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Ganas de trabajar
Un repaso rápido por las reacciones de la izquierda da cuenta de este embrollo.
17 de julio 2026
Un repaso rápido por las reacciones de la izquierda da cuenta de este embrollo.
En 1969, Angelo Costa, presidente de una importante patronal italiana, repetía una y otra vez lo importante que resultaba que los italianos no perdieran las ganas de trabajar. Casi sesenta años después, el representante español del partido de las patronales (PP, para más inri), Alberto Núñez Feijóo, no ha dudado en hacer de ese mensaje uno de sus principales caballos de batalla de cara a su más que probable próximo ejecutivo. En una metáfora cuanto menos arriesgada (y, seguro, ofensiva), el gallego ha tildado de “cáncer” el absentismo laboral y ha propuesto (más bien, prometido que impondrá por decreto) que durante su mandato se legisle para que los trabajadores de baja cobren menos. “Tiene más razón que un santo”, confirmaba la lideresa real, Díaz Ayuso. Por si había alguna duda sobre si iba de farol. Pero el problema no es solo ese. Lo deprimente, lo que da ganas de llorar, es la respuesta de los adversarios, de los que, se supone, están en contra de la medida. Y digo se supone porque, como explico brevemente (perdón por la autopubli) en el ensayo La cultura del desesfuerzo (y desarrollan muchos autores), la relación de la izquierda con la ética del trabajo no es desde luego fácil de comprender.
Un repaso rápido por las reacciones de la izquierda da cuenta de este embrollo. Veamos algunos ejemplos. El presidente, Pedro Sánchez, declaró “estar del lado de quienes madrugan, trabajan y merecen protección cuando la salud les falla”. Fijaos en la formulación, porque no hay nada gratuito en ella. Para defender el derecho a acogerse a la baja, Sánchez tiene que empezar reivindicando el madrugón y el trabajo. Después, convocar a su primo de zumosol, el concepto mágico: el mérito, el merecimiento. Y, finalmente, condicionar la baja a que la salud falle. Con defensas así no se necesitan delanteros. Alguien dirá: bueno, ya sabes, you have been psoed. Ojalá. Los sindicatos mayoritarios, Comisiones Obreras y UGT, tenían la portería sola y han decidido pasarle el balón al portero. Su respuesta no podría haber sido más aburrida y menos estimulante. Atacan frontalmente un derecho básico, sobre el cual además puedes preparar una contraofensiva reivindicado el derecho al tiempo, la idea de que los trabajadores no somos propiedad de las empresas o la importancia de sindicarse para que el curro no sea una pulsera en el tobillo que controle nuestros movimientos, y lo único que tienen que decir es que el debate es tendencioso e impreciso. Tócate los pies, Maribel. Veamos si la izquierda parlamentaria se ha movido mejor. Yolanda Díaz se ha indignado mucho, pero no ha terminado de explicar por qué. Ione Belarra, si bien ha denunciado que los trabajadores vayan a trabajar enfermos por miedo a ser despedidos (bien), también se ha indignado porque se mezclen el absentismo laboral (qué horror, qué espanto no acudir a trabajar) con las bajas. Carlos Martín y Rafa Cofiño, diputados de Sumar, coinciden con Mónica García en que la baja es un “acto médico”. Ambos insisten, además, en que estar enfermo no es escaquearse (escaquearse del trabajo, se sobreentiende, por tanto, es lo peor).
Gabriel Rufián, que llamaba a preguntarse por qué, a pesar de esas declaraciones de Feijóo, tantos trabajadores van a votar a la derecha, quizá ya se había contestado a sí mismo con su tuit anterior, cuando volvía a insistir en que Abascal no podía representar a la España que madrugaba por no acudir a su escaño a las nueve am. Y como él, un montón de personas de izquierdas, muy de izquierdas o super de izquierdas, indignándose no por esas palabras, sino porque esas palabras las ha pronunciado una persona que lleva viviendo del erario más de treinta años, que no ha pegado nunca un palo al agua porque político es cuando te dedicas a cobrar mucho por hacer plin plin en una taza. “Las bajas laborales no son absentismo ni vacaciones, no somos vagos ni tramposos. Vago y tramposo, tú, parásito”, se insiste por tierra, mar y aire. Stajanov tiene que estar orgullosísimo. ¿Tan bueno es el trabajo? ¿Tan malas son las vacaciones? ¿De verdad, con la que se viene encima, con lo que ellos están diciendo, no se puede ni cuestionar que el empleo no es sagrado, que quizá no es el alfa y el omega del futuro que pensamos? ¿Se puede defender la renta básica o el derecho a la vivienda universal con este guirigay ideológico? ¿Por qué hablamos de reducir la jornada, de post crecimiento o de reparto de los cuidados si no nos lo creemos en absoluto? Feijóo, tranquilo: por ganas de trabajar no va a ser.
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