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La invención de la tradición
El alivio es más poderoso que la euforia.
18 de julio 2026 · 1 comentario
(Esta carta responde a otra de Luis y también a una de Aléix)
Queridos Aleix y Luis:
Primero de todo, Aleix, bienvenido a la trieja. No pidas perdón ni permiso. Los Centros Sociales Okupados saben, como Riquelme, como los inventores de la tradición, que a veces el mejor espacio, el adecuado, el que luego se impone como si hubieran forjado su asiento los Dioses del Olimpo, es el que aún no existe. Luego construimos el recuerdo, la cosa antes inexistente, como si fueran de toda la vida. Me pasa con mi novia, me pasa con mi sobrino, me pasa con el libro. No concibo que no hayan estado siempre.
Aleix, que es muy joven, pensará que lo normal es que la Roja gane cosas. Luis y yo sabemos que no es así. Era 2010, tenía 16 añazos y me acuerdo de todo: venía de un campamento, me habían picado diez mil insectos, estaba en los huesos, me sentía una mierda con patas (ese es el resúmen de mi adolescencia) y la casa de mis padres se llenó de gente variopinta y random. Entre toda esa combinación aleatoria de seres estaba la primera chica de la que me enamoré. Pero yo eso aún no lo sabía. De hecho, durante años, al menos en ese recuerdo concreto, ella era una más, una invitada de esas de relleno que aparecen en las fiestas de las sitcom de fondo. Sin embargo, sigo acordándome como si fuera hace cinco minutos la sensación de derrota anticipada, tan integrada en mi ser, cuando Robben encaró a Casillas. De eso y de irme a celebrar a la escalera, solo, el gol de Iniesta. El ciclo entero fue una fiesta, una locura, un disfrute, la invención de una categoría nueva, pero el gol fue una redención de lo de Corea. El alivio es más poderoso que la euforia.
Cómo los argentinos son verdaderos genios en esto, lo que nos tiene especialmente de los nervios es la tradición que se va a inventar a posteriori de lo que suceda. La manera en la que se va a escribir y contar la Historia.
Mirad el once de España. Está lleno, me repito, de actores poco memorables. Unai Simón y Laporte, que vienen de temporadas discretas en el Athletic. Cubarsí, en el que nadie creía. Rodri, que llegaba medio cojo. Fabían, que hace cinco minutos sonaba para el Galatasaray. Pedro Porro, teórico suplente, con los Spurs de capa caída. Dani Olmo, candidato a MVP del torneo, ha pasado inadvertido en el Barça. Baena, la nada en el Atleti. Hasta Lamine parece flojo. Tenemos a todos los extremos lesionados o en baja forma. Nuestros revulsivos también son segundones en sus equipos: Ferrán, Merino. ¿Quiénes son nuestras estrellas? ¿Pedri y Lamine, que vienen flojos? ¿Mikel Oyarzabal? Si ganan, diremos que todos. Que todos eran buenísimos, el crack, el dandy.
La memoria se ordena para parecer coherente. Para no volverse tarumba. Los dos habéis puesto grandes ejemplos de ello. Luis habla del carteo como una especie de mapa futurista, de esquema predictivo, de un torneo que solo podía acabar así. Y Aleix de la canción del verano, que no es otro que el revival de Alice, de Danny Elfman (del que yo nunca olvidaré que es, ante todo, el creador de la sintonía de Los Simpson). Y todo por un Informe Robinson que ha enterrado el Iniesta de mi vida de Camacho. Ppr la invención de la tradición. Por la metafísica, por complementar a Aleix, de la memoria colectiva. Veremos qué tradición nos inventamos esta vez. Qué cuento cuentan, qué cuento contamos.
Acabo confesando que estoy nervioso. No me gusta estarlo. Quiero que ganemos, pero a los rojos la Roja nos genera, como poco, contradicciones. Da lo mismo: mi estómago habla por mí. Gracias a Luis, por este espacio, y a Aleix, por sumarte. Yo escribo para convertir el exabrupto de mis tripas en palabras admisibles, cercanas al raciocinio. Con estas cartas me he liberado, me he dado permiso para mostrarme imperfecto, hipócrita y vulnerable en la escritura. Para no revisar cada coma diez veces. Amo el fútbol y amo escribir. Y en ambos menesteres suelo ser reo de mis propios grilletes. Al menos hasta ahora. Por suerte, casi todo puede inventarse.
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