Ficciones

El asombroso caso del futbolista profesional que odiaba el fútbol

Me gustaría primero de nada hacer una distinción entre las tres principales conjeturas que se manejan a la hora de evaluar la película de John Carpenter

30 de junio 2026


—Begoña Peralta, Diario AS. Isco, ¿es buen resultado este empate?

—Bueno, el fútbol es así.

—Juan Vizcaíno, El País Deportes. ¿Fin de ciclo?

—Bueno, a veces se gana y a veces se pierde.

—Hola, Isco. Diario Marca, Juan Bonilla. ¿Ha pecado de casero el árbitro?

—Bueno, respeto la decisión del Colegiado.

—Lucas Cavallo, Clarín Deportes. ¿Es este nuevo hat trick una respuesta a los que te denominan termotanque de esmegma?

—Bueno, lo importante es ayudar al Club.

—Eduardo Luey, Fortean Times. ¿Es Childs el alienígena al final de La Cosa?

—Bueno, aquí me gustaría primero de nada hacer una distinción entre las tres principales conjeturas que se manejan a la hora de evaluar la película de John Carpenter, todas ellas igual de razonables, razonadas y plausibles. La primera es esa que se ve sustentada en que Childs no emite vaho en un entorno en el que la respiración ha de ocasionarlo al expirar. En un entorno ártico, vaya, a temperaturas inferiores a los cero grados Celsius. A resultas de lo anterior quienes defienden esa postura arguyen que Childs ha sido suplantado por el alienígena con anterioridad. La segunda se remonta en sus preceptos argumentativos a la partida de ajedrez que juega MacReady al inicio del film contra un ordenador. Quienes se acogen a este postulado vienen a decir que es casi una premonición de la batalla final contra el alienígena en la medida que supone un espejo de ese duelo que mantiene MacReady contra una inteligencia no humana: primero la artificial, contra la que pierde, y después la extraterrestre, que no queda muy claro si hay un vencedor o termina en tablas. Por fin, la tercera, es la que está ganando cada vez más y más adeptos. Sugiere que MacReady va un paso por delante del alienígena en cuestiones estratégicas puesto que no es solo el alien quien escruta con cuidado los patrones de conducta de los terrícolas, sino que MacReady, ahí donde le veis con su pinta de gañanazo, ahí con toda su percha de ceporro, el tío se ha ido haciendo un mapa mental de cómo rige el alienígena. Y es por eso que rellena la botella de licor de gasolina: sabe que en su afán por pasar desapercibida o, al menos, mimetizar ciertos aspectos sociales de convivencia e incluso de cortesía humanos, llegado el momento, para guardar las apariencias (y evitar así que MacReady la fría con el lanzallamas) y ser capaz de esperar a que muera congelado para ella, La Cosa, a su vez, sea capaz de volver a criogenizarse a expensas de futuras expediciones que la descubran y reiniciar su plan, te decía, estimado Eduardo, que ahí MacReady se la lía fina a La Cosa. Lo que estoy viendo, y me vas a disculpar, es que no te he respondido a la que era tu pregunta, puesto que las tres conjeturas suponen de precepto de partida que Childs es La Cosa, que no era otra cosa que lo que tú me preguntabas. Y es que igual realmente lo que deberíamos preguntarnos es lo siguiente: ¿en La Cosa hablamos de La Cosa o deberíamos empezar a considerar Las Cosas?

—María Patiño, Tele 5. ¿Van a presentar cargos los padres de la menor?

—No hay más preguntas, gracias.



Este relato forma parte de Sábados piloto, editado por Libros Walden

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