Cines

Sí a los minions, no a Pixar

No ser moñas en ningún momento ni querer tener moraleja alguna es lo que les hace los más grandes.

2 de julio 2026 · 1 comentario


Gracias a Dios que existen los minions.

Son el caos, el trompazo asegurado, las nueve reglas que estableció Chuck Jones para definir a su coyote garantizándole el cariño del público en lugar de dárselo al odioso correcaminos pero revocadas y vueltas a hacer en ese extrañísimo lenguaje que hablan. El mítico Steve Urkle de la serie Cosas De Casa cada vez que intentaba hacer una faena concreta y terminaba la cosa con la casa ardiendo y una visita de los bomberos, ya fuese esa faena mover una silla o preparar un zumo.

Unos seres que jamás han tenido que voltear su dudoso código ético (muy resumido: localizar a lo más maligno que exista para venerarlo y prestar eterno vasallaje) porque, de puro chapuceros, terminan haciendo el bien a base de intentar hacer el mal muy fuerte. Les pasa un poco lo que a aquel Malvado Carabel de Wenceslao Fernández Florez. Pero nunca, insisto, se ha ocultado que lo que les mueve es hacer el mal en un territorio en el que esto es terreno vetado si no existe un arco de redención y una moraleja inequívoca a deglutir por los niños que son el público objetivo. No. A los minions les mueve servir al mal y al caos, y en cada película se nos recuerda que ese sigue siendo su fin, lo que les impulsa a actuar. Digamos que, si en alguna futura película de la saga salen los minions en el período de la II Guerra Mundial, ellos votarán a Hitler. Luego, por supuesto, algún trompazo suyo hará que el famoso pintor austríaco muera en el búnker, pero ellos le votaron en sus primeras elecciones. Y, aunque haya muerto, le volverán a votar. Así funcionan ellos.

Los minions, en su escisión de las pelis de Gru en la que es su propia serie protagónica, están enfocados casi más al adulto que al niño. Al adulto versado en sci-fi clásica y frikadas varias. A ese padre que vio la primera de los minions arrastrado por sus hijos y ahora es él el que les arrastra a ellos y se descojona en escenas que los niños piensan que papá está turulato, dado que ningún minion ha puesto cara rara ni ha dicho San Pampisco* ni se ha dislocado y parece que a papá se le caen lagrimones de risa. En las pelis anteriores todo lo de las convenciones de malos y la trama a lo serie UK 60s de robos y espionaje y lo de San Francisco y la contracultura y.... son un sin fin de cosas que aquí alcanzan su cénit con el desmadre del robot y las invocaciones lovecraftianas (¡Qué diseño tan genial el de la masa informe! ¡Qué fácil hacen darle un giro a un bicho recurrente de la ciencia ficción clásica añadiendo miles de ojos a lo largo de su superficie!) y el deux ex machina del final, que yo, admito, me lo he comido entero. Y novia igual, ambos coincidíamos al salir del cine en que qué bien jugado aparentar que el robot va a ser un tronado disfrazado y al final resulta que...

Y lo del ajedrez de una pieza. Y el amor por contar historias y enseñar a las futuras generaciones qué tramoya hay tras ese milagro que es la puesta en escena y rodaje de una película. Y la autoparodia con los muñecos y la memorabilia. Y la decapitación, al nivel de lo de "¿la cucaracha?" de las entregas anteriores cuando La Reina De Inglaterra. Y el no ser moñas en ningún momento ni querer tener moraleja alguna (¡Hola, Pixar!). Que esto es lo que les hace los más grandes: no hay, ni habrá jamás, ninguna enseñanza a extraer (ni intención de ello) en las películas de los minions. Una auténtica subversión en su género (el cine infantil) que le da más valor aún por hacerlo una película tras otra y, encima, en un segmento de mercado en el que se juegan millones de dólares a poco que alguien haga saltar la liebre sobre ese aspecto y les señale con el dedo.

Es que es tan flipante ese aspecto, el de no querer dar lecciones de nada ni ser mucho menos ejemplo de lo que sea, que tiene que ser al final la narradora, de forma muy meta, quien durante la narración a los niños de lo que conforma la trama de la película les suelte al concluir "... y vencieron con el poder de la amistad y gracias a colaborar todos y blebleble". Pero en plan "colorín colorado", casi como fórmula de cierre de narración ya codificada (que tiene que pasar por ella como check point obligatorio), no por convencimiento ni mucho menos pretendiendo se extraiga ese enseñanza: lo dice corriendo y casi que en todo de burla.** En realidad, lo que está es exponiendo que los minions, si pasan por ese peaje moralizante, lo van a hacer para reírse de él. Y que así siga siendo por muchas películas más.



*El mejor chiste de toda la historia del cine junto con la escena backwards de Top Secret (Abrahams, Zucker, Zucker, 1984). Sí: los minions están al nivel de los Dioses del humor visual, los ZAZ
** Hay gente que chilla en una sala con cosas tipo cuando salía el personaje de Bruce Willis en El Protegido al final de Múltiple o cuando en el minuto 53 segundo 26 de Cumbres Borrascosas (E. Fennell, 2026), si se mira atentamente, detrás de Jacob Elordi, se puede ver a Alfredo Pérez Rubalcaba haciendo un corazón con las manos. ¿Yo? Yo con la vuelta en los créditos finales del trío calavera de las anteriores pelis. Bob es rey.




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