Ideas

Shelley, luditas y ciencia ficción contra la IA

Toda historia de monstruos-máquina plantea no tanto lo terrible que es la tecnología, sino lo terribles que pueden ser los poderosos cuando se hacen con ella

23 de junio 2026


En realidad, yo quería hablar de este libro: Sangre en las máquinas. Los orígenes de la rebelión contra las grandes tecnológicas, pero el tema se me ha ido de las manos. ¿Qué tiene que ver Frankenstein con la IA y la lucha de clases? Según Brian Merchant, su autor, bastante, y aunque yo no lo tengo tan claro, le sigo al 87%. El hilo que las une fue la primera forma de reflexión sobre las máquinas. Mucho antes de que los filósofos se dieran cuenta de su existencia1, también de que salieran de Inglaterra y comenzaran a colonizar esas otras máquinas que son los Estados y antes, por poco, de que naciera Karl Marx, que dijo algunas cosas sobre el tema2: antes de todo eso estuvo la ciencia ficción.


Durante mucho tiempo, cuando se pensaba en máquinas y en instrumentos, era para hablar de trabajos serviles o, directamente, de esclavitud. Sería interesante un recorrido por las citas célebres al respecto de nuestros grandes pensadores occidentales: desde aquello de que la esclavitud existe porque los instrumentos no funcionan solos (no son autómatas) de Aristóteles, a la calificación de los esclavos como instrumentos que hablan de los romanos, pasando por toda la temática de las artes mecánicas hasta que los telares automáticos que se imaginó Aristóteles nacieron de verdad. En ese momento, a toda aquella canalla despreciada por siglos por dedicarse a cosas inferiores, primero como esclavos y luego como asalariados muy libres, les dio por romper las máquinas. Estrategia ingenua, inútil, digna de los primeros momentos de un movimiento obrero que aún no se había enterado de nada, ¿o no será esa la imagen que crearon los propietarios de esos nuevos esclavos calladitos que eran los telares?, ¿y si en realidad los luditas fueron un movimiento bien serio y disciplinado3, la primera toma de palabra de los esclavos asalariados contra sus jefazos tecnológicos? De eso va el libro de Brian Merchant, de eso y de como Frankenstein es, en realidad, ¡un libro proludita!


Es muy conocida la historia de cómo se desarrolla la escritura de Frankenstein o el prometeo moderno. En el verano de 1816 un grupo de escritores entre los que se cuenta Mary Shelley deciden organizar un reto de escritura de relatos de terror. A Mary le cuesta encontrar su historia, pero tras escuchar una charla en la que participa Byron sobre galvanismo (o cómo enchufar vida en cuerpos y tejidos de todo tipo), tiene una pesadilla en la que se le aparece su famosísimo monstruo sin nombre.


Mary formaba parte de un grupo bien informado sobre el tema ludita: Percy (del que vendrá el apellido Shelley) estaba del lado de aquellos radicales y contra los abusos que el Estado británico estaba cometiendo en la represión del incipiente movimiento obrero. Byron se había opuesto a la propuesta del parlamento británico de castigar con pena de muerte la destrucción de máquinas y se había hecho eco en su poesía de una bellísima leyenda que une republicanismo, movimiento obrero y ludismo4. Mary, es de suponer, compartía al menos algunas de estas posiciones y, donde mejor lo reflejó, fue en su Frankenstein:


“La figura a la que apela el monstruo es un creador con ideas emprendedoras que desata el potencial de la tecnología sin tener en cuenta las consecuencias, y que se niega a afrontarlas cuando surgen los problemas. Esta es la crítica de Mary Shelley que, al igual que la de los luditas, con tanta frecuencia se ha malinterpretado: no es un discurso contra la ciencia y la tecnología sino contra su uso interesado e irresponsable” (Merchant 2024, 459).


Frankenstein puede leerse como un texto proludita que habla de cómo los industriales ingleses dejan en la miseria a una ingente cantidad de trabajadores manuales y se desentienden de su destino solo para sorprenderse cuando sus máquinas se incendian. El monstruo es la máquina pero es también el ludita sin nombre, como el monstruo, que se ve obligado a ser violento cuando no queda otra opción. Ser ludita está O.K como también dijo el viejo Pynchon en un textito5 que dialoga muy bien con este de Merchant. La ciencia ficción, nacida en diálogo con el ludismo obrero, tiene un núcleo político más o menos velado desde su origen. Exageremos: toda historia de monstruos-máquina plantea no tanto lo terrible que es la tecnología, sino lo terribles que pueden ser los poderosos cuando se hacen con ella.


Mary Shelley inventó la reflexión contemporánea en torno a la técnica. Los filósofos vinieron después a entonar miles de tonalidades de más o menos la misma idea: nos comen las máquinas y, sobre todo, nos come el modo de pensar calculador de las máquinas. Una de las últimas manifestaciones de esa queja bicentenaria la ha hecho un matemático americano metido a Papa6. Su diagnóstico es tremendo y de una innegable inteligencia y belleza simbólica: la IA, la máquina de hoy en manos de los tecnojefes, es expresión del síndrome de Babel que puede entenderse como el proyecto político totalitario: “una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección7”.


Contra ese proyecto político su propuesta ética: Jerusalén reconstruida, fraternidad, pluralismo, uso ético de la IA y responsabilidad democrática. Un poco bajón. Si nos tomamos en serio a Merchant, a Pynchon a Shelley y a los luditas, la respuesta no puede venir desde un nosotros universal y ético; debería ser necesariamente una respuesta política y de parte, una apropiación de esa tecnología para nuestros fines, la conformación de un grupo con una idea alternativa de lo humano. El Papa, desde luego, podría unir a esas gentes (y sabemos del poder de convencimiento que tiene últimamente el catolicismo entre filósofos) pero parafraseando aquella machirulada que se atribuye a Stalin: ¿con cuántos servidores, empresas tecnológicas y fábricas de chips cuenta el Papa? Siendo justos, no sé si hay de gente confiable que los tenga.




1 Ahora en cambio la filosofía de la técnica es el tema de moda.

2 The Fragment on Machines Karl Marx – from The Grundrisse (pp. 690-712).

3 Se dice que los británicos tenían más tropas en el interior de su país para contener a los luditas que fuera del mismo para combatir a Napoleón en 1812.

4 "As the Liberty lads o'er the sea / Bought their freedom, and cheaply, with blood, / So we, boys, we / Will die fighting, or live free, / And down with all kings but King Ludd!"

5 Thomas Pynchon, «Is it O.K. to be a Luddite?», The New York Times Book Review, 28 de octubre de 1984

6 Aquí una guía de lectura para meterse más en serio: “León XIV Drop 1: Una guía de lectura para 'Magnifica Humanitas

7 León XIV, Carta Encíclica Magnifica humanitas (15 de mayo de 2026), n. 7.

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