Ideas

Tragarse el librito

La dependencia, la muerte y el aborto pasan necesariamente por un cuerpo sufriente.

7 de julio 2026


Mecidas por la resaca atenuada tras la visita papal que colapsó una ciudad que ya de por sí invita a la sobreestimulación sensorial, parece que aún hay cosas que decir. En sustrato nos leímos la Magnifica Humanitas en su momento y ahora, a toro pasado, queremos volver a ella.

Sin pretender decir nada nada nada nada nuevo al respecto, sí que me gustaría hacer una invitación a pensar una cosa por un momento.

Leer una encíclica es siempre divertido por su mismo formato. Todas suelen empezar con un tono catastrofista, apocalíptico, sombrío que apunta hacia un problema social que amenaza con corromper el alma humana.

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva (…) Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne (…).

La imagen que León XIV elige para ilustrar esta lucha es la de la edificación de la torre de Babel vs la reconstrucción de Jerusalén a partir de sus ruinas. La IA es presentada como un invento humano que de por sí no tiene nada malo, pero que por un mal uso puede llevarnos a sitios potencialmente peligrosos para la dignidad humana que tienen que ver con la humillación, las guerras y el fomento de las desigualdades. La promesa de la IA de un futuro brillante alberga en sí misma su propia destrucción, igual que la torre que pretendió en su momento llegar hasta el cielo sorteando el poder divino.

El santo Padre advierte sobre los peligros de presuponer neutral a la inteligencia artificial y no ser conscientes de lo que en realidad es: una invención puramente humana y, como tal, imperfecta. Además, advierte sobre los peligros de la homogeneización –no necesariamente democrática– que su uso conlleva de nuevo, en paralelismo con la torre de Babel, donde se hablaba un solo idioma común. 1

Precisamente es la reflexión en torno a la imperfección, concretamente en torno al error, una de las partes más aclamadas por las crónicas y, en realidad, el núcleo duro del escrito papal. El funcionamiento del algoritmo persigue detectar el error para eliminarlo, suprimirlo, neutralizarlo. Detectar el problema para solucionarlo es, en suma, lo que la técnica persigue en nuestros días. De este modo, la apariencia de humanidad de la inteligencia artificial es tan solo eso, apariencia. En la manera de aprender de la IA, no hay realmente un proceso de asimilación del error, tan solo de supresión de él y de sus efectos. La equivocación humana pasa necesariamente por un padecimiento de las consecuencias que ella acarrea, ya sean físicas, académicas o morales.

¿La Magnífica Humanitas viene a anunciarnos que errar es humano? No, o al menos, no sólo eso. A raíz de la problematización de este asunto, León XIV trata temas sociales que atraviesan las circunstancias de cualquier persona de nuestro tiempo en las que la IA tiene grandes efectos: desigualdad social, crisis ecológica, guerras internacionales, cambios en el trabajo, etc.

Quizás el repunte del cristianismo —más bien, de ciertas prácticas relacionadas con él— al que estamos asistiendo en los últimos tiempos explica la en general positiva acogida que esta encíclica ha tenido entre la opinión.

Lejos de intentar hacer de menos este gran texto que, repito, he disfrutado leyendo, me gustaría apuntar hacia un horizonte de reflexión que es tan sólo eso, una coqueta invitación, un planteamiento informal de una vía aún por explorar, una sugerencia tintada de humilde curiosidad que en ningún caso pretende criticar la doctrina ni mucho menos tacharla de insuficiente. Este pequeño texto escrito un lunes por la mañana no busca la blasfemia, sino ordenación de lo vivido y leído en los últimos días.

En una revisión crítica y exhaustiva sobre el cuestionamiento del uso de la IA y de la defensa de lo humano me faltó por muchas razones algo: el cuerpo. ¿Dónde queda el cuerpo en la defensa de lo humano?

Santa Teresa dice: nosotros no somos ángeles, tenemos cuerpo

Realmente, cabe decir que el texto no engaña a nadie por varias razones. La primera de ellas y quizás también la más obvia es la manera en que, prácticamente desde el momento en que se institucionalizó, el cristianismo como doctrina oficial ha tratado la corporalidad, es decir, regular teniendo en cuenta que la materialidad es tan sólo una manera de estar en este mundo, una cárcel, algo transitorio.

Además, no es casualidad que León XIV cite a Platón, el primer defensor —resumiendo atropelladamente, pero esperando que se capte la vibra— del cuerpo como cárcel:

Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometiéndose en la discusión con los demás para “frotar” los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensión.

El tema al que estas líneas hacen referencia parece ser otro: el del conocimiento. Sin embargo, en realidad remite a lo mismo. Para “frotar” un concepto idealizado es necesario un cuerpo. Frente al concepto, la -necesaria- carne.

En el capítulo tercero, el sumo Pontífice dedica un capítulo a reflexionar sobre el transhumanismo y el posthumanismo y, tras una breve exposición de cada uno, termina por concluir que la tendencia a sobrepasar los límites de lo humano, aquellos que cercan en su interior la posibilidad de equivocarse, es, junto con el fracaso inherente a esta empresa, precisamente lo más humano. Los límites de la razón están marcados por la misma naturaleza humana, una naturaleza caída por definición, sede del pecado desde el origen mismo de los tiempos por el uso de ¡oh! la carne.

Este inicio marca el desarrollo de todo lo venidero. El ser humano es pecaminoso, débil y sobre todo mortal debido a la carne. Es por ella que se termina muriendo y no por ella por lo que se resucita después.

El paso es de la carne al concepto… ¿no?

No. Que el verbo se hiciese carne y no al contrario es el mito fundacional del cristianismo y pensar que esto fue de manera gratuita, un error.

Con una exégesis atropellada de uno de los fragmentos más increíbles de la Biblia espero arrojar luz sobre esta idea.


Tragarse el librito

Juan explica en el capítulo 10 del Apocalipsis cómo hay que comerse el librito:

10 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. 11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Durero hizo una serie de grabados sobre madera para el libro del Apocalipsis, entre los que se incluye la que representa el pasaje de Juan comiéndose el librito.

La lógica de los ángeles, de lo inmaterial y, si queremos, de la IA, no puede traspasarse a lo humano o, al menos, no de manera gratuita. Tragarse el librito es tragarse el concepto en bruto. Llegar a ello desde lo humano pasa por el sufrido cálculo que para los ángeles resulta natural. Sentirlo dulce en la boca y amargo en el estómago es todo lo que viene después: la concentración del poder en las manos de unos pocos, el desastre ecológico, la devaluación de los procesos del conocimiento.

Comerse el librito, asimilar el mensaje divino, requiere de tiempo —igual que se expone en la cita de Platón— y de un cuerpo. En un primer momento, al ver el índice de la encíclica, creí que los títulos de los últimos capítulos avanzaban una respuesta en clave de Cristología al problema de la inteligencia artificial. Una respuesta cifrada en el misterio de la Encarnación hubiese sido lo verdaderamente revolucionario, escandaloso, rompedor. La humanidad -magnífica y herida- que no debe ser sustituida ni superada, en palabras León XIV, tiene difícil la tarea de conservarse si obvia lo más inmediato a ella.

Está claro que el marcado componente social de este texto dificulta el intentar hablar en términos diferentes a conceptos amplios y macroscópicos, pero quizás sería útil empezar a edificar el camino de la fe atendiendo a lo más inmediato de cada una, que es su propia materialidad, y problematizando verdaderamente la cuestión escatológica.2

La dependencia, la muerte y el aborto pasan necesariamente por un cuerpo sufriente. Tras la teoría de la Encíclica -teoría en contra de la teoría, en contra de la IA, de lo deshumanizante de ella- no puede venir el dogma ni más teoría. Antes de ello, se necesita la integración del error y para ello el error… Tragarse el librito y sentirlo dulce en la boca y amargo en el estómago.




1 El relato bíblico explica cómo tras el diluvio universal sólo se hablaba un idioma en la tierra. A modo de castigo divino, Dios hizo que los creadores de la torre de Babel hablasen idiomas diferentes, de modo que no se entendían entre ellos, por lo que huyeron cada uno en una dirección, dando lugar a los diferentes idiomas del mundo. La raíz etimológica de babel significa “confusión” en hebreo.

2 Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en sus clases de 1977 en la universidad de Ratisbona dedicó un curso completo a esta cuestión que se encuentra recogido en Escatología. La muerte y la vida eterna de Biblioteca Herder.

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