocionantísimo para con la aguerrida periodista, máxime ahora que la echaron de la SER, que nos hizo volvernos a casa a todos la mar de felices porque, aunque los superhéroes no existen, siempre nos quedarán los periodistas para que si un día alguien quiere darnos un navajazo ellos lo reciban por nosotros. Ojalá.



* Por allí rondaba el gran Miguel Juan Payán de Acción Cine, el defenestrable Javier Ocaña de El País y un ebrio Carlos Boyero, el cual, nada más salir el logo de Marvel, se dirigió a la pantalla para desnudarse y encararse con ella, terminando por vomitarse encima y teniendo que ser desalojado por 5 efectivos de la seguridad privada del cine.


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