Cines

The Odyssey

El hecho de que el héroe de Nolan se nos presente como un mártir despojado de astucia da pie a caer en un terreno muy peligroso: el Odiseo víctima

4 de agosto 2026 · 2 comentarios


Sólo hay un escenario peor que el que un chico te cocine pasta carbonara: que luego te proponga ver Interestelar. Después del parmesano, la emulsión del huevo y el crepitar de -en el mejor de los casos- la panceta, la sobremesa espacial y el consecuente excurso explicativo.

Empiezo así porque creo que es importante poner las cartas sobre la mesa: la filmografía de Christopher Nolan es el epítome de un tipo de masculinidad que a estas alturas raya lo folclórico. Esto no significa, sin embargo, que sea inofensiva.

En Interstellar confluyen muchos factores que hacen que la experiencia no se termine cuando la pantalla se queda en negro. El cine consiste en esto, supongo. Pero es la manera en la que esta película trae cola en la que creo que es importante reparar. Pues claro que necesito que me expliques cómo funciona el agujero de gusano al deformar el tiempo, honey.

No sé. Respecto al resto: me dio igual Origen, me encanta el Caballero Oscuro de Christian Bale, consideré increíble en su momento la escena del diálogo Batman-Joker en el cuarto de los azulejos iluminados con luz verde y en Tenet me quedé dormida. El resto o no lo he visto o no me acuerdo.

Y ahora, habiendo dejado las cosas claras… qué pasada The Odissey, ¿no?

A modo de warning diré que las fuentes principales usadas para la confección de este pequeño escrito han sido: la propia película, la traducción de Carlos García Gual y mi propio hartazgo.

Marc señaló que Odiseo es presentado como un héroe católico, que la culpa, el arrepentimiento y el pecado dictan el desarrollo del personaje, retratado en cierto modo como un mártir en su periplo y no como un héroe pre-clásico. Haber ideado el plan del caballo de madera para penetrar en las murallas de Troya y destruir la ciudad se nos presenta como el error que provoca la caída del héroe, el fallo que le condena, el relato de pecado al que consecuentemente le sigue un castigo divino.

La hybris que marca el acontecimiento que da pie al conflicto en la tragedia griega es efectivamente un exceso de soberbia del héroe. Sin embargo, debemos atender a dos cosas, llegadas a este punto:

La primera de ellas es que la Odisea es un poema épico pre-trágico. La narración y ritmo mismos del género imposibilitan que este sea el único mecanismo de acción en la definición del ritmo y de la trama. El ritmo de la tragedia aquí no opera. En su lugar, una sucesión de estrofas hace que la velocidad de los acontecimientos, el tiempo operante y la forma de relatar sean diferentes.

La Odisea de Manchester es la fuente más antigua en formato libro de la obra. Fue copiada en el siglo III en Egipto. Las palabras no aparecen separadas; se presupone la habilidad del lector para separarlas y acentuarlas en su lectura; forman un gran continuo, como un mar.

Creo que todo esto refiere a la problemática de los géneros literarios y de su transposición al cine. El ritmo esquizofrénico por acelerado de las películas de Nolan es una de las cosas que más he rechazado siempre de su obra y, sin embargo y paradójicamente, creo que en su Odisea está ajustado. Sé que muchas de las críticas han señalado la rapidez de los cambios de plano en los diálogos o la frenética sucesión de los acontecimientos, pero, realmente, las fuentes relatan de manera similar esta sucesión de aventuras, por lo que no me parece desencaminada la elección del director, especialmente a la hora de tejer la historia con las visiones en paralelo de Telémaco, Ulises y Penélope. La polifonía del poema hace muy complicado armar una película respetando el orden secuencial de la obra. Habiéndose ajustado a las fuentes, también habría muchos flashbacks, gran cantidad de alusiones a la guerra de Troya -cosa que también ha sido muy criticada- y los relatos habrían sido primero centrados en Telémaco exclusivamente, y luego en Odiseo.

En segundo lugar y volviendo a la cuestión teológica, creo que el estado de hombre caído tradicionalmente cristiano no es el mismo que el del hombre griego y en eso —además del test de Bechdel— la película de Nolan falla. La Odisea es el relato de una derrota, está claro. A pesar de haber ganado la guerra en territorio enemigo, el intento de volver a casa de Odiseo es el relato de un vencimiento tras otro. Que la historia sea un Descendimiento no es tan sencillo como que el héroe deba aceptar y pagar por su error simplemente.

Tal y como Mary Beard ha señalado con respecto a la película, Odiseo no es un simple arrepentido. Si lo hubiese sido, el viaje no hubiese durado tantos años porque se habría reconciliado mucho antes con Poseidón —ausente para mi gusto también en la película—. El Odiseo Homérico no deja de ser contradictorio a pesar de saberse derrotado. En la mayoría de situaciones que en el poema se le presentan hay siempre una decisión, una disyuntiva y, ante ello, Odiseo no elige una sola de las opciones y, mucho menos, elige la más noble y respetable, como creo que sí sucede en la película (exceptuando su invención en Troya). Por ejemplo, al intentar sobrevivir a un naufragio, Odiseo se plantea mantenerse agarrado a la balsa que lo mantiene a flote o sumergirse para no chocar contra las rocas de la playa a la que está a punto de llegar. Al final, se mantiene aferrado a la madera hasta el último momento en el que decide zambullirse y así nos lo va contando en el poema, de forma que vemos cómo es un gran estratega, alguien astuto, absolutamente conocedor de la realidad tan compleja en la que está inmerso, alguien que tiene cogido el pulso a la vida y que se sabe mover por ella.

El Odiseo de Matt Damon tiene a mi juicio un carácter mucho más pasivo, más estoico a la manera primero romana y luego cristiana, que no acaba de encajar con la imagen que yo había forjado en mi mente del personaje homérico.

El Odiseo clásico es alguien astuto. Soy plenamente consciente de que aquí mi fascinación por el Siglo de Oro y la tradición picaresca de la literatura española quizás me esté jugando una mala pasada hermética pero, aun así, creo que el personaje cinematográfico ha despojado al literario de su acción más característica: salir airoso o, más bien, pensar que podía salir airoso.

El panteón ausente

La furia divina es también cuestionable: frente a un Dios cristiano moralizante e impartidor de justicia, el panteón -ausente en el film- de deidades griegas confrontadas entre sí. Atenea, en la historia de Homero, intercede ante Poseidón, negocia, pacta y aconseja en consecuencia a nuestro pequeño héroe desterrado. Pero en la película no hay nada de eso.

El mundo de los hombres es el tablero de los dioses griegos, pero en la película se nos presenta simplemente a Atenea, más que como diosa, como daimon del protagonista, apareciendo siempre en solitario como intrusa en el mundo de los mortales, pero nunca en relación ni conflicto con los demás dioses. El destino cristiano es diferente del destino griego, y las maneras de enfrentarse a él, en consecuencia, también. En la Odisea de Nolan no se deja espacio para el azar o la arbitrariedad de la furia de los dioses, especialmente la de Poseidon quien, según el mito, no deja de castigar a Odiseo.

Hermes, el mensajero de los dioses, no aparece en la película de Nolan. Sin embargo, tiene bastantes apariciones en el poema, muchas de ellas muy elocuentes. Mary Beard explica cómo en la película no hay ningún atisbo de humor, lo que alimenta aún más la imagen de Odiseo taciturno y torturado.

Hermes dice a Calipso que debe dejar partir a Odiseo, grabado de John Flaxman de 1805.

De alguna manera se nos cuenta la historia de que, si actúas bien, todo sale bien, de forma que Odiseo está penando porque cometió un error. Sin embargo, en el mundo griego realmente se contemplaba la posibilidad de padecer un mal aun sin haber errado, y la injusticia era una posibilidad. El cristianismo cambia las reglas de juego por establecer una relación entre obrar bien y obtener el éxito como recompensa; en eso se fundamenta la moralidad occidental. De alguna manera, el Odiseo de Nolan es un Odiseo a la del Capitán América y no un chulo, un sinvergüenza, un soberbio inconsciente.

Esta cuestión y no otra me lleva a la siguiente reflexión. ¿Es la Odisea de Nolan un terreno fértil para la proliferación de los sadboys? Retrotrayéndonos a la pregunta inicial -¿POR QUÉ LOS HOMBRES COCINAN CARBONARA?- veo conveniente iniciar un breve curso de pensamiento.

Retratar al héroe trágico como una víctima de sus propios actos conlleva toda una justificación de su actuación anterior. No entraremos aquí en las implicaciones de conducir a toda tu tripulación a la muerte segura por el hecho de que tú quieras volver a casa. La cuestión va más allá. Porque no hay purgación posible a una afrenta directa con los dioses y no sólo porque en ese momento aún no estuviese inventada la culpa católica, sino porque las mismas lógicas operantes del momento regían otra cosa. La astucia y la soberbia de pensarse capaz sirve de motor, en este caso, de una acción fracasada desde el primer momento.

El hecho de que el héroe de Nolan se nos presente como un mártir despojado de astucia da pie a caer en un terreno muy peligroso: el Odiseo víctima. Alguien que busca irremediablemente salvarse de su condición de pecador, que nunca se equivoca, que es increíblemente leal a sus principios y valores y que no se deja corromper encaja en el ideal de hombre pseudo-estoico1 impasivble que durante los últimos años hemos visto proliferar y desarrollarse como uno de los pilares más fuertes de la masculinidad. Volviendo al tema, verse reflejado en un Odiseo de esta naturaleza es lo que me parece verdaderamente problemático. ¿Cuántos sadboys mitificarán la escena en la que Odiseo se ata al mástil del barco para no caer en el influjo de las sirenas? (La verdad es que es muy buena escena y se presta a ello).

Ulises y las sirenas, óleo de John William Waterhouse, 1891.

Creo que el problema no está en dar una u otra versión de Odiseo, ni de ser fiel a las fuentes o no. Eso da completamente igual. Cualquier versión enriquece siempre —a no ser que sea un despropósito— el original. Lo problemático es pensar que la tristeza, el desarraigo o la pérdida sólo pueden cifrarse de esta manera y no pensar que puede haber otras formas y maneras de salir de ellas. Retratar un héroe solitario, taciturno, sufriente, martirizado al que le habla una diosa –a él y solo a él– cala poco a poco y acaba produciendo monstruos.


Sin más, me gustaría terminar con algunos aspectos aleatorios que sí me han gustado mucho:

  • La representación del vinoso ponto (el mar)

En el poema de Homero nunca aparece la palabra “azul” a pesar de que gran parte de la historia sucede en el mar. Creo que los tonos grisáceos consiguen el efecto “vinoso ponto”, que es como se nombra al mar en la obra. Esto es solo una sensación.

  • El casco de Agamenón

En mi opinión es increíble. Me da igual que sea anacrónico. A la máscara de Agamenón se le ha llamado máscara de Agamenón siempre y tampoco lo fue realmente. Queda bien.

  • Robert Pattinson

Sin más.





1 Digo pseudo-estoico porque respeto profundamente el pensamiento estoico y muy en particular el de Séneca y no creo que el cuento que nos están intentando contar sea tal cosa

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