Cines

Cómo se hace una película según los ZAZ y Sidney Lumet

'Así Se Hacen Las Películas' tiene todo lo que se necesita saber del pedazo de movidón que es sacar adelante una película de mediano presupuesto.

31 de agosto 2026


"Cenas, cines, no sé si te sale a cuenta. Aterriza como puedas y pega la vuelta."
(Cenas, cines, Chico y Chica)




Supón que llevas una década intentando asomar el hocico en Hollywood y que, tras haber asegurado la financiación del que será tu primer film y conseguir que el guión no caiga en otras manos que lo dirijan distintas de las tuyas, durante unos pocos meses, recorrerás todos los pisos de la Paramount Pictures para discutir con jefes y altos directivos la conveniencia o inconveniencia de un chiste que dura pocos segundos y no tiene mayor trascendencia (en apariencia) ni en la trama del film ni en el ratio de chistes por minuto del metraje (de absoluto récord). Defenderás a muerte la necesidad de que ese chiste figure en el montaje final y de la manera exacta en la que lo has concebido: no toleras ni un cambio en lo que dura el plano, el tiro de cámara usado ni, por supuesto, las palabras elegidas para ser dichas por el piloto del accidentado vuelo que sostiene la trama mientras, a su lado, un niño mece una maqueta a escala de ese mismo avión, evidente pero subrepticia forma de poner a un menor a mecer una polla con alas sin que nadie censure nada:



Joey, ¿te gustan las películas de gladiadores?



La frase de Aterriza Como Puedas (Airplane!, 1980), ahora, a casi cinco décadas de su estreno, sabemos que es inmortal. Una de las frases más citadas de la comedia audiovisual, en pugna con otras frases también de esa misma película y, yendo más lejos en auto-endogamia, de ese mismo running gag de pedofilia mainstream que conforman las cuatro o cinco frases legendarias entre el Capitán del vuelo y el pobre niño Joey, al que se le llega a preguntar sobre si ha estado alguna vez en una cárcel turca. El libro de los ZAZ Surely You Can´t Be Serious: The True Story Of Airplane! (St. Martin Press, 2023) consiste en varias charlas de los hermanos Zucker y Jim Abrahams intercaladas con aportaciones de admiradores de la comedia USA que abarcan (en relevancia e impacto) de 1970 a la actualidad*. Los ZAZ dan cuenta, mayormente, de sus inicios en el humor, de su llegada al cine de la mano de John Landis y de ese via crucis que fue sacar adelante Aterriza Como Puedas. Un proyecto en el que, al final, tuvo casi la misma importancia que su novísimo modo de ver el humor la larga ristra de jefazos y productores de la Paramount que no vetaron su perspectiva pero sí que dieron consejos que, hoy día, ellos admiten que mejoraron la película: “¿Y por qué no...?; ¿Y si en vez de...?; Vale, bien, pero que dure la mitad”. Sugerencias y alternativas, no censuras y vetos.


Porque Aterriza Como Puedas es una película paródica que funciona, amén de por las propias e innumerables parodias que urden y diseminan por el film los ZAZ, por la cohesión que da a la “película como un todo” el no irse en perpendicular a la trama las coñas y, especialmente, ese tono de ni los actores ni la banda sonora ni los fxs de sonido perteneciendo al mundo de las comedias: todos los actores y la banda sonora y los fxs de sonido, salvo gags muy excepcionales y dadaístas casi, pertenecen a un film de catástrofes y van en consonancia con la gravedad de los hechos y la situación, pero los ZAZ los yuxtaponen (sin previo aviso) en un guión delirante. Y que esa locura (arriesgadísima en la medida que fueron pioneros del asunto) funcionase en vez de ser un descalabro es también mérito de toda esa gente por encima de ellos que no vetó, sino que sugirió. Porque ellos admiten que usaron una película antigua** como plantilla sobre la que insertar sus chistes, y ello, sumado al hecho de John Landis despotricando de que no había forma humana de enseñarles lo más elemental sobre gramática visual cuando solicitaron su ayuda para tener la más mínima noción de cine, dice bastante de lo improbable que fue que algo así de innovador realizado por tres personas sin la menor idea de hacer películas siga funcionando de una forma que ninguna otra spoof movie lo hace. Es el triunfo de una colaboración entre despachos y visiones artísticas cuando lo anómalo es que se dé justo eso, cuando la norma en el mundo del cine es que las decisiones ejecutivas tengan como principal razón de ser oponerse a las de dirección.

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El otro día le pedí a mi novia que me dejase un libro igual de bueno, conciso y entretenido que El Preocupasaurio. La muy sinvergüenza se negó a cederme en usufructo El Enfadosaurio, que habría sido lo correcto de haberse avenido a mi petición. En lugar de eso, hizo descender desde su habitación (una 3ª planta) al nivel del suelo en el que yo me encontraba Así Se Hacen Las Películas (Ediciones Rialp) gracias a un rudimentario sistema de envío aéreo de libros pendiente de patentar en el que trabaja que consiste en: el libro a llevar de A a B, papel de burbujas, 3 globos de los minions para el vuelo, un cachorro de teckel de piloto y dinamita para ir detonando los globos de forma controlada conforme se precisa de un descenso en altura de vuelo del envío. Al ser una patente todavía con ciertas cuestiones operativas por pulir digamos que el teckel raro será que vuelva a tripular un vuelo o ladrar sin la ayuda de un logopeda de cánidos, pero el libro, finalmente, llegó a mis manos.


Si en el libro de los ZAZ teníamos al tridente de genios del humor hablando de sus comienzos, de esos primeros años en el que se jugaban toda su carrera, en el libro de Sidney Lumet lo que tenemos es a un señor más viejo que el humor que se intenta hacer pasar por nuevo en RTVE y satélites comentando la que es su carrera hasta el año en el que fue escrito, 1995. Esto es: Sidney Lumet, con cuatro décadas a sus espaldas facturando peliculones por docenas y películas de esas que se consideran “menores” pero que ya quisieran infinidad de directores de renombre haber firmado alguna, comentando en un tono ligero y cero redicho o auto-indulgente una cuestión tan compleja, farragosa en lo logístico y sujeta a infinidad de variables azarosas como pueda ser sacar adelante una película (no necesariamente de presupuesto abultado) en el sistema de producción y distribución de estudios estadounidenses. Claro está, es una reflexión totalmente opuesta a la de los ZAZ: Lumet conversa consigo mismo (si acaso) y no con las otras 2 personas con las que comparte autoría, habla desde la experiencia y el prestigio de largo recorrido en vez del que está por llegar y todavía haría otros dos peliculones con posterioridad a su libro: Antes Que Es Diablo Sepa Que Has Muerto (2007) y la divertidísima y muy alocada Declaradme Culpable (2006), una especie de crossover entre su afamadísima Tarde De Perros (1975) y el cine judicial y carcelario.


Así Se Hacen Las Películas tiene todo lo que se necesita saber del pedazo de movidón que es sacar adelante una película de mediano presupuesto. Tendrá más fama el libro de Truffaut con Hitchcock, el Tu Película Es Una Mierda y Tú Un Hijo De Puta de Carlos Boyero (Fundación ONCE, 2011) o las inaguantables turras de Deleuze sobre la imagen tiempo y la imagen movimiento, pero no he visto ni un libro que se ponga a explicar con la sencillez del de Lumet esas cosas inherentes a estar viendo en una película, yo qué sé, una escena en exteriores en una calle medio famosa y concurrida y, ya de adulto y despojado del desconocimiento mágico de aproximarte a una peli de niño (pensando que es justo eso, magia), tener que pausarla porque te has mareado cuando te ha dado por pensar en cómo se organiza eso a nivel logístico***, de aseguradoras, de permisos... y qué pasa si variables ajenas a todo control tipo la climatología o el ansia de un extra por colarse en plano quieren malograrlo todo. Es increíble, hasta abarca conceptos como el de reflejarse en una toma de estudio en el iris de un actor un técnico de dolly en lugar de la actriz que estaba en el plano previo, que es quien debería figurar. Y todo con una pachorra muy de currela del cine, de tío que ha hecho varias pelis extraordinarias una tras otra y en vez de ponerse a dar la turra con cómo se le ocurrió o por qué optó por un objetivo concreto prefiere dar importancia en esos aspectos a los técnicos de ámbitos que le son ajenos y procedieron a sugerirle y recomendarle: el operador de cámara, el director de fotografía, la editora... Un no parar de comentarios sensatos (incluyendo la ruptura con la necedad tantas veces repetida de que “el cine es montaje” desde la obviedad de qué vas a montar si no tienes nada filmado ni para editar) con eventuales joyas tales que la del gran Paddy Chayesfsky pintado de sionista y racista total o admitir que en los descansos de rodaje comía en 3 minutos de reloj para rascarle un ratito más a la siesta.




*Esencialmente, todos los tótems: de Trey Parker y Matt Stone a Bill Hader y Sarah Silverman, rara es la personalidad de ese ámbito que no aporta varios testimonios sobre lo mucho que admira a los ZAZ y su película. Tanto es así que hasta Lorne Michaels, creador del Saturday Night Live, admite que si existe tal institución todavía en EEUU fue gracias a ese show de teatro demencial que hiciesen los ZAZ antes de probar suerte en el cine, el Kenctucky Fried Teathre, actuando de inspiración para que probase él con SNL.

**Zero Hour! (1957), de la que también adquirieron los derechos para evitar que nadie les demandase por plagio una vez estrenada Airplane!

***No recomiendo el ejercicio mental de imaginar un despliegue de camiones con raíles de cámara, focos, catering etc etc en el supuesto de ser una peli con Mario Casas y tener que añadirle a la ya de por sí apabullante maniobra de despliegue 54 o más camiones de logopedas

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