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Un Juan cualquiera
Es el eterno debate sobre si el catenaccio, un bloque bajo, compacto y radicalmente igualitarista en los deberes es conservador o revolucionario
6 de julio 2026
Es el eterno debate sobre si el catenaccio, un bloque bajo, compacto y radicalmente igualitarista en los deberes es conservador o revolucionario
(Este artículo responde a una columna de Luis que podéis leer aquí)
Columnista Luis:
Me encanta la anécdota. Tanto por su orígen como por su equivalente. El fútbol tiene una capacidad gigantesca para ponerte en tu sitio. Sobre todo si te lo tomas con deportividad, si asumes tu propio contra gafe, tu contundencia ma non troppo. No hay nada como cogerle manía a un jugador y que ese tío te la de con queso. Mikel Oyarzabal: nunca seré digno de que entres en mi casa. Creo que el verdadero amor por saber más (se viene frase que le quedaría como un guante al seleccionador Alfaro) se demuestra en nuestro gusto por paladear nuestra ignorancia. Además, no puedo sino declararme fanático de ese ejercicio de contención. Yo en el estadio soy todo lo contrario, un discípulo del Tano Pasman. Sin embargo, no sé si te pasa que cuando estás verdaderamente nervioso de pronto te atrapa el silencio. Hoy no llego a ese estado de nervios (un escudo no meu peito, canta Keltoi!) pero cada vez que he pensado en el partido mi cuerpo se ha sincronizado con el futuro. Conecto con esta selección no solo por que soy de los que perdió las bragas con Lamine ya la primera pretemporada con el primer equipo, sino, también, porque a parte de él no hay nadie del que me espere nada genial. Cada regate, cada pase, cada gol segundón es algo único. La épica del que triunfa (ya sea ganando o perdiendo con honores) con actores poco memorables es, paradójicamente, eterna.
A mi también me pone nervioso Rodri, pero es cierto que mi debilidad por los jugadores tácticos, correctos, elegantes en su pesimismo me puede. Decían que el éxito de JFK se basaba en que parecía lo suficientemente inalcanzable como para envidiarle y lo suficientemente normal como para creer que podías parecerte a él. Con Rodri quizá nos suceda lo mismo. Miramos la tele y creemos que nosotros (Fraga nos llamaba algo así como un Juan cualquiera) podemos girar, acertar en el pase, cambiar de orientación igual de rápido, de preciso, equivocarnos tan poco. No nos molesta que a Yamal se la quiten, porque es un genio hiperevidente: se le ocurren regates que nosotros no podríamos ni dibujar en nuestra cabeza. No, nos jode que se la quiten al mediocentro sensato y trabajador. Ese que nos hace preguntarnos por qué yo no si yo también sé hacer eso. Qué tiene ese que no tenga yo. Encima se llama Rodri, se corta el pelo como un autómata y tiene cara de trabajar en una consultora de energía eólica. Nos sentimos estafados si nuestros héroes se parecen demasiado a los mortales.
Ojalá tengas razón en nuestra fortaleza defensiva. De momento es un comentario inapelable. Sin embargo, siendo, como soy, de adn anti jerárquico, no tengo claro cuánto puede un bloque si en las malas no hay un tipo con carisma e ínfulas heroicas y mesiánicas que contagie a todos. Cuando salgo de una pachanga y pienso que he sido de los mejores pienso que es un gran paso para mí, pero un retroceso enorme para el balompié. Si vamos perdiendo necesitamos que alguien levante la mano. Y no veo mucha calidad diferencial capaz de invertir un cerrojazo más allá de Lamine y, si sigue así, Dani Olmo.
Es el eterno debate sobre si el catenaccio, un bloque bajo, compacto y radicalmente igualitarista en los deberes es conservador o revolucionario. Egoístamente me gustaría pensar que es lo segundo: soy de los que se relame con un despeje de Madrid al cielo. Pero me inclino a pensar que es lo primero. Defender es por definición reactivo. De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad. Socialmente iguales, humanamente diferentes y radicalmente libres.
Cómo ves, yo sigo moralizando el fútbol. Cuanto más cínico me he vuelto respecto a la posibilidad de cambiar la realidad más me ha interesado el lado político de eso que antes entendía como un simple tubo de escape. Decías que todos somos futbolistas. No sé si todos somos periodistas. Yo desde luego lo soy, perdón por la arrogancia. Desde niño. Y ahora sé además como me desgloso: un periodista deportivo que trabaja sus horas de administrativo y que, a veces, fantasea, sociologiza o escribe. Mi identidad escogida es, en el fondo, una manera de reprocharme a mí mismo (me, i, myself) que el día D a la hora H no tuviera la personalidad ni la inteligencia para entender que el fútbol no era lo más importante de lo menos importante, sino que era uno más, otro vehículo, otra manera en que aquello que llamamos cultura, sociedad y vida se expresa. Ejemplo un billón: la cacicada de Trump e Infantino a Bélgica.
El fútbol me ha enseñado que para cambiar el mundo hay que quererlo y odiarlo, entenderlo y ser un ingenuo, ponerse nervioso y tener la cabeza fría, defender y atacar. Ah, y que no eres un cínico, Luis. Que simplemente tiene que llegar tu momento. Como el de Haaland. Mírame: me he enchochao de este Mundial de repesca.
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