Deportes

La vida es mejor con prórrogas

Y hay que afrontarla con las gafas de Ancelotti

30 de junio 2026 · 5 comentarios


(Esta carta de Luis responde a una de Miguel que podéis leer aquí)


Aterrizado Miguel, entiendo y comparto tu miedo al vacío que nos quedará una vez concluido el Mundial. Al final se nos va a hacer corto y todo, ya verás. Da vértigo pensar que ya llevamos tres cuartas partes del mismo. Qué eternos los placeres efímeros y qué poco duran. Qué te voy a contar que no sepas. Ya nos lo advertía Sergio V. Jodar en un tuit: Estamos disimulando que todo va bien pero ya se han jugado 72 de los 104 partidos del Mundial. Cuánta sabiduría. Esto solo se soluciona con una idea loca y, precisamente por ello, a la que creo que se encamina nuestro fútbol de Infantino y sus acólitos. Un torneo en el que compiten todas las naciones del planeta. Las 195 y las que queden por reconocer. Solo entonces podremos hablar de una verdadera Copa del Mundo. Lo veremos, Miguel, lo veremos. Imagino que los niños italianos suscriben mi propuesta.

Eliminatorias ya, Miguel. Vivimos todo el año para esto. Nos tragamos los partidos de los viernes para esto. Dejamos de salir en invierno para esto. Para las prórrogas. La vida es mejor con prórrogas y con goles en el descuento. La vida es peor con tandas de penaltis. Te escribo estas líneas con una ligera resaca por culpa de una de esas malditas tandas, en concreto la del vibrante Alemania - Paraguay. Por esas cosas que tiene Madrid a veces, que da igual lo liado que hayas sido en tu vida que siempre hay una anécdota nueva, que por mucha Madrid que tengas en la memoria y en los pies no te la acabas nunca, por todo eso, decía, no se muy bien ni cómo ni por qué acabé anoche en un tugurio de mala muerte del centro rodeado de paraguayos, alemanes y algunos amigos, entre ellos mi amiga la actriz y escritora Irene Esteban. La taberna de Star Wars un lunes a la una de la mañana era aquello. El caso es que en mi esquema de partido podía contemplar una prórroga, no así una tanda desde los once metros. La muerte súbita y el calor me obligaron a pedir una última cerveza a todas luces innecesaria. Si me habían sobrado las dos anteriores, no te quiero ni contar esta última. ¿Y por qué? por las malditas tandas de penaltis.

Nos pasa nuestro editor y jefe de sustrato y a pesar de ello amigo, Fernando López - Pita, un tuit muy certero:  Qué lindos son los penales, la puta madre. Todo en la vida debería definirse por penales.  La ley del aborto...por penales. Te quiere coger un travesti?... tres penales cada uno, y así. Un poco así me siento. Cogorza al margen, me alegré por los paraguayos. Bien me conoces y bien podrás intuir que me faltó tiempo desde el lanzamiento decisivo de Canale hasta que me puse a consolar a los alemanes y a felicitar a las paraguayas, unos Im so sorry por aquí y unos os lo merecíais por allá, que uno nunca sabe cómo celebran en estos países un pase a octavos y hay que estar prevenido para todo. En qué otro deporte pasa eso, Miguel. Gracias a qué deporte uno puede flirtear con una paraguaya cuarentona exuberante a la una de la mañana de un lunes. Que me salgan ahora los puristas del balonmano o de los bolos pasiegos, que me salgan a decir que por qué sus deportes no aparecen en los medios y que si las teles emitiesen sus competiciones y demás lloriqueos.

Lo peor que se puede ser en esta vida es ser un purista, ya sabes. Ser un coñazo y ser un purista, si es que no es lo mismo. Lo sabía Michi de Panero antes de que Nacho Vegas se quedase a punto de conocerle. Recurro a ellos (a los puristas, no a Panero ni a Vegas), para responderte a la cuestión bielsística. A mí es un tipo que no me cae nada bien y creo achacarlo a sus más irredentos defensores. Lo peor de Bielsa son los bielsistas. Quizá por ello nunca he militado en la causa del Bielsa personaje. No le encuentro el romanticismo por ningún lado. Sus salidas de tono, la última con una periodista tras el España - Uruguay, su ensimismamiento o su fanatismo con sus propios planteamientos me impiden empatizar con él.

Yo soy mucho más de Carletto, que es todo lo opuesto. En lo futbolístico y en lo filosófico. La vida hay que afrontarla con las gafas de Ancelotti. Cuestión de gustos, unos se quedan con la neverita de Bielsa y otros preferimos el puro del italiano. Yo le deseo lo mejor y por él quiero que Brasil gane este torneo. Y eso que me desesperó lo suyo en sus años en el banquillo de Concha Espina. Pero tengo claro que, si se lo pidiese, me acompañaría sin dudarlo a ver una prórroga cualquier lunes a la una de la mañana.  


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