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Celebrities, frikis y Riquelmes
La pausa siempre ha sido patrimonio de los cracks.
11 de julio 2026
Abarrocado Miguel, he disfrutado muchísimo leyendo tu carta y tu reivindicación de lo plomizo como actitud cuasi revolucionaria. Suscribo ese derecho a pararnos, a levantar la mano y a ralentizar el juego que tan bien defiendes. El derecho a ser Román Riquelme entre tantos Dembelés, Olisés, Doués, Mbappés y cualquier atacante francés con tilde aguda en la e. Lo que diferencia a los buenos de los muy buenos es que estos últimos frenan en seco en el área, levantan la cabeza, se echan un piti y observan cómo los demás juegan a los coches de choque en el punto de penalti. La pausa siempre ha sido patrimonio de los cracks. Abracemos la pausa.
Sobre lo de las voces en tu cabeza. Comprendo tus razonables dudas, te confirmo que existo, y de paso Fer también, y no somos proyecciones de tu imaginación rollo Brad Pitt en la cabecita de Edward Norton. Hablando de apariciones marianas de Brad Pitt (¿has visto qué bien hilado?), imagino que te fijarías en los dos o tres planos que la retransmisión yankee le dedicó en el España - Bélgica. Este es para mí uno de los grandes temas de esta Copa del Mundo. Lo peor de este Mundial, más allá del infame Infantino y del bobo de Trump (qué bochorno me sigue produciendo recordar el indulto a Balogun y la ausencia de reparo alguno en querer disimular un poco, mamita querida), lo peor, decía, es la realización televisiva.
Llevo fijándome desde el inicio. Los realizadores estadounidenses tienen la estúpida costumbre, sin duda heredada de la NBA y la NFL, de mostrarnos cada poco planos de las gradas. Lo mismo nos cuelan actores, que raperos locales, que jugadores de los Knicks que chicas guapas. Qué suplicio. Entre tanto rostro, mi gremio favorito es el representado por aficionados de tal o cuál selección, perfectamente ataviados con el que se supone atuendo estereotípico del país que representan. Frikis, Miguel, para entendernos.
Me imagino a los cámaras, agobiadísimos por las indicaciones de sus superiores, recorriendo los anillos de los estadios en busca de la nota exótica de la tarde y nada, que no hay manera, que no aparece. Cago en la puta, hoy no encuentro ningún friki en Suiza. Con lo fácil que resultó el día de República Democrática del Congo. Hasta que por fin dan con un fulano con peluca y borracho como una cuba diciendo Camon Switzerland o Lets Go Bosnia Herzegovina o cualquier palabra que su melopea les permita articular. Y el cámara, por fin aliviado, diciendo por el pinganillo Dont Worry, Michael, que ya hemos encontrado al friki del día.
A mí tanta voluntad de querer mostrar al planeta lo bien que se lo pasa la peña en este encuentro de culturas que es el Mundial me produce el efecto contrario al deseado. Lo veo como un acto cercano a la racistada involuntaria. Lo de Amanece que no es poco, ¡Coño, un negro!, pero sin gracia. Reconozco, eso sí, que en el España - Portugal esbocé una sonrisa con el paisano aquel del globo hinchable con forma de pata de jamón que a su vez hacía las veces de guitarra. Ahora que Manolo el del Bombo ya no está y el trono de hincha español universal vacante, necesitamos friki oficial de la Selección. Tenemos que buscarle un nombre al del jamón. ¿Qué se te ocurre, Miguel?
Lo peor de estas retransmisiones enebeaizadas es que nos cuelan los planos de los Brad Pitts y los chamanes de turno, que no son breves precisamente, con el balón el juego. Cosas de yankees. No conciben deportes a tiempo corrido ni momentos para el aburrimiento dentro del propio partido. Lo quieren todo y lo quieren para ya, tal es su fobia al dolce far niente. Van por la vida y por el deporte, como bien decías en tu carta, hiperacelerados. Todos ellos, con Infantino y Trump a la cabeza, carecen de la pausa necesaria para pararse en el área, levantar la cabeza y observar. Nunca serán Román Riquelme. La pausa solo es patrimonio de los cracks.
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