Deportes

Nos llamaban locos

Cuanto más viajo más complejo de Alfredo Duro me entra

29 de junio 2026 · 1 comentario


(Este artículo responde a una carta de Luis que podéis leer aquí)



Querido Luis


Me da pena que avance el mundial por la posibilidad de terminar el formatín. Podemos darle una vuelta. El Mundial se celebra cada cuatro años, pero en nuestras epístolas mandamos nosotros. Censúranos, Infantino.


Estoy entrando pero tímidamente. El otro día, cuando volvía a las tres de la mañana en el metro de Berlín, me enchufé la segunda parte y me enganché gracias a la pasión de Uruguay por el karate y la pulsión de muerte. Frente a una España plana, funcionalista y educada, es una pasada asistir al descontrol y el desvarío. Bielsa, Muslera y desquicie.


No creo que sea una gran persona, pero no puedo sino empatizar con el loco. Un incomprendido a la antigua. Me acuerdo cuando el tipo fue elegido por uno de los contendientes a las elecciones del Athletic (ya había pasado como técnico en su exitosa primera etapa). Aun sabiendo cuán improbable era la victoria de su candidato, explicó que se había metido los 45 partidos de la temporada entre pecho y espalda para analizar las micro necesidades de los leones. 


Este tipo de enfermos de lo suyo tienden a pasarlo muy mal cuando pasan de las musas al teatro. Por eso es justo que creen escuela, y único cuando les va bien a ellos, in situ, y no a sus pupilos. Rangnick, contra el que nos enfrentamos, es uno de los padres intelectuales del gegen pressing. Sin embargo, y pese a que ahora todos los aficionados exigimos presión alta a los nuestros, pocos repararán en que sus contribuiciones (o las del loco) son las que explican que Andoni Iraola haya cogido, ni más ni menos, a todo un Liverpool. 


Reitero mi acuerdo contigo respecto al binomio combinado-equipo, aunque reconozco que cuanto más viajo más complejo de Alfredo Duro me entra. Esa cosa que llamamos estado español, si la comparamos con otros estados, está más infravalorada que Mikel Oyarzabal. Es gracioso pensar que el pesimismo de 1898 tiene cierta relación con que el City haya pagado 150 millones de euros por Elliot Anderson e Isco fichara gratis por el Betis. En fin, la estúpida ley del valor. Hay que recordar, siempre, que la gente que tiene más dinero no lo gasta mejor. Que le pregunten a los que se reían de Yan Diomande. A los que veíamos ese potencial en él nos llamaban locos.

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