Deportes

Lo que el ojo no ve

No hemos perdido tanto el oremus como se dice

12 de julio 2026


(Esta carta responde a otra de Luis que podéis leer aquí)

Indignado Luis:

Hace seis veranos que Depresión Sonora nos avisó de que ese año no iba a haber verano. Y por haberlo, lo hubo. Con mi nostalgia por los Riquelmes me pasa lo mismo. Todos pensando, como dijimos en el grupo, que ya no hay dieces clásicos, mediapuntas geniales que la reciban y la pongan en la escuadra, que superen la defensa a lo Laudrup, que inventen huecos dónde no existían… Y es verdad que quizá eso implique caer en el dramatismo, despreciar a los que se mantienen e incluso los que emergen, pero es bastante objetivo que cada vez hay menos. Los han sustituido los extremos a pierna cambiada que, partiendo siempre de la banda y habiéndose ganado su sitio y su respeto a base de desborde, talento y físico, mediapuntean. Tipo Olise. O los dieces de espaldas, como Kane o Borja Iglesias. España ha traído al panda no para que remate (para eso está el falso medio Merino), sino para desbrozar defensas de culo, hundir centrales y habilitar espacios.

Para concluir con este ejercicio de melancolía románica sombría, no me quiero olvidar de los jugones que estaban destinados a los tres cuartos, a la frontal, que ahora retrasan casi de chavales para que puedan gestionar el juego, para que puedan abrir a banda, para que se pierdan pocos balones. Es lo de siempre. Si no tienes mucho talento, necesitas uno que barra, uno que corra y uno que te la sepa dar al pie. Nos avisaron de la muerte de los regateadores, pero la insolencia en peligro de extinción es la del tipo que daba el último pase. En el Mundial de Haaland, Odegaard ha pasado inadvertido. Dani Olmo es un anacronismo, disfrutémoslo.

Tú a Riquelme no te lo puedes inventar. Ya inventa él. Una vez leí (no lo puedo documentar, pero elijo creer) que Román, en alguna etapa de su carrera, no renunciaba a acudir a los partidos decisivos de las villas y los potreros, a pesar de que se jugara su carrera y acudiera, con total seguridad, con el tobillo como una bola de bolos. Esa genialidad, ese anti- instinto de supervivencia, no la puedes generar con IA. A Román le pasa como a los memes o los iconos. El reciente furor por Haaland allende sus fronteras habituales demuestra lo cutre y lo limitada que es la pirotecnia de ese submundo obsesionado por entretener y llamar la atención a toda costa. Veo que el tal Speed tiene más de 57 millones de suscriptores y de pronto me enviejono y me embajono. No aprenden del fracaso de la Kings League, que tanta paz lleve como descanso deja. El reciente éxito en taquilla de Backrooms y, sobre todo, de Obsesion (con 750000 euros de presupuesto ha recaudado 400 millones de dólares) nos indica (como Vozinha) que, sea por el LOL, sea por la frescura o sea por que no hemos perdido tanto el oremus como se dice, el público acaba resistiendo, aunque sea un poco, a los dictados oficiales de las tendencias del consumo. Quizá de ahí proceda el éxito de los frikis que refieres. Un friki, un friki real, es como Román, distinto por naturaleza.

No comparto, no obstante, que no tengamos nuestro representante patrio de esta movida. Evidentemente es Keyne, el hermano de Lamine. Soy de los que cree que Yamal es un tipo muy listo. No es solo un elegido, sino que, con sus baches, tiene mejor cabeza que muchos de los elegidos que le han precedido. A él, con todo el ejército de aduladores que rodea a cada estrella, le podría sentar mal que su hermano de cuatro años, por hacer cosas graciosas de niño de cuatro años, esté copando casi más protagonismo que él. Y, sin embargo, se la pela una barbaridad.

Quizá me gusta Keyne porque lo veo más El Día Después que NBA. En el Día Después es difícil salir forzando, performando con artificios, volteretas y escorzos lo que, si no es genético, es desde luego geológico: requiere años de cincel y otros tanto de sedimentos. La lista es interminable. Me vienen a la cabeza Nagore, la niña del Osasuna, y los aficionados de la Real que se dejaron la pensión en los restaurantes de Valladolid. Son ejemplos meridianos de que no puedes ser una leyenda de Lo que el ojo no ve si sueñas con ser una leyenda de Lo que el ojo no ve. Ojalá la FIFA y Trump se lleven esa lección a casa. No todo se puede comprar, no todo se puede fabricar, no todo se puede tomar por la fuerza. Al menos todavía.

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